No se puede concebir la obra de Matilde Marín sin sus viajes. Su arte va desde lo local a lo global, y desde lo global a lo local. Y también busca estar en ninguna parte. Marín (Buenos Aires, 1948) registra a través de la fotografía y el video relatos sobre el mundo que habitamos, situaciones que se relacionan con el paisaje puro y su alteración natural o artificial. El registro social del entorno urbano también está presente en algunas de sus series, como Bricolage Contemporáneo, producida entre los años 2002 a 2005 en Latinoamérica. Su obra trata de mostrar lo ausente de lo presente, dando testimonio de un lugar. Su muestra Paisajes Indeterminados, abierta hasta el 15 de julio en la Sala Gráfica de la Galería Patricia Ready, es un ejemplo de este modus operandi.

Matilde Marín, Paisajes Indeterminados II. Cortesía de la artista y galería Patricia Ready
Matilde Marín, Paisajes Indeterminados III. Cortesía de la artista y galería Patricia Ready
Matilde Marín, Paisajes Indeterminados VIII. Cortesía de la artista y galería Patricia Ready

Patricia Ready: ¿Cómo te iniciaste en el mundo del arte?

Matilde Marín: Comencé desde muy pequeña, porque en ese momento en Argentina uno podía ingresar con 13 años a la Escuela de Bellas Artes de Buenos Aires, donde había un secundario de Artes, que era muy importante. Y eso me salvó porque yo no quería hacer ningún estudio secundario tradicional.

PR: Y antes, ¿cómo supiste que esto era lo tuyo?

MM: Eso en realidad lo supo mi padre; cuando era pequeña me gustaba mucho hacer teatro y armaba con mis primos obras de teatro; también dibujaba mucho. A raíz de mis gustos estéticos hubo una pelea entre mi padre y mi madre. Mi madre quería que estudiara algo que me sirviera para la vida y permitiera vivir económicamente. Y mi padre pensaba que estaba bien respetar mis deseos de hacer otra cosa. Finalmente triunfó mi padre. Cuando mi padre me dijo “te voy a inscribir en Bellas Artes”, yo dije: “se me terminaron los problemas”. Fue así la historia.

PR: ¿Tuviste algún problema económico más adelante?

MM: En realidad nunca tuve problemas económicos con el arte, mientras que por ahí mis hermanos que hicieron estudios más convencionales tuvieron sus conflictos (se ríe).

PR: Leí en una entrevista que en un principio tú querías ser arqueóloga.

MM: Sí, en realidad lo primero que quise ser cuando era chica era ser arqueóloga, había leído una revista sobre arqueología y me pareció fascinante. Si no hubiera sido artista la verdad es que hubiera sido arqueóloga. Ahí papá me desvió. Pero me encantó el cambio.

PR: ¿Y has conectado en algo tu obra con la arqueología?

MM: Al inicio de mi carrera, en los años 80, cuando tenía 25 años, hice un viaje por Latinoamérica por tierra de mucho tiempo, unos 3 ó 4 años. Entonces recolecté muchas imágenes arqueológicas. Luego fui a Suiza y cursé otro estudio de Arte, que me llevó al arte en papel. Cuando regresé a la Argentina hice una síntesis, un libro de artistas que se llamó Mitos de Creación; allí fui uniendo situaciones e imágenes arqueológicas que yo había visto anteriormente en el arte. Lo publiqué en el año 93. Fue un libro que tuvo mucha repercusión porque con esta publicación cierro la etapa arqueológica. Finalmente la cumplí, no me quedó dando vuelta. A partir del 93 ingreso con un pensamiento más contemporáneo al arte.

PR: ¿A qué te refieres con “la memoria interna del hombre”?

