ARTBO, la feria internacional de arte de Bogotá, se ha convertido en el tiempo en una de las más importantes de América Latina. Algunos incluso afirman que es un modelo a seguir por otras de la región. Con sus secciones curadas y una creciente participación de galerías de calidad, coleccionistas e invitados especiales internacionales, público general y especializado, no cabe duda de que la feria colombiana está marcando la pauta en Latinoamérica.

En esta doceava versión, que se celebró entre el 27 y 30 de octubre en Corferias bajo el auspicio de la Cámara de Comercio de Bogotá, participaron 74 galerías de 28 ciudades, distribuidas en secciones tanto comerciales como en otras articuladas bajo la mirada de curadores internacionales reconocidos, como Jens Hoffmann y Pablo León de la Barra, y comisarios nacionales como María Belén Sáez de Ibarra, directora del Museo de Arte de la Universidad Nacional de Colombia.

Justamente es la alta calidad de las secciones curadas lo que distingue a ARTBO de otras ferias de la región. Este año, además, hubo una buena presencia de artistas mujeres, arriesgadas muestras individuales, stands curados en torno a una temática, una fuerte participación de artistas conceptuales latinoamericanos de los 60, 70 y 80, y una gran presencia de la pintura y obras basadas en el lenguaje.

La Galerie Peter Kilchmann (Zürich) dedicó su stand a la obra de Teresa Margolles, una artista mexicana que a lo largo de su trayectoria ha examinado las causas sociales y las consecuencias de la violencia y la muerte, la destrucción y la guerra civil. De las cuatro obras presentadas en su stand, destacó la instalación mural Pesquisas (2016), compuesta por fotografías de carteles de “señoritas desaparecidas” que cubren las calles de Ciudad Juárez, en México. Cada poster es un retrato de una de las miles de mujeres allí desaparecidas y son el recordatorio de un luto prematuro y sin sentido.

Rolf Art (Buenos Aires) dedicó su stand a Marcelo Brodsky (Buenos Aires, 1954), cuya obra emblemática La clase (1er año, 6a división, foto de clase, 1967) acaba de ser adquirida por el Metropolitan Museum of Art (MET) de Nueva York, tras ser adquirida en 2013 por Tate. La imagen ha dado pie a otra serie de trabajos similares, como 1968: El fuego de las ideas (2014-2016), exhibida en su totalidad en ARTBO 2016. La serie está compuesta por imágenes de archivo de manifestaciones por la defensa de los derechos humanos y civiles del Mayo del 68 en varias ciudades del mundo, que luego interviene a mano con color y datos históricos.

La Galerie Jerome Poggi (París) también realizó una presentación individual, en este caso de un artista que trabaja con el lenguaje. El azerbeiyano Babi Badalov (1959) es un migrante, un nómada contra su voluntad, que ha atravesado tantos países como lenguas y culturas diferentes desde su país natal hasta Francia, donde es refugiado político desde 2006. Badalov habla siete lenguas y a la vez ninguna. Sus constantes migraciones constituyen el sustrato de su obra pictórica y gráfica, poesía ornamental que ofrece a la lectura y la vista las colisiones culturales, históricas e ideológicas de nuestro mundo globalizado. En ARTBO mostró varias pinturas sobre tela colocadas en los muros y en el piso en las que plasma una serie de juegos de palabras y paradojas lingüísticas. El conjunto de su obra es un diario autobiográfico, el testimonio de una vida de emigrante narrada a través del lenguaje artístico, el único lenguaje que el artista dice dominar.

La galería argentina Walden (Buenos Aires) también presentó a artistas que trabajan con el lenguaje, entre ellos José Vera Matos, José Luis Landet, Ulises Carrión, Enrique Jezik y Andrés Orjuela. “Son artistas que vienen trabajando en torno a la escritura y la palabra como proclamas, con la idea de biblioteca, con transcripciones de textos y abecedarios”, dice Ricardo Ocampo, director de la galería.

En varias galerías destacó asimismo la presencia de artistas mujeres cuyos planteamientos en el arte han sido o bien pioneros y visionarios, o radicales en términos formales y conceptuales. La sección Proyectos de la feria, curada este año por Jens Hoffmann bajo el título de Figurativismo, reunió a quince galerías de once ciudades, cada una a cargo de la exposición de un único artista cuyo trabajo explora la representación de la figura humana a través de la pintura. La selección tomó como punto de partida el trabajo de las pintoras colombianas Beatriz González  (Galería Casas Riegner) y Débora Arango (Galería El Museo) quienes, con aproximaciones diferentes, hacen una ruptura en cuanto a la representación del cuerpo desde la expresividad, la distorsión, la repetición, la recontextualización y el cuestionamiento de tabúes, entre otros aspectos.

