“La modernidad occidental se cimienta sobre la represión de las culturas que componen su alteridad, incluso en su propio interior, mediante distintos procedimientos. En su fase neoliberal, dicho procedimiento no consiste ya en impedir la activación de estas culturas; se trata en cambio ahora de incitarlas, pero para incorporarlas a sus designios, destituyéndolas así de sus potencias singulares y denegando los conflictos que esta construcción necesariamente implicaría. Es ésta la modernidad que hoy en día se encuentra a la orden del día. Lo que pretendemos problematizar aquí es su incidencia en la política de producción de subjetividad y de creación/pensamiento.”

Suely Rolnik (en Furor de archivo).

 

En el trabajo que hemos estado desarrollando con Sebastián Calfuqueo, nos hemos encontrado con diversos marcos teóricos —tales como el elaborado por Rolnik— que si bien refieren al proceso general latinoamericano, retratan igualmente lo que ocurre particularmente en Chile: las políticas de gobierno anulan la potencialidad de lo mapuche en una incorporación pasiva. Frente a este panorama, desde nuestra vereda —el arte— es que buscamos generar un quiebre que inicie procesos de descolonización, considerando el racismo intrínseco de la sociedad chilena. En esta línea se enmarca Zonas en disputa (Museo de Arte Contemporáneo, Santiago de Chile), segunda muestra de un proyecto que, con Sebastián Calfuqueo, comenzamos el año 2014. Lo que sigue a esta muestra es una publicación/objeto, una suerte de Caja Verde duchampiana de todo este proceso, y que será exhibida entre el 15 y 16 de noviembre de 2016 en Galería Concreta del Centro Cultural Matucana 100 (Santiago de Chile).

Sebastián Calfuqueo. Zonas en Disputa. Vista de la muestra. Museo de Arte Contemporáneo (MAC), Santiago de Chile, 2016. Foto: María José Canales/MAC.

You will never be a weye, es la obra que inicia el recorrido de la exposición y es también el inicio de nuestro recorrido artístico. La performance —realizada sólo una vez frente a público— llegó a mi como registro el año 2014 y la consideré como una reveladora, puesto que expone la discriminación en sus diversos estratos, así como también el racismo y la predominancia de un imaginario colonial, incluso en personas mapuche. En el video, vemos a Calfuqueo vistiéndose lentamente con un traje de machi, pero uno de aquellos que se vende como disfraz para la celebración de las fiestas patrias chilenas en los colegios. En este gesto hay un primer señalamiento a la apropiación que existe de la cultura mapuche por parte de la cultura chilena, así como también una referencia al contexto neoliberal, donde todo puede ser transformado en mercancía de rápido consumo. La acción, lentamente realizada, va mezclándose con un relato biográfico que se enreda con lo histórico en diversas referencias al Machi Weye: figura fundamental en la cultura mapuche pre-colonial, que transita entre lo femenimo y lo masculino, y que con posterioridad a la colonización es olvidada debido a la moral religiosa que fue impuesta. Sebastián se identifica con el weye, y describe el tortuoso proceso de crecer siendo homosexual y mapuche. La sentencia de la performance es clara: “nunca serás un weye” y con el inglés se reafirma la preeminencia de la globalización y de un “arribismo” asociado a lo extranjero, al mismo tiempo que se condena el rol cumplido por el weye. El título de la video-performance declara también la imposibilidad de restituir las funciones de este machi de género no binario, debido a lo hondo que caló la invasión española, aunque hayan pasado décadas. El inglés del título, refiere también a la experiencia de ser educado en el sistema chileno, donde esta lengua extranjera tiene muchas horas aseguradas desde primero básico, mientras que el mapudungún aparece apenas referido en un glosario en alguna unidad de la clase de historia. Calfuqueo expone, a través de su cuerpo y su relato personal, una historia que lo ha marcado, e instala una reflexión acerca de las nociones aprendidas; y de ella se desprende la necesidad de desnaturalizarlas. Este trabajo —del que destaco su sencilla ejecución— instaló en nosotros una certeza sobre la pertinencia de seguir desarrollando propuestas de obra que pensaran los distintos cruces que conforman una identidad (sexual, racial, de clase, de género), y que refieran a los imaginarios que construyen lo mapuche en la actualidad.

