Espacio Monitor, en el Centro de Arte Los Galpones de Caracas, presenta la primera exhibición individual en Venezuela del artista uruguayo Marco Maggi, quien representó a su país en la última Bienal de Venecia con una instalación de sitio específico hecha enteramente de papel, autoadhesivos y lápices. La muestra en Caracas, abierta hasta el 14 de agosto de 2016, está integrada por 20 obras de pequeño, mediano y gran formato, incluidas instalaciones monumentales constituidas por centenares de diminutas piezas geométricas bi y tridimensionales realizadas en papel, y distribuidas de manera aleatoria a lo largo de las superficies de las paredes y columnas blancas de la sala.

Una de las obras mide 25 metros de longitud y 4 de altura; otra está compuesta por 50 elementos de papel amarillo para abarcar, a la manera de “un campo minado”, la casi totalidad del piso de la galería. El mural que recibe a los visitantes en el Centro de Arte Los Galpones, titulado Frontón, está hecho con papeles autoadhesivos sobre una superficie de color gris plomo.

Todas estas obras fueron especialmente creadas para Espacio Monitor y muestran, de manera prácticamente exhaustiva, los diversos aspectos conceptuales que el artista ha venido desarrollando en los últimos años, sustentados en una incesante investigación narrativa y poética que se traduce en un enigmático alfabeto visual.

Marco Maggi, Drawing Machine Piano Oeste (detalle), 2016. Foto: Walter Otto. Cortesía: Espacio Monitor

Los dibujos, esculturas e instalaciones de Marco Maggi codifican el mundo. Compuestos por  patrones lineales que sugieren tableros de circuitos, vistas aéreas de ciudades imposibles, ingeniería genética o sistemas nerviosos, sus dibujos son un tesauro de lo infinitesimal y lo indescifrable. El lenguaje abstracto de Marco Maggi se refiere a la manera en que la información se procesa en una era global. Su obra desafía la noción de dibujo en sí.

“El dibujo es un diálogo con una superficialidad. Es una disciplina superficial que le permite a uno tomar distancia de la profundidad del pensamiento con el fin de des-multiplicar una empatía por lo insignificante. El dibujo para mí es como escribir en un idioma que no entiendo. Yo no creo en los mensajes o las ideas. Las ideas tienen la tendencia a ser fijas y aspiran en última instancia al estatus de ideología. Las ideas son precarias y sólo deberían ser entregadas con una fecha de caducidad”, dice el artista.

Al igual que todas sus obras anteriores, estas instalaciones de Maggi realizadas para exponerse en Caracas “obligan a una experiencia directa: no hay forma de considerar el trabajo si no estamos físicamente presentes en el lugar de la exposición. Es necesario reducir la distancia, en términos estrictamente físicos, ya que esa proximidad es la que habilitará la inmersión en su trabajo, con un lenguaje que nada quiere decir a priori. Esta necesidad de proximidad, de hacer foco, no es menor si pensamos que será también la que nos permitirá construir una subjetividad analítica que nos reafirme en un consumo crítico”, según Patricia Bentancur, quien fue la curadora de la muestra de Maggi en Venecia.

Marco Maggi, Optimismo Radical (amarillo) (detalle), 2016. Foto: Walter Otto. Cortesía: Espacio Monitor
Marco Maggi, Optimismo Radical (rojo) (detalle), 2016. Foto: Walter Otto. Cortesía: Espacio Monitor
Marco Maggi, Optimismo Radical (negro) (detalle), 2016. Foto: Walter Otto. Cortesía: Espacio Monitor
Marco Maggi, Pausa (detalle), 2016. Foto: Walter Otto. Cortesía: Espacio Monitor
Marco Maggi, Stacking Quotes (detalle), 2016. Foto: Walter Otto. Cortesía: Espacio Monitor