A pocas semanas de haber asumido como la nueva directora del Centro Nacional de Arte Contemporáneo, ubicado en la comuna de Cerrillos, en Santiago, Beatriz Salinas Marambio (39) tiene claro que este espacio debe consolidarse como un laboratorio de ideas y experimentación, más que como un lugar meramente expositivo, y responder, a lo largo de ese trayecto, a dos grandes exigencias planteadas por el mismo medio: la colaboración y la descentralización.

Lo primero se da ya a nivel interno, y desde allí hacia proyectos concretos. Al no existir una jerarquía de funciones al interior del Centro, su directora trabaja en coordinación y transversalmente con otras instancias del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes (CNCA), como la Macro Área de las Artes de la Visualidad, los Comités Curatorial e Institucional, y la Galería Gabriela Mistral (GGM), que de hecho inauguró hoy allí una gran muestra de buena parte de su colección, bajo la co-curaduría de su directora, Florencia Loewenthal, y la artista Magdalena Atria.

La descentralización de actividades está también en curso. Entre mediados de 2016 -apenas inaugurado el Centro- y principios de 2017, la Macro Área tuvo la responsabilidad de llevar a puerto el programa Traslado, una serie de actividades expositivas y de formación que implicó un diálogo directo entre la capital, y artistas, gestores y curadores de las principales regiones de Chile. Salinas Marambio quiere que acciones como ésta continúen en el tiempo, independientemente de las formas que tomen a futuro.

La meta de que Cerrillos se convierta en un laboratorio de experimentación, en el sentido de que desde allí puedan emanar proyectos que tienen que ver más bien con investigación, publicaciones, residencias, mediación y conservación, es la punta de la lanza de la gestión de la nueva directora. Ambicioso y todo como suena, para ella es un objetivo al cual hay que encaminarse con determinación y enfoque, superando las ansiedades y presiones externas por ver resultados inmediatos.

“Siento que todas las expectativas hacia este espacio tienen que ver con el tema expositivo, pero lo que he estado conversando con la Macro Área y con la gente del medio es de qué manera podemos cambiar esa mirada. De transformarnos más en esta idea de laboratorio, de que la exposición, que es lo más visible, pueda generar otras instancias, otros procesos. Siento que por primera vez podemos hacer eso, porque en este espacio, desde el Estado, se ha dado la señal super potente de no tener la presión de ser solamente un espacio expositivo”.

Alejandra Villasmil: La muestra con la que entras a dirigir el Centro se compone de gran parte de la colección de la Galería Gabriela Mistral. Ambas instituciones son dependientes del CNCA. Vemos aquí un esfuerzo y un ánimo por colaborar entre instituciones, algo esperable y deseable si pensamos en lo hermético que es a veces el ecosistema del arte chileno. Creo que esta es una clara señal con la empieza tu gestión, ¿no?

Beatriz Salinas: Si, colaborar. Para mí además es super significativa la Gabriela Mistral porque, en términos del arte contemporáneo en Chile, es un lugar emblemático. Y, además, en mi caso personal, la primera exposición que produje fue en la GGM, en el 2006, cuando estaba de directora Claudia Zaldívar. De ahí en adelante empecé a trabajar en artes visuales, porque antes lo hacía en literatura, que es mi primera formación, y en diseño. Entonces, es importante esta muestra para mí, en lo personal, y en cuanto a poder colaborar con otra institución dentro del Consejo de la Cultura, y también con la Macro Área de Artes de la Visualidad, que funciona en este edificio y que fue la que apoyó y gestionó la programación para este año. Entonces, yo me hago cargo de esta programación ahora. Y bueno, trabajar con Florencia (Loewenthal) es también un placer, y con Magdalena (Atria), que están a cargo de la curaduría de esta muestra. Yo espero que esto se pueda repetir. Me he dado cuenta, en este poco rato que llevo en el Centro, de que hay una mirada desde la Macro Área y desde la GGM muy parecida a la mía en cuanto a maneras de trabajar, y que es la que quiero replicar en el Centro, es decir, colaborar con otras instituciones y ver de qué manera nos relacionamos con regiones. El programa Traslado, por ejemplo, estuvo dentro de esa lógica.

