La práctica del colectivo cubano Los Carpinterosintegrado por Marco Castillo (Camagüey, Cuba, 1971) y Dagoberto Rodríguez (Caibarién, Cuba, 1969), parte de la premisa de que la ideología se esconde en la funcionalidad de las cosas. Es a partir de ahí que construyen un repertorio de obras que problematizan tanto el contexto cubano como el del resto del mundo desde un registro que nunca carece de poética y de humor.

Hasta septiembre de este año, el Museo Universitario Arte Contemporáneo (MUAC) presenta la primera exposición individual en México de este colectivo cubano. La muestra, curada por Gonzalo Ortega, es organizada y producida por el Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey-MARCO, donde se presentó anteriormente, y el MUAC.

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Los Carpinteros, 17 m, 2015. Vista de la exposición en el MUAC, México, 2016. Foto: Oliver Santana. Cortesía MUAC Los Carpinteros, 17 m, 2015. Vista de la exposición en el MUAC, México, 2016. Foto: Oliver Santana. Cortesía MUAC

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Los Carpinteros, 17 m, 2015. Vista de la exposición en el MUAC, México, 2016. Foto: Oliver Santana. Cortesía MUAC

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Los Carpinteros. Vista de la exposición en el MUAC, México, 2016. Foto: Oliver Santana. Cortesía MUAC

Activismo poético

Aunque la curaduría se concentra en su producción más reciente, la exposición hace patente una trayectoria de más de 20 años en la que Los Carpinteros se han espe­cializado en encontrar, en la materialidad cotidiana, el lugar desde el que se pueden imaginar fisuras en los regímenes de poder, y por lo tanto, intervenir en sus relatos.

A lo largo de su carrera, Los Carpinteros han logrado captar la atención del público con piezas de impecable manufactura, muchas veces cargadas de humor, las cuales generan múltiples lecturas e interrogativas. Su práctica cuestiona, a través de acuarelas, esculturas, videos e instalaciones, la funcionalidad de los objetos y su posible relación con diferentes ideologías y posturas políticas.

Su obra puede ser descrita como una suerte de activismo poético que cuestiona diversos discursos oficiales, o como un embate estratégico y refinado a ese tipo de sistemas. Los Carpinteros denuncian el peligro de la falta de sentido crítico en una sociedad apacentada por las élites, y develan con un muy eficaz humor los mecanismos de dominación que las caracterizan.

Si ellos en un principio respondieron concretamente al hecho de vivir en Cuba y evidenciaron la realidad de la isla durante la década de los noventa, hoy sus proyectos refieren a un contexto universal, aunque sin haber perdido un enfoque netamente cubano.

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Los Carpinteros. Vista de la exposición en el MUAC, México, 2016. Foto: Oliver Santana. Cortesía MUAC

En Cuba tenemos un dicho que dice: ‘Juega con la cadena, pero no toques al mono’, y… nosotros siempre hemos hecho eso. Nuestra obra siempre ha sido una manera de esquivar una especie de encuentro frontal con la política; siempre es una visión exterior, una línea en el borde; no es el plato fuerte, está mezclado con otros ingredientes

Trayectoria

El colectivo surgió en 1992 mientras Castillo y Rodríguez estudiaban en el Instituto Superior de Arte de La Habana. Estaba conformado en aquel entonces también por el artista cubano Alexandre Arrechea, quien en 2003 decidió continuar su carrera en solitario. Se desarrollaron en medio de la crisis cubana de 1991, cuando la Unión Soviética colapsó y se interrumpió el abasto de bienes a la isla. En todo el país, de tajo, la política dejó de ser la prioridad para dar paso a la supervivencia. El difícil acceso a materiales para sus obras por la precaria situación económica del país los motivó a ser creativos y reciclar todo tipo de cosas. Su generación experimentaría también una súbita interrupción a las persecuciones del Estado a los artistas que abordaban temas políticos y que, en condiciones diferentes, habrían sido encerrados.

La obra de Los Carpinteros tiene una clara inclinación hacia la arquitectura. Un ejemplo de ello es la pieza Sala de lectura (2010),  cuya estructura circular hace referencia a las prisiones panópticas diseñadas por el filósofo Jeremy Bentham a finales del siglo XVII, e implementadas en Cuba en los años 20 con el presidio Modelo. Los Carpinteros invirtieron la función de control del diseño panóptico para ofrecer al lector potencial libre acceso y visión a los estantes de libros.

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Los Carpinteros, Sala de lectura, 2010. Vista de la exposición en el MUAC, México, 2016. Foto: Oliver Santana. Cortesía MUAC Los Carpinteros, Sala de lectura, 2010. Vista de la exposición en el MUAC, México, 2016. Foto: Oliver Santana. Cortesía MUAC

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Los Carpinteros, Sala de lectura, 2010. Vista de la exposición en el MUAC, México, 2016. Foto: Oliver Santana. Cortesía MUAC Los Carpinteros, Sala de lectura, 2010. Vista de la exposición en el MUAC, México, 2016. Foto: Oliver Santana. Cortesía MUAC

Con el paso del tiempo, el dibujo en acuarela ha ocupado un lugar preponderante en su proceso creativo, tanto como base para algunos proyectos que luego se materializan en instalaciones y esculturas, así como espacio donde vierten sus ideas y reflexiones; algunos ejemplos son Celosía Poliédrica Posada I (2015); Cabilla cabilla tríptico (2014); y Penumbra I (2008).

