El animal que habla, dice Aristóteles, es un animal político. Esto lo señaló Rancière en su conocido texto El reparto de lo sensible, donde a pesar de mostrarse inquieto porque “lo estético” se ha podido convertir en los últimos años en el lugar privilegiado donde el pensamiento crítico se ha metamorfoseado en un pensamiento de duelo -característica propia de la “era de las masas”- responde positivamente a que, los modos de vida, las ideas del pensamiento, así como los contextos que dan cabida a las “formas de identidad” que se prolongan en lo que identificamos como figuras culturales comunitarias, pueden ser determinantes sobre los discursos que replantean un espacio con singularidades y características propias, atribuyendo a éste cualidades que tienen que ver ciertamente con los tiempos y las formas de actividad que en aquellos espacios se desarrollan. Hablamos aquí, puntualmente, de la naturaleza como espacio político.

Los multinaturalistasexposición que actualmente acoge el Museo de Arte Moderno de Medellín (MAMM), y que es parte del año Colombia-Francia 2017, hace partícipes a un conjunto destacado de artistas franceses y colombianos*, asumiendo una postura, no justamente crítica, más si especialmente reflexiva sobre las formas sensibles en que el arte puede mostrarnos un mundo y darnos a sentir una cierta posibilidad de entender qué pasa en lugares separados como lo son Colombia y Francia, pero que pueden compartir puntos de encuentro desde algunas condiciones particulares a pesar de la marcada distancia que los separa. En este sentido, la exposición no debería ser asumida como otra muestra que intenta constituir un discurso “política y patrióticamente correcto” desde conceptos que se ajustan a lo que de manera liviana hemos comenzado a llamar “arte en el post-conflicto”, ni tampoco asume una postura particularmente cerrada de lo que se denomina burdamente como “multiculturalismo”, en tanto que ambas palabras se han convertido en un comodín variopinto de lo que debería ser un reconocimiento a la diversidad, a las relaciones y a los territorios, así como a los procesos de restablecimiento de un Estado. Por lo tanto, toda muestra que contenga reflexiones sugeridas desde un interés ecológico, antropológico o social, encarna una doble problemática que deberá ser sobrellevada por quienes se interesan en organizar esta clase de propuestas, a saber: por una parte, las piezas deberían apartar toda insinuación estética de la propaganda que tanto daño hace a lo que el arte, en su esencia manifiesta; es decir, algo tan fundamental como jamás descuidar la poética, en tanto que todo arte político, social o ecológico “propagandístico” reduce su significación justamente a mensajes o campañas a favor o en contra de (una cosa o la otra), siendo esta su única posibilidad trascendental de sentido. Por otra parte, aun cuando el artista se interesa por la maestría en la plasticidad de la obra, la poética con la cual revela el sentido de sus piezas desde el campo formal y el uso coherente del lenguaje, su intención, es decir, el gesto con el cual señala una reflexión, deberá ser captado sin necesidad de recurrir a dicha noción de propaganda.

La exposición Los multinaturalistas logra superar con acierto los aspectos anteriormente mencionados y, como ejemplo de ello, se destacan las bellísimas piezas presentadas por el colectivo Council, conformado por Francesca Bertolotti-Bailey, Grégory Castéra y Sandra Terdjman en colaboración con Aimar Arriola y Julie Peeters. La publicación The Against Nature Journal (2017) es un esbozo del proceso colectivo investigativo para el trabajo presentado en el Museo que se reproduce, además, en una serie de litografías coloreadas a mano de la artista Joscelyn Gardner, tituladas Retratos criollos III: una colección de cabezas criollas del sexo femenino, que aluden a las prácticas abortivas del siglo XVIII a las cuales recurrían las mujeres esclavas de las plantaciones caribeñas para interrumpir los embarazos de manera natural. “Algunas mujeres esclavas decidían abortar como un acto de resistencia política en contra de su explotación como vientres para traer al mundo nuevos esclavos y para protestar por la crueldad de la esclavitud misma”.

Por otra parte, el artista Etienne Chambaud en su obra SET (2017), que consiste en tres piedras de piritas talladas con la forma de un dado, hace alusión a la representación humana de la manifestación del azar en la geología, confrontando la temporalidad corta de la humanidad con la temporalidad milenaria de la geología. Aquí, Chambaud desplaza el concepto de temporalidad de lo humano sobre el azar presentado en los dados, manifestando la soberanía de la naturaleza sobre el hombre, valiéndose de unas pequeñas piedras impecablemente talladas.

Justamente, la poética en el arte, aún con discursos que se edifican a partir de situaciones sociales y que devienen “lo político”, es lo que destacamos en esta reflexión. Por lo tanto, las piezas presentes en la muestra no deben arrogarse con una expectativa que va desde una concepción primaria sobre lo político y la relación del hombre con su territorio natural, tanto como desde el territorio del arte; por el contrario, la muestra problematiza de manera directa los convencionalismos y refuerza el lema de que el arte es el arte, si apartáramos el discurso de las piezas y las dejáramos libres en su significación.