Sebastián Calfuqueo. Zonas en Disputa. Vista de la muestra. Museo de Arte Contemporáneo (MAC), Santiago de Chile, 2016. Foto: María José Canales/MAC.

Continuando con la propuesta exhibitiva, entramos a la sala principal de la muestra, donde lo primero que encontramos es la obra Gato por libre: se trata de un enorme plinto en el que hay un ejército de 50 “Caupolicanes”. Cada uno de ellos responde a una materialidad  o pigmento diferente y son la réplica de, a su vez, una réplica en bronce, encontrada por Calfuqueo en una “feria de las pulgas” en un cerro de Valparaíso; igualmente, aquella pieza encontrada es también una reproducción, en este caso de la estatua Caupolicán de Nicanor Plaza, escultura que de acuerdo a lo ampliamente señalado corresponde originalmente a una imagen de The last of mohicans, y no al cacique mapuche, y con quien comparte —bajo el prisma del pensamiento del S.XIX— que ambos eran “indios”. Tenemos entonces un nuevo vínculo con el inglés, que persigue a la imagen más reproducida de Caupolicán. El nivel de validez que dicha representación tiene se confirma en una vitrina cercana, que exhibe una serie de elementos con la imagen del mapuche en cuestión, elementos que Sebastián Calfuqueo ha recopilado en el último año. La escultura de Plaza fue realizada a finales del XIX, donde el arte cumplía un rol fundamental en la conformación de un imaginario nacional y republicano, y su efecto es tal que hasta hoy podemos ver las consecuencias. Caupolicán es un ícono fallido, que plantea lo problemático que es pensar la historia mapuche, al mismo tiempo que nos insta a preguntarnos si existiría una fisonomía que nos permita decir con certeza que se trata de un mapuche: ¿bastaría, por ejemplo, una escultura con el pelo liso, negro y piel morena, para decir que es mapuche? ¿O estaríamos frente a otro estereotipo? La “serialidad”, pero al mismo tiempo la diferencia evidente que hay en cada una de las piezas, apunta a esa diversidad que caracteriza al pueblo mapuche hoy, a la imposibilidad de una identidad o imagen fija que nos responda qué es ser mapuche.

Sebastián Calfuqueo. Zonas en Disputa. Vista de la muestra. Museo de Arte Contemporáneo (MAC), Santiago de Chile, 2016. Foto: María José Canales/MAC.

Siguiendo por la sala, y adherido al muro, encontramos desplegado parte del Archivo en construcción. Cada hoja dispuesta en la pared tiene algún vínculo con las obras expuestas, permitiendo al espectador establecer relaciones entre las obras y sus referentes. Frente al muro nos encontramos con una mesa, en la cual se han ubicado tres carpetas pensadas para que les sea incorporado nuevo material. Los documentos ahí impresos son diversos y corresponden, principalmente, a información actual que circula en internet respecto a lo mapuche. Hay noticias, columnas de opinión, entrevistas, fotografías e investigaciones y la cantidad de material es tal que difícilmente puede ser internalizada por quienes visitan la muestra, considerando el tiempo que se dedica a esta actividad. Declaro acá que la idea es justamente exhibir la “sobre-información”, puesto que en la imposibilidad de procesar e incorporar todo lo que ahí aparece, se encuentra un potencial disruptivo; pues no queremos instalar certezas o informar correctamente, porque no manejamos la verdadera historia del pueblo mapuche. Estamos sobre-expuestos a información referida a ello, y muy pocas veces esa información proviene de los verdaderos involucrados. La información expuesta no es unidireccional, tiene distintas aristas para ser leída. Por ejemplo, dentro del Archivo nos encontramos con una entrevista a Ziley Mora, quien se define como principal especialista en las matrices de la cosmovisión ancestral mapuche”; el titular de la entrevista es “El aborto en el mundo mapuche es una responsabilidad exclusivamente femenina”, frente a esto podríamos decir: “es bueno y pertinente”, considerando las actuales discusiones sobre el tema en Chile. Pero en esa primera reacción no nos preguntamos por qué un hombre chileno tiene que decirnos lo que piensa la mujer en el mundo mapuche ¿acaso no hay mujeres que puedan auto-representarse? Y finalmente, al leer la entrevista, notamos la desactualización de sus argumentos. Este ejemplo puntual es parte de lo que podemos ver al intentar comprender ese archivo, que busca incorporar también aportes de los espectadores.

