Los objetos estarán ahí antes de ser algo;

y estarán ahí también después, rígidos, inalterables,

eternamente presentes, burlándose de su propio “sentido”.

Alain Robbe-Grillet

 

 

Por César Vargas

I

El proyecto instalativo Clase de Víctor Flores es una operación que desplaza los límites de lo escultórico a través de la alteración estética y apropiación objetual de una serie de piezas provenientes del mundo del trabajo. Este proceso de investigación nace de la condición de trabajador del artista y es, en toda su magnitud instalativa, una apuesta de vida realizada. Todos los objetos de los que se compone esta muestra constituyen y han formado parte del contexto social, laboral, intelectual y económico de Víctor Flores. Bajo este contexto de producción, se despliega una reflexión territorial y objetual sobre el concepto de fuerza de trabajo, exponiendo, en su más sencilla verdad, la deficiencia radical del artista: su incapacidad de separar el arte de la vida.

Ahora bien, para poder referir en profundidad el contexto de las obras que componen esta exhibición, hace falta aclarar dos puntos esenciales, dos observaciones que, siendo parte de la biografía de vida del artista, son, además, condición fundamental del modo de producción del mismo. La primera observación es que Víctor es integrante activo y parte esencial de la gestación del espacio de proyectos independientes Sagrada Mercancía, lugar donde actualmente está exhibiendo su primera muestra individual. Lo segundo, es que su condición de trabajador se ha desarrollado exclusivamente dentro del campo artístico, más específicamente, en el área de montaje y en la actividad de enmarcación de obras de arte. Resulta relevante y necesaria esta información, por cuanto definen un contexto que atraviesa tanto la vida personal y profesional de un sujeto, pero, por sobre todo, porque determinan con justa verdad la naturaleza y el tipo de obras que reúne la producción de Clase.

Aquí hay una singularidad: el artista forma parte de la fuerza de trabajo técnico-profesional del mundo y la gestión institucional del arte y también de un espacio de producción y exhibición de arte contemporáneo independiente. Por ello, las relaciones que establece el modelo de producción de obra y la vida laboral del artista son, en este caso específico, relaciones absolutas e indisolubles a la naturaleza social e individual de su propia inscripción dentro del mundo del arte. Si bien esta doble vinculación entre arte y trabajo tiene en Víctor una cadencia propia e individual, lo cierto es que aquel doble estado de gestión y autogestión (propio de muchos artistas profesionales y en proceso de emergencia) es, hoy en día, un elemento de corte sociológico que describe muy bien el estado de cosas del arte que lleva el rótulo de joven dentro del espacio local.

La figura de Víctor Flores como artista y su conexión estética con el mundo de los recursos puede perfectamente ser analizada como un caso de orden sociológico y antropológico. Lo primero estaría dado en relación al hecho de que él forma parte del conjunto especializado que vende su fuerza de trabajo dentro del mundo del arte; mientras que, lo segundo, estaría en relación al tipo de objetos del que se conforman sus ambientes escultóricos. En efecto, las piezas que componen la serie Clase son reales, provienen del mundo del trabajo y han sido acondicionadas por el artista para ser exhibidas como obras únicas. Estos objetos seleccionados e intercambiados han sido  separados de las faenas de producción y, en no pocos casos, éstos fueron elaborados por los mismos trabajadores con los cuales el artista ha tenido ocasión de trabajar. El procedimiento destaca por preservar en cada pieza la tecnología de los usos y el desgaste propio al que fueron sometidas durante las jornadas de trabajo.

Sin el antecedente técnico y de vida que constituye el trabajo de montaje para la autoformación del artista, la obra de Víctor pasaría como una verdadera impostura ideológica del cinismo. Si algo ha puesto a trabajar la presente muestra es, sin duda, una ética de la práctica escultórica y un modo de administrar el lenguaje visual del objeto en forma absolutamente coherente a la historia que éstos portan. El fundamento social, económico y estético se funden en uno solo: el artista forma parte de esta pequeña clase trabajadora que podríamos llamar provisoriamente “el proletariado técnico de la gestión visual de la cultura”. Estamos hablando del conjunto de recursos y labores que involucra la producción de toda muestra de arte, aquellas labores y recursos que deben final y necesariamente ser despedidos de las condiciones de visibilidad para las cuales han trabajado. Pese a ello, el montaje no es sólo la condición de posibilidad material en la que descansa la presentación visual de una muestra, es también un momento decisivo de la propia experiencia artística, y sin la cual no podemos asistir satisfactoriamente a dicha experiencia. Esto es lo que nosotros llamamos aquí “el trabajo de los otros”, aquel trabajo que pasa obligatoriamente desapercibido si es que éste ha sido exitoso.  Dicho esto, lo que el artista ha hecho y aquello que lo define, no es sólo un acto de apropiación y posterior maquillaje estético de ciertas piezas, lo que éste ha puesto a trabajar es aquella zona en la cual su actividad técnica de montajista y su actividad profesional como artista han quedado en igualdad de condiciones. Esta es la matriz ética en la que se sostiene la serie de objetos Working Class de la que se compone a su vez la instalación Clase.

