Un espacio para soñar es la primera exposición realizada en la zona Asia-Pacífico que presenta obras de arte de América del Sur, una región en constante redefinición. Co-curada por la curadora chilena independiente Beatriz Bustos Oyanedel y la curadora principal de Auckland Art Gallery, Zara Stanhope, la muestra da cuenta de significantes artistas e ideas vinculadas al arte de Sudamérica desde fines de los años 60 hasta la actualidad.

Hasta el 18 de septiembre en la Auckland Art Gallery Toi o Tāmaki, uno de los espacios culturales más importantes de Nueva Zelanda, Un espacio para sonar reúne el trabajo de 41 artistas y colectivos de arte de América del Sur que ven una importancia social en su trabajo, y cómo, siendo rebeldes y revolucionarios, soñadores y poetas, han desafiado, abrazado, explicado o transformado sus realidades, sus vidas, sus culturas y sus espacios.

“Los territorios en la zona sur del mundo que están unidos por el Océano Pacífico comparten muchas características históricas y naturales: la colonización del los indígenas por los europeos, la influencia de la economía neoliberal de los Estados Unidos y Europa, y una geografía con paisajes de una belleza privilegiada. Sin embargo, el arte de América del Sur ha tenido poca visibilidad en otras zonas del sur del mundo, y una de las aspiraciones de esta exposición es aumentar su visibilidad”, señalan las curadoras.

Figuras clave de fines de los 60 y 70 cuya influencia internacional y en sus propios países ha sido significativa son presentados junto a una generación más joven de artistas de Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Paraguay y Uruguay, entre éstos Catalina Bauer, Paulo Bruscky, Colectivo de Acciones de Arte (C.A.D.A.), Luis Camnitzer, Juan Castillo, Lygia Clark, Eugenio Dittborn, Juan Downey, Ignacio Gumucio, Hélio Oiticica, Violeta Parra y Lotty Rosenfeld.

Los artistas convocados exponen un total de 98 obras, agrupadas bajo una serie de temas: sensibilidad poética, revolución y resistencia, orígenes e intersecciones, memorias e historias fragmentadas, y la capacidad del arte de generar conciencia social. Ya sea comunicando sobre política o poesía, sobre lo espiritual o lo profano, el arte de las últimas décadas en América del Sur ha sido significativo para generar importantes espacios de reflexión. El arte tomó una postura crítica, ya sea fomentando la conciencia social o la documentación de acciones llevadas a cabo durante períodos revolucionarios, dando importancia al poder de producir individual o colectivamente.

“Hemos identificado en el arte reciente de esta región la presencia de una cierta sensibilidad -la capacidad de crear un espacio poético- que funciona de diferentes maneras en el trabajo de los artistas, lugares y temporalidades, y que ofrecen distintas formas de desviar jerarquías, cronologías, secuencias y supuestos. Somos conscientes de que las exposiciones son constructos, espacios en los que la experiencia del público se genera de acuerdo a la intención curatorial y el contexto en el que se coloca cada obra de arte. Sin embargo, esperamos que la exposición ofrezca un espacio donde puedan articularse distintas narrativas, a modo de dar nuevas posibilidades de pensamiento, permitiendo al espectador experimentar que verdaderamente se encuentra inserto en la vida cotidiana y la cultura de América del Sur”, dicen las curadoras.

Consecuentemente, agregan, la muestra no intenta de ninguna manera definir el arte de América del Sur, pues consistiría en encasillarlo. Por el contrario, se trata de introducir al arte y los artistas de esta región según sus singularidades, de modo de alentar una comprensión más compleja de la historia del arte reciente, de otras culturas y de las formas en que la cultura visual resuena más allá de sus puntos de origen.

En la exhibición las obras se ubican para establecer diálogos y tensiones entre ellas, indistintamente del período histórico en que han sido producidas, la relevancia o omisión que le han otorgado los círculos del así llamado mainstream artístico, o la adscripción que se puedan hacer de ellas a términos como política, arte popular, objeto relacional o documental.

