Incerteza Viva es el título de la próxima Bienal de São Paulo y hace referencia a la incertidumbre que acompaña los cambios de paradigma histórico y social y los sistemas ecológicos que lo rodean. Un umbral teórico tan amplio y discordante que es acorde al sentimiento de confusión a la cual apela y se inscribe dentro del macro-debate sobre el futuro próximo desde la fragilidad del presente, última obsesión curatorial, casi un delirio de omnipotencia divina que parece delatar la búsqueda de alguna forma de rescate moral del arte.

La versión anterior de la misma bienal jugaba también con las ideas de impotencia y duda bajo el lema de Cómo hablar de las cosas que no existen, seguida por la última bienal de Venecia preocupada de averiguar All the world’s futures.  Las bienales hoy en día parecen ser los lugares catárticos para discutir sobre los problemas del mundo y su destino.

El arte es interpelado a hacerse cargo de problemas contingentes como el calentamiento global, la ecología, las ciencias y las políticas migratorias en un esfuerzo virtuoso y poco efectivo de alejarse del circuito elitista al cual sigue perteneciendo.  Sin embargo, hay una ruptura importante entre el uso que los artistas pueden hacer con estos temas, llevándolo a un nivel simbólico de interpretación o a prácticas contingentes en contextos transversales, y la adaptación de estas propuestas específicas dentro de un formato narrativo que se parece peligrosamente a los statements de los World Social Forum, donde el dispositivo institucional de representación anula o debilita hasta las prácticas más radicales.

En el marco del programa Os Dias de Estudo – Santiago (Días de Estudio – Santiago / Study Days -Santiago), que tuvo lugar el pasado 12 de marzo en el Museo de la Memoria y los Derechos Humanos y que proseguirá en Acra, Lima, Cuiabá y São Paulo, los curadores de la 32° Bienal de São Paulo, Jochen Volz y Lars Bang Larsen presentaron algunos temas de su propuesta curatorial.

Un brainstorming de ideas, como la ciencia ficción de Jorge Baradit y la ecología, las culturas originarias de Rapa Nui y la cosmología, el chamanismo indígena y la arquitectura de Pia Lindman, alternando hacia teorías ambiciosas y no siempre bien resueltas, como la de acoplar en una lista de nombres de autor una propuesta confusa de investigación sobre el tiempo xenocrónico por el teórico Yann Chateigné.

Es la primera vez que se presenta en Chile el programa de la Bienal de São Paulo, un gesto importante de colaboración -organizado por la Fundación Bienal de São Paulo y el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes (CNCA)– dentro del contexto latinoamericano, un ejercicio encomiable pero al mismo tiempo forzado a construir un diálogo abierto y descentralizado dentro de un programa cerrado. Al fin y al cabo los curadores ya tienen su listado de artistas y la jerarquía de los roles se mantuvo intacta: un público agotado y pasivo, oponentes en modalidad tesis doctoral y artistas sin todavía proyectos a presentar, lo que hace dudar sobre lo sustentable que son ejercicios como estos más allá del hecho simbólico de la presencia.

Escribir sobre una bienal que todavía no inaugura es un juego de especulación atrevido. Se ignora el montaje de las obras, se desconoce si éstas logran o no afinar un discurso narrativo entre ellas, no se puede apelar a la experiencia personal, aquél conjunto de sensaciones, encuentros y debates que consagran o destruyen años de trabajo. Sin embargo, se pueden ya leer algunas tendencias que se relacionan a un ámbito más extenso sobre las prácticas artísticas y curatoriales actuales. En la intimidad de las pausas de café, lo que animó la discusión entre los asistentes -casi todos profesionales del sector que, quizás por timidez o por la escenografía teatral que aleja más que estimular el diálogo, se guardaron sus preguntas- fue en definitiva cuál es el rol del arte hoy en día y cómo se inscribe dentro de circuitos de representación irremediablemente debilitados como las bienales. Unas dudas que Jochen Volz intentó contestar.

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Jochen Volz, curador de la 32° Bienal de São Paulo, durante el Study Days – Santiago, en el MMDDHH, Santiago de Chile, 2016. Cortesía: Galería Gabriela Mistral

Alejandra Villasmil: Tu aproximación curatorial para esta bienal está informada por conceptos como incertidumbre, fracaso, lo desconocido, lo inmensurable, la ambigüedad y la contradicción. En tu statement curatorial preliminar dices que el arte es una disciplina especulativa, y por esta razón nos puede aportar estrategias para la vida en una era de incertidumbre. ¿Podrías elaborar más sobre estos conceptos y cómo ves a los artistas trabajándolos y asumiéndolos hoy día?

