“Post-Panamax” es una clase de barco carguero que, por su tamaño, puede cruzar el Canal de Panamá sin mayores problemas. Este tipo de barco transita por todos los puertos comerciales del mundo, distribuyendo de manera global diversas mercancías. Es a partir de las rutas comerciales que se establece una cartografía mercantil, alternativa a las tradicionales de órden geográfico y político. No sabemos qué lugar ocupa Valparaíso (Chile) en tal esquema, y este texto no tiene por objeto indagar en ello, sino que más bien busca reflexionar con respecto a la producción artística de una ciudad de difícil caracterización. Valparaíso es una ciudad-puerto en la que co-existen dos usos: por un lado es un centro económico donde transitan una serie de mercancías que llegan y salen hacia el mundo; pero al mismo tiempo una ciudad “patrimonio de la humanidad”, es decir, un centro turístico global. ¿Qué forma tiene esta urbe que es espacio de intercambios comerciales desde su desconocida fundación y, a su vez, lugar de reunión de turistas de todo el mundo? ¿Qué tipo de producción artística tiene lugar en un espacio que está permanentemente cambiando, que vive entre esas dos identidades, una histórica y la otra impuesta?

Un grupo de artistas porteños ha hecho su desembarco en Santiago de Chile, más específicamente en la Sala de Arte Las Condes, donde dan cuenta de esa visualidad propia de una ciudad que cambia permanentemente, ya sea por los procesos económicos que en ella suceden (la gentrificación) o por los sucesos trágicos que constantemente la afectan (los incendios en las quebradas). Como se podría conjeturar de antemano, no es una exposición fácil de procesar, es amplia y compleja, dispar si se quiere. Los artistas que participan en ella (Carlos Ceruti, Carlos Silva, Danila Ilabaca, Felipe Mardones, Gabriela Vásquez, José Pemjean, Juvenal Barría, María Inés Galecio, Nemesio Orellana, Manuela Tromben, Pablo Saavedra, Pablo Suazo, Renato Órdenes, Rodrigo Molina, Sebastián Gil y Gabriel Holzapfel) trabajan distintos temas a través de múltiples operaciones, que en su conjunto permiten visualizar una identidad local esencialmente móvil, casi estratégica, que ante cada evento modifica sus prácticas para así lograr sobrevivir. En este texto articularé un recorrido de las obras que considero más interesantes en sus operaciones simbólicas de construcción de visualidades, puesto que permiten observar aquellas cualidades que hacen de Valparaíso una ciudad en pugna permanente, donde el imaginario local es disputado por múltiples agentes —entre los que los artistas contemporáneos cumplen un rol fundamental al dar forma a esos conflictos sociales que son constantemente invisibilizados, tanto por los gobiernos como los medios de comunicación—.

Manuela Tromben y María Inés Galecio (Tejido Urbano). El Gran Valparaíso (detalle). Parte de la muestra Post-Panamax. Sala de Arte Las Condes, Santiago de Chile, 2016. Foto cortesía de las artistas.

El Gran Valparaíso bordado por Manuela Tromben y María Inés Galecio (Tejido Urbano) es probablemente el ejercicio que mejor da cuenta de la fragilidad de la ciudad, de su carácter tan precario. En ella convive la delicadeza de la técnica (donde cada detalle es cuidadosamente elaborado) con la estructura “fija” del mapa de la ciudad (morfología irracional, torcida y cambiante). La geometría irregular de la cartografía es una suerte de metáfora visual de lo peculiar de Valparaíso, que frente a la ortogonalidad marcial de Santiago de Chile, pareciera explicar las identidades culturales-festivas-carnavalescas que desde hace tiempo se le han tratado de imponer a esta ciudad, a través de festivales de teatro, “intervenciones urbanas” y otra serie de eventos “culturales” superficiales y artificiosos. Abordando este mismo asunto, la instalación de Pablo Saavedra, La obra de arte potencialmente sonora en la época de su reproductibilidad china, permite comprender de manera efectiva qué es lo que sucede en Valparaíso con los carnavales que allí ocurren; esto mediante la recolección que hace del cotillón desechado, proveniente originalmente de cargueros chinos y que entre las múltiples fiestas y celebraciones del puerto, suelen llenar el paisaje luego de haber sido utilizados por turistas y residentes.

