La colaboración entre Joan Miró, el poeta Paul Éluard y el editor Gérald Cramer para la creación en 1958 de À toute épreuve dio como resultado uno de los libros de artista más importantes de Miró y, de hecho, uno de los libros más bellos y sorprendentes del siglo XX, tanto por su proceso de ideación y producción como por la obra final.

El poemario original fue consecuencia de unos acontecimientos que se habían producido unos treinta años antes y que ya formaban parte del mito surrealista: la ruptura de Gala con Éluard para iniciar una relación sentimental con Salvador Dalí. Los poemas aparecieron publicados por primera vez en Éditions surréalistes de André Breton, impresos en cuatro hojas plegadas, apenas un folleto. Trabajando en apasionantes sesiones de equipo, Éluard, Cramer y Miró lo reimaginaron por completo como un objeto totalmente nuevo, tan cerca de un libro como de una escultura policromada. Desgraciadamente, pese a haber puesto sus fundamentos, el poeta no llegó nunca a ver el volumen finalizado. Éluard falleció en 1952, cinco años antes de que se completara la impresión.

La publicación se gestó en una reunión que el poeta y el editor mantuvieron en París a principios de 1947. Fue Éluard, inspirándose en la obra Un coup de dès jamais n’abolira le hasard de Stéphane Mallarmé, quien propuso redistribuir las líneas de sus poemas sobre la página con el objeto de dejar espacios en blanco lo suficientemente elocuentes para reclamar la respuesta de un artista y ofrecer una nueva lectura de sus palabras. Suya fue también la decisión de contar con su viejo amigo catalán para transformar el pequeño opúsculo.

Por su parte, fue Miró, con la mirada puesta en Paul Gauguin y en el grabado japonés, quien apostó por utilizar la xilografía, una técnica exigente y laboriosa que no había empleado nunca antes y que convirtió la etapa de impresión en un intenso proceso creativo que se extendió a lo largo de once años.

La Fundació Joan Miró, en Barcelona, presenta hasta el 2 de julio una exposición que reconstruye la historia de esta edición, bajo el título Éluard, Cramer, Miró — «À toute épreuve», más que un libro. Christopher Green, comisario de la muestra, ha contado con la colaboración del Departamento de Conservación de la Fundació Joan Miró para este proyecto. “La recompensa de un libro como objeto material, siempre en contacto con la materia que Miró consideraba la más natural de todas –la madera– era tan importante que valía la pena pagar el alto coste en trabajo y tiempo que suponía”, dice el curador sobre este libro “tan susceptible de ser asido y tocado como de ser contemplado y leído”.

La muestra permite, por primera vez, contemplar el volumen en su totalidad, mediante un montaje expositivo que despliega sus 80 xilografías, que se exhiben junto a un revelador material artístico y documental que remite al proceso de producción. Por un lado, destacan las maquetas generadas por el trabajo conjunto del artista, el poeta y el editor en la ideación del libro. Sobresale también una nutrida muestra de las más de doscientas matrices de madera, talladas por Miró en colaboración con el impresor barcelonés Enric Tormo, a partir de las cuales se imprimió À toute épreuve bajo la dirección de los maestros impresores Jacques Frélaut y Jaime Herrera del Atelier Lacourière de París.

En ocasiones se llegaron a usar hasta siete bojes distintos para imprimir uno de los grabados imaginados por Miró. Cada una de estas matrices es en sí misma una escultura en relieve, hecha de piezas de madera cortadas y fijadas posteriormente sobre tableros para imprimir según la práctica xilográfica japonesa. La Fundació Joan Miró conserva la mitad de estas matrices, lo que ha permitido comparar en esta muestra las planchas originales más relevantes con los grabados resultantes, subrayando las calidades matéricas y táctiles de este libro que aspiraba a ser una escultura.

Para Green, las experiencias visuales que ofrece el libro no tienen que producirse necesariamente después de la lectura: la apreciación visual puede precederla, de hecho, transformando y planteando nuevos significados. A modo de ejemplo, la importancia de la imagen en À toute épreuve se manifiesta claramente en la ubicación en la página de muchos de los grabados del volumen. Según explica el comisario en su ensayo para el catálogo de la muestra, en la disposición convencional de los libros ilustrados europeos, la cara izquierda se reserva al texto y la ilustración se sitúa a continuación respetando la dirección de lectura occidental. En cambio, À toute épreuve incluye muchos ejemplos de dobles páginas abiertas por la izquierda con una xilografía que precede el texto, tal como puede apreciarse en la muestra.

“El libro por sí solo, expuesto en su totalidad, produce un gran impacto. Mostrarlo junto a las planchas de madera hace emerger, mejor que nada, su verdadero carácter escultórico. Añadir al conjunto las maquetas, finalmente, equivale a invitar al espectador a revivir la fascinante evolución de este proyecto a lo largo de diez años de intenso diálogo creativo entre el poeta, el editor y el artista”, resume el comisario.

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