Desde que Tomás Saraceno llegó al Museo de Arte Moderno de Buenos Aires, ya nada es lo que era. El modelo de salas blancas, espacio neutral y minimalista que caracteriza generalmente al Moderno, se transforma. Las dos salas de la institución que albergan la obra del artista argentino devienen cuartos oscuros con la promesa de revelar nuevas formas de ver e interpretar el mundo.

La práctica artística de Saraceno (1973) atraviesa lenguajes. Reconocido por sus esculturas flotantes e instalaciones interactivas, sus propuestas entrecruzan el arte, la arquitectura, las ciencias naturales y sociales. Sus obras, que aspiran a reflejar modos de vida alternativos en  comunión con la naturaleza y las especies, redundan indefectiblemente en una toma de conciencia ecológica.

En su primera gran muestra individual en Argentina, el artista -que actualmente vive y trabaja  en Berlín- presenta Cómo atrapar el universo en una telaraña, con curaduría de Victoria Noorthoorn. Un trabajo sobrecogedor, híbrido e interdisciplinar. El proyecto, resultado de más de una década de investigación artística, ha sido desarrollado por el Moderno y el Studio Tomás Saraceno, con la colaboraci