“Para la selección de obras no consideramos que dieran cuenta de lo que podría llamarse el estado de la producción de arte contemporáneo en América del Sur durante los últimos años, en el sentido de una ilustración turística de lo que en esta zona sucede, sino más bien son obras que encarnan el preciso sueño del arte”, dice Bustos.

La cita de Logo for America de Alfredo Jaar, que presenta el mapa de Estados Unidos bajo la frase “This is not America” (1987), es una demarcación precisa que anula el lugar común, como lo es también la figura de la América Invertida (1943) de Joaquín Torres García, la otra imagen que abre esta exposición. “Los artistas han sido catalizadores para cuestionar las percepciones hegemónicas de Europa y Estados Unidos. A logo for America, el panel electrónico de Alfredo Jaar proyectado en Times Square de Nueva York, pretendió provocar la suposición estereotipada respecto del uso del nombre América entre Estados Unidos, y América Central y del Sur”, dice Stanhope.

En la muestra destacan además obras creadas o instaladas in situ, como ADN (2012), de Máximo Corvalán, que conecta con las pulsiones más íntimas de su dolor a través de una vinculación con su biografía: el fusilamiento de su padre en 1973, la búsqueda de sus restos y la posibilidad de identificarlos gracias a los avances científicos después del bombardeo del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York. “Corvalán, desde su experiencia, universaliza su trauma y logra establecer una conexión con nuestro propio duelo, indistintamente de la forma en qué acontecimiento histórico específico haya marcado la vida de cada observador; logra transportarnos hacia ese espacio vacío del sueño donde la realidad es disuelta”, comenta Bustos.

Ignacio Gumucio interviene las paredes de las salas con una pintura mural que desafía la perspectiva, borronea la memoria y crea tensiones entre imágenes de lo conocido y lo por conocer. Sus gestos hacen que el retorno de la memoria aparezca fraccionada, discontinua, y retrata la extrañeza debido a la imposibilidad de asociar y la necesidad de formular una nueva realidad.

Demian Schopf presenta con sus fotografías performáticas la ambigüedad inquietante de los momentos de fiesta y celebración. Su más reciente trabajo nos sumerge en escenarios indescifrables de una condición alegórica, neobarroca, sincrética y andina.

Algunos de los artistas presentados rescatan las tipologías y riquezas iconográficas de sus expresiones arcaicas, de un eterno presente, y despliegan junto a ellas la perspectiva contemporánea para resignificarlas y dar cuenta de la inclusión o exclusión de sus prácticas. La manualidad, y con ella su temporalidad diversa, es la que marca obras que indistintamente encuentran mayor o menor posibilidad de inscripción en términos de arte contemporáneo, popular o indígena. María Nepomuceno, Joaquín Sánchez, Bernardo Oyarzún, Catalina Bauer y Violeta Parra, entre otros, derriban los compartimentos y las nociones temporales, las diferencias entre lo tradicional y lo actual.

Tras estudiar las tradiciones del bordado en Brasil, su país natal, Maria Nepomuceno funde el pasado y el presente en intrincados montajes de cuerdas, cuentas, bordados, barro y otros objetos. Las instalaciones de Nepomuceno recuerdan la sociabilidad y la colonización en los diversos alcances, combinaciones, ingestas, permeabilidades, fusiones e intersecciones de sus componentes. Estas tácticas para recuperar y transformar las tradiciones y lenguajes también pueden encontrarse en los trabajos de Catalina Bauer y en el arte multisensorial de la brasileña Lenora de Barros. Ambas exploran prácticas de género en el cuerpo y en el lenguaje como formas de conocimiento social y cultural dentro de culturas dominadas por los hombres, en las cuales lo masculino representa el poder absoluto.

Los relatos del no saber, de la exploración total, de nuevos comienzos se multiplican en el trabajo de Juan Fernando Herrán. Sus fotografías de escaleras, inconducentes algunas, con bifurcaciones otras, señalan la importancia de dar énfasis a la búsqueda por sobre la finalidad o el objetivo. Son esas mismas acciones las que emprenden los habitantes que viven en los cerros que rodean la ciudad de Medellín, Colombia, quienes creativamente han tenido que buscar modos de subsistencia, desafiando la geografía para lograr construir una utopía de desarrollo e inclusión social.

