Hotel Montecarlo

Avenida República de Uruguay 69

Centro Histórico

06050 Ciudad de México

 

Querido Mario,

Hoy me levanté a las 8:35 am y emprendí un viaje al Hotel Montecarlo.

Me pregunto qué estoy haciendo aquí en la habitación 120 escribiéndote esta carta. Podría argumentar que estoy haciendo una investigación de campo sobre la exposición Caminar juntos; un ejercicio arqueológico para encontrar tu obra en estos lugares insólitos que tú y la curadora Sofía Hernández Chong Cuy proponen para la muestra. También podría ser un incentivo para escribir en esta carta el propio cuestionamiento sobre cómo aproximarme a la crítica de arte. Quizás, como tú, preguntándome cuál es mi rol dentro del sistema artístico. ¿Qué papel juega el crítico de arte en la construcción de la obra? ¿Hasta dónde puede un crítico ejercer una libertad creativa? ¿Para quién estoy escribiendo esta carta? ¿Para ti artista, o para el espectador? Y tú, ¿para quien hiciste esta exposición? ¿Y Sofía?

Entonces, tal vez esta carta es un fútil intento por abordar la crítica desde otro lugar, un acto desesperado por escaparme de la repetición. ¿Quién le tiene miedo a la repetición? Yo. Yo le tengo miedo a hacer una reseña más que comience con “Mario García Torres (Monclova, 1975) es un artista…” Entonces, ¿cómo contar la historia de Caminar juntos?

Para narrar mi caminar, decidí escribir este texto haciendo uso de tus recursos: la correspondencia, la arqueología contemporánea y la apropiación. Y con este gesto, tal vez ampliar las definiciones del crítico y del artista. Esta carta es el vestigio del proceso que conllevó la búsqueda de tu obra por la ciudad; del caminar 1.814 hectáreas en busca del lugar donde sucede el arte. Y a través de ella prometo dar lo mejor de mi como escritora de arte, al menos para este texto.

Primero recorrí el Museo Tamayo, sede principal de la exposición. Sin duda, el espacio museístico presenta las condiciones idóneas para que exista el arte, este espacio donde hemos establecido qué se debe mostrar. Me sorprendo ante tu capacidad para manejar distintos medios: instalación, video y piezas sonoras. ¿A qué se debe esa versatilidad? ¿Quizás a tu necesidad como artista de explorar las posibilidades y los límites del arte, y los alcances de tu propia creatividad?

Como parte de la exposición de Mario García Torres, se publicó Guía para caminar juntos, diseñada por Maricris Herrera. La guía está organizada en cuatro capítulos, por sedes participantes, incluyendo el texto curatorial de Sofía Hernández Chong Cuy. En esta imagen se muestra la pagina de contenidos de la guía, donde aparece el mapa de la traslación del Museo de Arte Sacramento en el estado de Coahuila sobreimpuesto en el mapa de la Ciudad de México y con eso indicando el área de acción de la exposición y de la instalación Donde, descansa, desierto (2004-2015) de Mario, la cual consiste en seis montículos de piedra marcando el perímetro del plano del museo sobre la Ciudad de México, y, por ello, cada uno está colocado en distintos lugares; las piedras de los montículos provienen del Museo de Arte Sacramento.
Museo Tamayo, México. Fotografía cortesía Museo Tamayo
Vista de la exposición "Caminar Juntos", de Mario García Torres, en el Museo Tamayo, México D.F, 2016. Foto: Paolo Montalvo.
Vista de la exposición "Caminar Juntos", de Mario García Torres, en el Museo Tamayo, México D.F, 2016. Foto: Paolo Montalvo.

El ir y venir por las salas del Tamayo es un viaje estético y poético. Hay momentos en los que nos detenemos para darnos ese tiempo que tu obra requiere: cuando leemos aquellas cartas que le escribes a Alighiero Boetti, o para ver el video Lo que sucede en Halifax, se queda en Halifax. Salimos de éste y la melodía de Les llaman “Border Blasters” nos regresa a la “realidad” y nos recuerda que tenemos que seguir caminando. Todavía hay mucho que ver. Tu obra nos hace cuestionarnos incluso el tiempo.

