El Museo Jumex presenta la primera exposición individual en México y en un museo de América Latina de Robert Ryman (Nashville, Tennessee, EEUU, 1930), uno de los artistas más prominentes de la pintura monocromática, cuya obra se asocia tanto al minimalismo y al conceptualismo como al expresionismo abstracto. Desde la década de 1950, las composiciones de Ryman se identifican y caracterizan por sus superficies acromáticas y una profunda conciencia de los materiales y sus posibilidades. El artista ha descrito su práctica estética como un “desafío” para “hacer que las cosas sucedan” con la pintura.

El público ve y experimenta estas frecuencias pintadas de luz como color blanco, pero la exploración radical que Ryman lleva a cabo de los valores tonales, reflejos de luz y efectos espaciales de este color nunca se ha limitado sólo a la pintura. Desde el principio, amplió sus experimentos con lienzo, cartón y papel para incluir aluminio, fibra de vidrio y plexiglás hasta convertirlos en un vocabulario de materiales que es tan revolucionario como el uso que da a los diversos matices de blanco.

La exposición en el Jumex, que se exhibió previamente en Dia:Chelsea, en Nueva York, reúne cinco décadas de producción del artista, desde los años cincuenta hasta finales de la década de 1990.

Vista de la exposición de Robert Ryman en el Museo Jumex, Ciudad de México, 2017. Cortesía: Museo Jumex. Foto: Moritz Bernoully

“Si uno dice que las pinturas de Ryman son bellas, no es para fomentar la idea de lo bello como opuesto a lo difícil, como lo contrario de lo conceptual o lo político, o ninguna de las otras cosas que la brigada de la belleza odia. La belleza es un hecho: es algo manifiesto. Las cosas bellas existen. Las personas las crean, y las que las ven tienen una respuesta tan congruente que se puede tener un sentido real de que esa forma es excepcional y, por consiguiente, vale la pena dedicarle más tiempo y no menos. Las personas que pasan por una galería, ven un cuadro o un objeto que les llama la atención o estimula su imaginación, y entran y se quedan un poco más de lo habitual (o quizá se quedan mucho tiempo), son personas que se permiten experimentar la belleza sin tener que pensar en ella, que es la manera más bella de experimentar la belleza. En las últimas décadas hemos sucumbido, en extraordinaria medida, a la tentación de usar términos misteriosos. Mientras tanto, hemos olvidado cómo hablar de cosas excepcionales usando un lenguaje hablado familiar y vernáculo, esto es, hablar de la manera en que la gente habla realmente cuando experimenta el mundo. Un artista como Ryman es, en todos los sentidos, una provocación a hablar en términos claros sobre las cosas simples para que podamos comprender lo raras que son en verdad las cosas bellas y sencillas”.

Robert Storr, In the American Grain

Robert Ryman, Sin título, 1958. Caseína y grafito sobre papel. The Greenwich Collection, Ltd. Foto: Bill Jacobson, cortesía The Greenwich Collection, Ltd./ Dia Art Foundation, Nueva York © 2017 Robert Ryman / Artists Rights Society (ARS), Nueva York
Robert Ryman, Curso, 1994. Óleo y esmalte Enamelac sobre panel Lumasite. La Colección Jumex, México. Foto: Francisco Kochen, cortesía Museo Jumex © 2017 Robert Ryman / Artists Rights Society (ARS), Nueva York
Robert Ryman, Arrow, 1976. Óleo sobre panel de acrílico lijado, cuatro sujetadores de acrílico lijado y pernos hexagonales de acero con chapa de cadmio. The Greenwich Collection, Ltd. Foto: Bill Jacobson, cortesía The Greenwich Collection, Ltd./ Dia Art Foundation, Nueva York © 2017 Robert Ryman /Artists Rights Society (ARS), Nueva York
Vista de la exposición de Robert Ryman en el Museo Jumex, Ciudad de México, 2017. Cortesía: Museo Jumex. Foto: Moritz Bernoully

Cuando habla de sus pinturas, Robert Ryman suele hacer alusión a algo que él llama “luz real”. La luz real es la forma en que la pintura refleja la luz natural o artificial de su entorno, así como también las formas en que la pintura absorbe y refracta la luz cuando se aplica a distintas superficies, como aluminio, madera, lienzo, papel y plástico. Además, Ryman define la luz real de una tercera manera: ésta activa la pintura. Aunque el artista pinta desde hace mucho tiempo bajo la luz artificial de su estudio, prefiere mostrar su trabajo a la luz del día para que los distintos grados de luz natural —bajo a alto, soleado y brillante a nublado y azul grisáceo— iluminen los diversos aspectos de la obra.