José Pemjean trata también el tema de la identidad de Valparaíso en su trabajo Topografía del desastre. Mediante la intervención de una serie de postales de los lugares turísticos más populares, permite ver aquella imagen que queda fuera del enfoque tradicional, es decir, eso que el ojo económico deja de lado para así obtener la vista ideal de la ciudad; eso donde el negocio inmobiliario, el desarrollo agresivo de pymes “culturales” y la destrucción del medio ambiente marino no se pueden dejar ver. Junto con esto, el video La O / Capítulo Avenida Argentina de Carlos Silva, a través de una angustiosa cámara lenta, permite observar todos los detalles de la ciudad que permamentememte cambia. Como si en el viaje en microbus que va desde el plano hasta el cerro, el pasajero supiera que hay que tratar de apropiarse de cada centímetro de una ciudad que es forzada permanentemente a cambiar, a reinventarse y re-edificarse.

Pablo Saavedra. La obra de arte potencialmente sonora en la época de su reproductibilidad china. Parte de la muestra Post-Panamax. Sala de Arte Las Condes, Santiago de Chile, 2016. Foto cortesía del artista.
José Pemjean. Topografía del desastre. Parte de la muestra Post-Panamax. Sala de Arte Las Condes, Santiago de Chile, 2016. Foto cortesía del artista.
José Pemjean. Topografía del desastre. Parte de la muestra Post-Panamax. Sala de Arte Las Condes, Santiago de Chile, 2016. Foto cortesía del artista.
Carlos Silva. La O / Capítulo Avenida Argentina. Parte de la muestra Post-Panamax. Sala de Arte Las Condes, Santiago de Chile, 2016. Foto cortesía del artista.

En paralelo, surge una imagen distinta, menos limpia y que refleja el paisaje posterior a uno de tantos incendios que han vivido los cerros en su historia: Gabriela Vásquez realiza un trabajo extremadamente perturbador con el Archivo La Pólvora, donde a través de la recolección y ordenamiento de vestigios de los bienes y experiencias de quienes habitaron tal lugar, logra dar cuenta de esas vidas que perdieron su espacio cotidiano en el incendio. La dureza de los objetos quemados es trabajada con un rigor minimalista que transmite con precisión la solemnidad de tal labor, donde si bien aparece un objeto plástico, apropiable mediante su intervención, emerge por si sola la historia con que este carga, el pasado que se niega a ceder por mucho que el fuego plantee una y otra vez un reinicio a cualquier posibilidad de historia en su sentido tradicional. Los grandez lienzos que están junto a este archivo transmiten también esa sensación forzosa de luto, no sólo por la oscuridad de la ceniza, sino que más bien por la evidente sensación de pérdida que bosqueja el vacío de la pintura.

Frente a este momento oscuro, está el cinismo del trabajo de Danila Ilabaca con La Joya en llamas, donde comparece aquello que finalmente ocurre en Valparaíso (y también en otras ciudades donde ocurre un “boom” inmobiliario) luego de que un incendio afecta a un terreno valioso. El negocio de las inmobiliarias parece ser siempre el fantasma que acecha a muchos incendios que provechosamente desocupan paños completos de la ciudad, sin la necesidad de lidiar con poblaciones completas que no quieren moverse de los espacios donde precariamente han desarrollado sus vidas. Lo perverso de la serie de imágenes que Ilabaca construye contrasta con su lenguaje visualmente dulce, pero se reafirma lo primero mediante el video en loop que junta la secuencia, de tal modo que permanentemente vemos cómo se construyen y queman casas, para dar paso a las inmensas torres.

Gabriela Vásquez. Archivo La Pólvora. Parte de la muestra Post-Panamax. Sala de Arte Las Condes, Santiago de Chile, 2016. Foto cortesía de la artista.
Danila Ilabaca. La Joya en llamas. Parte de la muestra Post-Panamax. Sala de Arte Las Condes, Santiago de Chile, 2016. Foto cortesía de la artista.

Pablo Suazo opera también desde una lectura cínica e irónica en su obra Promo pack de seis latones más regalo, donde mediante latones de zinc —usados tradicionalmente en las techumbres de casas (no sólo de Valparaíso)—, relata a modo de diario de vida una serie de acontecimientos y diálogos provenientes de la ciudad. El relato inscrito en los zincs, habla de una ciudad permanentemente asediada por la cultura comercial, donde desde las antiguas tele-series de los 2000 hasta la reciente candidatura del cantante pop DJ. Méndez, dan cuenta de este proceso histórico de intervención y apropiación. Esta modalidad narrativa tiene la peculiaridad de poner en escena una forma de socialización popular de la información, a saber, la escritura en muros, donde las voces anónimas que habitan la ciudad parecieran dar también una voz a la ciudad misma. Suazo está interesado en la poesía y su interacción con lo popular e incluyó en esta exposición su serie de calendarios donde inscribe citas a reconocidos poetas y otras figuras lejanas a tal oficio (como el cantante Ricardo Arjona). Quizá, ante la repetitiva idea de “Chile, país de poetas”, Suazo responde con un objeto cotidiano que logra efectivamente hacer circular a una serie de autores que, más allá de sus nombres (Nicanor Parra, Pablo Neruda, Gabriela Mistral, Vicente Huidobro), la mayoría de las personas no ha leído.

