Como sucede con gran parte de los creadores que han utilizado el humor como una estrategia central de su trabajo, la obra de David Shrigley (Inglaterra, 1968), se nutre de los aspectos más amargos de la existencia humana. Shrigley se inspira en la seriedad de la vida y el resultado es perverso, siniestro y hasta repulsivo ­si pensamos, por ejemplo, en algunas de sus taxidermias­, pero inevitablemente, es también cómico. Desde Tristán Tzara a Nicanor Parra, desde León Ferrari a Wilfredo Prieto, desde Chaplin a Tarantino, en el arte, la literatura y el cine, el humor ha sido utilizado por los artistas como una herramienta crítica.

Esta paradoja que implica utilizar lo cómico para referirse a lo serio, no es más que otra de las ‘jugarretas’ a las que nos somete nuestro intelecto para huir de lo lógico y racional que, de forma irrefutable, nos atormenta. Una de las primeras investigaciones sobre la función psicológica del humor, del filósofo francés Henri Bergson, considera la risa un gesto social, un castigo frente a la rigidez del espíritu: “Esa rigidez constituye lo cómico, y la risa es su castigo1, dice, Bergson. Y agrega: “Lo cómico, para producir su efecto, exige algo así como una momentánea anestesia del corazón. Se dirige a la inteligencia pura”2La ironía, la comedia, el absurdo, lo surreal operan entonces como una especie de catarsis del pensamiento, particularmente cuando el sujeto se encuentra en situaciones de crisis u opresión.

David Shrigley puede ser considerado uno de los más destacados exponentes de este aparente contrasentido en el campo del arte contemporáneo. Su extensa producción artística podría ser catalogada como “humor conceptual”; de hecho, él se define ante todo como un artista conceptual. Sus obras no son realmente graciosas, no provocan carcajadas, más bien son una invitación a descifrar una especie de enigma oculto detrás del chiste fácil, lo que Freud llamó “el sentido del sin sentido”.

El crítico de arte inglés Adrian Searle ha dicho: “El trabajo de Shrigley es muy incorrecto y muy malo de muchas maneras. También es ubicuo y cautivador. Hay muchos artistas que frunciendo el ceño y tratando de convencernos de su seriedad, no son ni la mitad de profundos ni convincentes. Su obra es una especie de correctivo, una disección de la condición humana”. 3

Vista de la exposición "Lose your mind", de David Shrigley, en el Museo de Arte Contemporáneo (MAC), Santiago de Chile, 2016. Foto: Clo Catalan/MAC

El Museo de Arte Contemporáneo de Santiago, sede Quinta Normal, presenta la primera muestra individual en Sudamérica de este popular artista británico, finalista en 2013 del prestigioso Premio Turner. En colaboración estrecha con el British Council, el MAC Quinta Normal exhibe la exposición Lose your mind, que forma parte de la colección y las Touring Exhibitions de esta institución británica.

Un enorme pantalón de granjero rebosante de espuma de cerveza (Cheers), una serie de botas de cerámica dispuestas de forma marcial (Boots), un insectario compuesto por cientos de extrañas criaturas de hierro (Insects), y la estrella del show, una gigantesca avestruz sin cabeza (Ostrich), son parte de la docena de obras, entre instalaciones, esculturas, dibujos, videos y taxidermias, que se repartirán en las salas de este museo.

Pocas oportunidades ha tenido el público chileno de enfrentarse a obras de este tipo, sofisticadas en su producción, pero con una presencia sencilla y “económica”, por utilizar un término con el cual Shrigley suele definir su trabajo. ¿Cómo va a reaccionar frente a obras que, pese a su humor, pueden resultar un tanto crípticas? Esta duda tiene a Shrigley entusiasmado. Respecto a su relación con el público, Cliff Lausen, curador de la Hayward Gallery y de la gran retrospectiva que le dedicó este espacio londinense en 2012, ha dicho: “Es uno de los pocos artistas que consigue mantener un pie firmemente en la cultura popular –con sus tiras cómicas y sus libros, que cuentan con fieles seguidores– y otro sólidamente asentado en el mundo del arte. Puede cruzar de una esfera a otra con facilidad”.

