Macarena Ruiz-Tagle se ha visto atraída desde su infancia por la percepción del espacio, en un sentido amplio. Tales intereses se manifiestan en su afición por interrogar la naturaleza de los fenómenos que estimulan la visión y la forma en que tales estímulos se experimentan personalmente, mediante las sutiles variaciones de colores y su relación con la luz. De tal suerte, el carácter emocional de tales experiencias sensoriales aludiría —para la artista— a determinaciones directas sobre la propia identidad de cada sujeto. De hecho, en general su producción se encuentra dedicada a dicha premisa, una que la ha llevado a experimentar con diversos soportes, tales como la pintura, la escultura, pero también la instalación u obras de carácter postal.

En ese sentido, el traslado de la artista a la ciudad de Berlín (Alemania), lugar donde reside actualmente, también afectó directamente su trabajo, producto de la particular luminosidad de la ciudad europea. Pero también Alemania ha resultado fundamental para su labor creativa gracias a los estudios realizados en el Instituto de Experimentos Espaciales, liderado por el reconocido artista Olafur Eliasson (autor caracterizado por relacionarse problemáticamente con las modificaciones de los espacios sobre los cuales elabora sus obras, además de su habitual fijación por el uso de la luz en cada una de sus instalaciones).

Desde su migración a Berlín, Ruiz-Tagle ha intensificado en su producción la exploración sobre premisas relacionadas con la particularidad del color y la luz. Tales tópicos han decantado en su actual investigación a partir de los viajes que realizó por el territorio chileno, con la finalidad de observar y registrar la percepción y el testimonio de habitantes de tales lugares sobre la forma en que experimentan la puesta de sol. Tales testimonios dan cuenta de notables diferencias en la experiencia personal, dependiendo de la latitud del planeta desde donde se observa aquel fenómeno del paisaje. Ello se debe, por supuesto, a diferencias de duración del atardecer, de color y luminosidad, generadas por la longitud del territorio chileno y por las enormes diferencias geográficas en cada una de las zonas de aquel país.

La muestra cuenta en su sala principal con una instalación conformada por una estructura de tela tensada, semejante a un horizonte y su curvatura. Sobre ella se proyecta una animación lumínica con distintas variaciones cromáticas. Dicha pieza ha sido realizada en conjunto con la artista Paulina Villalobos, autora que también se ha dedicado a indagar sobre los diversos fenómenos lumínicos de la naturaleza. Además, la exhibición contiene siete escenas en papel de gran formato, como parte de la obra Serie de Atmósferas.

Macarena Ruiz-Tagle: Los atardeceres perfectos. Vista de la muestra. Galería Gabriela Mistral, Santiago de Chile, 2016. Foto: Cristian Barahona

MACARENA RUIZ-TAGLE: LOS ATARDECERES PERFECTOS.

Galería Gabriela Mistral. Santiago de Chile.

Hasta el 19 de agosto de 2016.