Nelson Garrido (Caracas, 1952) ha desarrollado a lo largo de su carrera un lenguaje iconográfico que mezcla religión, sexo, humor e imaginería popular. Violenta e irreverente, su obra fotográfica se basa en una constante experimentación de medios expresivos y un profundo cuestionamiento del sistema de normas y creencias socialmente aceptado. La puesta en escena fotográfica es su punto de partida. La estética de lo feo, el erotismo revisado en términos de sacrificio religioso, y la violencia como detonante de reacciones, son algunas constantes en su obra.

Garrido es el primer fotógrafo venezolano distinguido con el Premio Nacional de Artes Plásticas (1991) y, en reconocimiento a su larga trayectoria, el Museo de Arte Contemporáneo del Zulia (MACZUL), en Maracaibo, Venezuela, ha organizado su primera muestra retrospectiva.

Garrido cursó estudios de primaria y secundaria en Italia, Francia y Chile y estudios de Fotografía en el taller del artista Carlos Cruz Diez, en París, en los años 1966-1967. Ha participado en numerosas exposiciones individuales y colectivas alrededor del mundo y su conocido proyecto de largo aliento, la ONG (Organización Nelson Garrido), recoge sus experiencias y metodología propia como docente de fotografía.

En el siguiente fragmento del texto curatorial, Gerardo Zavarce ahonda más en la naturaleza de su obra, que podrá verse de manera panorámica en el MACZUL hasta el 12 de marzo de 2017.

Nelson Garrido, La autocrucifixión de Nelson Garrido, 1992/1993. Técnica Mixta: fotografía, estructura de hierro y materiales diversos, 275 x 340 cms. Foto: Zulbert Marin / Prensa MACZUL

Rebelión y revelación. Apuntes para interpretar las imágenes de un vidente

Por Gerardo Zavarce

Nelson Garrido construye imágenes que pretenden integrar al ser humano al territorio de la totalidad. Para lograrlo, su trabajo se articula sobre la exploración de los fragmentos que conforman nuestros imaginarios individuales y colectivos. De esta manera, reconstruye cada vestigio de nuestro universo simbólico como un ejercicio de activación y aproximación sensible a la memoria visual profunda y, desde la potencialidad infinita y arbitraria del signo, elabora a través del lenguaje visual artificios que se rebelan como potencia liberadora ante cualquier determinismo o forma de poder.

Este cuerpo de imágenes son rebelión y revelación. ¿Acaso no es la subversión la esencia propia de la creación? Podemos afirmar desde la imaginería garrideana: crear es subvertir; crear es alterar; crear es transformar; crear es transgredir. Crear es rebelarse y dudar. Pero, al mismo tiempo, dudar y rebelarse es creer como ejercicio de identificación simbólica, creer no desde la vía acotada de la racionalidad o el dogma acrítico, sino creer en las imágenes como instancia de comunión, como instancia mediadora entre lo humano y lo trascendente, lo telúrico y lo divino.

Allí, en esa dimensión, encontramos un espacio para el acto creador, para la rebelión y la revelación de las formas; para convertirnos, en el hecho mismo de la imagen creada, en artífices del relato del ser en el tránsito por lo real imaginado: la fantasía y la ficción, la sobrenaturaleza que envuelve y conforma el espíritu de lo humano.

En ese otro lado de las formas emergen las imágenes como sustancia vital, como posibilidad de reconstruir la naturaleza perdida del hombre y la mujer, quienes están sumergidos en el drama de la existencia que los constituye: estar abandonados a la intemperie; su forma  de estar en el mundo.

Si el alfabeto representó la guía para que las caravanas no se perdieran en el desierto, tal como sugiere el escritor José Lezama Lima en su ensayo Confluencias, entonces las imágenes desplegadas por Nelson Garrido se manifiestan para acompañar el tránsito de lo humano y sus vínculos con el universo que lo alberga. Son imágenes para orientar el recorrido hacia lo otro y el otro, son imágenes movilizadoras y transformadoras, también son imágenes para no perdernos, trazos para el encuentro agónico de un colectivo a la deriva. De allí su dignidad y significación profunda.

Nelson Garrido, El altar de la Apocalipsis. Año 1996. Técnica Mixta: Imagen digital/papel y ensamblaje en hierro. 166 x 187 cm. Foto: Zulbert Marin / Prensa MACZUL
Vista de la exposición “De lo impuro a lo sagrado. Obras incompletas. Nelson Garrido”, en el Museo de Arte Contemporáneo del Zulia, Maracaibo, Venezuela, 2017. Foto: Zulbert Marin / Prensa MACZUL
Vista de la exposición “De lo impuro a lo sagrado. Obras incompletas. Nelson Garrido”, en el Museo de Arte Contemporáneo del Zulia, Maracaibo, Venezuela, 2017. Foto: Zulbert Marin / Prensa MACZUL
Nelson Garrido, Autopsia Urbana, 1999, 1,10 x 0,40 m. Foto: Zulbert Marin / Prensa MACZUL