Vista de la exposición "Lose your mind", de David Shrigley, en el Museo de Arte Contemporáneo (MAC), Santiago de Chile, 2016. Foto: Clo Catalan/MAC
Vista de la exposición "Lose your mind", de David Shrigley, en el Museo de Arte Contemporáneo (MAC), Santiago de Chile, 2016. Foto: Clo Catalan/MAC
Vista de la exposición "Lose your mind", de David Shrigley, en el Museo de Arte Contemporáneo (MAC), Santiago de Chile, 2016. Foto: Clo Catalan/MAC
Vista de la exposición "Lose your mind", de David Shrigley, en el Museo de Arte Contemporáneo (MAC), Santiago de Chile, 2016. Foto: Clo Catalan/MAC

Andrea Pacheco: Durante los últimos años, me he dedicado a investigar el humor dentro del arte contemporáneo. Creo que el humor ha estado presente en la creación artística desde tiempos remotos, pero sólo desde las vanguardias y, particularmente, desde la eclosión del arte conceptual en todo el mundo, el humor es utilizado por los artistas como una herramienta crítica. Tú exposición en el Centro de Arte Santa Mónica de Barcelona, en 2009, fue muy relevante para mí, de hecho tu trabajo fue un gatillador importante para mi investigación. ¿Qué rol le asignas tú al humor en tu trabajo?

David Shrigley: Nunca tuve la intención de ser un artista que utiliza el humor, más bien ha sido la forma que adopta mi trabajo. Supongo que mi voz es una voz cómica. De alguna manera, todos los sentimientos que tengo hacia el uso del humor, hacia el uso de la comedia, en realidad, son el resultado de preguntas que me han hecho sobre este tema. Una vez dicho esto, yo abrazo la comedia. Para mí es algo muy importante, pero es probablemente importante en un nivel espiritual, que es algo muy distinto a que lo sea dentro del mundo del arte o de la historia. Creo que necesito de la comedia y que los seres humanos necesitan la comedia para sobrevivir. El sexto sentido es el sentido del humor. Tengo que tener humor para sobrevivir en este mundo. Y supongo que pensando en la historia política en Chile, es necesario tener un sentido del humor también, con el fin de sobrevivir, porque la vida es muy difícil sin sentido del humor. Así que en realidad, yo no pienso en la comedia en términos del arte que me gusta. No me gusta el arte cómico o pensar la historia del arte en términos de comedia. Estoy más interesado en ella en un nivel psicológico, como ser humano, y pensar en lo que es importante y por qué lo necesito. Nunca tuve la intención de tener una voz cómica como artista. Supongo que esto es algo que usted o yo podemos tener, pero yo acabé siendo un tipo de artista divertido. Incluso, nunca pienso mi trabajo como algo divertido, en términos de comedia.

AP: Efectivamente, muchos autores, desde Aristóteles a Freud, han considerado el humor un asunto serio, ni frívolo ni superficial, que permite sobrevivir a la seriedad de la existencia. Creo que particularmente en tus dibujos y videos, como Who I am and what I want, utilizas el humor como un recurso para enfrentar la dureza de la vida.

DS: Sí, es lo que decía antes respecto a la necesidad de tener humor para sobrevivir a la seriedad de la vida. La gente suele decir que la comedia es lo opuesto a la seriedad, pero yo creo todo lo contrario, lo opuesto a la comedia no es necesariamente la seriedad porque puedes ser cómico y serio a la vez. Supongo que algunas veces, cuando la gente rechaza mi trabajo y no le gusta, a menudo no le gusta porque es divertido y porque creen que no se puede ser serio si es divertido. Creo que lo contrario de la comedia es la tristeza, no la seriedad. Y lo opuesto a la seriedad es la incompetencia, hacer las cosas mal. Así que supongo que es importante hacer esta distinción entre seriedad y tristeza. Puede ser que esté dando una respuesta a mis críticos, pero ya sabes, tienes que tener críticos, a todo el mundo no le va a gustar tu trabajo. Yo sólo acepto.

Vista de la exposición "Lose your mind", de David Shrigley, en el Museo de Arte Contemporáneo (MAC), Santiago de Chile, 2016. Foto: Clo Catalan/MAC
Vista de la exposición "Lose your mind", de David Shrigley, en el Museo de Arte Contemporáneo (MAC), Santiago de Chile, 2016. Foto: Clo Catalan/MAC
Vista de la exposición "Lose your mind", de David Shrigley, en el Museo de Arte Contemporáneo (MAC), Santiago de Chile, 2016. Foto: Clo Catalan/MAC

AP: Para Freud el sentido del humor es un “alto y preciado talento”, del que no todos los hombres han sido dotados. Podríamos decir que se trata de una “exclusiva virtud intelectual”. ¿Estás de acuerdo con esa idea?

DS: Yo creo que las personas más inteligentes que he conocido son comediantes. Ellos parecen tener los cerebros más rápidos, son los más ágiles. Así que sí, estoy de acuerdo.

