En la localidad costera de Los Choros, ubicada a 600 Km al norte de Santiago de Chile, el pasado mes de mayo fue inaugurado el programa Artistas en Residencia en Choros – ARC, que forma parte del Centro ARC de la Fundación Los Choros de Cultura, Arte, Ciencia y Tecnología.

La muestra inaugural corre por parte del artista Marco Bizzarri (Santiago de Chile, 1988), quien presenta la exposición Plan de Cierre, fruto de un año de residencia artística en el Centro ARC, bajo la curaduría de Paula Solimano, hasta el próximo 30 de agosto.

Conversamos con la artista visual Rosa Velasco (Santiago de Chile, 1951), directora de la Fundación Los Choros y encargada de su área de Arte.

Nicolás Narváez: ¿Cómo nace la iniciativa para crear el Centro ARC?

Rosa Velasco: Nace porque había estas dos casas en el pueblo de Choros: la Casa de la Esquina, donde se desarrollan distintas actividades artísticas, y la Casa del Barrio Alegre, que es un museo con una colección de arte africano… y ahí empezamos a decir, “bueno, pero hagamos unos dormitorios buenos para poder hacer las residencias para artistas”; y en la otra casa, se empezaron a desarrollar todas estas diferentes actividades, qué sé yo, que un amigo quería exponer, entonces ahí expone, una cosa así bien irregular, bien amorfa. Yo siempre tuve la idea de que ahí se tenía que hacer un polo importante en ciencia, paleontología, biodiversidad, y en arte. Entonces estaba dado, porque teníamos el lugar. Y entonces nació Residencias ARC, con el primer residente que es Marco Bizzarri, quien trabajó durante un año. Espontáneamente él fue, pidió prestada la casa, y así fue cómo surgió: desde un artista que estaba recolectando, haciendo su trabajo… como que de repente hicieron match las dos. De hecho, ya empezamos a estructurarlo, y se estructuró de una manera que las residencias son cada seis meses, que se pueden recibir hasta cuatro artistas en esos seis meses, porque tenemos capacidad para cuatro, tenemos un tremendo espacio de dormitorios, con internet, con un espacio de trabajo… y así se le dio forma. Entonces, cuando hubo la inauguración, armamos este comité interdisciplinario de ayuda con mucha gente que fue y tuvimos unos brainstorming más o menos potentones, y se le dio la estructura final. El artista que se va tiene que ser guía del que llega, cosa de ir haciendo como un pequeño rosario, en el sentido de que el hilo está e ir juntando estas cuentas, pero no que los artistas vayan…

N.N: Que haya continuidad entre uno y otro…

R.V: Continuidad entre uno y otro, traspaso de información entre uno y otro… incluso, producción de ciertos documentos que den cuenta de lo que se hizo y eso va quedando como una introducción con intensidad con respecto al conocimiento y el pensamiento.

N.N: Y esto es parte de la Fundación Los Choros de Cultura, Arte, Ciencia y Patrimonio. ¿Cómo parte esta fundación? ¿Cómo es que te ligas a esta zona, a Los Choros, que está tan lejos de Santiago y no es tan conocida, digamos, a nivel nacional?