MM: Eso tuvo que ver mucho con esa etapa (relacionada a la arqueología) pero también me inspiro en etapas posteriores. La memoria interna del hombre es eso que se registra internamente y que tiene que ver con la cultura. Se trata de ir reconociendo “eso” que queda registrado en el hombre, o el ser humano. Por ejemplo, cuando trabajé con la serie Juego de Manos –la exhibí en el Museo de Bellas Artes en el año 2000-, la idea parte de los juegos de manos que se hacían desde la prehistoria hasta los pueblos esquimales, que lo siguen practicando. Es algo que queda registrado internamente en el hombre y que lo repite. Es similar a las leyendas que repite la gente mayor, son recuerdos que se van transmitiendo por tradición oral. La memoria interna del hombre me inspiró mucho durante una época.

En este momento me funcionan otras cosas, no voy tan atrás. Trato de buscar una ubicación actual a las imágenes que produzco hoy. Las pienso desde otra manera.

Matilde Marín, Paisajes Indeterminados IV. Cortesía de la artista y galería Patricia Ready
Matilde Marín, vista de la exposición Paisajes Indeterminados, Galería Patricia Ready, Santiago de Chile, 2016. Cortesía: galería Patricia Ready
Matilde Marín, vista de la exposición Paisajes Indeterminados, Galería Patricia Ready, Santiago de Chile, 2016. Cortesía: galería Patricia Ready

PR: ¿Cómo surgió Paisajes Indeterminados? ¿Qué buscas con esta obra?

Antes de ésta hice dos series: Paisajes Horizontales, que se exhibió en la galería AFA,  después hice Paisajes Alterados y ahora los Paisajes Indeterminados. Es como que cerré la trilogía con esta exposición.

Yo he andado mucho por el paisaje y por paisajes muy solitarios, como la Patagonia argentina y chilena, Atacama, he estado mucho en el sur Chile. Te encuentras en paisajes muy solitarios y transitar solo, en el paisaje así tan puro es muy interesante. Anteriormente no había estado en un paisaje tan intenso como el de Vietnam. Porque Patagonia es intenso pero quizás algo más suave. Y me generó una cantidad de pensamientos. Son rocas muy antiguas, son sitios muy antiguos, sentí bordear templos de la naturaleza. Al verlos pensé… son inamovibles… y navegando con el barquito, en un lugar tan solitario, genera mucha reflexión sobre el hombre y su puesta en el mundo, sobre los cambios que ha experimentado el mundo y cómo se llega a zonas tan alejadas que siguen inalterables.

Y a su vez tuve una sensación… en cierto momento me dije “la verdad es que no sé dónde estoy”, estoy en un lugar, en un paisaje, pero no tengo la menor referencia. Todo eso me generó esta idea del paisaje como situación inalterable, virgen, e indeterminado, con un mundo que cambia permanentemente y donde siguen existiendo situaciones puras en paisajes a su vez muy turísticos.

PR: ¿Cuándo viene la intervención digital en Paisajes Indeterminados?

MM: Fui a visitar a mi hermano en Tailandia, y él me dijo “vayamos a Vietnam, te va a gustar”.  Yo lo vi como una idea, cuando hice las fotos no pensé que iba a hacer obra. Yo tengo archivos, voy a un lugar y pienso “qué bueno, los cielos” y fotografío cielos, cielos, cielos. Luego fotografío suelos, tengo archivos de imágenes. Y lo armé como un archivo de imágenes; por eso me preocupé de fotografiar las rocas más importantes que son individuales. Al regreso pensé “no quiero hacer esto porque es un lugar muy turístico”, pero comencé a jugar con las imágenes y empecé a encontrarle la vuelta de la intervención. Entonces dije “si lo saco de contexto, para que no sea una fotografía turística tan obvia que se reconozca como la Bahía de Ha Long”  y le pongo otros cielos, otros suelos, otros lugares, la empiezo a transformar en una obra propia. Y después agregué la figura geométrica como una intervención de la naturaleza, la figura geométrica interviniendo, como una huella o una línea de relación. Por ahí vino la intervención.

PR: Para ti el rol del artista es el de testigo del entorno que nos rodea, y registrar los paisajes puros y su alteración natural o artificial.

