“Tengo muy buenos amigos que se ponen nerviosos cuando oyen la palabra autogestión, pues la confunden con autofinanciación y con precarización. Estarían en lo cierto si considerásemos la autogestión como un síntoma, eso es -otra vez-, como un signo sujeto a la interpretación […]. Porque la autogestión es una decisión política y no la representación de una decisión política. Porque es, al fin y al cabo, una forma de empoderamiento”.

Antonio Ortega. Autogestión. Prácticas DIY. Fundació Joan Miró, 2016

 

Autogestión es un proyecto expositivo a cargo del artista y comisario Antonio Ortega que revisa en clave histórica y personal algunas propuestas relacionadas con las llamadas prácticas do-it-yourself (DIY) que empezaron a introducirse en la actividad artística a partir, sobre todo, de los años sesenta del siglo pasado. Asimismo, la muestra, que se presenta en la Fundació Joan Miró de Barcelona, se aproxima al trabajo reciente de los artistas para tratar de intuir el potencial de algunas de sus actitudes en relación con la autogestión.

Según Ortega, mediante estrategias que podrían considerarse de autogestión “estos artistas han tomado el control de la producción, emisión y recepción de sus propias obras con gestos de empoderamiento que han resultado en nuevas formas de relacionarse con el sistema artístico”.

La muestra apunta también cómo los posicionamientos DIY plantean cuestiones más amplias relativas a la función del espectador en el arte, al hecho artístico en la práctica contemporánea o a la relación del arte con el contexto sociopolítico, entre otras.

Adam Nankervis. Diferentes objetos del Museum MAN, 2017. Técnica mixta. Propietarios varios. Cortesía: Fundació Joan Miró
Cesare Pietroiusti, Cien cosas que no son arte en absoluto, 2001-2017. Instalación específica. Cortesía: Fundació Joan Miró

La exposición sitúa los antecedentes del giro contemporáneo del arte hacia la autogestión en algunas de las manifestaciones artísticas de los años sesenta del siglo XX. El movimiento internacional Fluxus -con su oposición al objeto artístico tradicional como mercancía, su planteamiento inclusivo y cooperativo del arte o su experimentación con los objetos cotidianos- marca un punto de inflexión que desplaza el centro del relato artístico de las instituciones al ámbito autogestionado. Algunos artistas que estuvieron vinculados a dicho movimiento, como Gustav Metzger o Yoko Ono, entre otros, están representados en la muestra. En esta línea, en la misma época surgen otros grupos de neovanguardia experimental como Zaj, vinculado al ámbito español, que inauguran prácticas artísticas que ponen el énfasis en la desmaterialización del arte a través de la acción, como es el caso de Esther Ferrer, presente también en la exposición.

La experiencia contemporánea de la autogestión cruza un segundo umbral ya entrada la década de los ochenta con el movimiento punk y la articulación de una red independiente de producción y circulación de artes diversas. Pero, tal y como apunta Ortega en la publicación que acompaña la muestra, “como bien intuyó Gustav Metzger, a diferencia de aquellas manifestaciones culturales que usaban los medios de producción masiva como soporte para la distribución de sus productos -música, narrativa y cine-, el arte chocó con la falta de alternativa a un modelo de negocio obsoleto. Mientras en otras manifestaciones culturales prosperaban las ofertas inclusivas y democratizadoras -en definitiva, una popularización de la cultura-, el arte de los ochenta ofrecía la vulgarización del arte. Una vulgarización paradójica, pues aunque se abrió potencialmente a todos los públicos, generó una criba económica como nunca antes se había dado: el precio de las obras se convirtió en el nuevo sistema de valor y, para garantizar cierto nivel de exclusividad, se incrementó hasta convertir el arte para todos en el arte para todos los que podían pagarlo”.

En respuesta a esta tendencia surgen las prácticas de artistas que se posicionan al margen del mundo del arte y que apuestan por minimizar su producción material y establecer puentes alternativos entre arte, vida y cultura. Es el caso, por ejemplo, de la pareja británica Gilbert & George, representados en Autogestión, quienes, como señala la historiadora del arte Pilar Bonet -una de las autoras del catálogo-, llevan a cabo una “reivindicación de la popularización del arte que no incluye la vulgarización artística propia de la generación de los ochenta, sino la propuesta de un juego y una sorpresa sin intermediarios”.

Según Antonio Ortega, un tercer nivel de penetración de la autogestión en la vida contemporánea llega en los primeros años del siglo XXI, gracias a las nuevas tecnologías de la información, internet y las redes sociales, que globalizan la necesidad vital de expresión y la convierten en condición de la hipermodernidad, a la vez que permiten a los artistas hacer difusión directa de su producción.