R.V: Porque yo iba a veranear a la Isla Damas hace unos treinta años atrás, y siempre estuve ligada. Todos los años nuevos los paso en la casa de mi amiga, que tiene casa en Punta de Choros y que empezó a comprar casas y a arreglar estas casas que no valían nada, que estaban en la ruina; y también tenía bastante que ver el apuro, o el apretón, que llegó cuando la mina Dominga estaba operando, tratando de aparecer. Nosotros pensamos que teníamos que darle una identidad potente al pueblo para que no fuera comido y no se transformara en un Calama. Entonces eso apuró nuestras ideas, y empezó como a apretarse el cuento. Nace un poco como respuesta de eso, y además con estos dos museos, con salas de exposiciones, con gente del pueblo que pide hacer una reunión ahí, empezó a funcionar como centro social, qué sé yo, hasta personas de la Policía de Investigaciones que son fotógrafos que quieren hacer una exposición tienen la Casa de la Esquina. Ahora, eso es separado de las Residencias ARC. Yo siempre estuve conectada con la zona, soy muy amiga de la persona que hizo las casas. Y así empezamos: se creó la fundación, se pensó en estas tres áreas, que eran súper importantes porque de hecho es una zona paleontológica muy potente y, evidentemente, una zona de una biodiversidad impresionante porque es uno de los 15 hotspots del mundo en biodiversidad. He preguntado por qué se produce eso, y se produce porque la Corriente de Humboldt viene con mucho oxígeno, y ahí se topa con una plataforma que no es muy profunda, entonces todo este oxígeno sube y crea una biodiversidad marina impresionante. Hay 15 hotspots en el mundo, uno de esos es Punta de Choros. Y a partir de eso también se da que ahora hay una reunión muy importante que se llama IMPAC4, que se va a hacer en La Serena [450 Km al norte de Santiago], en donde se van a reunir científicos de todas partes del mundo a hablar sobre oceanografía, biodiversidad marina, y eligieron este lugar porque es uno de los hotspots del mundo. Primero fue en Australia, después en Francia, en Estados Unidos, y ahora es el cuarto, por eso se llama IMPAC4. Esto apuró también, le dio más bencina a la parte de la biodiversidad y, por otro lado, Marco, con su obra en residencia, que también es un llamado de atención a las mineras para que se hagan cargo de sus residuos. Entonces todo está, de alguna manera, interconectado: conservación, conciencia, preocupación, intervención, poner en valor… la intervención de los artistas, de los biólogos, es de alguna manera cómo podemos poner en valor toda esta riqueza que aparentemente no se ve, porque si bien hay estudios paleontológicos, no hay excavaciones paleontológicas. Entonces, viene una minera y rompe todo, o viene un camino y rompe todo. Al poner en valor, la gente empieza a tener un poquito más de conciencia. Y además el pueblo Los Choros es un pueblo bien especial, porque es un pueblo con gente que es de origen vasco, un pueblo de pensamiento comunista, la gente es muy pensante, y ellos tienen una riqueza muy potente como pueblo, están orgullosos de su pueblo. Y estos dos museos trajeron vida y trajeron un aire nuevo al pueblo. La gente empezó a pintar sus casas, la gente empezó a valorar lo que tenía, la gente joven, en vez de irse, quiere quedarse… y todo eso, de alguna manera, en dos años, ha ido produciendo un cambio muy visible.

N.N: Empezaron con esto, con estos dos museos, hace dos años…

R.V: El primero tiene más tiempo, tiene como cinco años.

N.N: Son relativamente recientes estos cambios que están trayendo al pueblo de Choros. ¿Por qué desarrollar específicamente residencias artísticas en este lugar? ¿Cómo es que termina afectando la residencia al pueblo, y cómo afecta el pueblo, el territorio, a la residencia, a la experiencia del artista?

R.V: Una de las cosas que nosotros hemos planteado es que el artista que va en residencia, si quiere estar los seis meses, puede ir un mes y volver, ir y volver, pero la idea es que sea afectado por el entorno, y que la obra se cree desde ese lugar. Que el pueblo lo afecte, haya una transformación, da una obra y el pueblo también es afectado a la vez, en el buen sentido de la palabra. Entonces ahí empieza a haber, y de hecho la hay… porque la gente se relaciona con los artistas. Por ejemplo, con Marco lo hicieron. Ahora está la segunda residencia, está operando, y también es bastante interdisciplinaria, porque hay una cosa muy importante, que nosotros tratamos de hacer y desgraciadamente no nos resultó hace un tiempo atrás por un tema de plata, que era rescatar la historia del pueblo, la historia hablada, porque no hay documentos del pueblo. Date cuenta que hay una iglesia del siglo XVII, para que te imagines lo que es este pueblito absolutamente colonial, con paredes continuas, con veredas altas. Entonces, queríamos hacer el racconto de las historias habladas, de la gente que se está muriendo porque son muy mayores. En este momento, en la segunda residencia, está un periodista que se llama Patricio de la Paz, que acaba de escribir un libro sobre las historias de los pequeños pueblos desconocidos de Chile, y le interesó muchísimo. Él es parte también del comité de arte. Él está allá, rescatando esta historia hablada del pueblo. Eso va a ser en paralelo con una fotógrafa muy conocida, muy importante, que no la puedo mencionar todavía porque está confirmada, pero aún no está confirmada-confirmada. Entonces, la idea es que en paralelo trabajemos la visibilidad de estos personajes a través de la fotografía, y el racconto de la historia del pueblo. Yo creo que lo afecta porque, de hecho, la gente del pueblo se compromete también. Por ejemplo, cuando inauguramos, como la obra no estaba en el pueblo, sino que estaba en las afueras, a todo el pueblo lo llevamos en camionetas y todos estaban ahí. Entonces empiezan ellos a sentirse importantes, a entender que los residuos mineros son algo que hay que recolectar, que hay que hacer desaparecer, que hay que cuidar el ambiente… de alguna manera, siempre te afecta. Porque participan, porque no es una cosa encerrada en sí misma, es crear redes, es interactuar, es cruzar… esos serían los conceptos. Va y viene, va y viene. Por lo tanto, pensamos que es muy importante que el artista que quedó, y que tiene ya la experiencia, que ya recorrió el lugar, que sabe, sea guía del que viene, porque le ayuda al no tener que empezar de cero de nuevo. Entonces, vamos montando como una torta de milhojas de experiencias, cosa de armar un campo un poquito mayor.

