Hoy, más que nunca, el mundo necesita renovar sus energías. La humanidad deberá transformar sus ideas, sus acciones y sus creencias porque, de no hacerlo, llegaremos a contribuir con nuestra propia destrucción. El mundo sin duda necesita de la espiritualidad. Sin embargo, grandes visionarios científicos, artistas, y filósofos entendieron que la espiritualidad va más allá de la devoción a deidades externas que nos han atrapado en un juego de sensaciones y emociones que se convirtieron en un placebo para la evolución, empujándonos a desarrollar el más extremo dualismo ideológico que separa el espíritu de la materia.

Por otro lado, una visión mecanicista del mundo, heredera del pensamiento cartesiano, fue la manera en la que se concibió un mundo posible desde la segunda mitad del siglo XVII hasta finales del XIX. Ahora, los dos pilares de la física y de la ciencia moderna, la teoría cuántica y la teoría de la relatividad, empezaron a explicarnos el mundo del mismo modo en que lo puede entender un hindú, un budista o un taoísta a partir de filosofías espirituales. Lo espiritual, entonces, vuelve a la idea de unidad, mueve la vida en favor de la evolución consciente, entiende el mundo y nuestras acciones como una sinergia, como lo señaló Buckminster Fuller. El espíritu en armonía impulsa a crear, no a destruir, y esto se ha revelado siempre a través del arte.

Entendiendo la importancia de estas nociones en la contemporaneidad, el Museo de Arte Moderno de Medellín, de la mano de la curadora e investigadora María Iovino, presenta hasta el 11 de septiembre De lo espiritual en el arte. Obertura, una muestra que matiza los pensamientos y las búsquedas de quienes en la historia han marcado rumbos que contribuyeron a comprender aún más nuestra existencia y las maneras en las que funciona el mundo. El título de esta muestra se refiere al texto homónimo en el cual Vasily Kandinsky nos advierte que el arte es sin duda el reflejo de cada tiempo, y que ese reflejo lleva el rasgo del estado espiritual del hombre que crea. “El artista crea misteriosamente la verdadera obra de arte por vía mística. Separada de él, adquiere vida propia y se convierte en algo personal, un ente independiente que respira de modo individual y que posee una vida material real”.

Carlos Rojas. Selección de obras. Hall Museo de Arte Moderno de Medellín. Fotografía: Úrsula Ochoa
Vista de la exposición “De lo espiritual en el arte. Obertura”, Museo de Arte Moderno de Medellín, 2016. Fotografía: Úrsula Ochoa

La exposición conserva un balance entre los conceptos de espiritualidad enfocados en aspectos metafísicos, así como los alcances científicos que permitieron a los artistas dimensionar sus obras desde perspectivas no convencionales en la creación. En este punto, podemos mencionar a una artista ausente en la muestra, pero que sin duda impresionó a un público que la desconocía una vez salieron a la luz sus creaciones. Hilma af Klint vivió entre 1862 y 1944, siendo una verdadera pionera en el campo de las abstracciones antes de los considerados padres del género. Practicante del ocultismo según su biografía, la artista creó magníficas obras sobre el bien y el mal, el hombre y la mujer, la religión y la ciencia, basándose también en las enseñanzas del científico austriaco Rudolf Steiner.

La curaduría propone un grupo de referentes fundamentales dentro de los conceptos que examina la muestra. Así, destacan los aportes de Johannes Itten, quien como Kandinsky y Paul Klee, hicieron parte de la escuela Bauhaus y se interesaron por el estudio del color, la percepción y las variaciones cromáticas. Encontramos entonces una relación interesante entre estos conceptos y Mónica Girón, cuyas obras también han sido inspiradas por las pinturas de Xul Solar, otro referente de la muestra. Girón trabaja desde inquietudes místicas relacionadas con la luz, el color y la geometría; de igual forma, la obra de Marcius Galan ahonda en los conceptos de percepción, cromatismo, espacio y tiempo, desde los cuales el espectador es retado a mirar dos veces antes de darse cuenta de que lo que ve, no es lo que parece. Juan Diego Tobalina, artista que trabaja pensando sobre lo invisible, igualmente indaga acerca de la integridad de la experiencia de lo real. Finalmente, la obra de Ana María Maiolino apunta a lo básico y a lo elemental, pero a través de los estados de una conciencia expandida, desde la cual pretende señalarnos las fuerzas esenciales que mueven la vida.