Las primeras pinturas de Ryman incluyen estudios que examinan cómo el blanco, que con frecuencia se percibe como la ausencia de color, está compuesto, de hecho, por gradaciones tonales multicolores. Su método de superponer el blanco al color en su pintura es algo que no concebía como sumar pintura blanca, sino como una “sustracción” para permitir que el color subyacente incidiera en la superficie. El proceso de sustracción dejaba huellas de “un poco de rojo aquí o una forma azul apenas perceptible en la orilla” que después podían captar y transmitir la luz natural a la que se exhibía la obra completa.

Muchas de las obras de Ryman presentan contrastes tonales impresionantes, producidos por pinceladas expresivas. Alternando franjas gruesas de pigmento con capas delgadas de fijador, sus marcas llegan al borde del lienzo para realizar la forma del cuadrado.

Vista de la exposición de Robert Ryman en el Museo Jumex, Ciudad de México, 2017. Cortesía: Museo Jumex. Foto: Moritz Bernoully

“Un equívoco conceptual común ha sido tratar la pintura de Ryman como si fuera un espacio en blanco total. Como si constituyera la quinta esencia de la tabula rasa, un completo reductio ad absurdum, como si fuera literalmente nada. Sin embargo, cualquiera que entre en una sala de pinturas de Ryman se da cuenta, en el instante en que cruza la puerta, de todos los sentidos en que estas conclusiones no son ciertas. Incluso si llegamos con la idea en la mente de que lo que ha hecho el artista es vaciar todo y no dejar nada, de inmediato percibimos que esa “nada” es muy variada, rica en matices, muy bien pensada y calibrada y, a decir verdad, esa nada se ve endemoniadamente interesante”.

 

 Robert Storr, In the American Grain

Robert Ryman, Sin título, 1960. Óleo y gesso sobre lienzo de lino tensado. The Greenwich Collection, Ltd. Foto: Bill Jacobson, cortesía The Greenwich Collection, Ltd./ Dia Art Foundation, Nueva York © 2017 Robert Ryman /Artists Rights Society (ARS), Nueva York
Robert Ryman, Cuadro de 8-1/2 pulgadas, ca. 1962. Óleo y gesso sobre lienzo de lino sin tensar, encolado. La Colección Jumex, México. Foto: Francisco Kochen, cortesía Museo Jumex © 2017 Robert Ryman /Artists Rights Society (ARS), Nueva York
Vista de la exposición de Robert Ryman en el Museo Jumex, Ciudad de México, 2017. Cortesía: Museo Jumex. Foto: Moritz Bernoully

A medida que su carrera progresaba tanto en Estados Unidos como a nivel internacional, siguió experimentando con los soportes. Luego de crear muchas obras en paneles de madera, lienzo y papel, empezó a usar aluminio para experimentar con la dirección de la luz antes de la aplicación de la pintura. La decisión de Ryman de incluir metales, gracias a su experimentación con el aluminio, marcó su curiosidad por los materiales industriales, con los que continuó explorando a través del uso de acrílicos, fibra de vidrio y varios artefactos para colgar. La cinta adhesiva, en específico la conocida masking tape, es una de esas variedades. La transición de Ryman de elementos de colgar suaves, flexibles y más informales, como la cinta adhesiva y las grapas, a tornillos, pernos y otros elementos de herrería prominentes ocurrió alrededor de 1976. Al principio, Ryman compraba en el mercado estas piezas de herrería, antes de mandar a hacer sujetadores hechos especialmente para sus pinturas.

Como aspectos integrales de las pinturas, los sujetadores (algunos con superficie brillante y otros con acabados mate u opacos) son otro método que permite a Ryman usar los elementos de la composición para conservar, dirigir y activar la luz. Los sujetadores también atraen la atención hacia la simetría de la forma de la composición y reflejan otros avances en su producción a partir de finales de los años sesenta, como la introducción de pinturas en bajorrelieve, el uso de papel corrugado y la decisión de pintar directamente sobre la pared.

Tomadas en conjunto, estas innovaciones explican por qué Ryman -un pintor inflexible en lo que se refiere a su dedicación a la práctica artística, que se siente a sus anchas con el tema de la manufactura, incluidos los nuevos materiales y su fabricación- se alinea a veces tanto con el expresionismo abstracto como con el minimalismo. Su concepción de la luz real forma parte de un interés antilusionista mayor, en razón de su dependencia de la veracidad de sus materiales y método. La realidad de la luz ilumina el color, material, método, estructura y estilo de su carrera proteica como pintor.

“No es cuestión de qué pintar, sino de cómo pintarlo. El cómo de la pintura siempre ha sido la imagen”. Esta afirmación es un aspecto definitorio de la obra de Ryman.


 

Este texto se elaboró a partir de dos ensayos: La Luz de Robert Ryman, de Courtney J. Martin, curadora de la muestra, y In the American Grain, de Robert Storr.