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Hace algún tiempo leí en algún libro, más o menos, la siguiente afirmación: las imágenes pierden espesor en la medida que, lo que desaparece en ellas, es la voluntad de conjurar la muerte. Es decir que, si la actualidad excluye la muerte, las imágenes, que históricamente habrían servido para “presentarla”, se vuelven banales, superfluas y sin espesor, se multiplican sin fondo, sin arrebato, sin temor ni culpa; en definitiva, sin emoción. Adelgazadas deambulan por todos lados y en todas las formas posibles pero no consiguen más que, escuálidamente, informar.

Esa condición de conjuro, de magia exorcizante, está en el fondo casi innombrable del propósito de las Artes Visuales. Los artistas se dan casi siempre a la tarea (al menos los que me interesan) de decir que la muerte –esta vez convertida en sospecha, abuso, poder o tragedia– debe ser conjurada.

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Supongo que, cuando Natalia Holvoet y Mónica Torres encontraron la motocicleta con una cabina acoplada que se alquila para realizar funerales cuyo nombre es la Última Ruta –no el último viaje sino la última ruta– intuyeron esto. Encontraron un recurso y un objeto cuya imagen esté a la altura del momento del que es parte, la conmemoración de la muerte o lo que una imagen solía conjurar: la vuelta a la celebración cierta de la vida a través de su útimo momento: el hiato entre el cuerpo presente y el cuerpo ausente.

Vista de la exposición "La Ultima Ruta", del colectivo Cuarzo Negro, en Galería Metropolitana, Santiago de Chile, 2016. Foto: Nicolás Castro
Vista de la exposición "La Ultima Ruta", del colectivo Cuarzo Negro, en Galería Metropolitana, Santiago de Chile, 2016. Foto: Nicolás Castro
Vista de la exposición "La Ultima Ruta", del colectivo Cuarzo Negro, en Galería Metropolitana, Santiago de Chile, 2016. Foto: Nicolás Castro

3

Como si encontraran almas gemelas se dieron la tarea de conocer a quienes, como sus pares artistas, tienen tanta voluntad por las imágenes que revelan las formas de la muerte de manera tan comprometida, quienes, como sus pares, engañando al sentido común, insisten en dedicarse a otra cosa. Se encontraron con un grupo lleno de claves internas, códigos, modos de relación tan crípticas como sus pares. Para colmo de males, igualmente exhiben sus imágenes como lo hacen los artistas: con apariciones esporádicas y, como si no fuera suficiente todo aquello, exhiben su máquina mortuoria en una galería tan parecida a una galería de arte que no da sino para pensar en las exposiciones como velorios.

4

Cambiar de galería por un tiempo es lo que propusieron Natalia Holvoet y Mónica Torres a estas almas gemelas. Nosotros los artistas ocuparemos su galería y hablaremos en lenguas y ustedes ocuparán la nuestra y hablarán en lenguas.

Creo cierto que cada comunidad construye sus complicidades, y para sostenerlas, hay que hacer fe en una nueva lengua. Imagino a los miembros del club de motociclistas sentados frente a la pantalla escuchando la entrevista de los artistas y a los artistas escuchando la de los motociclistas. Esa simetría revela que no hay lengua que los vincule, al mismo tiempo que demuestra que no hay lengua que los vincule a ambos con nadie más, como si se hablara sólo para uno.

Vista de la exposición "La Ultima Ruta", del colectivo Cuarzo Negro, en Galería Metropolitana, Santiago de Chile, 2016. Foto: Nicolás Castro
Vista de la exposición "La Ultima Ruta", del colectivo Cuarzo Negro, en Galería Metropolitana, Santiago de Chile, 2016. Foto: Nicolás Castro
Vista de la exposición "La Ultima Ruta", del colectivo Cuarzo Negro, en Galería Metropolitana, Santiago de Chile, 2016. Foto: Nicolás Castro

5

¿Cómo vivir juntos?, se preguntaba Roland Barthes en una serie de clases magistrales en 1976. Repetía la pregunta Lissette Lagnado en el 2008 para la bienal de Sao Paulo, cuando la red global de comunicaciones hacía visible la atomización social en un número infinito de grupos y grupúsculos que poblaban la red haciendo estallar, de paso, lo que quedaba de las viejas formas de relación que articularon la política del siglo XX y toda la gramática retórica que le dio espesor.

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¿Cómo vivir juntos?, se preguntan Mónica y Natalia sin pensar siquiera en una respuesta, simplemente deslumbradas por cómo el hallazgo revela la pregunta.

Pablo Langlois Prado

Vista de la exposición "La Ultima Ruta", del colectivo Cuarzo Negro, en Funeraria San Martín, Santiago de Chile, 2016. Foto: Nicolás Castro
Vista de la exposición "La Ultima Ruta", del colectivo Cuarzo Negro, en Funeraria San Martín, Santiago de Chile, 2016. Foto: Nicolás Castro

*Texto escrito con motivo de la muestra La Ultima Ruta, del colectivo Cuarzo Negro (Natalia Holvoet + Mónica Torres Urriola), en Galería Metropolitana, Félix Mendelssohn 2941, Pedro Aguirre Cerda, Santiago de Chile.