Marcadas por una sencillez casi escandalosa, las esculturas e instalaciones de Wilfredo Prieto (Cuba, 1978) se caracterizan por emplear objetos cotidianos y materiales intrascendentes. Su práctica busca replantear la relación del público con la idea de la monumentalidad, por lo que algunas de sus acciones y gestos se mueven en terrenos muy sutiles, prácticamente invisibles, que podrían pasar casi desapercibidos. A través de intervenciones puntuales, reflexiona acerca de la saturación de la vida diaria que impide ver con claridad lo que nos rodea.

Vista de la exposición No se puede hacer una revolución con guantes de seda, de Wilfredo Prieto, 2016, en kurimanzutto, Ciudad de México. Cortesía de la galería
Vista de la exposición No se puede hacer una revolución con guantes de seda, de Wilfredo Prieto, 2016, en kurimanzutto, Ciudad de México. Cortesía de la galería

Hasta finales de agosto, kurimanzutto presenta No se puede hacer una revolución con guantes de seda, su primera exhibición con esta galería, conformada por pequeñas intervenciones dentro y fuera del espacio expositivo (la cocina, la recepción, la calle de acceso). Para el artista cubano, el uso del espacio es una herramienta vital para comunicar su obra.

Al igual que en otras exposiciones más recientes, aquí Prieto aboga por comunicar con lo mínimo: lo esencial, aunque pueda pasar inadvertido, se vuelve lo más provocador. El impacto de su trabajo reside precisamente en desdibujar los límites entre la obra de arte y su entorno, entre el espacio de exhibición y el de la realidad. A menudo sus proposiciones consisten en enmarcar y exhibir aquello que ya existe, sin volverlo algo bello o sublime. Con gestos sencillos y un agudo sentido de perspicacia, el artista invita a distanciarnos de experiencias establecidas y normalizadas, lo suficiente como para poder apreciarlas bajo un nuevo lente.

Wilfredo Prieto, La sal de marca libre y la Maldon, salan, 2016, Vista de la intervención en la cocina de kurimanzutto. Cortesía de la galería
Wilfredo Prieto, Pelo danzando con pasa, 2015, ventilador, pelo y pasa. Cortesía: kurimanzutto
Wilfredo Prieto, Pelo danzando con pasa, 2015, ventilador, pelo y pasa. Cortesía: kurimanzutto

El artista se apropia del mundo que lo rodea para dar forma a ciertas ideas con gestos radicales, enigmáticos y precarios: la fragilidad de un huevo (blanco) versus la firmeza y el carácter multi-simbólico de una bola número 8 (negra); una lata de tomates atada con un elástico que gira sin rumbo ni objetivo definidos en medio de una gran sala; un ventilador que sopla una hebra de cabello a la que se ha atado una pasa de uva; 10 recortes de uñas que, presumimos, son del propio artista, un gesto residual que nos habla de la vida y la muerte (existe el mito de que las uñas, así como el cabello, siguen creciendo luego de que el cuerpo fallece).

Prieto lleva al extremo lo efímero en la obra de arte, lo mínimo en el gesto. Hay obras que literalmente desaparecen en el transcurso de la exposición (Puñado de cobre, níquel y zinc, 2016, monedas hechas polvo que ha sido lanzado a la calle enfrente de la galería; Bosque con Chanel, 2016, perfume rociado en el jardín trasero de la galería).

A través de su obra, Wilfredo Prieto presenta metáforas y narrativas abiertas a la interpretación. Ante la saturación y el ritmo de vida de la sociedad contemporánea, Prieto propone comunicar con lo esencial: aunque pueda pasar inadvertido, lo más simple resulta lo más contundente.

Wilfredo Prieto, 10 dedos, 2016, uñas. Cortesía: kurimanzutto
Wilfredo Prieto, Drone, 2014, robot, lata. Cortesía: kurimanzutto
Wilfredo Prieto, Drone, 2014, robot, lata. Cortesía: kurimanzutto