El abaratamiento de las tecnologías relacionadas con la producción de contenidos ha permitido que se haga realidad el anhelo de los antiguos movimientos artísticos que preconizaban la capacidad de todo el mundo de realizar arte. La dicotomía entre lo profesional y lo amateur se desvanece, pues, en medio de las experiencias do-it-yourself potenciadas por los nuevos medios tecnológicos. Por otro lado, la continuidad de las posiciones cercanas a la idea de autogestión en la actualidad podría explicarse también, en opinión del comisario, por otras condiciones contextuales, como la crisis económica o la crisis de la institución artística.

Así, por ejemplo, Adam Nankervis y David Medalla crean en el año 2000 la London Biennale, la primera bienal autogestionada del mundo. Nankervis, que ha dirigido diferentes espacios ocupados, de trabajo colaborativo entre artistas, presenta aquí una reinterpretación de la colección del mítico Museum MAN, un museo nómada que se define como un gabinete abierto de curiosidades y una mezcla ecléctica de arte y artefacto. Para hacerlo, ha contado de nuevo con la participación de artistas vinculados al desaparecido museo.

Aparte de las cuestiones circunstanciales, la exposición incide también en otros aspectos vinculados a la autogestión del arte contemporáneo. Ortega destaca en primer lugar la inclusividad, ya que, según afirma, “no se puede fomentar la autogestión y poner una barrera elitista que impida el acceso a la producción de arte a todo un cuerpo social”. Un segundo rasgo distintivo sería la modestia en las producciones, asumida no ya como una decisión estética sino como un posicionamiento ético. Por último, está la determinación de los artistas de gobernar su propia emisión, de no ceder la explicación de su trabajo a la voz de la interpretación y de ejercer la gestión del que, posiblemente, como dice el comisario, sea su único capital: expresarse o comunicar.

Franz West, Creativity Furniture Reversal (Creatividad: cambio de mobiliario), 1999, instalación convarios objetos, video. Cortesía de la Galerie Elisabeth & Klaus Thoman, Innsbruck/Viena
John Cox, Gustav Metzger ensaya una manifestación de arte autodestructivo con ácido sobre nailon, 2017. Copia fotográfica en blanco y negro. NG Prints
Esther Ferrer, Serie Proyectos espaciales, 1980-1990. Hilo, cable o elástico y clavos, 25,5 x 35 x 25 cm. Colección olorVisual, Barcelona. Cortesía: Fundació Joan Miró

Con la colaboración de Fundación Banco Sabadell, Autogestión presenta más de sesenta obras, entre pintura, escultura, dibujo, fotografía y vídeo, que abarcan un periodo comprendido entre los años sesenta del siglo pasado y la actualidad.

Asimismo, la exposición incluye tres instalaciones, en las que han trabajado directamente en las salas los propios artistas, y una intervención sobre los paneles y las cartelas a cargo de Mariona Moncunill, un gesto de apropiación y diálogo con los códigos institucionales que recorre los diferentes espacios de la muestra. Entre otros documentos, Autogestión incorpora también un cómic editado en forma de fanzine en el que Carla Fernández esboza la relación entre el arte y la vida en la obra de Gustav Metzger. El legado de este precursor de la autogestión como práctica artística es una referencia a lo largo de toda la muestra. En 1966, Metzger organizó en Londres el Destruction In Art Symposium (DIAS), en el que reclamaba que el arte debía tener programada su autodestrucción para evitar ser instrumentalizado, tanto en el ámbito económico como político. Las propuestas que él mismo presentó como artista derivan de los trabajos de la serie Auto-Destructive Art, que había iniciado a principios de los años sesenta.

La exposición recoge, además, la decena de reproducciones al óleo que Pere Llobera ha pintado para ilustrar la publicación que completa Autogestión, una singular forma de reflexionar sobre el uso de imágenes en los catálogos de las exposiciones de arte.

Plano de Autogestión, dibujado por el artista y comisario de la muestra Antonio Ortega, 2017. Cortesía: Fundació Joan Miró
Pere Llobera, Yoko, 2015. Óleo sobre lino, 41 x 33 cm. Cortesía del artista
Joan Hernández Pijuan, Tres copas sobre gris claro (1971, óleo sobre tela), y Pequeño corte sobre 110 cm (1972, óleo sobre tela). Cortesía: Fundació Joan Miró

AUTOGESTIÓN

Fundació Joan Miró, Barcelona

Hasta el 21 de mayo de 2017

Comisario: Antonio Ortega

Con la colaboración de la Fundación Banco Sabadell