El Museo Thyssen-Bornemisza, en Madrid, presenta a partir de hoy Sonia Delaunay. Arte, diseño y moda, la primera muestra individual en España de esta artista multidisciplinar, en la que se destaca no sólo su importante papel como pintora de vanguardia, sino también la exitosa aplicación de su ideario artístico a la vida cotidiana.

“Sonia Delaunay no fue nunca una diseñadora en el sentido habitual del término. Sus diseños nunca estuvieron sujetos a los caprichos de las modas. La fuerza de sus colores los hacen atemporales. Creadora versátil, fue siempre fiel a sí misma, siempre vivió su arte y vivió para su arte. ‘Cuando el arte está dentro de ti, puede estar en cualquier sitio’”, dice el autor Matteo de Leeuw-de Monti en Sonia Delaunay: La fuerza del color, texto incluido en el catálogo de la exposición.

La obra pictórica de Sonia Delaunay (Ucrania, 1885 – Francia, 1979) se exhibe en las salas del Thyssen junto a libros y escenografías teatrales, diseños publicitarios, de interior y de moda, telas y vestidos, para un total de 214 piezas procedentes de instituciones públicas, como el Centro Pompidou, la Biblioteca Nacional de Francia, el Museo de la Moda de París o el Museo Reina Sofía, así como de colecciones privadas.

Tras casarse con el pintor Robert Delaunay en 1910, ambos artistas iniciaron un intercambio artístico constante, aunque, ya desde los comienzos de su relación, Sonia se diferenciaría de su marido por compaginar los pinceles con las agujas de bordar, la decoración de interiores o el diseño de moda, convirtiéndose en una artista multidisciplinar, interesada en plasmar el lenguaje vanguardista sobre los más variados soportes, con vivos colores y técnicas diversas que recuerdan sus orígenes rusos.

Hacia 1912, la pareja se orientó hacia la abstracción y defendió los fundamentos de un nuevo arte que negaba los medios tradicionales y reposaba sobre el poder del color, lo que llevó a Robert Delaunay a desarrollar la teoría del simultaneísmo, un neologismo extraído del tratado sobre el contraste simultáneo de los colores de Eugène Chevreul, que establece que las tensiones y las vibraciones ópticas que genera la relación entre colores complementarios sugieren el movimiento conforme al modelo rítmico de la danza y la música. Los Delaunay asociaban el simultaneísmo a la vida moderna y al desarrollo urbano, y querían llevarlo a todos los ámbitos posibles.

París era, para ellos, la ciudad simultánea por excelencia, y se convirtió en su fuente de inspiración, en el lugar en el que empezaron a analizar el impacto de la luz sobre los colores. Pero fue en Madrid, en 1917, donde sus experimentos por trasladar el ideario del simultaneísmo a la vida cotidiana dieron el paso definitivo a la escena pública. En la capital española, Sonia no solo comenzó sus colaboraciones con las artes escénicas, sino que inauguró una boutique, Casa Sonia, en la que vendía sus creaciones de moda y de interiores.

Esta etapa madrileña, de la que se cumplen ahora 100 años, supuso para ella un momento de gran experimentación y libertad que marcaría todo su desarrollo artístico posterior, a partir de la década de 1920 y ya de regreso en París. Esta exposición quiere reivindicar esos años de Madrid como un hito fundamental en su carrera, por lo que este periodo ocupa el capítulo central de la muestra, con un recorrido organizado en cuatro apartados cronológicos que incluye también las etapas inmediatamente anterior y posterior a su estancia en España.

Sonia Delaunay, Vestido simultáneo, 1913. Patchwork. Colección privada

Primeros años de París

A comienzos de la década de 1910, lo simultáneo designa las actividades de Sonia Delaunay, que pinta y confecciona objetos y prendas de vestir que responden a esta nueva estética colorista: una colcha de cuna para su hijo es el primer objeto calificado como simultáneo, al que siguen una caja de juguetes pintada, encuadernaciones de libros, objetos cotidianos y vestidos cosidos a base de trozos de tela. Sus experimentos vanguardistas se mezclan con influencias de las artes populares rusas.