Jochen Volz: Bueno, pienso que eso se ha vuelto bastante evidente a lo largo de los últimos años. Por un lado, tienes un número de publicaciones del 2013 y 2014 que hablan de la extinción, del fin del mundo, del fin de nuestros tiempos… eso es muy aterrador. Y por otro lado, una cantidad de, digamos, experiencias físicas que todos tenemos, en cualquier parte del mundo, de cambio climático, que afecta nuestras vidas, las de amigos o de otras personas queridas que nos rodean. Todos conocemos a alguien afectado, así que creo que esta idea de la incertidumbre se ha vuelto muy presente en todas las sociedades. Los sistemas de ordenamiento político, las lógicas económicas, todo ello parece fallar más y más, y creo que quedó claro que todo el mundo se encuentra en un estado de incertidumbre.

Creo que el mayor peligro de esto es que todo el mundo vuelve al conservadurismo y trata de proteger esos pequeños pedazos de certeza. Y lo que es interesante, y lo que las artes han hecho a través de la historia del arte -no sólo las artes visuales, sino también la poesía, la filosofía- es tratar de encontrar maneras de abrazar la incertidumbre para realmente aprender a cómo vivir con ella, cómo hacerla parte de nuestro pensamiento, de nuestra estructuración. Lo que me interesa entonces es encontrar artistas que jueguen con diferentes sistemas de ordenamiento, de conteo, o de clasificación que de algún modo sean más apropiados o intuitivos o más reaccionarios a la realidad, de manera que puedan ser más responsivos y sensibles. Cuando hablo de medidas de incertidumbre también hablo en el sentido de un plan de acción, como las medidas de seguridad, o un plan de acción para encontrar formas alternativas de gobernabilidad, producción alimenticia, auto-organización o protesta. Cuando lidiamos con la incertidumbre, cuando la hacemos propia, tenemos que vivir con contradicciones todo el tiempo porque todos tenemos ideas diferentes, pero eso no es algo malo.

A.V: ¿Pero esta incertidumbre no ha estado…?

J.V: ¿Siempre allí? (risas) Claro que si.

A.V: ¿Cuál es la urgencia ahora? ¿Qué nos lleva a discutirlo nuevamente?

J.V: (risas) Claro que esto de la incertidumbre es de tiempos remotos. Pero lo que ha cambiado es la manera cómo la leemos y entendemos. Hace cinco años, leíamos de cambio climático y era una cuestión muy abstracta, pero hoy sabemos muy bien que todo esto está muy vinculado a estructuras económicas, de poder y de gobierno. Esto se ha vuelto más transparente: todo está conectado. Esta incertidumbre se manifiesta, al menos en mi y en gente que conozco, en un estado muy físico de ansiedad y miedo. La incertidumbre es un tema de vieja data, así como el arte, la gobernabilidad, o la historia o la memoria, pero creo que el tema que domina en este momento es cómo lidiar con este estado de no saber.

A.V: Una de tus aproximaciones curatoriales es trabajar de forma transdisciplinaria y poner énfasis en el trabajo colaborativo. ¿Cómo planeas incorporar esas formas de trabajar en la bienal y qué temas has ido detectando como recurrentes en tus visitas a talleres?

J.V: Si, esto se ha hecho evidente durante los últimos 15, 20 o 25 años. El arte no opera como un ente aislado y ha estado buscando salir hacia otras disciplinas. Me interesa seguir a artistas y mirar hacia dónde van, porque no se trata de imponer las prácticas transdisciplinarias sino de mirar a artistas que realmente buscan diferentes formas de administrar el conocimiento, o de generar conocimiento, independientemente de si recurren a la ciencia o a otro tipo de artes o al espiritualismo. Para ser más preciso, hay artistas que están muy interesados en formas de organización, de transmisión del conocimiento, de aprendizaje y de esta idea de tradición pero con una aproximación antropológica, por ejemplo, cómo diferentes grupos indígenas manejan el conocimiento y se transmiten información unos a otros, cómo incorporan la idea de un equilibrio con la naturaleza como algo muy natural. Otras nociones son las del sueño colectivo, la protección y la historia (de Brasil con Africa, de la esclavitud, la inmigración). Otros temas con los que están trabajando muchos artistas actualmente son la cosmología personal y colectiva, una cosmología de comienzos, fines, renovación, improvisación y catástrofe.

