El Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía ha organizado de forma conjunta con The Museum of Modern Art de Nueva York (MoMA) la muestra Marcel Broodthaers. Una retrospectiva. Una exhibición antológica sobre la obra de dicho autor, y con seguridad la más completa que se ha realizado hasta la fecha sobre este artista. De esta manera, en la muestra se exhiben importantes obras del autor, procedentes de prestigiosas instituciones como el MoMA de Nueva York, la Tate Gallery de Londres, la National Gallery de Washington, la National Gallery of Scotland, el MACBA de Barcelona, o el centro Georges Pompidou de París.

Marcel Broodthaers (Bélgica, 1924) no comenzó su actividad dentro de las artes plásticas hasta aproximadamente cumplir los cuarenta años, habiéndose dedicado anteriormente a la fotografía, la literatura, la poesía y la crítica artística. Pero una vez inmerso en la realización de obras de arte, también cultivó diversas disciplinas como la escultura, la pintura o el cine, además de realizar una serie de exposiciones concebidas como dispositivos de presentación de su propio trabajo. Así, su extraordinaria producción durante las décadas de los años 60 y 70, lo convirtió en uno de los creadores más importantes del panorama internacional, con una influencia que continúa vigente a día de hoy.

Fue en 1964 cuando Marcel Broodthaers decidió convertirse en artista visual. Desde aquellos primeros años se percibe, en toda su producción, una preocupación por dar respuesta a las preguntas básicas de las artes visuales, cuestionándose constantemente la idea de representación y producción.

Desde sus tempranas obras compuestas por mejillones y cáscaras de huevos, hasta su posterior museo ficticio (Musée d’Art Moderne. Département des Aigles) pasando por sus Décors, Broodthaers se mantuvo siempre con una posición única dentro del mundo del arte. A través de un planteamiento radical de los enfoques tradicionales de la poesía, el cine, la literatura o la propia exposición, el artista belga desarrolló un trabajo que le permitió dar un punto de vista personal a los —por entonces— nacientes “arte pop” y “conceptual”, así como cuestionar el sistema del arte. En efecto, a lo largo de su carrera, Broodthaers cuestionó la forma que podía adoptar una exposición y la idea de lo que debía ser un museo, siendo sus muestras, en especial sus últimas retrospectivas, obras de arte en sí mismas.

Marcel Broodthaers. Una retrospectiva. Vista de la muestra. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, 2016. Foto: Joaquín Cortés/Román Lores.

El artista belga mantuvo siempre una actitud crítica hacia los movimientos artísticos contemporáneos y la propia estructura del arte, una postura que con frecuencia lo llevó a tachar al pop, al minimalismo y al nuevo realismo, como meros receptáculos para el convencionalismo de la vanguardia. La facilidad con la que el mercado y las instituciones del arte absorbían esos movimientos fueron algunas de sus preocupaciones constantes.

Broodthaers propuso un enfoque crítico que se centró menos en la innovación formal y más en el examen de la función del arte en nuestra sociedad. La exposición del Museo Reina Sofía examina el lugar decisivo de este artista en el panorama artístico del siglo XX y la importancia actual de su mensaje. En ese sentido, la muestra que alberga el Museo Reina Sofía se puede describir como una “exposición de exposiciones” ya que supone un recorrido a través de distintas presentaciones que el artista llevó a cabo a lo largo de su trayectoria, en las que a menudo incluía obras de diferentes momentos anteriores, ampliando así sus significados.

El montaje inicia con L’Entrée de l’exposition (La entrada de la exposición), de 1974, una obra que simula una especie de jardín con frondosas palmeras —referencia a los palacios de exposición de las ferias de arte del siglo XIX—, el cual sirve de marco ornamental para una sucinta presentación de ediciones y fotografías de Broodthaers. En concreto, desde 1974 y hasta su muerte en 1976, el artista organizó envolventes exposiciones a gran escala, en las que mostró ejemplos de su obra anterior, incluyendo nuevos trabajos y objetos prestados. Las denominó décors, y en ellas utilizaba palmeras, alfombras, vitrinas utilizadas en los museos decimonónicos de ciencias naturales, etc.