N.N: ¿Cómo piensan en poder extrapolar esta experiencia, o los resultados de esta experiencia, hacia una audiencia quizás más masiva, si es que hay planes de ello? Una acción para que no quede solamente en el desarrollo de una exposición en Choros, sino que más personas puedan tener acceso a ello. ¿Hay planes de eso?

R.V: En este momento, los artistas van, la residencia es una plataforma y hacen obra ahí, pero después esa obra ellos la pueden desarrollar donde quieran. Ahora, mientras, vamos creando este polo, este polo que cada vez va a ser más interesante. O sea, el poder estar ahí, el haber estado ahí, va a tener una relevancia. Estamos armándola, pero esa es la idea: atraer el polo hacia acá, descentralizar. Pero igual tenemos una idea… Como parte del comité está la Galería Tajamar, entonces cruzar residentes que vengan de otros lados, que vienen a Galería Tajamar, puedan hacer residencia allá, hacer un pasaje.

N.N: ¿Y hay planes de, por ejemplo, exponer lo que tienen, allá en Tajamar, en Santiago? ¿O de momento es solamente, como me decías, descentralizar, pero de verdad, o sea, crear y exponer allá mismo?

R.V: Claro. Bueno, lo de Marco se va a exponer en Santiago. Tengo entendido que va a exponer en el Espacio Vilches de la Universidad Católica, y estamos viendo otros espacios que no los puedo mencionar porque aún no están muy claros. Pero es algo de él, es una cosa que ya no es parte de la residencia, pero evidentemente entregamos todo el apoyo posible.

N.N: ¿A quiénes están dirigidas estas residencias? ¿Qué tipo de artistas buscan que puedan ser parte de esta experiencia en el pueblo de Choros?

R.V: Mira, en un momento pensamos que podía ser por concurso o por llamado, pero por ahora creemos que, para poder armarlo bien, tiene que ser por invitación. El criterio no es un criterio así monolítico, para nada, ya ves que fue un fotógrafo, un escritor… Mañana puede ser un biólogo que quiera hacer algo en arte, por ejemplo, o un artista que quiera trabajar con un biólogo y hacer algo en conjunto. Lo más importante es que sea gente que se comprometa con el lugar, y que tenga una experiencia con un poco de site-specific, pensante, que tenga obra un poco fuera de los circuitos de galerías… pero tampoco es un no a eso, me entiendes, en estos momentos es abrir, y la verdad es que se ha ido dando. Es algo que se va entramando solo. Y la tercera residencia ya viene. Eso es lo bueno, porque hay una continuidad. De hecho, está todo establecido para que la haya. Yo acabo de estar en Europa e invité a una artista de las grandes, y está dispuesta a venir. De nuevo, atraer a un polo, hacer aquí densidad, chilenos, extranjeros…

N.N: Hemos hablado también, ha ido saliendo al paso, de la muestra de la residencia que hizo Marco Bizzarri, que se llama Plan de Cierre, que es la muestra inaugural del Centro ARC. ¡Qué me puedes comentar de su experiencia en ARC? ¿Cómo te has dado cuenta que esto también afectó su trabajo, su desarrollo como artista, su trabajo creativo?.

R.V: Impresionante. Yo creo que Marco llegó uno y salió otro. Marco era pintor, con algunas intervenciones en arte más contemporáneo, instalaciones… y fue a la residencia y se dio una vuelta de carnero. Se transformó. No se transformó en otra persona, transformó lo que hacía. Lo afectó de tal manera que se llegó a transformar, y todo eso lo notamos, y él también, lo reconoce. Es que es muy potente el lugar.

N.N: Él estuvo alrededor de un año…

R.V: Claro, yendo y viniendo.

N.N: Y su trabajo se trató sobre los residuos de las mineras en el sector.