AV: Si bien tu eres la directora del Centro, acá también se instala, como dices, la Macro Área de Artes de la Visualidad del CNCA ¿Cómo se da, en la práctica, el trabajo en colaboración entre ustedes?

BS: Dentro del Centro, no está formalmente establecido que yo “tengo que vincularme” con el Área.

AV: ¿Y está establecida, en términos administrativos y de organigrama, una jerarquía?

BS: No, yo no soy la jefa de la Macro Área. Nosotros estamos trabajando en paralelo, junto con otras organizaciones, como la GGM. Estamos en el mismo nivel de jefatura, por decirlo de algún modo. La Macro Área gestionó la programación de este año porque en ese entonces no había director(a) y había que programar este espacio. El área de Educación del CNCA también colaboró en programar el área de Mediación del Centro. Lo que yo estoy haciendo ahora es planificar para que ya el próximo año empecemos a generar la programación desde aquí. Obviamente, yo voy a trabajar en diálogo con la Macro Área porque me interesa que ellos vayan nutriéndome de algunos proyectos y porque tenemos que definir también de qué manera vamos a diseñar las convocatorias abiertas para recibir proyectos, que pueden ser expositivos o de otro tipo, como por ejemplo de investigación o publicaciones. A mí me interesa que haya un proceso abierto. La idea es compartir actividades y saber en qué está cada uno. Por ejemplo, si la Macro Área va a traer a un investigador para un coloquio, ese coloquio se puede hacer aquí. O si yo diseño un programa de residencias acá en el Centro, como la Macro Área tiene ya armada toda la red de encargados culturales de regiones, yo puedo distribuir la información a través de esas redes. La idea es generar procesos colectivamente. Para ello también hemos estado conversando con artistas, gestores y con el Comité Curatorial del Centro.

AV: ¿Quiénes integran ese Comité Curatorial?

BS: Lo integran Nelly Richard, Mónica Bengoa, Francisco Huichaqueo, Luis Weinstein, Ana María Saavedra, Carla Moller, Carolina Pino, Enrique Rivera, Federico Galende, Sebastián Vidal y Macarena Murua. Como directora Ejecutiva del Centro, tengo dos Comités Asesores de apoyo, y uno es este Comité Curatorial, que no está solo para revisar futuros proyectos, sino también para conversar y proponer líneas generales para el Centro.

AV: ¿Cómo se seleccionó?

BS: Estaba conformado anteriormente. Cuando llegué ya estaba creado. Y hay otro Comité Institucional, en el que participan el alcalde, un Premio Nacional de Arte, un vecino destacado de la comuna de Cerrillos, un director de un museo nacional, un director o curador de un museo internacional y un representante del ministro de Cultura. Este Comité no se ha reunido hasta el momento, y una de las tareas que tengo en lo inmediato es convocarlo, para tratar temas más macro, que tienen que ver con colaboraciones.

AV: Cuéntanos de la programación que estás comenzando a diseñar. ¿Hacia dónde apunta, tanto curatorialmente como en cuanto a fortalecimiento de patrimonio, educación artística y desarrollo y formación de audiencias?

BS: Como te decía, lo que queda del año ya está programado. Después de la muestra de la colección de la GGM vamos a tener Foto Prensa, una exposición que dura un mes, y después viene un proyecto en colaboración con la Bienal de Artes Mediales.

AV: ¿Cerrillos será una de las sedes de la Bienal?

BS: Claro. Y luego cerramos el año con un proyecto de Enrique Ramírez y Máximo Corvalán, que es parte de un programa de residencias que ellos estuvieron haciendo, y que será curado por Luz Muñoz. El próximo año partimos con una muestra de Bernardo Oyarzún, representante de Chile en la Bienal de Venecia (2017). También nos gustaría mucho lograr traer los proyectos que presentaron los artistas chilenos en el marco de la Bienal de Venecia, como por ejemplo Bárbara Palomino, y en la muestra central de la Bienal (Enrique Ramírez y Juan Downey). La lógica detrás de eso es que el público chileno que no viajó a Venecia pueda conocer esas obras. Eso nunca se ha hecho. Se hace el envío a Venecia, que es un esfuerzo super grande, y solo lo ve un público exclusivo. Esto surgió también a partir de conversaciones con la Macro Área. Obviamente, serán muestras distintas en cuanto a su presentación, porque se tienen que adaptar a este espacio. Queremos que se instaure que estos envíos chilenos a Venecia se presenten luego acá en Cerrillos. Pero es algo que hay conversarlo muy bien con los artistas y con los comisarios de estos envíos, porque están dentro de este mecanismo de concurso abierto y porque hay que pensar la misma muestra para dos espacios que son super diferentes. Después de eso, para el próximo año, estoy tratando de gestionar una muestra de algún artista internacional que nos genere ese deseado aumento de público, pero también siendo realistas con la escena que tenemos.