Broodthaers evocaba de esta manera ideas de decoración, ornamentación y teatro, que contrastaban claramente con la defensa modernista de la autonomía del arte. En francés, la palabra “décor” también sugiere un decorado cinematográfico y, de hecho, Broodthaers filmó una serie de películas de sus retrospectivas. El artista subvirtió la lógica evolutiva de la retrospectiva museística, creando nuevas presentaciones de las obras realizadas a lo largo de su trayectoria artística, demostrando cómo los objetos asumen diversos significados según el contexto en el que se exponen.

También se presentan sus primeras obras de arte, que no solo dieron forma material a su poesía, sino que también generaron un repertorio propio de símbolos que reaparecerá una y otra vez a lo largo de su vida. La cáscara de huevo o los mejillones —especialidad culinaria culturalmente asociada a la identidad belga— se encuentran frecuentemente en la obra de Broodthaers, al igual que las patatas fritas y el carbón, que se convirtieron en sellos de su práctica artística.

Marcel Broodthaers. Una retrospectiva. Vista de la muestra. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, 2016. Foto: Joaquín Cortés/Román Lores.

La siguiente sección está formada por obras que estuvieron incluidas en las diversas exposiciones que Marcel Broodthaers realizó en la década de los 60, comenzado con la celebrada en 1964 en la Galerie Saint Laurent de Bruselas, que fue la primera en albergar su obra.

La Galería Saint Laurent, también librería, era el marco adecuado para ese estreno artístico, ya que los visitantes tenían que recorrer pasillos formados por libros hasta llegar a la exposición en sí; un camino que reflejaba el interés del propio Broodthaers por la poesía y el arte. Inauguró esta exposición con una declaración de intenciones exhibida a la entrada, en la que el poeta, convertido en artista visual, declaraba su falta de sinceridad en la creación de la obra del interior: el texto se imprimió en páginas extraídas de revistas populares, con lo que se subrayaba la relación entre el arte y el comercio.

Las piezas de la exposición, producidas en pocos meses, estaban confeccionadas a partir de objetos que colgaban de las paredes o se exhibían como elementos independientes en la sala. Con temas y medios entrelazados de ese modo, y con obras directamente en diálogo entre sí, la muestra de la Galerie Saint Laurent también anunciaba los decorados que Broodthaers produciría durante los últimos años de su vida, situando sus obras (con independencia del medio) en despliegues unificados, mezclándolas a menudo con objetos prestados.

Marcel Broodthaers. Una retrospectiva. Vista de la muestra. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, 2016. Foto: Joaquín Cortés/Román Lores.

En la exposiciones Court-Circuit (Cortocircuito) y la dedicada al poeta Stéphane Mallarmé, así como en la obra Le Corbeau et le Renard (El cuervo y el zorro), se percibe el giro experimentado a finales de la década de los 60 en la trayectoria de quien, tres años antes, se había declarado artista.

Con Court-Circuit, exposición en solitario en el Palais des Beaux-Arts de Bruselas, y aunque se incluyeron piezas de nueva creación, el artista belga empezó a apartarse de la fabricación de obras de arte, como ilustra el empleo de lienzos fotográficos con imágenes en blanco y negro de obras anteriores. En 1967, con motivo de la muerte de Magritte, Broodthaers reescribió a modo de homenaje la fábula de Jean de La Fontaine, denominada Le Corbeau et le Renard, abriendo la transición al montaje cinematográfico-plástico. La película de 16 mm fue la pieza central de la exposición de Broodthaers en la Wide White Space Gallery de Amberes. Filmada en 1967, en la casa de Broodthaers del número 30 de la rue de la Pépinière de Bruselas, la película, proyectada en una pantalla con textos del poema, muestra diversos artículos domésticos (botas, flores, botellas, tarros). En una serie de secuencias fijas y panorámicas editadas a diverso ritmo, la película muestra los objetos envueltos por las letras que los rodean, algo que Broodthaers explicaba como un “ejercicio de lectura” integral.