Sus obras han sido descritas como: “objetos infectados políticamente, objetos perfectos que son encarnaciones de ideas improbables, ready mades al revés, artículos de la desfamiliarización, inventario de sueños, objetos surrealistas, objetos domésticos como paráfrasis del universo, etc., pero siempre partiendo de su dimensión objetual” [1].

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Los Carpinteros, Tomates, 2013. Vista de la exposición en el MUAC, México, 2016. Foto: Oliver Santana. Cortesía MUAC

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Los Carpinteros, Tomates, 2013. Vista de la exposición en el MUAC, México, 2016. Foto: Oliver Santana. Cortesía MUAC

La manipulación de la escala y su relación simbólica

Una de las estrategias constantes de Los Carpinteros es la manipulación de la escala. Los artistas modifican el tamaño de objetos comunes otorgándoles nuevos significados.

“Los objetos que más nos apasionan, que más nos fascinan, son objetos comunes. A nosotros no nos encantan las cosas extraordinarias. La verdad es que la magia del objeto simple es para nosotros el mejor discurso siempre. La mayoría de las piezas que se encuentran en la exposición son objetos que uno tiene en la casa, en cualquier parte, que tienen un uso cotidiano y con los que tenemos una relación siempre emocional, ¿no? Pasa en toda la obra de nosotros”, dice Dagoberto Rodríguez [2].

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Los Carpinteros, Clavos torcidos, 2013. Vista de la exposición en el MUAC, México, 2016. Foto: Oliver Santana. Cortesía MUAC Los Carpinteros, Clavos torcidos, 2013. Vista de la exposición en el MUAC, México, 2016. Foto: Oliver Santana. Cortesía MUAC

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Los Carpinteros, Clavos torcidos, 2013. Vista de la exposición en el MUAC, México, 2016. Foto: Oliver Santana. Cortesía MUAC Los Carpinteros, Clavos torcidos, 2013. Vista de la exposición en el MUAC, México, 2016. Foto: Oliver Santana. Cortesía MUAC

La pieza Clavos torcidos (2013) consta de varias esculturas metálicas que asemejan enormes clavos oxidados que han sido extraídos de manera brusca y descuidada de su lugar original. En Cuba estos objetos utilitarios nunca se desechan; por el contrario, son extraídos de muebles en desuso y enderezados con el mayor cuidado. Reutilizar esos clavos es una práctica que proviene de la austeridad, pero también del respeto hacia los materiales.

Por otro lado, Faro tumbado (2006) replica en menor escala un faro que yace en el suelo en la penumbra donde la luz que emite es la única iluminación. La asociación simbólica de esta pieza toca fibras muy sensibles: refiere al faro de La Habana, a aquel emblema utilizado como la imagen del telediario, la insignia que da entrada a la bahía, la imagen viril que alumbra al continente y a América Latina. El faro es un símbolo universal, y lo único que los artistas hicieron fue acostarlo: un gesto sencillo, melodramático e increíblemente efectivo.

La muestra incluye también instalaciones de gran escala como Tomates (2013), una pared donde los propios artistas arrojan cientos de tomates para luego colocar tomates de porcelana; Candela (2013) que consiste en siluetas de flamas iluminadas por luces LED color rojo; y 17 m (2015) una coproducción de MARCO con Ivorypress donde 200 trajes negros, con una estrella perforada al centro, cuelgan de una barra de metal de 17 metros de largo.

Llegar, como lo hace este colectivo, a enunciados tan claros, sencillos, humorísticos, poderosos y evocativos sobre temas de gran complejidad y a través de gestos increíblemente bellos no es cosa fácil. Detrás de los mecanismos necesarios para alcanzar esa sencillez hay una estructura compleja que engloba magistralmente el sentir de su época y la visión crítica del momento histórico.

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Los Carpinteros, Faro Tumbado (2006) y Candela (2013). Vista de la exposición en el MUAC, México, 2016. Foto: Oliver Santana. Cortesía MUAC

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Los Carpinteros, Faro Tumbado (2006) y Candela (2013). Vista de la exposición en el MUAC, México, 2016. Foto: Oliver Santana. Cortesía MUAC


[1] Labastida, Alejandra, en el catálogo publicado con motivo de la exposición Los Carpinteros (21 de agosto de 2015
al 3 de enero de 2016) MARCO, Monterrey; (17 de marzo al 4 de septiembre de 2016) MUAC, Museo Universitario Arte Contemporáneo. UNAM, Universidad Nacional Autónoma de México, Ciudad de México.

[2] Dagoberto Rodríguez en conversación con Gonzalo Ortega, en el catálogo publicado con motivo de la exposición Los Carpinteros (21 de agosto de 2015 al 3 de enero de 2016) MARCO, Monterrey; (17 de marzo al 4 de septiembre de 2016) MUAC, Museo Universitario Arte Contemporáneo. UNAM, Universidad Nacional Autónoma de México, Ciudad de México.