En el recorrido nos encontramos con una serie de promesas que te has hecho a lo largo de doce años. Promesas escritas a mano en papel membretado proveniente de los hoteles donde te has hospedado mientras trabajas en tus proyectos. Me pregunto, Mario, ¿has cumplido todas aquellas promesas que te has hecho?.

Mario García Torres, Lo que sucede en Halifax, se queda en Halifax (en 36 diapositivas),2005-2006. Cincuenta diapositivas de 35mm transferidas a video sin sonido, 8’53”. MJS Collection, París. (Imagen cortesía del artista)
Mario García Torres, Lo que sucede en Halifax, se queda en Halifax (en 36 diapositivas),2005-2006. Cincuenta diapositivas de 35mm transferidas a video sin sonido, 8’53”. MJS Collection, París. (Imagen cortesía del artista)
Mario García Torres, Prometo..., 2015. Tinta sobre papel, 28 x 21.5 cm. Centre National des Arts Plastiques, París. (Fotografía cortesía Museo Tamayo)

La obra existe en perfecta armonía con el museo; pareciera que fuera hecha para este lugar. Sin embargo, al acercarnos a las piezas nos percatamos de que traen implícito un cuestionamiento sobre la propia institución. Tu obra se vuelve una constante negociación entre la función de la institución y sus propios límites. Y en este vaivén te vuelves un crítico de arte ante tu propia obra. Nos quieres quitar la chamba a todos, Mario. No solo al crítico, sino hasta al museógrafo, diciéndole que debe pintar el muro de 179,90 m2 con blanco JMV-SF de Abastecedora de Galerías, color inspirado en la obra de José María Velasco.

Mario García Torres, Aventuras en Share-e-Naw 
(un tratamiento cinematográfico), 2006. Diecinueve hojas de papel thermo-fax, 21 x 30 cm, cada hoja. Cortesía del artista y Jan Mot, Bruselas. (Fotografía cortesía Museo Tamayo)
(VISTA DEL INTERIOR DEL MUSEO DE GEOLOGÍA, MÉXICO) Como parte de Caminar juntos, el público tiene la oportunidad de visitar el Museo de Geología para ver las pinturas originales de Velasco, que típicamente no son accesibles al público general. (Fotografía de SHCH)
VISTA PARCIAL DEL MONTAJE DE “CAMINAR JUNTOS” EN EL MUSEO DE GEOLOGÍA, MÉXICO (Fotografía de SHCH)

Hablando de Velasco, ¿qué te llevó a querer exponer en el Museo de Geología? ¿Acaso fueron las piezas de este artista las que te condujeron ahí? ¿O fue tu deseo de redibujar tiempos y espacios para hacernos ver las cosas desde otra dimensión? Junto a minerales y rocas decides exhibir una pieza en la que tu padre es el protagonista. ¿Qué hace esta obra ahí? El extenso título de la pieza narra aquel día en que tu padre te acompañó en un viaje de campo a una zona remota para encontrar lo que quedó de un legendario escenario de cine. La huella de este día: una imagen de tu padre arrojando al aire una piedra que tendría que haber sido pesada, pero por alguna razón no lo era. ¿Qué sucede cuando algo tan personal, como la relación con tu padre –que tal vez solo debería existir en tu memoria o en el recuento de una anécdota– no solo se convierte en arte, sino que se hace pública para existir en este espacio donde las historias que se cuentan son de otra naturaleza?

Mario García Torres, Es vaquero, mi papá..., 2006, Díptico, impresión inkjet en papel algodón. Colección RPG, México. Cortesía del artista

El arte en el Museo de Geología nos permite aproximarnos a las cosas desde otra perspectiva. Al final, ¿no es la geología el arte del tiempo? Un joven y entusiasta biólogo, Manuel García Hernández, se encargó de enseñarme el museo: caminamos juntos las salas. Él me enseñó a Velasco y yo le enseñé a García Torres; él me enseñó sobre piedras y minerales y yo sobre las variables dimensiones del arte.

