Por Florencia Battiti y Fernando Farina, curadores.

 

Siempre es tiempo de no ser cómplices

(Manifiesto del Grupo de Vanguardia de Rosario firmado, en junio de 1968, por Boglione, Bortolotti, Carnevale, Elizalde, Escandell, Favario, Fernández Bonina, Ghilioni, Greiner, Lavarello, Maisonnave, Naranjo, Puzzolo, Renzi y Rippa.)

¿Escribir, dar conferencias o hacer muestras sobre arte y política hoy está de moda? Desde las universidades, los museos, las bienales e incluso las ferias de arte, el cruce entre arte y política, o para decirlo en otros términos, el abordaje desde el arte de los graves problemas que atraviesan las sociedades contemporáneas, viene siendo desde hace años un tema recurrente. En lugar de abrir y enriquecer el debate, este fenómeno y sus derivas mediáticas tienden a aplanar sus complejidades; e incluso aquellas narrativas que logran alcanzar un espesor de significación considerable, parecen encontrar serias dificultades para mantener la intensidad de sus planteos frente a la velocidad, implacable, con la que circulan los flujos de información y las agendas de eventos artísticos a nivel global.

Así, en un gesto romántico que quizás haya caído en desuso, la exposición Poéticas Políticas, que se presenta hasta fines de marzo en la Sala PAyS del Parque de la Memoria (Buenos Aires), se propone respirar profundo, hacer un alto en el camino y volver a plantear la pregunta acerca de las posibilidades, los desafíos, las dificultades, los sentidos y los propósitos de hacer hoy un “arte político”.

¿Dónde acontece “lo político” en un arte que se pretende cargado de potencial crítico?, ¿en la obra misma o en el público que la aborda? ¿Cuándo y dónde hay “arte político”?, ¿en las exposiciones temáticas, en las prácticas de activismo, en las colecciones especializadas, en las propuestas alternativas de los colectivos de artistas? ¿Sigue siendo útil, válido, provechoso el término “arte político”, o sería preferible acuñar una nueva expresión para nombrar a las prácticas artísticas que aún mantienen una vocación disruptiva? ¿Puede el arte imaginar nuevos modos de comunidad sin disolver las diferencias? ¿Cómo incide el contexto y cómo se puede incidir sobre él, tanto en situaciones de aparente progreso social o en momentos donde priman el conservadurismo y los pensamientos reaccionarios?

Poéticas Políticas. Vista de la muestra. Imagen gentileza Parque de la Memoria, Monumento a las Víctimas del Terrorismo de Estado. Buenos Aires, Argentina. 2016

Para pensar estas y otras cuestiones, once artistas provenientes de diversas provincias de Argentina participan con sus obras en esta exposición. La elección de éstos y no otros puede leerse tanto desde la arbitrariedad que implica cualquier recorte curatorial, como desde la subjetividad implícita en toda selección pero, fundamentalmente, denota nuestro interés y nuestro respeto por el trabajo de cada uno de ellos.

Asimismo, esta exposición —concebida más como un ensayo de pensamiento que como una simple presentación de obras— se completa con una publicación en la que diversas personas vinculadas a la práctica artística brindaron, generosamente, sus pensamientos y sentires acerca de las problemáticas mencionadas. Esta pieza gráfica, que puede ser retirada de la sala por el público de forma gratuita, constituye un aporte a un debate que nos parece necesario cuando parecieran haber entrado en crisis algunas de las maneras de hacer “arte político”. Porque si bien resulta factible considerar que todo arte es político, cabe también reconocer cuándo existe una intencionalidad explícita de abordar ciertas problemáticas y preguntarse así acerca de la “eficacia” de las obras, esa trillada pero aún poco debatida noción utilizada en los años sesenta.

Al recorrer la muestra esperamos que el espectador compruebe que lo político en estas obras puede manifestarse de muy diversos modos: a través de la textura y la opacidad que las fotografías de guerra de Gabriel Valansi ofrecen para reflejar el “espíritu de nuestro tiempo”; en la búsqueda por reconectar el arte con lo natural, lo social, e incluso con lo sagrado, que se percibe ante Los árboles de cuadros de Magdalena Jitrik; o en la obscena verborragia que los lectores de las versiones on line de los principales diarios vuelcan sin filtro, dejando al descubierto las zonas más oscuras y reaccionarias de la sociedad argentina, y que Roberto Jacoby, junto a Syd Krochmanly, transcriben textualmente en Los diarios del odio.

Por su parte, en las obras de Carlota Beltrame y Jonathan Perel, lo político aparece cuando los resabios del autoritarismo y la violencia, latentes en la cotidianidad de la sociedad tucumana, se revelan en los nombres de unos pueblos ignotos, o en la materialidad que comparten los ‘souvenires’ populares de la zona, mediante unas esculturas que reproducen a escala real los atributos del poder.

Poéticas Políticas. Vista de la muestra. Imagen gentileza Parque de la Memoria, Monumento a las Víctimas del Terrorismo de Estado. Buenos Aires, Argentina. 2016

Pero, a su vez, lo político también irrumpe de improviso en la impunidad liberadora del humor que destilan las obras de Esteban Álvarez y Rodrigo Etem; en los dobles sentidos —esos ‘aliens’ del lenguaje— que explora Leticia Obeid; en la belleza incierta que emana de los inmensos dibujos a carbonilla de Viviana Blanco; y en los mundos inestables, berretas y profundamente antiestéticos que, con la basura nuestra de cada día, construye laboriosamente Diego Bianchi.

Después de tanto “arte político”, de tantas exposiciones y bienales que se proponen tratar los grandes problemas de la humanidad, Poéticas Políticas plantea una reflexión en términos de interrogación, una pregunta a partir de una serie de obras y escritos que ponen de manifiesto distintas maneras de problematizar, de decir desde lo poético y, tal vez también, de ser más “eficaces” cuando se reconocen tantas batallas perdidas pero no se pierde el objetivo de contribuir a cambiar algo cercano, pequeño o —por qué no— el mundo.