La Galleria P420 (Boloña, Italia) presentó a la artista conceptual Irma Blank (Alemania, 1934) con algunos de sus poéticos trabajos basados en la escritura como imagen. La artista, en su statement, dice buscar “devolverle  la autonomía al signo, al cuerpo de la escritura, con el fin de dar voz al silencio, al vacío, a los pensamientos impensables”.  Para Blank, “la escritura no está vinculada al conocimiento, sino al ser”. La escritura es “la casa del ser”, y para ello libera al escrito de sentido y pone de relieve su estructura, su esqueleto, su signo desnudo, el signo como tal, que no se refiere a nada más que a sí mismo, al impulso inicial, al impulso que da origen.

Otras artistas mujeres destacadas presentes en la feria fueron Paz Errázuriz (en Galería AFA, Santiago de Chile, y en la sección Referentes); las chilenas Nury González, Paula de Solminihac y Lotty Rosenfeld (esta última en la sección Referentes) en la galería Isabel Aninat (Santiago de Chile); Voluspa Jarpa (Chile) y María Elvira Escallón (Colombia) en mor-charpentier (París); y Ofelia Rodríguez (Colombia, 1946) en Instituto de Visión (Bogotá).

Mención especial merece el trabajo de Leyla Cárdenas (Colombia, 1975), una artista que indaga sobre la ruina arquitectónica y la ciudad como índices de transformación social, olvido y memoria histórica. Para ARTBO presentó en Galería Casas Riegner (Bogotá) la obra textil Somos o no somos (2016), que resultó ganadora del Premio OMA al Arte 2016.

Cada una de las secciones curadas de la feria fue digna de recorrer. Para Sitio, la curadora María Belén Sáez de Ibarra propuso a los artistas Tania Candiani (México), José Alejandro Restrepo (Colombia) y Juan Fernando Herrán (Colombia) la creación de nuevas instalaciones que irrumpieran en el recorrido del espacio ferial tanto por su formato monumental  como por su alto contenido socio-político.

Tania Candiani (Instituto de Visión, Bogotá) fue encargada de producir Cónica (2016), una pieza arquitectónica sonora realizada en colaboración con el mamo Sanchina y varios miembros de su familia de la etnia Kogi de la Sierra Nevada de Santa Marta, quienes elaboraron con fibras naturales y madera una maloja tradicional ancestral, o casa de pensamiento. La obra vibra por dentro en una interpretación del cosmos y el inframundo.

José Alejandro Restrepo (Galería Ignacio Liprandi, Buenos Aires) realizó una instalación relacionada con archivos de expedientes judiciales reales del siglo XX que reposan en la Universidad Nacional de Colombia, sede de Medellín. A partir de ahí produce facsímiles y videos relacionados con conceptos como el cuerpo del delito y el iter criminis, mostrando un universo de precariedad tanto en el sistema judicial como en la criminalidad colombiana. Del homicidio como dibujo (2016) es tanto un trabajo de investigación que ahonda en los archivos de registros criminales como una enciclopedia visual poética y emotiva que reflexiona sobre la violencia en Colombia.

Juan Fernando Herrán (Galería Nueveochenta, Bogotá) presentó una gran instalación que fue producida por el Museo de Arte de la Universidad Nacional de Colombia, y que consiste en 60 bloques de hojas de gran tamaño que invitan a meditar sobre los procesos de descomposición y recomposición de la vida y también sobre la violencia implícita en ello. El artista planteó esta obra cuando era estudiante de arte y fue recreada junto a la curadora para ARTBO 2016.

Una de las secciones más emblemáticas de ARTBO es Artecámara, establecida para la exposición y formación de artistas jóvenes colombianos,  y una de sus apuestas no comerciales. Curada este año por Fernando Escobar, presentó el  trabajo de 23 jóvenes promesas del arte colombiano y un espacio independiente autogestionado por artistas seleccionados a través de una convocatoria nacional. La muestra abordó temas que invitan a reflexiones sobre la memoria, la paz, el territorio y la reconciliación.

En Artecámara 2016 se entregan dos premios y una mención honrosa por un jurado compuesto por Jaime Cerón, curador de la Fundación MISOL, José Roca, director artístico de Flora ars+natura y María Belén Sáez de Ibarra.

En esta edición de la feria los ganadores fueron Sebastián Mira, estudiante de arte, con Monobloques (2014-2015) y Juliet Sarmiento, con Todos hemos de morir (2015), mientras que la mención honrosa la recibió Breyner Huertas por su obra 1965, mientras tanto, 2015-2016. Sebastián Mira recibió una residencia de un año en Flora ars+natura, cuyos resultados expondrá en el 2017 en la Sala Chapinero de la Cámara de Comercio de Bogotá, mientras que Juliet Sarmiento fue premiada con una residencia de cinco semanas en el espacio Lugar a dudas, en Cali.