Sebastián Gil, con su trabajo Producción Nacional, Proyecto ‘Chilenos diseñando’ habla acerca de un componente social usualmente idealizado no sólo en Valparaíso, sino que en general en todo Chile: “el ingenio como capacidad innata de los pobres”. Aquí Gil instala una serie de objetos que consiguió en la calle, los que responden a necesidades variadas, pero que comparten el hecho de ser instrumentos o herramientas hechos de manera hechiza y construidos con desechos u objetos viejos para suplir necesidades simples e inmediatas. Si bien es cierto, estos objetos hechizos dan cuenta de una astucia e ingenio únicas, responden también al nivel de precariedad y marginalidad en el que un importante sector del país vive (no solo de Valparaíso). Estas soluciones semi-permanentes y artesanales parecen simbolizar, además, el fenómeno de des-industrialización local; una imagen de cómo nuestra economía se ha orientado hacia los servicios y cada día es más difícil encontrar bienes fabricados en Chile. Una des-industrialización que ha dejado la producción de objetos cotidianos, en muchos casos, al alero de la capacidad inventiva de los mismos consumidores, que pasan así a ser productores y organizan localmente mercados pequeños completamente des-regulados; o por lo menos con una regulación comunitaria, cuestión que coincide con lo que Verónica Gago denomina “economías barrocas”, o un mercado “desde abajo”.

Pablo Suazo. Promo pack de seis latones más regalo. Parte de la muestra Post-Panamax. Sala de Arte Las Condes, Santiago de Chile, 2016. Foto cortesía del artista.
Sebastián Gil. Producción Nacional, Proyecto ‘Chilenos diseñando’. Parte de la muestra Post-Panamax. Sala de Arte Las Condes, Santiago de Chile, 2016. Foto cortesía del artista.
Gabriel Holzapfel. Raspado de muralla (#4). Parte de la muestra Post-Panamax. Sala de Arte Las Condes, Santiago de Chile, 2016. Foto cortesía del artista.

Para finalizar este relato, Gabriel Holzapfel realiza un gran collage llamado Raspado de muralla (#4), que funciona como una minuciosa investigación del paisaje colorístico porteño. Tal pesquisa responde, entre muchas cosas, a la cualidad visual que más es resaltada por las lógicas turísticas que dominan la economía local: los coloridos muros de la ciudad. Holzapfel colecciona restos de pintura descascarada de múltiples colores, que luego organiza y pega sobre un soporte de madera. Visualmente se percibe una estratificación compleja, donde todos estos fragmentos se hacen casi irreconocibles y se superponen los unos sobre los otros. Esta obra viene a cerrar el recorrido de la exposición, en la medida que evidencia el carácter cambiante de la ciudad, su “resiliencia” ante las catástrofes e intervenciones, pues en cada capa de pintura lo que ocurre es finalmente que un sedimento de historia y cultura es cubierto para establecer (ya sea por cuenta propia o de manera impuesta) una nueva identidad.

Lo que Post-Panamax explicita es que Valparaíso funciona como un gran soporte, donde las empresas, los gobiernos y la comunidad, están permanentemente en pugna por definir qué es lo que entienden y desean como ciudad. Y en función de tal lucha, es que estos artistas permiten leer las sutiles prácticas que constituyen hoy la identidad de la ciudad, más allá de los proyectos y agendas que la institucionalidad desee llevar adelante. Puesto que si hay algo en que la morfología urbana de Valparaíso ha influido, es precisamente en la capacidad de no seguir pautas fijas o normativas de parte de sus habitantes, que desde sus inicios se tuvieron que acostumbrar a nunca andar recto, sino que siempre torcido.

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Diego Parra

Nace en Chile, en 1990. Es historiador y crítico de arte por la Universidad de Chile. Tiene estudios en Edición, y entre el 2011 y el 2014 formó parte del Comité Editorial de la Revista Punto de Fuga, desde el cual coprodujo su versión web. Escribe regularmente en diferentes plataformas web. Actualmente dicta clases de Arte Contemporáneo en la Universidad de Chile y forma parte de la Investigación FONDART "Arte y Política 2005-2015 (fragmentos)", dirigida por Nelly Richard.