El artista François Bucher, en La reconstrucción del templo (2017), un dibujo geométrico realizado con óxido de hierro en polvo, presenta su visión a partir de una extensa investigación sobre diversas formas de pensamiento y cosmogonías de las “cosmoexperiencias indígenas” en el territorio colombiano. La obra “es el resultado de sus conversaciones con el mamo de la etnia arhuaca (Bunkawanngenkun Bunsiunchuwiun) sobre la actividad energética de las distintas ‘casas de pensamiento’ y sobre los centros sagrados del territorio, condensándose aquí en una forma diagramática de la búsqueda metafísica del artista”.

Hay mundos que se abren en Los multinaturalistasLa curaduría realizada por Natalia Valencia, así como el diseño museográfico del artista y arquitecto Felipe Arturo, pueden transportarnos a una zona no convencional de percepción y relación con las obras (incómoda, a veces), si lo que esperamos ver es un orden cartesiano para el recorrido y la disposición de típicos paneles en el espacio. Pero no. Esto no es posible en Los multinaturalistas porque el gesto curatorial, casi como un mismo gesto artístico, además de que enfoca su intención en reflexionar sobre las relaciones de contextos y asuntos sociopolíticos, ambientales y culturales, se adiciona a la asepsia y a la independencia de cada pieza en su, digamos, “territorio”incluso desde una autonomía formal que es evidente en toda la muestraEn este sentido, cabe destacar que el guion museográfico no presenta ninguna jerarquía en recorridos trazados u obras, por lo que el espectador tiene absoluta libertad de recorrer la sala como mejor le parezca hacerlo, y con este gesto, se rompe con las normas establecidas sobre cómo debemos desplazarnos como espectadores, en relación a una muestra, dentro del museo.

Felipe Arturo explica que “había un reto bastante fuerte al intentar localizar cuatro piezas de video y una de audio en un mismo espacio sin que la sala se convirtiera en un múltiplex, es decir, en un corredor con salas de video. La pregunta entonces fue cómo darle un carácter al espacio que permitiera apreciar bien los trabajos y al tiempo sentirse en un espacio específico”.

La curaduría señala la relación del hombre con el universo no-humano, rescatando la importancia de las formas de conocimiento respecto a la naturaleza; a partir de allí, señala Felipe Arturo, “hubo un interés por la mirada en el sentido ilustrado de la naturaleza, que se acerca a ella desde la clasificación y desde una sistematización estética de la misma”.

En relación al componente cinematográfico, donde sin duda tiene gran fuerza la obra de Pierre HuygheUntitled (Human Mask) (2014), así como el video de Milena Bonilla y Luisa UngarLas Palmeras eran de Cartón (2017), y Leviathan (2012), de Lucien Castaing-Taylor & Véréna Paravel , hubo una posibilidad de confrontarse a la presentación espacial de los proyectos, concibiendo desde su diseño “una serie de polígonos como plantas para los espacios de las obras siguiendo, por un lado, la idea de diagrama geométrico en la química o de las descripciones de los cristales y los minerales, así como algunos edificios y pabellones de la ilustración que asumían estas formas como una manera de hacer eco a la naturaleza; un buen ejemplo es el Observatorio Astronómico de Bogotá de 1802, que sirvió de base geográfica de la Expedición Botánica y cuya planta es un hexágono. Esta lógica permitió una serie de espacios no convencionales y de filos, bordes, superficies, rincones, ensanchamientos y contracciones que le daban una diversidad de sensaciones espaciales y de recorridos a la exposición. El resultado no es un espacio convencional y mucho menos neutro, pero creo que logra desnaturalizar, justamente, nuestras expectativas de un espacio de exposición, y nos fuerza a reacoplar el cuerpo y su relación con el espacio cada vez que llegamos a compartir cada zona con una de las obras”, según Felipe Arturo.

La muestra, entonces, da a sentir. ¿Qué? “Una cierta formación del mundo, una cierta puesta en forma, una cierta percepción de si, del mundo”.


*Los artistas participantes en Los Multinaturalistas son Milena Bonilla & Luisa UngarFrançois BucherLucien Castaing-Taylor & Véréna ParavelEtienne Chambaud, Colectivo 4 Direcciones: Diana Rico, Richard Decaillet & Miguel Navas, Council: Francesca Bertolotti-Bailey, Grégory Castéra, Sandra Terdjman en colaboración con Aimar Arriola; Julie Peeters, Pedro Gómez-Egaña, Pierre HuygheMathieu Kleyebe Abonnenc y Rometti Costales. 

Imagen destacada: Vista de la exposición Los Multinaturalistas, en el Museo de Arte Modernos de Medellín, 2017. Foto cortesía MAMM

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Nace en Medellín, Colombia. Es maestra en Artes Plásticas y Visuales. Realizó estudios en Filosofía en la Universidad de Antioquia y tiene una acreditación en Evaluación de Procesos Educativos. Posee un diplomado en Periodismo Cultural y Crítica de Arte y se desempeña como docente de cátedra universitaria. Es parte del equipo de columnistas de la revista La Artillería, revista de arte de la ciudad de Medellín, y escribe para la sección "Palabra y Obra" del periódico El Mundo.
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