Para el ingenio de los conocedores de la historia del arte del siglo XX, no resultaría arbitrario establecer una conexión entre Le Corbusier, John Baldessari, y Joseph Beuys. Una relación que desde diferentes puntos de vista puede generar líneas de sentido con pertinencia intelectual. Quizás, sin embargo, más que la plausibilidad ofrecida por el análisis teórico, la accidentalidad de los procesos históricos resulte ser uno de los elementos de enlace de mayor singularidad. En este sentido, la obra y la biografía de la artista estadounidense Rita McBride (Iowa, 1960) consiguen inaugurar correlaciones de interés no sólo estético y cultural, sino también histórico.

McBride, quien desde 2003 es profesora de escultura en la academia de arte más prestigiosa de Alemania, la Kunstakademie Düsseldorf, y que ostenta desde 2013 el alto honor de ser su rectora, ha conseguido hacerse conocer internacionalmente con una obra tridimensional rigurosa, asociada con el diseño industrial, la escultura minimalista, la arquitectura modernista, así como con la activación estética del espacio público. Su formación en Nueva York y en Los Ángeles durante los años 80 señala un clima cultural que, desprovisto de la coherencia normativa de los grandes movimientos de vanguardia, favorece una reflexión crítica no sólo en torno a conceptos centrales de la modernidad como originalidad y autoría, sino también en torno a la identidad y función de la obra de arte. Un clima en el que fecunda el legado del arte conceptual. El escrutinio de los mecanismos de la representación medial, un tópico característico del post-conceptualismo conexo a la practica artística de John Baldessari –de quien McBride fue alumna en el California Institut of the Arts – constituye un precedente significativo en tal contexto.

En un clima de producción artística post-conceptual, McBride dirige su atención a la obra de uno de los iconos de la arquitectura modernista. La artista, que muy temprano reconoce su interés por las posibilidades espaciales de la realización tridimensional, encuentra en el legado teórico y práctico de Le Corbusier un eje de aproximación al fenómeno estético y su relación con el espacio. No sólo las nociones generales del arquitecto respecto a la funcionalidad del espacio y el diseño, sino también su principio de construcción modular despiertan interés en McBride, quien ya a finales de los años 80 empieza a realizar objetos y estructuras de corte industrial en función de situaciones espaciales y socio-contextuales específicas.

Rita McBride, Hexelerater, 2004 © Archiv Rita McBride / VG Bild-Kunst, Bonn 2016. Foto: Achim Kukulies
Rita McBride, vista de la exposición en Kunsthalle Düsseldorf, 2016 © Rita McBride / VG Bild-Kunst, Bonn 2016. Foto: Anne Pöhlmann

La actual exposición de la artista en la Kunsthalle Düsseldorf, una muestra realizada en cooperación con la Kestnergesellschaft Hannover, presenta una visión panorámica de su obra. En su pluralidad se evidencia un concepto de producción que en el marco de su ejercicio ha logrado desplegar su propio parámetro de coherencia. Entre los trabajos expuestos figuran ejemplares de las llamadas Parking Structures que desde 1989 acompañan la producción de la artista, y que revelan explícitamente su aproximación a la arquitectura desde la perspectiva de la artes plásticas. Se trata en esencia de estructuras de acero o bronce que configuran modelos de aparcamientos de varios niveles. Jugando con la ambivalencia de su realización como esculturas minimalistas, objetos de diseño, o modelos arquitectónicos, irrumpen en el espacio como entidades inestables que oscilan permanentemente entre autarquía y referencialidad.

El juego dialéctico entre objetualidad y mímesis se aprecia claramente en otros trabajos. Así, la producción en gran formato de llaves de uso cotidiano genera un marco de tensiones espaciales y conceptuales al materializar objetos con un interés visual austero que, desprovistos de la funcionalidad que determina su existencia, constituyen meras formas abstractas en el espacio. Por otra parte, sus dimensiones sobreproporcionadas se substraen de los ámbitos habituales de experiencia, de tal forma que en su interacción con el público producen situaciones que desvirtúan la cotidianidad a la que refieren. Este tipo de desencuentros, contradicciones y transmutaciones marcan un acento en el trabajo de McBride quien, sin limitarse al uso de un formato o material específico, consigue demarcar un eje conceptual preciso, manifiesto en trabajos tan dispares como sus realizaciones objetuales o sus tapetes de pared con motivos abstractos tomados de imágenes de prueba de la televisión.

