Después de conocer la experiencia de residencia de Valentina Soto e Ignacio Gatica durante el mes de junio del año pasado en Flora ars+natura, Alejandro Leonhardt y Rosa Apablaza comparten la suya. Ellos cuatro, artistas chilenos, tuvieron la posibilidad de trabajar e involucrarse con el Barrio San Felipe de Bogotá, lugar donde se ubica este espacio para el arte contemporáneo. La oportunidad surgió gracias a la convocatoria pública abierta por la Galería Gabriela Mistral (GGM) del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes (CNCA) y la Unidad Internacional de la institución.

Durante su residencia, Leonhardt y Apablaza coincidieron en una fijación frente a la utilidad de lo supuestamente inútil. Revivieron, a través de sus proyectos, desechos encontrados en las calles que los rodearon durante tres meses.

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Alejandro Leonhardt. Proyecto desarrollado durante su residencia en Flora, Bogotá, 2015. Foto: Gonzalo Angarita

 

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Alejandro Leonhardt. Proyecto desarrollado durante su residencia en Flora, Bogotá, 2015. Foto: Gonzalo Angarita

 

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Alejandro Leonhardt. Proyecto desarrollado durante su residencia en Flora, Bogotá, 2015. Foto: Gonzalo Angarita

 

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Alejandro Leonhardt. Proyecto desarrollado durante su residencia en Flora, Bogotá, 2015. Foto: Gonzalo Angarita

Julia Roldán: Alejandro, ¿qué te imaginabas antes de llegar a la residencia y qué encontraste?

Alejandro Leonhardt: Antes de llegar a Bogotá esbozaba supuestos basados en un proyecto: especulaba. Una vez instalado en la residencia pude cotejar y establecer relaciones más concretas en la experiencia del habitar y llevar a cabo el proyecto, ideado como un ejercicio de exploración que implicaba caminar y observar el lugar que ocupaban los desechos en la ciudad.

Caminé por la calles sin rumbo determinado, caminé por placer y curiosidad y dejé de caminar cuando mi cuerpo me lo pidió. Entre tanto, advertí fenómenos que por su reiteración se transformaron en estímulos a seguir: cables de electricidad que habían sido cortados por vagabundos para extraer cobre, trozos de parachoques rotos, fragmentos de caucho que sirvieron de amarras para toldos de carros ambulantes y muchos otros desechos que encontré en el suelo. Todos de color negro y que por su cualidad de fragmento exhiben un estado abstracto.

Julia Roldán: Rosa, ¿dirías que las residencias son fundamentales para la formación de un artista, incluso más que la academia?

Rosa Apablaza: Me parece que son caminos distintos; no me atrevería a generalizar, pero para mí han sido fundamentales. Creo que el estado de movilidad que implican las residencias y el estar constantemente afectándose por otras realidades suscitan mayor libertad de pensamiento y nutren la imaginación, lo cual se diferencia de los estudios académicos que normalmente se mantienen en un estado más fijo y de menos reinvención. La garantía de la formación académica es que otorga mayor estabilidad. Primero, en términos de sistematización porque el conocimiento está sujeto a una serie de normas y los procesos son más guiados. Segundo, en términos afectivos pues normalmente permaneces en un mismo sitio y no estás en procesos de adaptación constante y, por último, respecto a lo laboral. Creo que ambas formas de “vivir” tienen que ver con los deseos, disposición, expectativas de cada uno y con los compromisos que nos sujetan a un determinado lugar. Por ejemplo, yo me pregunto: ¿quiero tener un doctorado, estar durante mucho tiempo estudiando y permanecer en un mismo lugar, profundizar en un “tema”, hacer una tesis doctoral, dar clases, hacer investigación dentro del campo académico? ¿Quiero profundizar en mis proyectos, conocer y permearme de otros contextos, viajar? ¿Cómo podría conciliar ambos caminos? Hay una cita de Paulo Freire que dice “estudiar no es un acto de consumir ideas, sino de crearlas y recrearlas”, y en este sentido, sí, podría decir que las residencias son fundamentales para esto.

J.R: ¿Cuáles fueron sus proyectos para postular a esta convocatoria y por qué les pareció pertinente desarrollarlo en Flora ars+natura?

A.L: Postulé con un proyecto titulado Indeterminado orden, el cual se basa en la interacción entre desechos, ciudad y habitantes. Me pregunté, ¿cuál es la singularidad que puedo determinar en el encuentro de estos tres puntos aplicado a diversos sitios de Bogotá? ¿Cómo puedo hacer visible tales fenómenos?. Un planteamiento bastante sencillo que implica -como comentaba- caminar y analizar el lugar de los desechos como efecto del habitar, razón por la que Flora y su visión ampliada de la relación arte y naturaleza es el lugar apropiado para llevarlo a cabo.