R.V: Claro, por eso se llama Plan de Cierre. Plan de cierre es lo que deberían hacer las mineras cuando terminan una obra. Plan de cierre significa recolectar todos los residuos que hayan dejado, desde el tarro hasta relaves, que por supuesto la pequeña minería no lo hace porque no tienen recursos y no hay fiscalización. No hay control, por lo tanto, nadie lo hace y todas estas cosas quedan volando en el desierto. Es a eso a lo que se refiere con Plan de Cierre. Entonces, simbólicamente, él hizo el plan de cierre de las mineras, y lo puso frente al pueblo para decir: “Esto debería haber pasado, las mineras se debieron llevar todo esto”. La gente no sabe, y quedan diciendo wow. Entonces, de nuevo, es tomar conciencia, cuidar su lugar, exigir, proteger.

N.N: Él desarrolló una serie de intervenciones en el espacio…

R.V: Como hay dos salas de exhibición en la casa, no en la residencia, sino que en la otra casa, él puso una obra ahí, que era parte de los residuos, e hizo dos intervenciones en los espacios fuera del pueblo, que eran minas a tajo abierto. Era muy bonita porque una era en una explanada rodeada de cerros, y ahí sencillamente puso una mesa redonda enorme, gigante, construida así, negra, y arriba, tarros, residuos, residuos pintados negros y café, y con cuatro torres, con unas partes de una maquinaria que dejan los relaves, y era realmente muy espectacular. El día de la inauguración toda la gente rodeamos esta mesa y se habló en esta mesa. Una reunión, una mesa simboliza una reunión, lo redondo también. Y él explicó, la gente preguntó… Y después nos fuimos caminando hacia otro lugar, donde él visibilizó una pequeña casita en muy mal estado, y construyó una pequeña cosa con palos, así muy desordenada, y desde dentro salía humo rojo. El humo, según lo que explicó Marco, daba cuenta de un llamado a lo indígena de decir: “Hey, estoy aquí, comuniquémonos”, porque la gente opone resistencias en el pueblo porque los han maltratado mucho. Entonces, son desconfiados del que viene de afuera. Tú tienes que ganar la confianza, y Marco, al principio, tuvo mucha resistencia de la gente, hasta que logró darlos vuelta. Dijo: “Vengo en buena onda, quiero comunicarme con ustedes, quiero hacerlos participar”. Tuvo una experiencia social muy bonita, también, el arte ligado a lo social, a la naturaleza, a la política.

N.N: ¿Cómo crees tú que el arte puede generar cambios sociales? ¿Puede generar algo a partir de este llamado de atención y que no quede solamente en el mismo llamado? Que fue un poco lo que trabajó Marco en Plan de Cierre

R.V: Vuelvo a recurrir a la imagen de que uno va creando capas, una capa, otra capa, hasta que de repente uno se topa con una cierta densidad, la gente empieza a tener confianza. Al principio, con estas dos casas, la gente fue súper desconfiada, no entraba por ningún motivo… hasta que ellos empezaron a entender que era buena onda, que no éramos parte de la minera Dominga, y eso pasó en muchos años. Entonces, yo creo que el solamente decirles a ellos “nosotros venimos en buena”, y actuar en consecuencia, o sea, tener una postura ética, yo creo que eso sí de alguna manera crea puentes. Y quizás sea muy pretencioso decir que uno puede cambiar realidades, pero yo creo que sí. Yo creo que sí. Y, de hecho, lo hemos visto: la gente ha mejorado sus casas, la gente ha valorado su pueblo, la gente está más orgullosa de su pueblo. Yo he visto con mis propios ojos cómo han ido cambiando, y eso es una cuestión que es real. Melissa Aldana, que es una gran saxofonista, es muy joven, tiene 26 años, se ganó el premio más importante de jazz del mundo, que es el Thelonius Monk Award, y ella viene siempre. Viene porque ama el lugar, y viene a dar conciertos gratis. Ella anda tocando por todo el mundo, vive en Nueva York, y viene todos los veranos a dar los conciertos. Esa gente del pueblo jamás en su vida oyó jazz. Hay quienes dicen que por eso no entienden, pero ¿quién dice que no entienden? Perdón, ese prejuicio es absurdo. Y todo el pueblo va y escucha jazz. Ha ido Malucha Pinto, que quería hacer un proyecto maravilloso, pero no conseguimos los fondos. Se ha hecho teatro, se ha hecho marionetas… se ha ido regando el lugar. Lo hemos regado, hemos plantado. Yo siento que ahora las cosas van saliendo solas. No es un plan monolítico, no, no es que vayamos a ser como un Nerón y decir “este no” y “este sí”. Es un oleaje.

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Nicolás Narváez

Nace en La Serena (Chile) en 1987. Es publicista, editor y comentarista de arte. Licenciado en Comunicación Persuasiva por la Universidad del Desarrollo (Santiago, Chile). Actualmente es Editor en Jefe en Artishock, y fundador y editor general del blog de arte ANTE Santiago.
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