Vista de la exposición "Clase / El trabajo de los otros", de Víctor Flores, en Sagrada Mercancía, Santiago de Chile, 2017. Cortesía del espacio
Vista de la exposición "Clase / El trabajo de los otros", de Víctor Flores, en Sagrada Mercancía, Santiago de Chile, 2017. Cortesía del espacio

II

En esta muestra el proceso de convertir algo en arte incluyó la acción misma de exponer. Este pequeño dato puede pasar por obvio si no comprendemos la dimensión espacial y el intercambio de significados que reúne dicha acción. No es sólo la coherencia y la naturaleza propia del tipo de recursos con lo que el artista trabaja, es también el hecho mismo de transformarlos en objetos. Acá se mezclan los signos estéticos de la pobreza de los recursos y la elegancia de ciertas piezas que, siendo del mismo contexto del mundo del trabajo, comparecen bajo un espectro de elegancia inusual para ese tipo de piezas. Un caso ejemplar de esto es el andamio cromado y semi-inclinado que está en el primer piso del espacio. Esta pieza hace referencia directa a una escena de trabajo de montaje, pues, los cortes que sufrió este andamio en dos de sus patas ¾cortes que son la causa de su inclinación lateral¾ fueron elaborados para que esta estructura pueda ser utilizada en la instalación lumínica del techo de una sala que posee un piso con peldaños, sólo así el andamio podía funcionar para las labores requeridas en aquella instancia. En ese sentido, lo que a simple vista parece una estrategia de desfuncionalización objetual se presenta en realidad como su opuesto.

Ya en el fondo de la sala principal se dispone un conjunto de elementos que en forma vertical rodean al espectador. Esta instalación y conjunto de elementos apoyados en las paredes se exhibe a sí mismo como un catálogo razonado del desecho. Una operación que expone múltiples recursos y todo tipo de retazos con los cuales el artista ha trabajado para sí y para otros artistas. Aparecen restos de distintas actividades de reparación y faenas de montajes de otras muestras desarrolladas en el espacio de exhibición y para las cuales el artista ha prestado su fuerza de trabajo. La disposición vertical de los elementos de esta instalación trae, como referencia inmediata, la visualidad de aquellos “montajes” que hacen los gendarmes una vez realizada la requisa de las armas fabricadas por los reclusos al interior de las cárceles.

Si nos detenemos a ver y pensar en este proyecto instalativo, podemos decir que aquello que logra la muestra Clase, es dejar expuesta una síntesis conceptual entre la precariedad y la lucidez estratégica que involucra el trabajo de exposición y el montaje. Éste es uno de los acontecimientos en los cuales el pensamiento visual toca literalmente la materialidad y alteridad de las obras dentro de un espacio específico. Con la muestra de Víctor, apreciamos de forma nítida la dependencia del objeto a las condiciones materiales de su exhibición, es decir, comprendemos la importancia radical que conlleva la conciencia de que el objeto de arte emerge indisolublemente conectado a las condiciones de trabajo que lo han puesto en escena.

La práctica escultórica se cohesiona en una conciencia espacial en la que el objeto descansa para poder comparecer como tal. Así lo confirma el conjunto de rodillos que, reunidos por una piola de acero a través de sus mangos, cuelgan y se suspenden desde el techo de la galería. Una pieza que  se resuelve como un logro estético objetual, pero que sin su forma de ser montada perdería toda belleza y sencillez. De este tenor son las obras que componen la muestra de Víctor Flores en Sagrada Mercancía. Él expone el trabajo de los otros y al otro por sí mismo. Logra que el trabajo desaparezca y sólo subsista en la imagen y superficie de cada uno de sus objetos. Conquista para cada objeto un lugar de descanso, un lugar para que puedan ser vistos excomulgados del mundo de la utilidad.

Vista de la exposición "Clase / El trabajo de los otros", de Víctor Flores, en Sagrada Mercancía, Santiago de Chile, 2017. Cortesía del espacio
Vista de la exposición "Clase / El trabajo de los otros", de Víctor Flores, en Sagrada Mercancía, Santiago de Chile, 2017. Cortesía del espacio
Vista de la exposición "Clase / El trabajo de los otros", de Víctor Flores, en Sagrada Mercancía, Santiago de Chile, 2017. Cortesía del espacio