A.V: ¿Estás interesado más en el tipo de obra como experiencia, por ejemplo? ¿En obras que no necesariamente se traducen en objetos?

J.V: El marco conceptual de la curaduría es realmente solo eso, para mí y para el equipo de co-curadores, así que no espero que los artistas ilustren los conceptos curatoriales. El tema de la bienal es muy abierto y creo que una exhibición de esta escala necesita permitirle a los artistas que hagan lo que quieran y lo que realmente hacen. Por supuesto que ellos no están invitados porque yo especulo que ellos podrían hablar sobre estos temas. Los invité porque me gusta su trabajo y porque creo que sus prácticas son relevantes en esta discusión. Dicho esto, no hay un medio específico por el que me sienta más atraído… quizás esto responda tu pregunta de cuán orientada al objeto, o a la experiencia provocadora, o a lo inmaterial pueda estar esta bienal. Todo esto es para mí similarmente interesante. Estoy, sí, más interesado en estas formas no materiales, performances e ideas basadas en el tiempo, pero también debo aclarar que esta exhibición es en São Paulo, donde tienes una audiencia que no necesariamente está habituada a frecuentar los museos. Así que es importante que en la exhibición la experiencia del visitante sea provocada en cualquier momento, que sienta que pasa algo que no ha experimentado antes.

A.V: Curaste la Bienal de São Paulo en 2006. ¿Cómo percibes los cambios en la organización de la bienal? ¿Cómo enfrentas el mismo evento icónico en un país y en un contexto global que ha cambiado tanto en los últimos diez años?

J.V: Creo que los principales cambios se han dado en São Paulo, en cómo las instituciones –otras instituciones distintas a la bienal- se han desarrollado en los últimos diez años, y esto es parte de nuestras conversaciones: qué rol cumple la bienal cuando tienes a estas otras instituciones brasileñas -porque como sabes la bienal siempre ha sido la ventana al mundo- que han comenzado a desarrollar programas en los que invitan a artistas internacionales a exhibir en São Paulo. Entonces, como la bienal no es más la única ventana, esto la ha llevado a repensarse en cómo se posiciona a sí misma, en qué tipo de rol artístico, cultural y educativo tiene en la ciudad.

A.V: ¿Cuál es el rol de una bienal, como evento artístico, en el presente?

J.V: El privilegio de cualquier bienal es que debería ser una exhibición que experimenta con modos de exhibición y presenta modos y formas de discutir el arte. Hay que preguntarse qué puede hacer una bienal para recoger una pluralidad de formas, ideas y técnicas que otras exhibiciones no pueden hacer realmente, porque no son usualmente del mismo porte, o no visualizan ser tan internacionales como lo quiere ser una bienal. Una bienal permite, creo, introducir el pensamiento y el cuestionamiento artístico a una audiencia, y lo que una bienal hoy día necesita hacer es tener un rol educativo tanto para una audiencia entendida en arte como para el público general. Y este rol educativo, al menos para mí, está vinculado al hecho de que el arte tiene un potencial transformador que debemos hacer accesible a todos.

Ximena Moreno: Considerando tu rol en esta bienal y el que tuviste en 2009 en la Bienal de Venecia, podría decirse que has sido curador de las dos bienales más antiguas del mundo. ¿Qué significado personal tiene esto para ti?

J.V: Por supuesto que es un privilegio haber sido invitado a colaborar en ambas exhibiciones. Creo que es interesante pensar qué roles juegan cada una, qué papel juega Venecia y a qué tipo de audiencia se dirige, y qué tipo de rol juega São Paulo y cuál es su audiencia. La audiencia de Venecia es muy profesional, y usualmente la de São Paulo es muy popular. Y creo que eso es muy emocionante, ser capaz de desarrollar una exhibición de escalas similares, pero uno dirigida a una audiencia más elevada y la otra a una audiencia más común, de público general.

A.V: ¿Se está volviendo muy conservadora Venecia, no? (risas)

J.V: (risas) Es para profesionales del arte. En São Paulo el 10% de las visitas son de profesionales del arte. La mayoría son visitantes que por primera vez van a una exhibición de arte, y eso es muy excitante. Pensar qué tipo de exhibición, cómo concibes una exhibición de esa escala pensando en dos tipos de visitantes y de expectativas distintos, es interesante. Y por supuesto, Venecia es un evento icónico en otro hemisferio, y creo que São Paulo es “la bienal” del hemisferio sur. Así que es interesante realmente entender lo que significa pensar en concebir una exhibición de esta escala desde el Sur del mundo.