Documenta es uno de los eventos con mayores expectativas dentro del mundo del arte. Esto es debido a su carácter riguroso, una investigación previa de cinco años, una inversión consistente de capitales públicos y una austeridad poco afín al disfrute fiestero y frívolo de la Bienal de Venecia.

Los profesionales que acuden a Kassel visitan las exposiciones solos, con atención casi monástica, respetando un código de sacralidad religiosa para descifrar las nuevas tendencias discursivas y artísticas. El aura del arte se impone con tanta fuerza que las prohibiciones superan lo permitido.

No se puede tocar nada, ni siquiera las grandes instalaciones públicas hechas para la interacción con el público y exhibidas en el parque de La Orangerie, una de las tantas sedes en Kassel; prontamente, las jóvenes guías se acercan a recordar las reglas que se aprenden en los museos de arqueología.

Quizás sea esta una de las razones más ocultas de este ocurrir de Documenta 14 por primera vez en dos ciudades, en Atenas y Kassel, bajo el título Learning from Athens. Significa también perder el perfeccionismo prohibicionista y entrar en la lógica de la improvisación y del arreglo. Un choque cultural que no tuvo un éxito fácil, porque en Alemania hasta la imperfección es radical y los cambios de planes a mitad de camino no son contemplados. Habrá que ver si las próximas ediciones mantendrán esta apuesta.

El curador Adam Szymczyk, consciente de estar enfrentando un desafío destinado al fracaso, lo anuncia, casi como una justificación póstuma, en su texto curatorial, quejándose de las dificultades debidas a las restricciones de un presupuesto de treinta siete millones de euros que posiciona a Documenta como el evento artístico sin fines de lucro con más recursos del mundo. 

La exhibición de Kassel fue el teatro evidente de un momento histórico en el cual el fin de la modernidad/contemporaneidad en acto provoca lecturas diferentes, a veces opuestas entre ellas, en búsqueda de un camino todavía oscuro. El arte, parafraseando a Karl Marx, es una sobre-estructura económica y social y como tal simboliza las tensiones internas a los grandes cambios.

En esta Documenta hay dos elementos significativos que funcionan como polos opuestos de tendencias globales: por una parte, un aspecto curatorial muy similar a la investigación hecha por la curadora Christine Macel en la actual Bienal de Venecia, donde se imponen trabajos de fuerte carácter identitario, etnográficos y antropológicos, que miran al pasado, a los años setenta y a la artesanía como respuesta al cambio de paradigma histórico y social actual, en los cuales el posicionamiento político pasa por la recuperación de unas raíces siempre iguales a sí mismas, y otra, influenciada por el pensamiento del filósofo Paul B. Preciado, encargado del programa público El Parlamento de los Cuerpos, post-género y sin identidad, informe, que se preocupa de redefinir los campos de acción del arte a través de la experimentación personal y del error.

Dos mundos distantes, opuestos, tanto a nivel ideológico y político como en el plano curatorial que en el espectador provocan una cierta confusión, aumentada por la perversión de una comunicación casi inentendible e ineficiente, desde los emails hasta la falacia de las fichas técnicas.

El Fridericianum Museum, sede principal de Documenta, acoge en esta edición la colección del museo EMTS de Atenas, ahora en un momento de reestructuración, como otro gesto de apoyo a Grecia. Sin embargo, no se logra entender este gesto importante hasta hablar con algunos profesionales del sector, pues no hay textos o guías que indican esta decisión, creando una incertidumbre y algo de desilusión sobre la entera exhibición.

Hay en esta Documenta un lapsus constante y latente en posicionar Atenas como cuna de la civilización de donde aprender o como país a la deriva que necesita ser rescatado por una gran potencia del arte. Esta ambigüedad se refuerza si se analiza la ocasión perdida por parte del curador de presionar, a través de una institución como Documenta, al gobierno Alemán para que devolviera a Atenas el Altar de Zeus todavía conservado en el Museo de Pérgamo de Berlín como principal atracción turística.

El arte político podría ser más efectivo si incidiera algo en las políticas del arte que aún se basan en relaciones institucionales colonizadoras, relaciones sociales jerárquicas y en defensa de los botines de guerras.

En este sentido, la potente obra Partenón de los Libros Prohibidos de Marta Minujín, emplazada en la plaza del Fridericianum Museum, que expuesta en Atenas podía haber sido un gesto de devolución simbólica, en Kassel parece casi un segundo saqueo. Este bipolarismo entre una superación postcolonial y una mirada conservadora caracteriza buena parte de la exposición en el Documenta Halle y en la Neue Neue Galerie donde se destaca únicamente el trabajo de Daniel García Andújar, The Disaster of War / Trojan Horse, que reflexiona a través de material de archivo sobre los cambios sociales de la ciudad de Kassel, reforzando a veces una mirada que se vuelve colonial por su preocupación de insertar nacionalidades más como ejercicio del políticamente correcto que por la calidad de las obras. De otro lado, hay que rescatar numerosas obras presentes sobretodo en la Neue Neue Galerie y en el Palais Bellevue, como el trabajo de Regina José Galindo, El Objetivo, un performance sobre la guerra, la mirada y la imagen, presente en el Stadtmuseum, y La sombra, sobre las agresivas políticas de Estados Unidos, en el Palais Bellevue. En esta misma sede, destaca la obra entre el entorno natural y la arquitectura de la artista húngara Agnes Denes.

Otro momento en contra-tendencia de esta Documenta, que de una manera representa la aspiración, no siempre lograda, de apostar a las prácticas públicas, ha sido el encuentro propuesto por el colectivo chileno Ciudad Abierta, Amereida Phalène Latin South América (Pavilion), en el ​Karlsaue Park, que trabaja sobre el cruce entre arquitectura y poesía, proponiendo un formato de cercanía humana informal y abierto poco usual en las latitudes poco emocionales del arte contemporáneo y que hace reflexionar una vez más sobre las políticas del arte.

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Mariagrazia Muscatello

Crítica de arte, Licenciada en Filosofía por la Universidad de Parma (Italia), Magister en Comunicación y Crítica de Arte (Gerona-España). Ha sido responsable de prensa para la firma de diseño industrial Kartell en Milán, y asistente editorial para Gustavo Gili, en Barcelona. Ha publicado para diversos catálogos y revistas nacionales e internacionales, como “Flash Art”, “Artribune” y “Etapes”, entre otras.
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