Titulada Incerteza Viva (Incertidumbre Viva), la 32ª Bienal de São Paulo busca reflexionar sobre las actuales condiciones de vida y las estrategias que ofrece el arte contemporáneo para habitar o llevar a puerto la incertidumbre. La exposición, curada por Jochen Volz, inauguró hoy en el Pabellón Ciccillo Matarazzo de la ciudad brasileña con la participación de 81 artistas y colectivos de 33 países.

Chile está representado en la Bienal por los artistas Felipe Mujica, Pilar Quinteros y Katia Sepúlveda, cuyas obras presentamos a continuación solo a manera de adelanto informativo, y sobre las cuales ahondaremos posteriormente en una segunda entrega.

Felipe Mujica, Las universidades desconocidas, 2016. Vista de la instalación en la 32° Bienal de Sao Paulo. Cortesía del artista

Las universidades desconocidas, como se titula la obra de Felipe Mujica, se compone de 30 cortinas realizadas expresamente para la bienal con la ayuda de dos equipos distintos.  Quince de estas cortinas fueron elaboradas por Alex y Valentina de Plató, un taller/oficina compartido en Galeria Metrópole en el centro de la ciudad, y las otras quince por las Bordadeiras de Jardim Conceição, una cooperativa de mujeres bordadoras ubicado en Jardim Conceição, en la periferia oeste de la ciudad de São Paulo.

La Universidad Desconocida es el título de un libro de poemas de Roberto Bolaño. A Mujica le interesa tomarlo prestado principalmente por su ambigüedad. Propone un estado, un momento, un lugar casi abstracto, al que todos podemos asociarnos, ya sea por una conexión directa y nostálgica o por un desconocimiento o “falta de”, lo cual también posee cierto grado de nostalgia. Frente a eso también nos propone lo desconocido, lo que no podemos controlar o manejar. Es un ir y venir constante, entre nuestras memorias educativas y lo que está por venir, lo que aún puede pasar, nuestra auto-construcción.

La Universidad Desconocida nos habla de la autonomía, de cómo cada uno es finalmente su propio y mejor “profesor”. El mismo Bolaño dice: “Creo que en la formación de todo escritor hay una universidad desconocida que guía sus pasos, la cual, evidentemente, no tiene sede fija, es una universidad móvil, pero común a todos”.

La universidad desconocida de Felipe Mujica es entonces el viaje entre el centro y la periferia. “Es el construir la obra a partir de un diálogo horizontal con los fabricantes. Es el escuchar la música en vivo, que a veces son dos bandas tocando simultáneamente, en la pequeña plaza de Galeria Metrópole. Es el aprender a viajar en bus y tren a Jardim Conceição, hacer el recorrido que todo el mundo hace. Es comer juntos. Es mejorar mi portuñol al grado de aprender portugués.  Asimismo, el público también posee infinitas universidades desconocidas, las cuales podrían ser proyectadas al trabajo. Las cortinas son manipulables, el público puede tocarlas y moverlas, jugar con ellas, jugar con múltiples -casi inagotables- combinaciones formales. Esta acción es en sí un aprendizaje, básico, pero ahí está, es una oportunidad. Las universidades desconocidas se sumarán sobre cada cortina y sus configuraciones y posiblemente las mancharan y las harán parecer usadas después de tres meses“, señala el artista.

En su obra Señales de humo (2016), Pilar Quinteros explora y registra en video la expedición histórica dirigida por el arqueólogo británico Percy Harrison Fawcett en 1925: la búsqueda de “Z”, como él llamaba a una antigua ciudad perdida que creía ser El Dorado, en la selva inexplorada de Brasil. La artista imagina América Latina como un territorio fértil para los paraísos perdidos y civilizaciones ocultas, a partir de lo que monta una búsqueda de los restos de una ciudad y el establecimiento de una reunión con sus ruinas.

Katia Sepúlveda, Dispositivo doméstico, 2007-2012, serie de collages. Cortesía: Sutton PR