Mónica Girón. SX no 12, 2014. Fotografía: Úrsula Ochoa
Marcius Galán. Diagonal, 2016. Fotografía: Úrsula Ochoa
Juan Diego Tobalina. Partículas, 2015. Fotografía: Úrsula Ochoa

Antoni Gaudí se caracterizó por la búsqueda de nuevas soluciones arquitectónicas dedicando toda una vida al análisis de la estructura óptima del edificio, al igual que Buckminster Fuller, cuyas investigaciones y textos se enfocaron en hallar una mejor forma de vida para la humanidad: “Si el éxito o el fracaso de este planeta, y de los seres humanos, depende de cómo soy y lo que hago, ¿cómo ser? y ¿qué debo hacer?”. Su cúpula geodésica es un gran diseño generado a partir de un icosaedro o un dodecaedro y tiene una relación directa con la geometría sagrada. La obra del artista John Mario Ortiz reflexiona precisamente desde conceptos como los sistemas, la geometría y las tensiones. La serie que presenta en la muestra se ha inspirado en las investigaciones de Buckminster Fuller, como su mapa Dymaxion. Las piezas se configuran a partir de una red isométrica en relieve que modulan la luz que incide en el soporte, según el ángulo desde donde se les mire; en este sentido, es indispensable traer a colación el trabajo de Gego (Gertrud Goldschmidt), cuya obra se construye a partir de la distribución de la fuerza en la composición espacial, creando tejidos estructurales, y, sumándose a las nociones de geometría, estructura, movimiento, red y espacio, el trabajo de Magdalena Fernández, a quien han relacionado indiscutiblemente con la artista Gego. Fernández añade a este conjunto la luz como un indicador metafórico y real de la energía que se moviliza en ese tejido vital, que todo lo conecta en el universo.

Magdalena Fernández. 1i015, 2015. Fotografía: Úrsula Ochoa

A partir de las nociones de red, sinergia y unicidad como fundamentos de la estructura del universo, Leonardo Da Vinci, el gran genio, consideraba que el espíritu jamás se podía concebir separado de la materia. Leonardo, como inventor e ingeniero, se adelantó a su época y dejó un legado a la humanidad que ahora es parte de las más sofisticadas investigaciones sobre ingeniería, diseño funcional o robótica. Para Leonardo, la capacidad de asombrarse por las cosas simples, y luego encontrar en ellas la belleza de su complejidad, lo convirtieron en el gran explorador del mundo. César González indaga al ser en comunicación con el mundo que lo rodea, enfatizando también en la conexión con sus mundos interiores; Mateo López, Nicolás Bacal y Nicolás París, a través de sus obras, nos señalan una constante preocupación por el conocimiento del universo particular de las cosas, así como el entendimiento completo de la existencia a través de la exploración de los objetos, que se suman también a las indagaciones científicas. El artista Ariel Guzik realiza actualmente un interesante trabajo de investigación acerca de los cetáceos y, de la mano de la ciencia, ha creado objetos que captan o emiten resonancias a partir de cuarzos o metales seleccionados especialmente para este fin.

Vista de la exposición “De lo espiritual en el arte. Obertura”. Museo de Arte Moderno de Medellín, 2016. En primer plano: Mateo López. Fotografía: Úrsula Ochoa
Nicolás París. Apresúrate despacio, 2007-2011. Fotografía: Úrsula Ochoa.
Ariel Guzik. Selección de trabajos. Fotografía: Úrsula Ochoa

Joseph Beuys y Carl Jung, igualmente ejes referenciales de la muestra, fueron grandes influencias desde sus doctrinas filosóficas, psicoanalíticas o incluso místicas y sus ideas sobre las categorías de arte y artista, que ampliaron extensamente un panorama ya de por sí cerrado, cuando se quiere explicar todo por medio de la razón y la investigación teórica. Beuys fue un adelantado en su tiempo, ya que veía en el chamanismo un enfoque médico integral que armonizaba a todo el ser: cuerpo, espíritu y alma; y Jung utilizó una técnica llamada psiconáutica, una especie de meditación en la que dejaba fluir las imágenes de su psique para luego escribir y dibujar todo lo que veía; así, lo simbólico, lo metafísico y lo metafórico son aspectos fundamentales que han desarrollado este conjunto de artistas.

Claudia Andujar, quien a través de una mirada antropológica se adentra en las comunidades indígenas, registra una serie de imágenes chamánicas que dan cuenta de realidades extracorpóreas vividas entre rituales y ceremonias sagradas. Arthur Bispo do Rosário utilizó elementos autobiográficos para la creación de toda su obra artística, pues su trabajo consistía en acatar a una voz que le ordenó hacer un inventario del mundo en que vivía, por lo que sus creaciones fueron una manera de experimentar su universo particular a través de los objetos. Asimismo, el trabajo de Gabriel Orozco responde a sus recorridos cotidianos, y cada obra es el resultado de una cavilación específica sobre ese objeto que encuentra, registra, cambia o moldea, antes de “salir a la arena”; finalmente, los registros fotográficos de la artista y poetisa Margarita Azurdia, quien experimentó entre escultura, pintura, performance y textos, señala una manera particular de ver el mundo a través de sus múltiples “yos internos”.

