“Lo distinto está a lo lejos, en las antípodas de lo próximo. Lo que no es próximo puede ser separado de dos maneras: separado del contacto o de la identidad. Lo distinto es distinto de ambas maneras. No toca y es disímil. Tal es la imagen: precisa estar desprendida, puesta fuera y a la vista”
Jean-Luc Nancy

De vez en cuando, vemos pasar en el mundo del arte una clase especial de artistas que tienen un aura particular. No podría explicar exactamente de qué se trata, pero es algo que los identifica, es un carácter único que sale a la luz cuando se mueven en ese mundo de marcadas apariencias. Paradójicamente, mencionar la luz cuando nos referimos a la obra de esta artista no sería lo más adecuado si usamos el sentido literal del término; sin embargo, hay luz en su obra, es una luz poética, oculta tras sus reflexiones sobre los esquemas de la sociedad, el concepto de “norma” moral, la vida, y las reiteraciones formales que procuran señalarnos que la oscuridad y la luz, terminan siendo la misma cosa, solo que en un grado diferente.

María Isabel Rueda (Cartagena, 1972) es una artista en cuya obra se aprecia un interés por lo “oscuro”, los otros de la sociedad, los “seres B”, como suele identificar a los que están al margen o por fuera del canon. Como ella misma lo explica, es un concepto que salió de su tesis de grado en la Universidad Nacional, siendo un momento temprano de su carrera. “Ser B es sobre todo no ser A. Ser A es ser lo mejor, lo lógico, lo aceptado por todos, aquello por lo que se debe luchar, lo culturalmente deseado, a lo que aspiran todas las madres para sus hijos”. No obstante, ahora la artista señala que este concepto ha mutado en su proceso, pues los tiempos cambian y “ser B” (es decir, ser distinto) es como ahora se debe ser, por lo que “ser B ahora es ser A”. “Ser normal ahora es considerado lo peor”.

Estar fuera del canon y de la norma, ya parece ser la norma.

Oscuro diario es el título de la muestra que exhibe su trabajo en el Museo de Arte Moderno de Medellín y podemos considerarla desde lo que Luis Puelles Romero llamó la “puesta en representación”, noción definida como la acción de expresar deseos, emociones, sentimientos y ciertos hábitos domésticos, como ámbitos de la intimidad representada sin llegar a ser explícitamente un asunto autobiográfico. La exposición, entonces, reúne una serie de trabajos que, relacionados unos con otros, podrían ser considerados un diario, con bellas ilustraciones de fauna y flora, fotografías, videos y animaciones que nos hablan de la vida de la artista, sus ideas y su contexto, sin ser una muestra marcadamente intimista desde el ensimismamiento del artista que crea a partir del yo, pues si hay algo que debemos destacar en la obra de María Isabel Rueda es que sabe mantener un balance esencial entre el universo interior que habita y la realidad externa de la cual hace parte.

Para la artista, “lo oscuro” es mucho más que lo aparentemente sin luz o falto de claridad, es algo más complejo que se construye dentro de los conceptos de su obra. “Una semilla necesita permanecer un buen tiempo en la oscuridad para nutrirse, fortalecerse, y sacar buenas y fuertes raíces que la agarren a la tierra y así, con una fuerza extraordinaria, abrirse paso hacia luz y sacar su tallo, hojas, flores y dar frutos; en esta danza extraordinaria de la vida hacia la luz la planta confía en su parte oscura que ahora la nutre y le da fortaleza para agarrarla al suelo en las embestidas del viento y alimentarla en la sequía; la luz y la oscuridad se necesitan la una a la otra en el movimiento de la vida, dan comienzos y finales, dan ciclos”.

En sus obras, la experiencia interior aparece reflejada gracias a una propuesta formal que la artista ha configurado desde la predilección por la ausencia de color en muchas ocasiones; así, desde la curaduría de la exposición se propuso que todas las paredes de las salas fueran pintadas de negro. La experiencia interior es, entonces, una experiencia “representacional” en la forma en la que surge la “retórica del yo”, desde la formalización y la puesta en escena de las obras en el espacio. “La idea de que la sala fuera negra fue de Emiliano y me parece muy acertada, pues hace la contraparte de la exposición de la sala de al lado que se titula ‘De lo espiritual en el arte’. Es decir, creo que funciona no solo a nivel estético sino también conceptual para adentrarse de cierta forma en la muestra”.

Oscuro diario es la primera exposición de Revisiones, una serie de muestras en las que el Museo de Arte Moderno de Medellín dedicará a reconocer la producción de artistas colombianos, recogiendo alrededor de 15 años de su trayectoria. “Desde los primeros trabajos en fotografía, pasando por su extensa producción de dibujos hasta sus videos y publicaciones, la obra de Rueda es un diario del lado B de la vida, de lo que no se cuenta, de lo que no se ve”, escribe el curador Emiliano Valdés.

Al momento de preguntar a la artista cuál de sus proyectos ha considerado más significativo, responde que todos y cada uno han sido importantes en el desarrollo de su carrera. “Todas las obras son especiales porque muestran un momento de mi pensamiento y su desarrollo; podría hablarte mucho de cada una de ellas y de lo que me hizo entender en su momento, y su conexión con las otras obras, pero lo que resulta verdaderamente interesante para mí es verlas todas relacionadas en un mismo espacio. Esa es una situación muy particular para un artista y de un valor enorme, pues rara vez puede uno ver físicamente las obras unidas a través del tiempo en su formato original”.

Como parte de la programación del museo, la artista realizó un laboratorio creativo y el lanzamiento de su libro NOSCE TE IPSVM (Conócete a ti mismo), aforismo atribuido a filósofos como Heráclito, Sófocles o Pitágoras y que, finalmente, se consideró un precepto “descendido del cielo”. La publicación, en palabras de la artista, “plantea la idea de que, cada vez que lo abres, un libro termina invitándote a vivir en el eterno presente, que es un poco la idea que me gustaría se experimentara al entrar a la muestra”. Así, la obra de María Isabel Rueda nos invita a ingresar no solo en su propio universo interior, sino a conocer el nuestro, a reconocernos desde nuestra propia oscuridad y surgir a la luz que todo lo trasforma.

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Nace en Medellín, Colombia. Es maestra en Artes Plásticas y Visuales. Realizó estudios en Filosofía en la Universidad de Antioquia y tiene una acreditación en Evaluación de Procesos Educativos. Posee un diplomado en Periodismo Cultural y Crítica de Arte y se desempeña como docente de cátedra universitaria. Es parte del equipo de columnistas de la revista La Artillería, revista de arte de la ciudad de Medellín, y escribe para la sección "Palabra y Obra" del periódico El Mundo.
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