AV: Se espera que muestras como ésta de la colección GGM atraigan buen número de visitas. Tomando en cuenta el emplazamiento del Centro que, como se ha dicho, está alejado de los centros neurálgicos del arte contemporáneo de Santiago, ¿qué planes tienes para hacer de este Centro un centro dinámico, al que acudan tanto estudiantes de todos los niveles como público tanto entendido como no entendido?

BS: Se dice que Cerrillos está lejos y se hace difícil llegar, pero yo siento que eso no es tan así. Es una distancia más bien simbólica, porque Cerrillos está en un lugar más alejado de los circuitos tradicionales. Por lo mismo, estamos pensando en una muestra de un artista internacional con el que podamos generar algún tipo de vínculo con el espacio, con el edificio, con el parque en el que estamos insertos, que es un espacio público muy interesante, y al que las áreas de mediación y de públicos le puedan sacar provecho. Que a partir de esta exposición podamos generar un trabajo muy potente con el área de mediación que tenemos acá, dirigido a diferentes públicos: no solo los colegios, sino el público general y otros no necesariamente relacionados con las artes visuales. Ya tenemos un vínculo muy fuerte con los profesores de artes visuales de la comuna de Cerrillos. Pero hay otros profesores que a mí me interesa que se involucren de alguna manera con el Centro. Hay que ir ampliando este círculo: desde Cerrillos hacia otras comunas de Santiago. El tema regional es también un encargo que tenemos como Centro y que tenemos que ir pensando cómo activarlo, porque hay muchas cosas pasando a nivel regional. Siento que todas las expectativas hacia este espacio tienen que ver con el tema expositivo, pero lo que he estado conversando con la Macro Área y con la gente del medio es de qué manera podemos cambiar esa mirada. De transformarnos más en esta idea de laboratorio, de que la exposición, que es lo más visible, pueda generar otras instancias, otros procesos. Siento que por primera vez podemos hacer eso, porque en este espacio, desde el Estado, se ha dado la señal super potente de no tener la presión de ser solamente un espacio expositivo.

AV: Bueno, eso va muy en línea con las políticas de gestión de los museos hoy día, en varias partes del mundo. La experimentación y la mediación han pasado a tener un rol mucho más preponderante, y además tú vienes de trabajar específicamente en eso, en Australia. ¿Qué planes al respecto tienes para Cerrillos?

BS: Exacto. Mi investigación del Máster en Políticas Culturales era sobre residencias artísticas, que tienen otro tipo de impacto en la producción cultural, en el arte contemporáneo, y que tienen que ver con las condiciones de producción de los artistas. Para mí el desafío, y lo bonito también, de este espacio, es eso. Siento que podemos hacer una declaración de principios en ese sentido muy potente. Nos interesa generar proyectos desde acá que tengan algún vínculo con la comunidad, con los diferentes públicos que recibimos, y que pueden tomar la forma no solo de exposiciones, sino de publicaciones, de intervenciones en el espacio púbico que nos rodea.

AV: ¿Se contemplan residencias también?

BS: A mí me gustaría mucho. Tenemos que ver cómo lo implementamos en la práctica. ¿Es el espacio físico de trabajo lo que podemos aportar desde acá? Hay que verlo. El espacio expositivo, y las áreas de oficinas del Centro, ya están definidas. Hay que ver ahora cómo implementar el resto. Hay que hacer ajustes de iluminación, de climatización, y para el centro de documentación, en términos de mobiliario.