Dos obras de carácter performático y relacional destacaron en esta sección: Lengua-lenguaje-persona-silencio (2016), de Adriana del Pilar García Galán, una acción de escritura automática de larga duración asistida por la tecnología, y La radio criolla (2016), una emisora web dedicada a propiciar diálogos en torno al arte contemporáneo dirigida por Ricardo Moreno y Jimmy Morales de Puerto Contemporáneo – Espacio Alternativo para las Artes.

La sección Foro estuvo este año a cargo del artista mexicano Mario García Torres y la curadora mexicana Magali Arriola. Bajo el título Las sutilezas del argumento, se constituyó como un brillante y original modelo de presentaciones en el que se diluían las fronteras entre intervenciones artísticas, conferencias, narrativas, confesiones y performances. A lo largo de cuatro días, artistas y curadores presentaron diversos temas que atraviesan el discurso crítico y la historia del arte, la comunicación, la historia oral y la crítica social valiéndose de formatos de presentación, narración y exposición experimentales, que en todo momento desafiaron las convenciones del típico foro ferial.

Foro incluía además el nuevo programa Charlas con coleccionistas, que bajo la curaduría de Abaseh Mirvali se orientó a comprender los diferentes escenarios del arte en que participan quienes hacen colecciones.

Otra sección de ARTBO, Articularte, es un espacio de experimentación y creación colectiva para acercar a todo tipo de público a las prácticas del arte contemporáneo. Este año, el colectivo Laagencia curó la sección abordando la noción de museo desde enfoques críticos, mediante diferentes estaciones de trabajo que desafiaban las fronteras entre arte y cotidianidad. De forma efectiva e ingeniosa, y logrando una alta participación de público, Laagencia constituyó un espacio “cuya dinámica no gira en torno a discursos hegemónicos, ni a la contemplación de objetos, ni a la jerarquización de roles entre productores y consumidores, sino en torno a la acción e intervención de aquellos que lo visitan y componen temporalmente”. Se devuelve así al público una agencia propia en la producción de la cadena de significado y de valor.

Libro de Artista, un espacio dedicado a mostrar libros producidos por artistas y que son parte de sus obras y procesos, estuvo curado este año por el proyecto editorial La Silueta. Allí se reunieron 15 editoriales con propuestas sumamente interesantes en cuanto a los formatos y alcances del formato: Arte Dos Gráfico (Colombia), Cain Press (Colombia), Calipso Press (Colombia), Ikrek (Brazil), Jardín (Colombia), La Oficina del Doctor (Colombia), Matera (Colombia), Mesa Editores (Colombia), Nada (Colombia), Rap Trap (Colombia), William Allen (Reino Unido), Big Sur (Argentina), Kitschic (España), Archives of Modern Conflict (Reino Unido) y Tijuana (Brasil).

Pero el plato fuerte de las secciones curadas de la feria fue sin duda Referentes, que este año tuvo como comisarios a Pablo León de la Barra, curador del UBS MAP Latin America del Museo Guggenheim de Nueva York,  y la artista y curadora colombiana Ericka Flórez, quien escribió un maravilloso texto que genera una ficción en torno a la muestra, complementándola e incluso expandiéndola. Este ejercicio curatorial de alto nivel implicaba la revisión histórica de artistas latinoamericanos de los años 60 a 80 cuyas obras rompieron esquemas y transformaron la historia del arte actual, entre ellos Norman Mejía, Paz Errázuriz, Ulises Carrión, Lotty Rosenfeld, Alvaro Barrios, Martha Araujo, Jonier Marín, Ivens Machado, Clemente Padín, Antonio Caro, Ana Mercedes Hoyos, Claudio Perna y Anna Maria Maiolino. Galerías participantes en la feria prestaron sus obras –que estaban por cierto a la venta- para dar forma a una muestra de calidad museal que debería continuar su recorrido.

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Alejandra Villasmil

Nace en Maracaibo (Venezuela) en 1972. Es Directora y Fundadora de Artishock. Licenciada en Comunicación Social, mención audiovisual, por la Universidad Católica Andrés Bello (Caracas, Venezuela, 1994), con formación libre en arte contemporáneo (teoría y práctica) en escuelas de Nueva York (1997-2007). En Nueva York trabajó como corresponsal sénior para la revista Arte al Día International (2004-2007) y como corresponsal de Cultura de la agencia española de noticias EFE (2002-2007). En Chile fue encargada de prensa y difusión para el Museo de Artes Visuales (MAVI), Galería Gabriela Mistral, Galería Moro y la Bienal de Video y Artes Mediales.
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