MM: En realidad todo ese proceso inició en el 2001 cuando hubo una situación política muy complicada en Argentina. Hubo un crash político muy fuerte y también una situación social muy compleja, situaciones que no se habían visto antes en Argentina se comenzaron a ver. Nunca había visto gente que revolviera basura para comer… pasaba eso.

Entonces ahí hubo un cambio en mí. Yo hice una serie que se llamó Bricolage Contemporáneo que está en muy buenas colecciones, y se presentó en el Malba de Buenos Aires. Sentí que el artista estaba para un poco más que para recrear imágenes, ¿no? Creo que el artista tiene la capacidad de ver situaciones, que las puede mostrar de otro modo. No va a cambiar el mundo, pero sí las puedes mostrar de otro modo que sirvan y puedan crear consciencia. Por ahí anda el rol del artista testigo. Yo particularmente prefiero mantenerme en la esfera de mostrar las situaciones, sin juzgar. Igual es una posición.

PR: Eres una artista viajera… tu obra no se comprende sin el viaje…

MM: Siempre ha estado presente. Desde joven que tenía una necesidad de viaje y la verdad es que los viajes me han generado obras, ideas. Entonces, sobre todo la última etapa ha sido todo a partir de viajes. O lo he generado así. Por ejemplo, lo de los faros pasó que fui a Santa Cruz, vi el faro que tiene Chile en Punta Dungenes y el que tenemos nosotros y eso me disparó la serie de los faros.

Matilde Marín, Paisajes Indeterminados. Cortesía de la artista y galería Patricia Ready
Matilde Marín, Paisajes Indeterminados. Cortesía de la artista y galería Patricia Ready
Matilde Marín, Paisajes Indeterminados. Cortesía de la artista y galería Patricia Ready
Matilde Marín, Paisajes Indeterminados. Cortesía de la artista y galería Patricia Ready

PR: Cuéntanos sobre ese work in progress, Lighthouses, de dónde surge. En el 2010 expusiste Pharus aquí mismo en la galería.

MM: Work in progress es una manera de trabajo que yo tengo a partir de los viajes. Inicio con una idea y voy todo el tiempo recopilando información y lo voy resolviendo a medida que va pasando el tiempo. Por ejemplo, esa serie es similar a la que empecé a hacer con los paisajes, la continúo, no la cierro inmediatamente. Puede tener una continuación. Ahora lo que tengo en carpeta y que es muy interesante es trabajar con Mondrian y con la fotografía. O sea, encontrar señales de Mondrian en países, en ciudades y ver cómo la uno con mi trabajo. Él es uno de los artistas históricos de referencia para mi, me encanta, y eso va a ser un work in progress porque voy a ir por distintos lugares recopilando documentación, que puede que nunca esté terminado. Es apasionante. Es una forma de trabajo muy completa.

PR: ¿Cómo te has vinculado con la escena chilena del arte?

MM: Son relaciones de hace muchísimos años. Yo vine primero como turista, antes del 94, y fui mucho al sur. En el 94 vengo como parte de una muestra de arte argentino que se llamó Puente Aéreo, en el MAC. Ahí conocí a Teresa Gazitúa; a partir de ella me vinculé muy profundamente con Chile. Hicimos muchas cosas juntas, trabajé con ella en la Finis Terrae, en montones de seminarios y conocí muchos artistas a partir de ella.  Hice viajes con ella por ejemplo a la Coruña y a Santiago de Compostela para hacer el faro más antiguo del mundo, que es el faro romano. Cuando fui a fotografiar el faro del fin del mundo en la Isla de los Estados, ahí fuimos con Teresa. Ella me hizo participar mucho de su obra y yo la hice participar de mi obra.

Matilde Marín, Faro Ponta do Sinó. Isla de Sal, Cabo Verde, 2010, fotografía analógica con intervención digital, 105 x 125 cm. Cortesía de la artista
Matilde Marín, Hraunhafnartangi Lighthouse. Islandia, fotografía analógica con intervención digital, 105 x 125 cm. Cortesía de la artista