AV: ¿Este centro de documentación de Cerrillos, como había anunciado el ministro Ottone, significa el traslado del CeDoc (Centro de Documentación de las Artes Visuales del Centro Cultural La Moneda) hacia acá?

BS: Eso va a suceder. No es que vamos a duplicar el CeDoc: vamos a incorporarlo como proyecto y en términos de arquitectura a Cerrillos. Estamos en ese proceso, pero no te puedo dar fecha todavía de cuándo estará operativo porque, por un lado, hay que terminar de habilitar el espacio, para que el traslado físico del CeDoc suceda de manera impecable; y, por otro lado, tenemos que ver cómo los funcionarios del CeDoc pasan a ser parte de Cerrillos. Hay un tema administrativo muy fino que hay que trabajar para ese traspaso de trabajadores. Por otro lado, se va a comenzar a hacer el depósito también. En eso vamos a empezar a trabajar este fin de año, porque la idea es que el próximo año esté listo. Y eso también nos abre un mundo de posibilidades en términos de actividades, porque la gracia de tener colecciones acá no es que estén depositadas, sino de qué manera trabajamos con ellas.

AV: En una entrevista con Artishock hace exactamente un año, el ministro Ottone hablaba de abrir los depósitos de Cerrillos a colecciones privadas, bajo la modalidad de comodato. La idea era que esas colecciones pudiesen ser investigadas, conservadas y expuestas en la Red de Espacios que el CNCA ha logrado articular. Por otro lado, habló de que las colecciones públicas pasarán a este depósito en el que se está trabajando para que tengan óptimas condiciones de conservación. Vendría la colección del CNCA (que son las obras de los concursos Fondart hasta 2010), y la de la Mistral, que con esta muestra está de facto trasladada…

BS: No, respecto a la colección de la GGM, vamos a tener allí un pequeño desface de tiempo.

AV: Pero, todo esto que te he comentado, ¿va a ocurrir?

BS: Lo que sí está claro es lo de la colección de la GGM y del CNCA. Esa es la instrucción que recibí y la información que manejo. Nada de colecciones privadas hasta el momento. En el caso de que se quiera hacer eso, hay que estudiar de qué manera se hace, si es que hace a través de comodatos… porque eso se hace en otras partes del mundo, pero hay que ver de qué manera se hace aquí… qué aportan esas colecciones en términos de trabajo, pensando en que no somos un depositario de obras. Las obras que alojaremos acá tienen que activarse de alguna manera, ya sea a través de exhibiciones, investigaciones o publicaciones.  O a través de actividades en las que el público, por ejemplo, pueda ver el trabajo de restauración. Entonces, si es que se plantea en algún momento esa idea, hay que evaluarla sobre la base de estos aspectos: tanto el técnico-legal, como el simbólico y de proyección que tiene el incorporar o no obras de privados al depósito. Y porque, además, esto implica un cuidado extremo, y un presupuesto asociado a eso, que es público. Yo estoy un poco en contra de transformarnos en un depósito.

AV: Por lo que hemos estado leyendo e investigando en Artishock, desde que se anunció la conformación del Centro, hemos deducido que se trata de un proyecto muy ambicioso, que involucra muchas áreas de trabajo, especialización, presupuesto y recurso humano. Y también asumimos que, como en todo proceso de creación de un lugar, de levantarlo desde cero, en su operatividad y espíritu, las cosas van cambiando en la marcha y se enfrentan obstáculos de todo tipo. Además, percibo -yo al menos- una desbordada ansiedad y expectativa en el “mundo del arte” por ver la materialización de este proyecto de manera muy rápida. Esto implica un nivel de exigencia, desde afuera, de los que no trabajan con gestión, que no es muy realista, a mi modo de ver…