Kevin Mancera, en tanto, construye un relato al identificar aquellos pueblos desperdigados por el continente llamados “Felicidad”. Sus bitácoras de viaje revisan estos espacios de utopía, valoran las distintas formas de vida, y construyen un mapa social con un parámetro diferente por sobre indicadores materiales para derribar así el concepto de lo que podríamos llamar progreso. La incorporación del trabajo de Mancera en esta exposición, categorizado como ilustración, desacraliza también los conceptos de las disciplinas y definiciones y su posibilidad de ser incluidas en un espacio museal.

“Observar estas obras en situaciones lejanas a su contexto permite acceder a la potencia del pensamiento creativo para atravesar múltiples culturas, temporalidades y epistemologías, al mismo tiempo de darles una forma nueva. El arte en América del Sur se mantiene como un contrapunto y se relaciona con el arte de resistencia, de estrategias poéticas y conceptuales producidas a la ancho de todo el sur global. ¿Qué sucedería si situáramos estas prácticas recientes en conjunto? Me parece que la posibilidad de una fecundación cruzada de las ideas y las formas que tienen lugar en el movimiento artístico del sur puede abrir una vía para desarrollar una historia alternativa o una producción de conocimiento opuesta a los modelos de absorción centro-periferia”, puntualiza Stanhope.

La exposición va acompañada de una publicación de 252 páginas en español e inglés, distribuida por Editorial Hueders. En el libro se presentan las líneas curatoriales en dos ensayos de las curadoras, así como el contexto del arte de este período en América del Sur a través de las prácticas de distintos artistas por medio de textos y entrevistas de Gustavo Buntnix, Sergio Rojas, Ticio Escobar y Guilherme Bueno. Otros contenidos incluyen imágenes y textos que entregan una visión general del trabajo y la práctica de cada artista cuya obra está presente en la exposición.

Además, un extenso programa dirigido a los visitantes ofrece una experiencia ampliada de la exposición a través de paneles de artistas y discusiones, conferencias, un ciclo de cine cuyas películas han sido elegidas en relación con las obras seleccionadas, música y performances.

Un espacio para soñar: Arte reciente de América del Sur

Auckland Art Gallery Toi o Tāmaki, Auckland, Nueva Zelanda

Del 7 de mayo al 18 de septiembre de 2016

 

Curadoras: Beatriz Bustos Oyanedel y Zara Stanhope

Asistentes curatoriales: Maya Errázuriz, Amparo Irarrázaval y Julia Waite

 

Artistas participantes: Fernando Arias, Catalina Bauer, Paulo Bruscky, Colectivo de Acciones de Arte (C.A.D.A.), Luis Camnitzer, Juan Castillo, Carlos Castro, Lygia Clark, Máximo Corvalán, Jonathas de Andrade, Lenora de Barros, Eugenio Dittborn, Juan Downey, Ronald Duarte, Juan Manuel Echavarría, Virginia Errázuriz, León Ferrari, Ignacio Gumucio, Patrick Hamilton, Juan Fernando Herrán, Alfredo Jaar, Cristóbal León & Joaquín Cociña, Marcos López, Kevin Mancera, Antonio Manuel, Cinthia Marcelle, Eduardo Navarro, Maria Nepomuceno, Ernesto Neto, Hélio Oiticica, Bernardo Oyarzún, Nicanor Parra, Violeta Parra, Liliana Porter, Rosângela Rennó, Miguel Ángel Ríos, Lotty Rosenfeld, Joaquín Sánchez, Martín Sastre, Demian Schopf, y Alejandro Thornton.


Texto elaborado con extractos del libro Space to Dream: Recent Art from South America, publicado por Auckland Art Gallery, ISBN 978-0-86463-307-1. Distribución en Sudamérica por Hueders. © Auckland Art Gallery y los autores.

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