Sus primeras creaciones revelan la búsqueda de un arte total e ilustran su voluntad de conseguir que la estética del simultaneísmo llegue a la cultura popular.

“El simultaneísmo decorativo es, desde el principio, la forma de difusión más tangible de la pintura pura y caracteriza el paso de una modalidad de presentación elitista –el salón de la casa de los Delaunay, las exposiciones del Sturm– a la del espacio público –la calle, las salas de baile–. Al reivindicar un arte total, los Delaunay se liberan de los ‘ismos’ rivales, que se limitan a la pintura (…) Se desmarcan de los pioneros de la abstracción, sobre todo los coloristas, que rechazan conscientemente cualquier planteamiento decorativo, pues piensan que el fenómeno de la expansión cromática no atenta contra la pintura pura, sino que al contrario tiene un papel que desempeñar en la reforma que dará lugar a un mundo nuevo”, señala el texto del catálogo Sobre los orígenes de lo simultáneo, de Cécile Godefroy.

El piso de los Delaunay, donde se reúnen los domingos artistas e intelectuales, es el primer espacio donde se exhiben estas creaciones simultáneas, como si fuera una galería de arte. Sonia se reafirma en su intención de abordar sin distinción todos los soportes, considerando equiparables y dignas de ser expuestas todas las expresiones artísticas. Así lo hizo, por ejemplo, en el famoso Salón de Otoño de Berlín de 1913, donde expuso pinturas, proyectos de carteles, encuadernaciones y objetos domésticos junto a obras de Robert Delaunay, Marc Chagall, Max Ernst, Lyonel Feininger, Franz Marc y Paul Klee, entre otros.

En este contexto, en el que moda, pintura y vanguardia están estrechamente ligadas, nace el “vestido simultáneo” como una forma de acercar al público el nuevo lenguaje visual. Los Delaunay se visten con sus creaciones y convierten salones de baile, como el parisino Bal Bullier, en laboratorios en los que experimentar con el simultaneísmo, en un primer intento de renovar la estética urbana a través del color. Con su provocadora asociación de color y mezcla de tejidos, causan sensación y se convierten en “reformadores de la manera de vestir”, según Apollinaire.

En esta época Sonia firma cuadros que están entre sus obras más importantes, pero sobre todo expone, junto a la pintura de Robert, objetos simultáneos.

Sonia Delaunay, Naturaleza muerta portuguesa, 1916. Óleo y cera sobre papel sobre lienzo, 66 x 92,1 cm. Colección privada, Suiza
Sonia Delaunay, Cantantes de flamenco, 1915-1916. Óleo y cera sobre lienzo, 174,5 x 143 cm. Museu Calouste Gulbenkian, Lisboa. Coleção Moderna

Primera estancia en Madrid y Portugal

La Primera Guerra Mundial estalla mientras la familia Delaunay se encuentra de vacaciones en España por lo que, a finales de 1914, deciden instalarse en Madrid. Sus lienzos y vestidos simultáneos para el Bal Bullier dan paso a un interés por el arte popular, los cantantes y bailarines de flamenco, donde se puede reconocer un cierto retorno a la figuración. En el verano de 1915, son invitados por un grupo de artistas futuristas instalados en Vila do Conde, un pequeño pueblo en el norte de Portugal, y deciden trasladarse allí durante un tiempo. Aun así, Sonia sigue inspirándose con frecuencia en España.

Sonia Delaunay, Dos figurines para el ballet Cleopatra, 1918. Tinta y acuarela sobre papel, 24,17 x 17 cm y 21 x 15,5 cm. Colección privada

Segunda estancia en Madrid y el arte total

En la capital española, el matrimonio Delaunay coincidió con Serguéi Diághilev, refugiado también en España, y Sonia empezó a colaborar en el diseño de escenografías y vestuario para los Ballets Rusos, una relación que marcaría el inicio de la estrecha vinculación con el mundo de las artes escénicas a lo largo de toda su carrera.

Hacia 1919 ya aparecían en la prensa española menciones a su boutique, Casa Sonia. La inauguración de este negocio, que también se dedicó al diseño de complementos y de moda, supone un hito en la carrera de la artista y es un importante precedente de su intensa dedicación al diseño de interiores, tejidos y prendas de vestir a partir de la década de 1920.

