eduardokac-p1ab97gaka1cf410v7ar91rbb139b

Eduardo Kac, 2x3X, Xerox


Maëlle Galerie
, en París, exhibe a partir de hoy y hasta el 27 de febrero 28 obras de los artistas Eduardo Kac, Claudio Perna y Eleonore Schöffer hechas en máquinas fotocopiadoras entre 1974 y 1985. Curada por el venezolano Rolando Carmona, la muestra presenta por primera vez en Francia ocho Autocopias de Claudio Perna, serie que tiene como uno de sus asuntos centrales la idea del movimiento, más allá de su encarnación efímera en la performance o de su virtual perpetuación en el video, procedimientos que también el artista frecuentó con devoción.

Simplemente, Perna aprovechó una tecnología popular, diseñada para la reproducción múltiple de documentos e imágenes, y le dio un sentido creativo. Sometió su rostro, sus manos y parte de su cuerpo a barridos de luz reiterados y consecutivos, pero no se quedó quieto contra el vidrio como suelen hacer quienes afrontan solemnemente la lente fotográfica. Tanto las fotocopias que hizo de sí mismo como los facsímiles que obtuvo de láminas de libros, fotos familiares y registros extraídos de publicaciones periódicas están literalmente “movidos”, como si evocaran tardía y defectuosamente la secuencialidad del discurso cinematográfico. En las Autocopias, como en algunas de las Polaroids que realizó el artista por esa época, las imágenes están reducidas a su aura dinámica, al margen de toda fijeza y sumergidas en la densidad contrastada que deja el tóner sobre la superficie [1].

De Eduardo Kac se exhibe una copia fotostática hecha en el contexto del movimiento de arte porno de Brasil, colectivo de performances y poesía experimental donde se promovió la pansexualidad para generar espacios de libertad frente a la dictadura militar de ese país.

Destacan, además, catorce XEROXCorpiques de Eleonore NADA (Madame Schöffer, viuda de Nicolas Schöffer), serie que forma parte de la obra secreta desarrollada por la artista desde 1942, cuando gana el primer lugar de un salón de dibujo y pintura. En la serie se puede ver el rostro y la mano de Eleonore Schöffer realizando bendiciones hebraicas y musulmanas. Esta será su primera exposición en una galería después de 50 años.

“Mis obras en fotocopiadora se llaman Traces Photocopiques. Estos trazos de manos y rostros fueron obtenidos a partir de una pequeña fotocopiadora Canon que yo utilizaba para imprimir y diversificar las Ordigrafías de Nicolás. Fue la curiosidad lo que inicialmente me impulsó a ver qué pasaría si en lugar de una hoja de papel yo introdujera mi mano. Muy contenta del resultado, guardé estas hojas dentro de mis carpetas de dibujos. Hizo falta que Rolando Carmona las viera -un día revisando mis carpetas- para que este momento creativo olvidado regresara a la superficie, provocara el entusiasmo y esta exposición, con un hermano de ‘ideas’ que nunca conocí, Claudio Perna. El no está más en este mundo, pero sus trazos existen y se mezclan con los míos que todavía estoy viva por un tiempo”, recuerda Eleonore Schöffer.

FCP-1695

Claudio Perna, Rostro de Claudio (Autocopia), 1974, fotocopia, 21,5 x 35,5 cm.

eleonore-fotocorpiques

Eleonore Schöffer, XEROXCorpique.

Xerox

Por Rolando Carmona

Una fotocopia es ante todo un evento sin duda alguna autobiográfico y documental que pretende recrear el momento mismo de su génesis. Se vale de la dualidad para generar sentido y su sustancia radica en una paradoja: confiere al cuerpo origen, su categoría de original, y por ser instante e instantánea es irrepetible, pero reproducible.

Gracias a estas características, el arte conceptual encontró en las Xerox un importante aliado, ideal para concretar una de sus operaciones básicas: transformar el objeto en simple registro subordinado de la acción donde recae el valor simbólico, nominal y cuantitativo de la obra.

Lo que no pudieron prever los artistas conceptuales de los 70 es que esta transgresión introduce otro debate centrado en la deshumanización de la corporalidad en el espacio tecnológico. Al someter el cuerpo humano a la fotoconductividad de una máquina Xerox la carne se transforma en documento.

Esta transformación de lo corpóreo a lo documental se puede entender como un primer paso hacia la desaparición simbólica de lo humano: el cuerpo es encarnado por un discurso/documento y no por un grupo de células/tejidos. Si esto fuera cierto, la acción de autofotocopiarse, o de reconocer el propio cuerpo a través de una fotocopiadora, es una de las primeras huellas de esa metamorfosis que vivimos actualmente, donde el cuerpo es una proyección discursiva de nuestros actos habla, de nuestro lenguaje ritual.

Pensemos por un momento en la desaparición simbólica de lo humano. Las redes sociales, uno de los fenómenos claves para entender el siglo XXI, plantea esta metamorfosis como principio básico. El espacio de sociabilización ya no necesita una corporalidad sino una discursividad. Discusividad que se evidencia en que compartimos, que comentamos, cuando damos like, en el momento en que decidimos hacer un retweet… Estos actos de habla determinan las categorías y signos con los que se debe leer nuestro cuerpo.

Claudio Perna, Eleonore Schöffer y Eduardo Kac usan la tecnología como primera aproximación a este fenómeno aún embrionario, en el cual lo carnal es un residuo documental de una actitud frente a la tecnología que propone la desaparición de lo humano en pro de un enriquecimiento simbólico del discurso/cuerpo.

Claudio Perna (1938, Milán, Italia; Holguin, Cuba, 1997) titula autocopias a ese corpus de obras gestadas bajo la fría luz de una máquina Xerox, y cuyo cenit revela en su obra Autocurricullum, dispositivo desde donde enuncia: “Tú no estás obligado a usar la Xerox, pero si tienes una idea actual, la mejor manera de representarla es asociándola a un medio actual (…) ¿Qué quiere decir Arte para ti? Pregúntatelo y al final verás que es comunicación, que es información”.

Eleonore Schöffer (1926) emprende el camino de exploración con las fotocopias por azar al reproducir las obras Ordigraphics de Nicolas Schöffer. Titula a estas exploraciones Traces Photocorpiques, nombre que delimita las fronteras en las que juega. De un lado, tenemos el gesto sensible del cuerpo sobre la máquina, la luz fría y la piel; dependiente de este gesto, un nuevo territorio se prefigura, creado por esta simbiosis: el cuerpo como documento.

Eduardo Kac (Río de Janeiro, 1962), eterno investigador de los posibles procesos simbióticos entre máquinas y hombres, sufre también el embrujo de las fotocopias en el marco del Arte Pornô. Reinventa las búsquedas de autoreconocimiento que implica el Xerox Art revelando su dimensión política: durante la dictadura de los 80 en Brasil subvierte la lógica heteronormativa en función de promover la pansexualidad y oponerse a las políticas gubernamentales. Aceptar esto es reconocer que el arte por fotocopias es el semillero donde germina parte de nuestra sociedad contemporánea, basada, justamente, en el intercambio simbólico y textual de lo corporal en detrimento de la physis y su manifestación directa, la carne humana.


[1] En Claudio Perna, The imprudent one. Autocopias