En 1969, con su exposición dedicada al poeta Stéphane Mallarmé en la Wide White Space Gallery de Amberes, Broodthaers se apropia del poema de aquel escritor, titulado Un coup de dés jamais n’abolira le hasard (Una tirada de dados jamás abolirá el azar, 1897), sustituyendo el texto por líneas, y colocando cuatro placas con una pipa en homenaje a la conocida pintura del surrealista Magritte, La Trahison des images (Ceci n’est pas une pipe) (La traición de las imágenes [Esto no es una pipa]), de 1929, uniendo al pintor belga con el poeta francés, dos de sus importantes referentes. Broodthaers, colgó durante la inauguración de la exposición la chaqueta negra —que se exhibe en el Museo Reina Sofía— en una percha de madera que llevaba inscrita la frase “Costume d’Igitur”. Personaje de una de las obras anteriores de Mallarmé, Igitur encarna el viaje solitario del poeta a sus profundidades interiores. Explorando los poemas de Mallarmé de tan diferentes maneras (ropas, libros transparentes, placas de aluminio) Broodthaers intentó hacer que la poesía se saliera de la página y entrase en el mundo físico.

Marcel Broodthaers. Una retrospectiva. Vista de la muestra. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, 2016. Foto: Joaquín Cortés/Román Lores.

Previamente, en 1968, Broodthaers declaró que ya no era artista y se designó a sí mismo director de su propio museo. El proyecto resultante, el Musée d’Art Moderne, Département des Aigles (Museo de Arte Moderno, Departamento de las Águilas), pone en aprietos a la institución museística, cuestionando sus pilares y función en un ejercicio de disección que carece de precedentes. Durante cuatro años lo mantuvo ocupado casi a tiempo completo. En ese período, como si fuera una institución itinerante, montó 12 presentaciones temporales individuales del museo en siete ciudades de Bélgica, los Países Bajos y Alemania, muestras que se dedicaron a distintos periodos, a formas artísticas por lo general mantenidas al margen de las instituciones y coleccionistas —como el arte popular y el cine—, a actividades administrativas —como la documentación y la publicidad— y a temas como la quiebra del propio museo.

En la muestra se pueden observar varias de estas secciones, como Théorie des figures —un conjunto de objetos que estuvo presente en la Section Cinéma—, la Section Financiere, o la Section Publicité. Consecuentemente con su postura, Broodthaers concluyó el proyecto de su museo en el mismo momento en que recibió reconocimiento institucional, cuando la Section Publicité se incluyó en la Documenta 5 de Kassel —Alemania, 1972— en una exposición que dio pleno protagonismo a nivel internacional a las estrategias del arte conceptual. Gracias al Musée d’Art Moderne, Département des Aigles, Broodthaers redefinió su papel como artista. Ya no era productor de obras de arte, sino un comisario que abordaba el estatus del arte en la sociedad.

Marcel Broodthaers. Una retrospectiva. Vista de la muestra. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, 2016. Foto: Joaquín Cortés/Román Lores.

Continuando el recorrido de la muestra, pueden observarse las llamadas Peintures littéraires: el 29 de octubre de 1972, en una exposición colectiva en la galería de Yvon Lambert en París, Marcel Broodthaers presentó un nuevo conjunto de obras. Cada una de las partes, realizadas entre 1972 y 1975, constaba de nueve lienzos imprimados y sin montar, clavados en la pared y colgados en cuadrícula, que en realidad no había pintado el artista.

