Por Octavio Zaya

A partir de sus investigaciones en curso sobre el color y el ritmo, las nuevas obras de Monika Bravo nos sitúan en un abismo pulsando con ondas vibrantes de energía, donde la legibilidad y el significado permanecen esquivos. Tras la comprensión de Bergson del tiempo y su concepto de duración -que diferencia entre el tiempo que medimos en intervalos y el tiempo de nuestra experiencia-, Bravo apunta a un sentido de unidad interconectado entre el espacio y el tiempo a través de un entendimiento de la estructura cognitiva de nuestra mente, que da a la realidad informe tanto forma como significado. Así, las capas visuales y los ciclos que habitan entre esos estados de abstracción y su correspondiente materialidad son lo que el trabajo de Bravo nos revela y lo que se supone que debemos experimentar a través de él.

En su nueva instalación en la galería neoyorquina Johannes Vogt, que cobra la forma de un mosaico de ideas, Bravo muestra la recolección y edición de imágenes a través de la costura, el tejido y la composición. Bravo también utiliza el color para crear un contraste material, una experiencia física basada en la duración circular del tiempo en la pieza. En medio de cinco monitores, tres proyectores, y sonido, el espectador experimenta una estimulación sensorial hiperrítmica. En este estado activado, por un lado, Bravo superpone capas en pantallas LCD para ayudarnos a entrar en un nuevo conocimiento, donde la percepción está mediada entre lo que es real y lo que es virtual. Por otro lado, otro conjunto de proyecciones contrarrestan esa experiencia: ráfagas de patrones de azulejos, enmascarados con capturas de imagen de Google Earth, vibran por la habitación como el silencioso latido de una partitura musical imaginaria.

Monika Bravo. Vista de la instalación Tesserae 02 y 03, y Díptico, 04 y 05, 2017. Monitores verticales de 70", monitor horizontal de 70", monitor vertical de 70", plexiglás, cinta adhesiva, madera, pintura, reproductor de medios, tarjeta SD, 15 min. Cortesía: Johannes Vogt Gallery, Nueva York
Monika Bravo. Vista de la exposición Tesserae, 2017. Cortesía: Johannes Vogt Gallery, Nueva York

Para Bravo, la piel -nuestra piel- es lo que traduce estas formas sensoriales. Para la artista, el cuerpo es el sitio donde forma y contenido desarrollan un intercambio, un diálogo y un equilibrio entre ellos. Siguiendo este marco conceptual, el que conoce y entiende la superficie es el que puede experimentar las profundidades y el vacío. Como decía Paul Valéry, “la piel es lo más profundo que hay”. Pero, al mismo tiempo, inspirada por la visión mecánica y alucinatoria de un posible futuro donde los robots verían el mundo como un desenfoque pixelado, Bravo utiliza la tecnología para ensamblar un compuesto de piezas y partículas -un rompecabezas animado de múltiples y agrietadas realidades- que permite al espectador descender a un lugar donde otras posibilidades -realidades y descubrimientos paralelos- existen.

Tras haber sido encargada recientemente por la Autoridad Metropoliana de Transporte de Nueva York para realizar un mural en el metro, Bravo también ha comenzado a trabajar con mosaicos. Después de trabajar muchos años con animaciones, proyecciones e instalaciones, Bravo ahora oscila entre las tecnologías antiguas y contemporáneas, entre la imagen eterna en una pared y la proyección fugaz en la pantalla, donde una conversación de partículas emerge entre tesserae y pixeles. Bravo reescribe así un nuevo código entre los lenguajes del tejido y del mosaico, un código que conecta los elementos de percepción, ilusión, tiempo, tecnología y lo universal.

Monika Bravo. Vista de la instalación Tesserae, 2017, monitor horizontal de 70", monitor vertical de 70", plexiglás, cinta adhesiva, madera, pintura, reproductor de medios, tarjeta SD, 15 min. Cortesía: Johannes Vogt Gallery, Nueva York
Monika Bravo. Tesserae 06, 07, 2017, reproductor de medios, proyector, tarjeta SD, 1:37 min. Cortesía: Johannes Vogt Gallery, Nueva York
Monika Bravo, Tesserae 01, 2017. Monitor vertical de 70", plexiglás, cinta adhesiva, madera, pintura, reproductor multimedia, tarjeta SD 15 min. Vista de instalación en Johannes Vogt, Nueva York, 2017. Cortesía de la galería