Sin embargo, tenía que seguir mi recorrido para encontrar el mítico Hotel Montecarlo, donde se hospedó el artista On Kawara en el año 1968 y donde se supone que debía encontrar obra tuya. Tú buscaste Afganistán en Coahuila, a Boetti en Kabul, y yo a ti, Mario García Torres, en la Avenida República de Uruguay. ¿Sabías que aparte de On Kawara, otros han sido huéspedes de este hotel? Escuché que D.H. Lawrence durmió ahí cuando iba de paso por la Ciudad de México en 1923. ¿Será? Sin duda siento nostalgia al estar aquí. ¿Acaso es la estética decadente pero seductora de la arquitectura? ¿O es, más bien, el romanticismo de sus historias, ese que le adjudicamos a aquellos tiempos que no nos pertenecen y a aquellos personajes legendarios que nunca conocimos? ¿Es el romanticismo detrás de la idea de pensar en On Kawara levantándose a las 10:36 am el 22 de septiembre de 1968 en una de estas habitaciones? ¿O el de encontrar tu obra en uno de los cuartos de este hotel? Tú sabes, los hoteles, como los museos, son uno de esos espacios interesantes para repensar lo que estás haciendo…

Mario García Torres, Es vaquero, mi papá..., 2006, Díptico, impresión inkjet en papel algodón. Colección RPG, México. Cortesía del artista
 Fachada del Hotel Montecarlo, México (Fotografía de SHCH)
Mario García Torres, ¿Alguna vez has visto la nieve caer?, 2010, 89 diapositivas de 35mm transferidas a video con sonido (56’). Colección Patricia Phelps de Cisneros

¿Dónde existe el arte? Sí, en el museo. Pero también en un cuarto de hotel, en una plática con un joven biólogo y en el calor de las calles del Centro Histórico. Pero sobre todo, el arte sucede en el caminar, en el trayecto del museo de arte al de ciencias, o en el paso de la comodidad de tu casa a un vetusto hotel. Es en este caminar donde se abren las posibilidades y se vuelve a trazar el espacio expositivo y así también el espacio de reflexión. Es lo que sucede en el pensamiento cuando te desplazas por un tiempo y un espacio. Me llevaste en un viaje que me ha permitido crear nuevas narrativas.

Mario García Torres, Las variables dimensiones del arte, 2010, impresión Cibachrome. Colección AXA Seguros
 Mario García Torres, Donde, descansa, desierto, 2004–2015. Cortesía del artista. Fotografía de Enrique Macías

Al día siguiente me levanto a las 7:58 am y emprendo mi viaje de regreso, pero antes paro en el Café Mali en busca de mi dosis diaria de cafeína. Una amable señora y dos jóvenes me atienden; me siento en la barra y mientras estoy tomando el café le pregunto a la señora, “¿Conociste a Mario?”. Se queda silenciosa por unos segundos, esperando que le dé alguna otra pista. “Aquel artista de lentes”, digo. “Ah sí”, responde, “el que vino con otra chica también de lentes”. “Ellos mismos”, digo yo. “¿Y de qué hablaron?”, le pregunto. “De café, claro”.

Tal vez el arte está en el café.

Sé que lo más pertinente sería despedirme con un “Atentamente Allen Smithee”, pero mejor elijo:

Sinceramente confundida, sigo caminando.

Othiana

Imagen: Othiana Roffiel
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Othiana Roffiel

Artista mexicana graduada de Bellas Artes en The Savannah College of Art and Design. Además del desarrollo de su obra, ha fomentado el diálogo internacional en torno al estado del arte contemporáneo a través de sus publicaciones en diversos foros internacionales como Artpulse, Artishock y Proyecto Changarrito.

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