El anclaje sociocultural de los trabajos de la artista influye, por su parte, en la relación entre materialidad, representación y espacio, extendiendo sus implicaciones. Las obras tituladas Karl, Uwe, y Gerhard – también nombradas como Mini y Middle Managers – evidencian, no sin cierta porción de humor, tal complejidad. Estos trabajos recrean uno de los objetos menos llamativos del paisaje urbano alemán: cabinas de distribución eléctrica y telefónica. Diseñadas estrictamente en razón de su función, se encuentran dispuestas discretamente en los sitios menos representativos, disimulando no sólo su ubicuidad, sino también su elevado número. Karl, Uwe, y Gerhard presentan en escala natural, en aluminio perfectamente manufacturado y lacado en blanco, la idealidad formal de aquellos “anti-objetos” de la ciudad. Carentes de la función que origina su presencia en el mundo, se erigen en medio del espacio expositivo como tótems de la civilización moderna. Su título, por otro lado, alude a funcionarios medios, carentes de singularidad

Rita McBride, vista de la exposición en Kunsthalle Düsseldorf, 2016 © Rita McBride / VG Bild-Kunst, Bonn 2016. Foto: Anne Pöhlmann
Rita McBride, vista de la exposición en Kunsthalle Düsseldorf, 2016 © Rita McBride / VG Bild-Kunst, Bonn 2016. Foto: Anne Pöhlmann

El trabajo más prominente de la muestra es Arena, de 1997. Se trata de una escultura modular que funciona a la vez como tarima. Su modularidad le permite adaptarse a las condiciones del lugar de su presentación cual instalación in situ. Como estructura arquitectónica para generar una situación espacial específica, un ruedo semi elíptico, el trabajo moldea el lugar con el propósito explícito de producir un espacio de acción, interacción y participación social. La presencia humana es, por consiguiente, parte constitutiva del trabajo como entidad estética. Una idea que recuerda inmediatamente el concepto de la plástica social de Joseph Beuys quien, en oposición a la noción de arte como realización formal, propagó un concepto de arte fundado en la acción humana. Si bien el trabajo de McBride pretende una activación e integración del público en el proceso estético, está desprovisto de la visión utópica de Beuys de estructurar y transformar la sociedad con el arte.

Después de treinta años de su fallecimiento, la visión del celebre profesor de la Kunstakademie Düsseldorf, quien sin duda representa uno de los artistas más influyentes en el arte del siglo XX, ha revelado plenamente la historicidad de su espíritu, sin que sus razones hayan expirado por completo. En una época en la que la productividad funcional de todo sistema determina la posibilidad de su existencia, la radicalidad estética de Beuys encuentra difícilmente cabida como práctica real. La productividad estética de McBride, en cambio, refleja la contemporaneidad del momento, sus condiciones y contradicciones, el Zeitgeist. Quizás en este sentido resulte significativa la expulsión de Beuys como profesor de la academia en 1972, y la increpación de McBride en 2015 como rectora de la institución. Mientras a Beuys le expulsaron del cuerpo docente por practicar su concepto de arte al aceptar, contra la normatividad de la universidad, más de 100 candidatos rechazados en su clase, McBride recibe una queja oficial por parte de la universidad por entorpecer las decisiones de su senado en el nombramiento de dos nuevos profesores. Un posible corolario es la sentencia: el fracaso de la integración del arte en la vida, la utopía de la vanguardia, ha conducido a su absoluta profesionalización.

Rita McBride, Tapestries, 2009. Vista de instalación en Kunsthalle Düsseldorf © Rita McBride / VG Bild-Kunst, Bonn 2016. Foto: Anne Pöhlmann
Rita McBride, Tapestries, 2009. Vista de instalación en Kunsthalle Düsseldorf © Rita McBride / VG Bild-Kunst, Bonn 2016. Foto: Anne Pöhlmann
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Alejandro Perdomo Daniels

Historiador de Arte Ph.D., Ruhr Universität Bochum; M.A., Rheinische Friedrich-Wilhelms-Universität Bonn; M.F.A., Universidad Nacional de Colombia. Autor, crítico y curador con énfasis en arte moderno y contemporáneo. Tiene experiencia profesional en el área de museos, colecciones, catálogos, enciclopedias y revistas de arte.