“Fiel a su concepto artístico, el objetivo de esta nueva iniciativa de Sonia Delaunay era (…) transformar ‘la banalidad cotidiana y los objetos que la acompañan en un entorno más artístico y elevado’. Para alcanzar tal objetivo, todos los objetos que rodeaban al ser humano debían cambiar para conseguir ‘elevar y ennoblecer los instintos del gusto popular hacia ideales más humanos’. (…) Su éxito se debió sin duda al gusto de la burguesía y la nobleza local por todo aquello que venía de París. La capital francesa era modelo en moda y decoración y, en un momento en el que el país vecino se encontraba en guerra y la frontera estaba prácticamente cerrada, la sed de novedades procedentes del exterior hizo que muchos ojos se fijaran en ella”, escribe la curadora de muestra, Marta Ruiz del Árbol, en su texto para el catálogo, titulado Segunda etapa de Sonia Delaunay en Madrid. El arte total y la Casa Sonia.

En estos años en Madrid, los Delaunay se relacionaron también con poetas vanguardistas, como Ramón Gómez de la Serna o Guillermo de la Torre. Recién regresada a París en 1921 e imbuida por el espíritu dadaísta, Sonia decidió decorar las paredes de su casa con poemas de sus muchos amigos poetas, como el mural “abanico-poema” de Gómez de la Serna (1922). En su deseo de rebasar los límites de las artes, Sonia también diseñó “vestidos-poema”.

Sonia Delaunay, Vestidos simultáneos (Tres mujeres, formas, colores), 1925, 31 x 23 cm. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid. Depósito temporal de D. Pedro y Dña. Ary Altamiranda, Panamá, 2010
Sonia Delaunay, Vestido-poema: “Le Ventilateur tourne dans le coeur de la tête (texto de Tristan Tzara), 1922. Acuarela sobre papel, 30 x 23,5 cm. Guillermo de Osma

Regreso a París

En 1921, los Delaunay regresan a París. La experiencia en España anima a Sonia a vestir a la mujer de la ciudad con los diseños de sus cuadros, como si fueran tableaux vivants (pinturas vivas), y poco después inaugura la Boutique Simultané. En esos años colabora con grupos dadaístas y surrealistas en la producción de proyectos teatrales y cinematográficos. En 1925 participa con éxito en una exposición de artes decorativas y comienza a trabajar para unos grandes almacenes holandeses, Metz & Co, una relación comercial que mantendrá hasta la década de 1950.

En este capítulo de la muestra se destaca su polifacética y versátil manera de enfocar el proceso artístico, ya fuera en lienzos, tejidos, tapices, litografías, escenografías o incluso en encargos murales. Destacan también fotografías de moda que hizo la propia artista y un video coloreado realizado también por ella para promocionar sus diseños de 1925. Además, se dedica un amplio apartado a sus diseños textiles para mostrar cómo era el proceso creativo de las piezas, desde el dibujo sobre papel o cartulina al producto final.

En 1937, Sonia participa, junto a Robert Delaunay, en la decoración de dos grandes pabellones de la Exposición Universal de París, de los que la muestra presenta tres bocetos. La artista evocará en el Pabellón del Ferrocarril su viaje a la península ibérica, demostrando, una vez más, la significativa huella que esta época dejó en ella.

Después de fallecer su marido en 1941, Sonia Delaunay continuó trabajando y colaborando en la promoción del arte abstracto. En 1964, tras la donación de un centenar de obras suyas y de Robert, se convirtió en la primera mujer viva a la que se le honraba con una exposición en el Museo del Louvre.

Sonia Delaunay con uno de sus abrigos de lana bordada, 1925. Cortesía: Museo Thyssen

SONIA DELAUNAY. ARTE, DISEÑO Y MODA

Museo Thyssen-Bornemisza. Con la colaboración de la Comunidad de Madrid

Del 4 de julio al 15 de octubre de 2017

Comisaria: Marta Ruiz del Árbol, conservadora de Pintura Moderna del Museo Thyssen-Bornemisza