Claudia Andujar. Selección de obras. Fotografía: Úrsula Ochoa
Arthur Bispo do Rosário. Colcháo de Capim de Crina de Dormir 393. Fotografía: Úrsula Ochoa

Por otra parte, Carlos Rojas, Armando Reverón y Gregorio Cuartas también tienen una presencia importante en la curaduría; en el caso especial de Gregorio Cuartas, su participación es una manera de rescatar el maravilloso legado que ha dejado uno de los grandes de la espiritualidad en el arte colombiano. Con todos ellos, se marca un énfasis especial en que la espiritualidad no es vista sólo desde una perspectiva religiosa.

Cabe destacar en la muestra la presentación de la investigación realizada por el artista chileno Felipe Mujica, cuyo trabajo es fuertemente influenciado por los movimientos modernistas, no sólo desde el campo formal, sino también desde la manera en que las vanguardias abordaban los contenidos sociales y políticos, y cómo esto contribuyó a edificar el mundo moderno. Así, el artista nos presenta el trabajo pedagógico de Manuel Casanueva, un arquitecto y académico chileno que dictaría una asignatura especial en la escuela de Arquitectura de Valparaíso llamada  Cultura del Cuerpo entre 1972 – 1992 y por la que Felipe Mujica se interesó de manera especial. Los cursos de Casanueva se integraban por una modalidad de juego llamada “Los Torneos”; éstos consistieron en crear y ejecutar diferentes ejercicios lúdicos, donde los conceptos y estructura de cada espacio y artefacto utilizado se dirigían a generar diferentes situaciones de interacción corporal y espacial, con un énfasis en la colectividad, el azar y la improvisación.

Manuel Casanueva y la escuela de Valparaíso. Torneos de Cultura del Cuerpo. 1972-1992. Fotografía: Úrsula Ochoa
Manuel Casanueva y la Escuela de Valparaíso. Torneos de Cultura del Cuerpo. 1972-1992. Fotografía: Úrsula Ochoa
Armando Reverón. Paisaje, 1934. Fotografía: Úrsula Ochoa

Como componente especial de la exposición se instaló una representación de la Rothko Chapel (Capilla Rothko) en el hall del museo. La capilla, comisionada en 1964 por Dominique y John de Menil, es una construcción que ofrece un santuario espiritual para personas de todas las religiones, utilizado para la meditación, la introspección y el silencio inspirador gracias a las potentes pinturas del artista Mark Rothko. Desde el campo espiritual, Rothko fue un místico del arte; sus cuadros, decía, no trataban sobre abstracción, formas o colores, sus pinturas eran las más fieles expresiones de las emociones humanas: tragedia, éxtasis, fatalidad, dolor o placer. Cabe destacar que, dentro de su programación, el museo ha llevado a cabo experiencias sonoras relacionadas con la Capilla Rothko y la magnífica pieza compuesta especialmente para ésta por Morton Feldman, así como conversatorios, visitas guiadas y sesiones especiales de meditación para que el público viva esta muestra desde sus perspectivas sensoriales e intelectuales.

Para terminar, es justo que recordemos que el arte es un medio generador de conocimiento y expansión de la mente; el arte se presenta siempre frente a nosotros como una revelación sobre la vida y sobre el mundo. Solo los artistas más elevados han alcanzado ese nivel. El arte, visto sólo como una burda mercancía –algo muy propio de nuestro tiempo- es un arte vacío, un arte inútil, o como lo advirtió Kandinsky, un arte para una humanidad que solo busca el éxito externo y hace caso omiso de las fuerzas espirituales.

Recreación de la Capilla Rothko. Hall del Museo de Arte Moderno de Medellín. Fotografía: Úrsula Ochoa
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Nace en Medellín, Colombia. Es maestra en Artes Plásticas y Visuales. Realizó estudios en Filosofía en la Universidad de Antioquia y tiene una acreditación en Evaluación de Procesos Educativos. Posee un diplomado en Periodismo Cultural y Crítica de Arte y se desempeña como docente de cátedra universitaria. Es parte del equipo de columnistas de la revista La Artillería, revista de arte de la ciudad de Medellín, y escribe para la sección "Palabra y Obra" del periódico El Mundo.

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