Desde finales de los 80, Damien Hirst viene explorando a través de diversos medios las complejas relaciones entre el arte, la belleza, la religión, la ciencia, la vida y la muerte. Saltó mundialmente a la fama con un tiburón conservado en formol (1991), y llegó a la cúspide del escándalo con un cráneo de platino adornado con 8.601 diamantes perfectos (2007). Luego se silenció por un tiempo. Su última gran muestra, en la que presentó nuevos trabajos, fue hace diez años, y ahora regresa con el que se considera su show más ambicioso.

Palazzo Grassi y Punta della Dogana, las dos sedes de la Colección Pinault en Venecia, dedican por primera vez la totalidad de sus 5.000 metros cuadrados de espacio a un solo artista: Damien Hirst. Una millonaria puesta en escena de su controvertida obra -tan odiada como admirada-, que ha estado en preparación durante la última década, con la asistencia de varios equipos de trabajo en Italia, Francia, Alemania, Reino Unido y Estados Unidos.

Treasures from the Wreck of the Unbelievable, como se titula esta muestra de pretensiones épicas, “rompe con todo lo que Hirst ha logrado hasta ahora, por su exceso, por su ambición y, finalmente, por su audacia”, señala François Pinault, el coleccionista parisino que también es dueño de la casa de subastas Christie’s. “Las obras no encajan en ninguna categoría estética convencional o estructura canónica. Emanan un sentido de poder casi mitológico, sumiendo al espectador en un estado de ánimo que oscila constantemente entre asombro y entusiasmo. Nada lo detiene, ni las dificultades, ni los códigos convencionales, ni los cánones del arte, ni las controversias, ni los juicios (a menudo demasiado sucintos). Admiro su disposición a exponerse al peligro”, agrega.

Vista de la muestra Treasures from the Wreck of the Unbelievable, de Damien Hirst, 2017. Palazzo Grassi y Punta della Dogana, Venecia © Damien Hirst y Science Ltd. Todos los derechos reservados, DACS/SIAE 2017. Foto: Prudence Cuming Associates / Christoph Gerigk.

Treasures from the Wreck of the Unbelievable es una pomposa fantasía pseudo-científica. Las salas del Palazzo Grassi y Punta della Dogana hacen retumbar en la majestuosidad de su arquitectura los cientos de abigarrados tesoros que Hirst le presenta a Venecia (justo para las fechas de la Bienal). Tesoros no sólo por simbolizar lujosas reliquias kitsch extraídas del fondo del mar -y de la rocambolesca imaginación del artista-, sino también por el costo de su fabricación y su valor real de mercado. Como en una odisea submarina, Hirst va narrando una singular historia de ficción -por él inventada- a través de elaboradas esculturas de Buda, efigies griegas y egipcias, torsos, y hasta un Mickey Mouse, muchas de ellas recubiertas de corales.

La narrativa de esta exposición es así: hace miles de años, una gran embarcación, la Unbelievable (Increíble), naufragó en el Océano Indico, y lo que vemos es su preciosa carga: la impresionante colección de Aulus Calidius Amotan, un esclavo liberado más conocido como Cif Amotan II.

“Aquí cobran vida de una manera inesperada. Una colección increíble de la antigüedad expuesta en las galerías de uno de los museos más importantes de la actualidad. Las magníficas esculturas, los materiales preciosos y la excelente calidad técnica de su producción son un reflejo de la obsesión del coleccionista, de su extravagante gusto estético, de su pasión por un ideal de belleza que rara vez es inequívoco o coherente, pero sí multifacético”, dice la curadora de la muestra, Elena Geuna.

Sin duda, esta exposición puede ser vista como el intento de Hirst, a sus 51 años de edad, de retomar con grandilocuencia su carrera, que ha sufrido los embates de los mercados financieros y del arte desde 2008. Los precios de estas obras van desde los 500.000 a los cinco millones de dólares. Y ninguna de estas piezas es única. Cada obra es una edición de tres, más dos pruebas de artista. En cada edición hay tres esculturas: lo que el Hirst describe como la “Coral”, que significa la obra creada para parecer como la “original” sacada de las profundidades del océano; “Tesoro”, la obra aparentemente restaurada para su exhibición; y la “Copia”, que pretende ser una reproducción moderna -de calidad museo- del original. Toda “una extravagancia del arte de la pos-verdad”, como lo ha descrito acertadamente el periodista del New York Times, Scott Reyburn.

Vista de la muestra Treasures from the Wreck of the Unbelievable, de Damien Hirst, 2017. Palazzo Grassi y Punta della Dogana, Venecia © Damien Hirst y Science Ltd. Todos los derechos reservados, DACS/SIAE 2017. Foto: Prudence Cuming Associates / Christoph Gerigk.
Vista de la muestra Treasures from the Wreck of the Unbelievable, de Damien Hirst, 2017. Palazzo Grassi y Punta della Dogana, Venecia © Damien Hirst y Science Ltd. Todos los derechos reservados, DACS/SIAE 2017. Foto: Prudence Cuming Associates / Christoph Gerigk.
Vista de la muestra Treasures from the Wreck of the Unbelievable, de Damien Hirst, 2017. Palazzo Grassi y Punta della Dogana, Venecia © Damien Hirst y Science Ltd. Todos los derechos reservados, DACS/SIAE 2017. Foto: Prudence Cuming Associates / Christoph Gerigk.
Vista de la muestra Treasures from the Wreck of the Unbelievable, de Damien Hirst, 2017. Palazzo Grassi y Punta della Dogana, Venecia © Damien Hirst y Science Ltd. Todos los derechos reservados, DACS/SIAE 2017. Foto: Prudence Cuming Associates / Christoph Gerigk.
Vista de la muestra Treasures from the Wreck of the Unbelievable, de Damien Hirst, 2017. Palazzo Grassi y Punta della Dogana, Venecia © Damien Hirst y Science Ltd. Todos los derechos reservados, DACS/SIAE 2017. Foto: Prudence Cuming Associates / Christoph Gerigk.
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Alejandra Villasmil

Nace en Maracaibo (Venezuela) en 1972. Es Directora y Fundadora de Artishock. Licenciada en Comunicación Social, mención audiovisual, por la Universidad Católica Andrés Bello (Caracas, Venezuela, 1994), con formación libre en arte contemporáneo (teoría y práctica) en escuelas de Nueva York (1997-2007). En Nueva York trabajó como corresponsal sénior para la revista Arte al Día International (2004-2007) y como corresponsal de Cultura de la agencia española de noticias EFE (2002-2007). En Chile fue encargada de prensa y difusión para el Museo de Artes Visuales (MAVI), Galería Gabriela Mistral, Galería Moro y la Bienal de Video y Artes Mediales.