BS: Cuando postulé al cargo, me pidieron que presentara un esbozo muy general del plan de gestión para este Centro. Y yo planteé un poco esto mismo. Primero, ver qué estaba pasando, ir desde lo comunal hacia lo regional, y ver qué estaban haciendo otras instancias, sin duplicar funciones. Y trabajar de manera colaborativa y sin ningún tipo de ansiedad. Yo creo que la ansiedad es fatal en estos proyectos, sobre todo si no se tiene ninguna idea sólida detrás, ninguna lógica de por qué lo estamos haciendo. Este espacio tampoco es una galería, y no podemos funcionar bajo esa lógica. Igual, a mí todo esto me hace un poco de ruido, porque también el medio es super precario. O sea, hay muchísimos artistas en Chile que quieren exponer y que no tienen los espacios suficientes, y que a veces logran el financiamiento para sus muestras -ya sea público o privado-, pero que les cuesta exponer. Entonces, a mí me gustaría resguardar este espacio de esa ansiedad, de ese apuro. Yo siento que es una buena señal del Estado en materia cultural permitir que un espacio como éste avance sin esa presión. Por supuesto que tenemos que cumplir con ciertas metas, porque estamos insertos dentro de un aparato administrativo-estatal, pero creo que es bueno que resguardemos este espacio en ese sentido. De que seamos un espacio que pueda generar otros procesos, y que esos procesos sean visibles para todo el amplio público que nos visita. Porque esa ansiedad viene del medio, no del público general. Hay vecinos que todavía no saben que este lugar existe. Ellos no tienen ninguna ansiedad ni expectativas creadas respecto a este espacio.

AV: ¿Cómo ha sido la asistencia hasta ahora, tomando en cuenta también que una cosa son las cifras, y otra muy diferente lo que puede activar un espacio, más allá de los números?

BS: Para la primera muestra del Centro, que estuvo desde septiembre de 2016 y hasta fines de enero (de 2017), vinieron casi 9.000 personas, que es un buen número según las cifras que compartimos con otros espacios similares de la ciudad. Y de eso, casi la mitad son de colegios; el trabajo que ha hecho el departamento de Mediación aquí es super bueno. Y las visitas son mediadas, no son las clásicas visitas guiadas; el formato es más participativo. Hay extranjeros también que vienen al Centro, y vecinos que vienen porque les da curiosidad el edificio. Y, por otro lado, público más especializado, profesores y estudiantes de arte.

AV: Retomando el asunto del trabajo en conjunto entre la Macro Área y tú como directora, ¿Cerrillos seguirá siendo la plataforma para el desarrollo de la Política de Artes Visuales para el periodo 2017-2022? ¿Qué pasará con eso?

BS: No estaba en Chile lamentablemente en ese momento, cuando se desarrollaron estos encuentros para definir la Política. Pero la Macro Área me ha compartido los documentos resultantes de esas mesas (el documento final sale ahora en agosto). Ya hay un diagnóstico y medidas a tomar. Y sin duda, hay varias ideas centrales que surgieron de esos encuentros que a mí me hacen mucho sentido, y que como Centro vamos a tomar nota. Uno de los temas que surgió allí es el de la asociatividad, esta idea fuerza de trabajar de manera asociativa, sobre todo porque hay otras organizaciones que están haciendo cosas, y hay que ver de qué forma nos asociamos con ellas. Y, el otro tema, es descentralizar, cómo avanzamos en esta realidad de que no todo pasa en Santiago. De hecho, este Centro es un Centro Nacional, aunque esté en Cerrillos. Entonces, como su nombre lo indica, este Centro tiene un carácter nacional. Y así tenemos que convocar a otras iniciativas que ya estén funcionando. A nosotros desde Santiago no nos hace mucho sentido esa noción de que nosotros vamos a llegar a las regiones con las recetas para hacer cosas. No se trata de replicar una mirada colonial en nuestras propias regiones. Eso lo encuentro bien fatal.

AV: La descentralización es un objetivo clave de esta administración. La anterior más bien apuntaba a la internacionalización del arte chileno. ¿Qué papel juega la internacionalización en tu gestión?

BS: Hay varias cosas allí. Una, es que no me gustaría tener tantas muestras, porque según mi experiencia anterior, en los espacios en los que he trabajado, sé lo que significa en términos de gestión, trabajo y presupuesto llevar adelante una muestra. Sobre todo, si son internacionales. Siento que después el equipo no tendrá tiempo para trabajar con las audiencias de esas exposiciones. Estaría feliz con tener tres o cuatro exposiciones al año y trabajar mejor con ellas. Por otro lado, no me cerraría a qué tipo de artistas presentamos en el Centro. Lo que queremos en definitiva es que el lenguaje del arte contemporáneo sea más accesible a un público general.

