La penumbra es esa sombra débil entre la luz y la oscuridad que no deja percibir dónde empieza la una o termina la otra. Y también es el lugar de donde las investigadoras Nicole Cristi y Javiera Manzi recuperaron los casos de dos colectivos gráficos activados durante la dictadura: la Asociación de Plásticos Jóvenes APJ (1979-1987) y el Tallersol (1977) ¿La intención de esta operación de rescate? Sacarlos a la luz. La investigación que adopta –estratégicamente– el formato de un libro se propone iluminar esas zonas “ensombrecidas por el peso de los relatos centrales en la historia de la gráfica nacional”. Y lo consigue.

En un volumen de 284 páginas, Cristi y Manzi despliegan –de forma crítica e impecablemente documentada– el origen, las estrategias y complejidades en que se desarrollaron la APJ y el Tallersol. Ambos, colectivos que persistieron en la producción de afiches, panfletos y pasquines “superando el cerco de la censura sobre la imagen y la palabra escrita” (p. 58). Ambos, colectivos que pensaron los muros como un espacio de persuasión ideológica. Ambos, colectivos cuya obra, relevancia e historia permanecía invisibilizada. O en la penumbra.

El reposicionamiento y valorización de este material resulta doblemente eficaz. En una primera instancia a nivel de archivo, porque en las páginas de Resistencia Gráfica. Dictadura en Chile: APJ – Tallersol emergen cientos de afiches –en su gran mayoría inéditos– que constituyen un aporte significativo a la reescritura de la historia gráfica nacional. Y luego, inmediatamente a nivel de sentido, pues cada pieza gráfica es presentada, entendida y analizada en su condición de acción política.

El libro está ordenado en cuatro capítulos que le configuran al material visual un sólido marco teórico. El primero expone las condiciones que propiciaron el surgimiento de una gráfica de resistencia en la dictadura. El segundo explora las trayectorias de convergencia de ambos colectivos. El tercero aborda la trastienda de producción de los afiches. Y el cuarto funciona como una caja de herramientas que establece los métodos de elaboración.

Cada uno está inteligentemente ensamblado con el otro y entre ellos hay un relato cronológico que le da sentido a los textos, pero también a la disposición de las imágenes. Una acertada selección de las más de 3.000 piezas gráficas del Tallersol y los archivos de la APJ encuentran en este flujo un espacio de exposición y reflexión. Y, a nivel de diseño editorial, resulta especialmente interesante cuando la investigación se confunde visualmente con la reproducción de ciertos documentos gráficos en los que prima la tipografía, como los boletines, cartas y actas.

El punto de vista que, de entrada, adoptan las investigadoras es fundamental para comprender hoy el valor de estos afiches. Cristi y Manzi parecieran cuestionar el término de “apagón cultural” durante la dictadura en Chile, justamente para ingresar e iluminar aquellas acciones que ocurrieron a la sombra del discurso oficial. Piensan la resistencia cultural desarrollada por la APJ y el Tallersol como parte de una trama múltiple y plural, “cuya agencia productiva contribuyó en la regeneración y ampliación de vínculos y la elaboración de nuevas poéticas y lenguajes críticos” (p. 56). Y encuentran un respaldo teórico e histórico sólido para su hipótesis.

Las investigadoras abordan la gráfica como un medio de desacato espontáneo y profundizan en el modo de actuar político durante la dictadura. Se proponen incomodar el concepto de precariedad con que se suele abordar la gráfica de resistencia del período dictatorial, planteando que la economía de recursos con que fueron realizados obligó a sus creadores a desarrollar estrategias de alto impacto visual: “Precario para nada, era parte de una lucha potente donde las cosas que uno hacía, los elementos que usábamos, junto con las cosas que hacían otros, era resistencia” (p. 129), dice un testimonio de Alberto Díaz.

El libro narra el desplazamiento de la gráfica política desde los muros céntricos de la ciudad (que tras la UP y bajo las órdenes de Augusto Pinochet fueron blanqueados por los militares) hacia otros espacios y soportes de circulación alternativos “que permitieron mantener la disputa sobre el régimen de visibilidad instituido” (p. 152). Ese relato está secundado por testimonios de algunos autores de los afiches que aparecen impresos en papel semitransparente y en un comienzo resultan apenas legibles. Pero basta con alejar un milímetro esa página de la que la sucede para que el texto se vuelva absolutamente nítido.

Esas decisiones materiales completan el ejercicio de rescate y le otorgan un ritmo al libro. Es que Resistencia Gráfica. Dictadura en Chile: APJ – Tallersol está claramente originado por un afán integrador. Todos esos valiosos afiches que estuvieron por años desperdigados, olvidados y relegados a la sombra recuperan aquí su visibilidad. Hoy la selección de piezas publicadas y la investigación constituyen un cuerpo. Y una voz capaz de narrar las acciones disidentes colectivas realizadas por la APJ y el Tallersol durante la dictadura. Y página a página esos afiches, esas acciones, ese relato reconstruyen –luminosamente– la experiencia de la resistencia.

Resistencia Gráfica. Dictadura en Chile: APJ – Tallersol

Nicole Cristi y Javiera Manzi

Editorial LOM, 2016, 284 páginas, 14 x 21,5 cm.

Coedición: Consejo Nacional de la Cultura y las Artes

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Juan Jose Richards

Estudió Diseño Gráfico (PUCV) y Licenciatura en Estética (PUC). El año 2012 obtuvo una Beca Bicentenario para realizar un MFA in Creative Writing in Spanish en la Universidad de Nueva York (NYU). Editó la antología del poeta Alfonso Echeverría “El laberinto del Topo” (Cuarto Propio, 2009). Sus poemas han sido publicados en revistas y fanzines independientes en Nueva York y Santiago. En el 2013 su poemario “Trasatlántico” (Editorial Cuneta, 2015) obtuvo un Fondo del Libro otorgado por el CNCA. Su ensayo “Aguas Revueltas” (Pupa Press, 2015) se presentó en la New York Art Book Fair que se realiza en el MoMA PS1, en Nueva York.
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