Restos de lo Sagrado, exhibición presentada en Ginsberg Galería (Perú), sirve como orgánica continuación del proyecto que Silvana Pestana inició en marzo de 2015, fecha en que presentó Oro Negro en las salas de la mentada galería. En aquella muestra, Pestana decidió confrontar el nefario impacto de la minería ilegal en la selva del Perú, tema rodeado de un extraño silencio, incluso por parte del mundo del arte.

En cambio, en Restos de lo Sagrado, la mirada investigadora de Silvana no se concentra en el daño a la naturaleza, enfocándose más bien en el drama personal. El origen de la exhibición, en efecto, se vincula con el caso de Aymee Pillaca: joven boxeadora de 21 años, asesinada luego de ayudar a escapar de la mafia de trata de personas y esclavismo sexual a una niña de 15 años. Un grupo delictivo que gobierna la zona de campamentos mineros ilegales, terrenos en donde la policía prácticamente no interviene. Es por tanto una muestra que se forma con las narrativas de las mujeres que, bajo las más terribles circunstancias, pueblan una zona que alguna vez pudo ser el paraíso, pero en la que ahora el oro es Dios.

El misterio de los guantes de boxeo

*Por Pancho Casas

El escaparate de la galería de arte Ginsberg exhibe un par de guantes de boxeo vaciados en bronce; la autoría corresponde a la artista peruana Silvana Pestana. Lo consabido: los guantes remiten a peleas de hombres, deporte donde se miden las fuerzas de la masculinidad y su exacerbación en la competencia, en la reglamentación del espacio cuadrado y cercado del ring, en la estratificación del golpe y su elegancia, el ataque y la defensa, en el público y su apuesta, en los jueces que dirimen y certifican al triunfador. ¿Qué hacen entonces estos guantes lejos del ring y desplazados a la vidriera del espacio de circulación y convocación de arte? Transformados en adorno, en fetiche, como un especie de trofeo de campeón ya desaparecido e inmortalizado, lejos de la esquina púgil, de la mirada vigilante del sparring. ¿Qué historia nos esconden entonces estos guantes? ¿Qué signos convocan y certifican? ¿Dónde radica su misterio? ¿A quién pertenecieron? ¿Qué nos oculta Silvana y a la vez qué quiere evidenciar? ¿Qué humanidad se esconde tras el fósil magnífico de los guantes metalizados expuestos para la mirada cultural?

El trabajo artístico de Silvana, desde sus comienzos, se articula a partir de los límites de lo imposible. Su mirada crítica y social va y ve más allá de la simple apariencia del objeto de apropiación en exposición. La artista y su empeño siempre va más allá, pareciera que su mirar se deposita en la devastación de lo no garantizado por los sistemas de justicia publica, por los empeños de jurisdicción, por la circulación de saberes, por vidas no historificadas; como si se tratara de una antropóloga que descubre, fosiliza y preserva vestigios de modernidad hallados en los márgenes de lo sub urbano. Silvana recicla elementos cargados de significado y pruebas de existencia abandonados a merced de la descomposición de la memoria por la violencia y las retóricas traumatizantes del olvido, por la metáfora incierta del “aquí no ha pasado nada”, como el colchón recuperado de un burdel de prostitución infantil del Cercado de Lima y hasta hace poco exhibido en el Museo de Derechos Humanos, Lugar de la Memoria, la Tolerancia y la Inclusión Social, preservado en resina y bronce, mudo testigo de la brutalidad, remozado, estetizado para captar/capturar reflexión.

Silvana en su devenir mujer/artista sigue la ruta desmanteladora del caucho, el cacao, el oro, sus explotaciones indiscriminadas y su consecuencia nefasta, la esclavitud, la miseria humana, la prostitución, la trata de niñas y adolescentes, el exterminio paulatino de la Amazonía por la codicia siniestra de los capitales que depredan territorios y cuerpos, generando un tsunami de desplazados y desaparecidos, de silencios, de tachaduras, de aquello que aunque esté en una vitrina no se quiere ver, no es conveniente. La muestra de la galería de arte Ginsberg, donde comparecen los guantes de boxeo, se titula Restos de lo Sagrado. En uno de los muros se lee “Gold Y God” escritos en fluorescentes amarillo y blanco, como si de un lupanar selvático de Iquitos o de Puerto Maldonado se tratara, con una letra “L” que vacila y promete apagarse y dejarnos a oscuras, como si el nombre de Dios vacilara también ante la infamia de la palabra oro extraído por infantes, pepita a pepita en el oscuro barroco/barroso de la selva amazónica.

A usted entonces lector/testigo, le dejo descifrar este mapa, está cartografía propuesta por Pestana, el enigma: seguir la huella del oro, su codicia y su desesperanza.

SILVANA PESTANA: RESTOS DE LO SAGRADO

Ginsberg Galería. Perú.

Hasta el 8 de noviembre de 2016.

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