AP: Una de las cosas más atractivas del humor en este nivel psicológico o intelectual del que hablamos, es que opera de forma completamente caótica y, en este sentido, es subversivo.

DS: Estoy de acuerdo con eso. Aunque cuando pienso en el humor no tiendo a pensar en esto, pues supongo que cuando se analiza el humor, éste tiende a desaparecer. Pero para mí la comedia representa algún tipo de anarquía o de cosa anárquica. Me gusta porque la comedia tiene algo de caos, una anarquía que me atrae. En cierto modo, hacer una obra cómica es divertido, algo que no tendría por qué ser así necesariamente. De todos modos, el arte es también una de las razones por las que me siento atraído por el humor.

David Shrigley, Cheers, 2007. Cortesía del artista
David Shrigley, Cheers, 2007. Cortesía del artista
David Shrigley, Cheers, 2007. Cortesía del artista

AP: Inglaterra ha sido una tierra fértil para la proliferación de la sátira, la parodia, la caricatura y la ironía en el arte. En 2010, la Tate Britain organizó la exposición Rude Britannia. British Comic Art, donde proponía un recorrido por el humor en el arte británico, desde el siglo XVII hasta la actualidad. Usted participó con su célebre gato I’m dead (2007). ¿Cree que existe el humor inglés?

DS: Realmente no lo sé, quiero decir, supongo que tendría que no ser inglés para poder definir algo así, para poder tener un punto de vista objetivo. No sé, la verdad es que las únicas veces que pienso sobre el sentido del humor es cuando se discute sobre esto, en momentos como este, cuando me preguntan sobre el humor. Además, como he vivido la mayor parte de mi tiempo en Escocia, es por lo que no sé si hay una diferencia entre el humor escocés y el inglés. Pero sí, creo que el humor sólo existe en su contexto, supongo que existe en referencia a un determinado lugar y también a un tiempo. Las cosas que son divertidas en un lugar no son divertidas en otro, y las cosas que son divertidas en un cierto momento no son divertidas en otro. Creo que la comedia no viaja a través del tiempo, siempre se refiere a un contexto, una vez que cambia la situación, lo cómico se escapa de alguna manera.

David Shrigley, I'm Dead, 2007. Cortesía del artista y Stephen Friedman Gallery, Londres

AP: A pesar de que muchas de sus obras tienen una contundente presencia, como sus taxidermias, son a la vez, marcadamente conceptuales. Sólo la idea es suya, mientras que “la pieza” es realizada por otra persona.

DS: Sí, creo que hago arte conceptual, arte conceptual en su sentido clásico. Hago ready­made, lo cual es arte conceptual en términos de la historia del arte. Pero, de nuevo, yo no me describiría a mí mismo realmente como un artista conceptual porque mi trabajo es sobre ideas más que sobre la realización de esas ideas o sobre el oficio o un particular estilo de representar las cosas. Creo que los dibujos que hago son conceptuales también en este sentido porque yo no soy un ilustrador, no estoy realmente interesado en la gráfica. La forma en que se comunica una idea me interesa mucho más, aunque inevitablemente mis dibujos han llegado a tener un “gesto propio”. Pero la forma en que llegué a dibujar es un deseo de no tener estilo, no tener ningún tipo de estilo gráfico. Sólo dibujar cosas de la manera más económica posible o representar una idea de la forma más económica posible. Así es que por esto me gusta definirme como un artista conceptual.

AP: Respecto a sus taxidermias, tiene una serie de animales sin cabeza que son altamente inquietantes: un mono con los brazos en alto, un gato negro con la cabeza tirada a un lado o una ardilla que sostiene su pequeña cabeza entre sus garritas. Algo me hace gracia, pero producen también un escalofrío. ¿Qué quiere provocar realmente?

DS: Supongo que las emociones que representa mi trabajo son tal vez mis emociones en determinados momentos. Por tanto, siempre hay ahí un sentimiento de catarsis. Tú quieres decir algo que es difícil o incómodo, porque es algo que te preocupa, por tanto, no estoy necesariamente tratando de provocar una respuesta de nadie. Más bien, yo siento esas cosas difíciles y quiero examinar mis sentimientos respecto a ciertos temas. Así es que sí, probablemente es tan simple como esto realmente. Me refiero a que mi trabajo tiene un elemento muy catártico en sí mismo. De alguna manera, yo no soy tan consciente de lo que estoy haciendo, ni cómo llegan ciertos pensamientos y ciertas cosas. Es algo que está ahí, en mi mente y supongo que allí hay mucha oscuridad y ansiedad. Y tal vez es un asunto de salud deshacerme de esos sentimientos a través de mi trabajo, de alguna manera es una forma saludable de lidiar con ellos.