Domo, que significa “mujer” en mapudungun, es un video de extensa duración y que se encuentra en un monitor en el muro contrario al del Archivo. En él vemos a cinco mujeres mapuche que hablan respecto a cómo viven su identidad, cómo es ser mujer y mapuche, con todas las complejidades que esto tiene en una sociedad patriarcal y en una ciudad como Santiago. Los relatos se tensan con lo que vemos, todas hablando tranquilas y seguras en sus entornos cotidianos. Esta pieza colectiva le permitió a Sebastián Calfuqueo, encontrarse con otra serie de mujeres que pasaban por procesos similares a los que la exposición persigue, ya que evidencian los muchos factores que conforman una identidad. Existe una sintonía frente a la necesidad de identificarse, de ser mapuche, luego de siglos de racismo. Lo que vemos son subjetividades que se configuran con fuerza en un territorio que, por siglos, ha sido doblemente hostil por su condición de mujeres y mapuche.

Sebastián Calfuqueo. Zonas en Disputa. Vista de la muestra. Museo de Arte Contemporáneo (MAC), Santiago de Chile, 2016. Foto: María José Canales/MAC.

La muestra se cierra con Vivienda predeterminada, una instalación que ocupa gran parte del muro que la soporta. Al costado derecho, y antes de ingresar a esta suerte de escultura, se despliega un texto que, cargado de ironía, nos indica cómo debemos usar la estructura, preguntándonos finalmente si nos sentimos como un mapuche contemporáneo. Luego de recibir la luz entre los coligües, también nos interroga acerca de cuál es el lugar que habitamos, instando al espectador a pensar su territorio.

Aquella pieza es una sátira de la vivienda social mapuche desarrollada, con fondos del Ministerio de la Vivienda, por Undurraga Devés Arquitectos. Un proyecto arquitectónico que, mediante una “esencialización” de lo que suponen como sujeto mapuche, busca “modernizar” la ruka, vivienda característica de la cultura mapuche a la llegada de la invasión española. ¿Qué significa entonces “esencializar” lo mapuche? esto es reducirlo a una supuesta naturaleza inmanente, que busca incorporar esa esencia como parte de un pasado originario de lo chileno, desconociendo la posibilidad de resistir y disentir de la cultura mapuche de acuerdo al paso del tiempo y las nuevas condiciones que la afectan. Una de los principales asuntos que Zonas en disputa persigue, tiene que ver con apelar a una conciencia crítica respecto del modo en el que nos relacionamos con las distintas identidades que se configuran hoy. La forma en que se comprende lo mapuche actualmente no es casual, ni mucho menos natural, por eso creemos que lo fundamental es desnaturalizar, hacer evidente las disputas que nos constituyen en tanto sujetos.

Los soportes y materialidades que componen la muestra son variados, puesto que están al servicio del asunto que los interpela. Esto es: pensar las identidades, con un eje en lo mapuche, desde una perspectiva crítica, feminista. No se trata entonces de una exposición de video, escultura, instalación, sino de una muestra que aborda la disputa de ser mapuche hoy y, de modo más amplio —pretencioso si se quiere—, que aborda la pregunta por el significado de habitar como sujeto hoy. Finalmente, Zonas en disputa demanda al inconsciente colectivo, puesto que todos en este país sabemos que hay una disputa territorial que debe ser atendida.

The following two tabs change content below.

Mariairis Flores

Es Historiadora del Arte por la Universidad de Chile, cursa el Magíster en Teoría e Historia del Arte y es profesora del área de Historia del Arte en la misma casa de estudios. Actualmente es parte del equipo de D21 Proyectos de Arte e investigadora en el proyecto FONDART "Arte y Política 2005-2015 (fragmentos)", dirigido por Nelly Richard. Es co-autora del libro "En Marcha" y ha participado en una serie de proyectos de arte contemporáneo