AV: ¿Existen planes de colaborar con otras instituciones fuera de Chile? ¿Realizar intercambios o itinerancias de exposiciones, o quizás charlas, conferencias y talleres?

BS: Para cambiar este paradigma de que tenemos que ser solo un centro expositivo, me gustaría potenciar la generación de proyectos desde acá, más que vengan desde afuera. Tenemos las capacidades profesionales y de gestión en Chile, como para decir: “Trabajemos con este artista, contactémoslo directamente nosotros”. Es movernos fuera de esta lógica de que tenemos que recibir proyectos completamente cerrados, que vengan de un curador o de institución externos. Porque, si no, estamos repitiendo el esquema de recibir cosas. Y eso es de lo que más me interesa poner en crisis. No ser un receptor, sino que un colaborador de proyectos. Y esos proyectos pueden ser muchas cosas, no solamente una exposición. Entonces, si se nos da la oportunidad de trabajar con otro museo de arte contemporáneo en Latinoamérica o un centro de arte contemporáneo en Europa, que sea dentro de esta lógica de trabajar en conjunto. Porque además esos proyectos están pensados para otros contextos y con otras ideas de presupuesto.

AV: Y de espacio…

BS: Exacto. Este lugar tiene una ubicación y una arquitectura especiales.

AV: ¿Al Centro le interesaría, a nivel curatorial, generar cruces y diálogos con artistas contemporáneos y de otras generaciones; entre las distintas colecciones públicas (del CNCA, la GMM) y privadas; entre disciplinas?

BS: La línea curatorial no la defino yo.

AV: La define el Consejo Curatorial…

BS: Y otras personas que vayamos definiendo en el camino.

AV: Tu trabajo se centra en la dirección Ejecutiva…

BS: Claro. Mi visión es macro: ver de qué manera materializamos estas ideas que están dando vueltas, cómo se ejecutan. Dentro de mis funciones no está la de generar líneas curatoriales. Y por el carácter que tiene el espacio, no podemos decir: “Vamos a trabajar con artistas contemporáneos que trabajen temas de género, o que se relacionen con ciencia”. En algunos proyectos sí, en otros, trabajaremos con artistas de regiones o latinoamericanos. La idea es no cerrarse. Y dentro de mis tareas tampoco está fijar esas líneas. Mi tarea es apoyar la gestión de esos proyectos.

AV: Se ha establecido que el Centro no será una institución de carácter mixto, que no incluirá participación del sector privado. ¿Esto sigue en pie?

BS: Nosotros tenemos un presupuesto asignado de programación, y la idea es poder trabajar con ese presupuesto. Y, en el caso de que exista la necesidad de colaborar con un privado, se conversará. Yo lo veo primero siempre con los artistas, porque hay artistas que no quieren vincularse con ciertos sponsors y uno tiene que ser super respetuoso con eso. Y en términos de institucionalidad también. Si se da ese escenario, tengo que conversarlo al interior. Y también evaluar el espectro de alianzas privadas que existen. Hay fundaciones culturales privadas sin fines de lucro que podrían trabajar con nosotros. Hay un amplio universo dentro del mundo privado, no solo marcas y empresas. Por ahora, estamos con el financiamiento OK para este año y para el próximo, y eso incluye programación, operación y arquitectura.

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Alejandra Villasmil

Nace en Maracaibo (Venezuela) en 1972. Es Directora y Fundadora de Artishock. Licenciada en Comunicación Social, mención audiovisual, por la Universidad Católica Andrés Bello (Caracas, Venezuela, 1994), con formación libre en arte contemporáneo (teoría y práctica) en escuelas de Nueva York (1997-2007). En Nueva York trabajó como corresponsal sénior para la revista Arte al Día International (2004-2007) y como corresponsal de Cultura de la agencia española de noticias EFE (2002-2007). En Chile fue encargada de prensa y difusión para el Museo de Artes Visuales (MAVI), Galería Gabriela Mistral, Galería Moro y la Bienal de Video y Artes Mediales.
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