AP: Por último, me gustaría hablar sobre la escultura Really Good ,que será inaugurada en septiembre en la icónica Trafalgar Square de Londres. Creo que en muchas ocasiones, especialmente en contextos hostiles, los artistas han utilizado el humor como un arma de resistencia. Y aunque Inglaterra no vive un particular momento crítico, Europa sí se siente amenazada de alguna forma y podríamos suponer que allí existe un estado de miedo más o menos generalizado. ¿Really Good esuna obra de resistencia frente a ese estado de pesimismo?

DS: Sí, bueno, el trabajo es ambiguo. Inevitablemente es un objeto, pero es una especie de signo de algo bueno. El pulgar hacia arriba es una señal universal de aprobación, obviamente, pero lo que hago es una señal bastante distorsionada porque es un pulgar extra largo que no se sabe muy bien lo que podría sugerir. Tal vez sugiere que es todavía mejor, pero hay algo extraño en la obra, no es necesariamente una señal de aprobación, es algo más, algo raro, ambiguo. En mi statement sobre la obra escribí algo sobre que ésta podía ser una especie insinuación, que en el plano político podría funcionar para hacer del mundo un lugar mejor, ya sabes, como un gesto político. A través de una especie de profecía autocumplida, tú dices que las cosas están bien o las identificas como buenas y, por lo tanto, a continuación, llegarán a estar bien, como resultado de ello. Y supongo que de una forma disparatada, la profecía autocumplida es reconocida dentro de la sociología, usted dice que algo es así y entonces, de alguna manera, se convierte en eso. Pero yo estoy siendo sarcástico. Como usted ha dicho, hay mucho sarcasmo en Londres o en Gran Bretaña o en el Reino Unido. No somos “realmente buenos” ni estamos “realmente bien”, tenemos una gran cantidad de problemas y estamos muy conscientes de ellos. Mucha gente podría decir que es un dinero mal gastado ya que tenemos problemas, tantos problemas, tanta pobreza, tantas otras cosas en que las que el dinero podría ser gastado. No creo necesariamente esto, pero hay toneladas, capas y capas de ironía. Por otro lado, tú como artista necesitas creer que tu trabajo puede hacer del mundo un lugar mejor, que el arte es una cosa positiva, y yo quiero creer esto con bastante sinceridad. Entonces hay una especie de paradoja ahí porque yo estoy siendo sarcástico y sincero a la vez. Es como el tema mismo de la obra, es sarcástica pero el mismo hecho de que esté haciendo la obra, es sincero. Así que yo disfruto bastante de este tipo de paradojas y creo que interesante examinarlas a través de una escultura cívica, a través de una obra de arte pública financiada por el Estado. El debate que tiene alrededor es parte del trabajo también, porque, inevitablemente, es una pieza de perfil tan alto, por lo que tiene que tener ese debate.

AP: ¿Existe un debate en ese sentido?

DS: Va a existir, yo voy a tener que discutir esto y voy a tener que tener esta conversación y esto es lo realmente interesante. Yo no sé realmente qué va a pasar. Quiero decir, es una pieza ambigua de todas formas y el contexto puede cambiar muy rápidamente y esto es algo en lo que yo no tengo realmente el control. Eso es un poco escalofriante, pero también es muy emocionante e interesante. Es una de las piezas que he hecho donde el debate que la rodea es casi tan importante como la propia obra, lo cual es inusual y es algo que estoy deseando que suceda.

David Shrigley, Really Good, 2016. Cortesía del artista

1 La Risa. Ensayos sobre lo cómico(1900). Henri Bergson.

2 Ídem

3 David Shrigley’s cartoons capers.The Guardian (2012). Adrian Searle.

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Andrea Pacheco

Es curadora y directora de la Residencia FelipaManuela, una plataforma dedicada a la investigación artística y curatorial, con sede en Madrid. Ha desarrollado su práctica profesional entre Chile y España, organizando exposiciones y programas de residencia, con énfasis en el intercambio entre España y Latinoamérica. Fue Coordinadora del Museo de Arte Contemporáneo de Santiago (MAC), sede Quinta Normal, entre 2013 y 2016, donde trabajó con artistas como David Shrigley y el colectivo Superflex. El humor como estrategia crítica ha sido uno de sus temas de investigación. Actualmente prepara dos exposiciones del colectivo Los Carpinteros para Bogotá, Colombia.