La primera en una serie de palacios de la paz construidos a principios del siglo XX, la Unión Panamericana, comenzó con una misión de diplomacia cultural, y después de la Segunda Guerra Mundial, su Sección de Artes Visuales la convirtió en líder de la pujante escena de artes hemisféricas, proclamando la entrada de América Latina en la comunidad internacional al forjar conexiones entre un creciente grupo de consumidores de arte de clase media, por un lado, y los conceptos de ciudadanía y liberalismo político y económico supranacional, por el otro.

La Editorial Metales Pesados (Chile) acaba de lanzar Arte Panamericano. Políticas Culturales y Guerra Fría, una publicación de 408 páginas que sitúa los ambiciosos programas de artes visuales de la UPA dentro del contexto cultural más amplio de las relaciones hemisféricas durante la Guerra Fría. Centrándose en las interacciones institucionales entre los movimientos estéticos, las políticas culturales, y la exhibición pública, la autora, Claire F. Fox, profesora de Inglés de la Universidad de Iowa en Estados Unidos, sostiene que en los años de la posguerra, la Sección de Artes Visuales de la UPA surgió como un importante punto de transferencia de los movimientos modernistas americanos hemisféricos y jugó un rol significativo en la consolidación del arte latinoamericano como objeto de estudio continental.

Al trazar las carreras individuales de políticos culturales y artistas que se cruzaron con la UPA durante las dos primeras décadas de posguerra, como Concha Romero James, Charles Seeger, José Gómez Sicre, José Luis Cuevas y Rafael Squirru, el libro también registra las trayectorias y desplazamientos de los sectores de la izquierda intelectual estadounidense y latinoamericana durante el intervalo que se extiende a lo largo de la Revolución mexicana, la Guerra Civil española, el New Deal y el comienzo de la Guerra Fría.