Tal como los paneles moldeados al vacío de producción industrial que Broodthaers empezó en 1968 (y que tituló Poèmes industriels [Poemas industriales]), también presentes en la muestra, las Peintures littéraires daban relevancia al texto y se presentaban como cuadros en la pared de una galería, en una alusión al trato dado al lenguaje en el arte conceptual, y a la preocupación del minimalismo por la serialización y las formas geométricas sencillas. Mediante esta conjunto de obras, presentadas menos de un mes después de clausurar el Musée d’Art Moderne, Département des Aigles y dejar el cargo auto-asignado de director, Broodthaers anunció su reaparición como artista inventando un tipo de pintura propia, que manejaba las tradiciones del medio pero creaba un nuevo espacio en el que trabajar.

Marcel Broodthaers. Una retrospectiva. Vista de la muestra. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, 2016. Foto: Joaquín Cortés/Román Lores.

La muestra prosigue con la reconstrucción de otras exposiciones y décors de Broodthaers, como la realizada para la Galerie MTL en 1970, o algunas de sus últimas creaciones, como Décor: A Conquest by Marcel Brodthers (Decorado. Una conquista de Marcel Broodthaers) —inaugurada en el Institute of Contemporary Arts (ICA) de Londres en 1975— o Un jardin d’hiver (Un jardín de invierno). En esta última, celebrada a principios de 1974, Marcel Broodthaers transformó una sala del Palais des Beaux-Arts de Bruselas en un exuberante jardín de invierno para una exposición colectiva. Allí instaló palmeras, sillas de exterior plegables, vitrinas, láminas de zoología del siglo XIX y ampliaciones fotográficas de grabados de elefantes, halcones, dromedarios, camellos, abejas y escarabajos. En una pantalla se exhibe un film de Un Jardín de invierno con Broodthaers leyendo el catálogo de la exposición.

En Décor. A Conquest by Marcel Broodthaers, el tema de la exposición era, en palabras del artista, “la relación entre la guerra y la comodidad”. Se presentó en dos salas del ICA de temática diferenciada, Salle XIX (Sala del siglo XIX) y Salle XX (Sala del siglo XX). En la sala dedicada al siglo XIX, Broodthaers evocó el concepto victoriano de comodidad y el espectáculo de los campos de batalla, a gran escala, organizados para el ataque de líneas y columnas; en la del siglo XX, conectó la banalidad del ocio con la realidad de las contiendas contemporáneas. Se montó casi exclusivamente con objetos de atrezo alquilados. La presencia de focos de pie con filtros de color hacía pensar en un rodaje. Algunas de las piezas hacían referencia a la historia del cine. Y el conjunto en sí sirvió realmente de decorado: fue la escenografía temporal de La Bataille de Waterloo, que sería su última película de importancia.

Casi al término del recorrido de la exposición, pueden contemplarse obras de la quinta y última retrospectiva que realizó el artista, L’Angélus de Daumier (El ángelus de Daumier), donde figura, por ejemplo, el montaje original realizado en 1975 de Salle blanche (Sala blanca). Dicho montaje es una reconstrucción fiel del interior de la vivienda de Broodthaers en el número 30 de la rue de la Pépinière de Bruselas, donde presentó por vez primera su Musée d’Art Moderne, Département des Aigles. Broodthaers hizo que un pintor de letreros cubriera la estructura con palabras relacionadas con el arte y la creación artística, añadió luces y extendió una cuerda para impedir la entrada. Describió el resultado final como “una perfecta planta baja pequeño burguesa donde las palabras flotan”.

Hay que destacar que, a lo largo del recorrido de la exposición, una decena de películas de Marcel Broodthaers sirven para profundizar en el importante rol del artista belga como cineasta. Si bien no se definía como realizador de cine (como tampoco se consideraba pintor o escultor), utilizó su creación fílmica como modalidad de producción y como mecanismo de visualización de los espacios que le interesaban, identificando el medio cinematográfico con “la prolongación del lenguaje”.

Marcel Broodthaers. Una retrospectiva. Vista de la muestra. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, 2016. Foto: Joaquín Cortés/Román Lores.

MARCEL BROODTHAERS. UNA RETROSPECTIVA

Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid

Hasta el 9 de enero de 2017