R.A: Mi proyecto consistía en investigar, por una parte, desechos reutilizables que se generaban a partir de la producción y consumo local en el barrio San Felipe. Por otra, a qué tipos de bienes y servicios gratuitos podíamos acceder en el lugar con el fin de acercarme a la posibilidad de suplir nuestras necesidades básicas a partir de las “gratuidades” que nos otorgaba este sector de la ciudad e intentar comprender de qué modo podíamos habitarla al margen del uso de la economía tradicional, que reduce las posibilidades de circulación y habitabilidad a nuestra participación como eternos consumidores, es decir, replicando el trinomio “trabaja/consume/muere” propuesto por Hakim Bey en la TAZ. Decidí postular a Flora porque hay puntos en común entre los lineamientos de este centro y algunos proyectos que he realizado, principalmente desde la relación arte/naturaleza/sociedad. También por la calidad de la beca: no es fácil encontrar becas de residencias que cubran todos los gastos, y por la trayectoria de José Roca, el director de Flora. Además quería conocer el contexto colombiano y entrar en contacto con algunos espacios independientes que he seguido por años.

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Rosa Apablaza. Proyecto desarrollado durante su residencia en Flora, Bogotá, 2015. Cortesía de la artista

 

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Rosa Apablaza. Proyecto desarrollado durante su residencia en Flora, Bogotá, 2015. Cortesía de la artista

 

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Rosa Apablaza. Proyecto desarrollado durante su residencia en Flora, Bogotá, 2015. Cortesía de la artista

J.R: ¿En qué evolucionó?

A.L: En que se simplificó. En vez de dedicarme a recorrer Bogotá como totalidad, recorrí el barrio San Felipe una y otra vez. Ahí encontré numerosas situaciones relativas al problema, que para los tres meses de residencia comprendían un gran material de estudio.

R.A: Evolucionó en muchos aspectos. Pero una de las cuestiones fundamentales es que este proyecto me permitió conocer con mayor profundidad el contexto colombiano. Por ejemplo, el haber trabajado principalmente en el espacio público me permitió establecer ciertas nociones respecto a las huellas del conflicto armado en Colombia. Conocí un poco más a fondo el conflicto campesino que existe en el país que se derivó del TLC. A partir de la presencia excesiva de neumáticos abandonados en el barrio me acerqué al conflicto social/político/económico que ha existido en Colombia por la explotación del caucho. Tuve la posibilidad de viajar al interior del país donde, por ejemplo, conocí la tradición esclavista y colonialista que perdura hasta hoy en día en Cartagena de Indias. También me acerqué a algunas problemáticas que afectan a comunidades indígenas del Amazonas.

A partir del trabajo con la basura orgánica descubrí algunas particularidades de dicho contexto, como la forma en que se han ido conformando ciertas mafias que privatizan y lucran con algunos espacios públicos que son utilizados por vendedores ambulantes. Reafirmé una idea que venía pensando hace un tiempo: la basura de una ciudad arroja una serie de información respecto a los hábitos de consumo de los habitantes de un determinado contexto y nos arroja datos sobre la historia del país. También exploré el sistema del arte contemporáneo de Bogotá desde el interior, retomé contacto con lo que sucede en las galerías de arte y en las ferias internacionales, lo cual me suscitó una serie de reflexiones respecto a las diferencias entre esto y otras prácticas artísticas/políticas que se llevan a cabo al interior de movimientos disidentes. Por último, gracias a la libertad de la residencia pude hacer otras cosas, como algunos ejercicios desde la performance, colaborar en proyectos de amigos y continuar con otros que estaban fuera de mi propuesta.

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Rosa Apablaza. Proyecto desarrollado durante su residencia en Flora, Bogotá, 2015. Foto: Jorge Fuembuena

 

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Rosa Apablaza. Proyecto desarrollado durante su residencia en Flora, Bogotá, 2015. Foto: Jorge Fuembuena

J.R: Cuando muestres los resultados de esta residencia en Santiago, ¿qué esperas reflejar?

A.L: Estoy trabajando en una instalación con el material recolectado, la que por razones físicas y asociativas privilegia cualidades abstractas en los desechos. Por ejemplo, debido a que todos los objetos recolectados son de color negro se produce unidad desde la diversidad, un asunto que perceptual y conceptualmente me interesa ya que propone una visión del entorno más indeterminada que determinada. De algo concreto llego al opuesto.

R.A: Espero hacer una síntesis de todas las cosas que hice. Me gustaría que la muestra de cuenta de distintas cuestiones relacionadas con el contexto social colombiano y la forma en que lo pude conocer y entender durante los meses que estuve ahí.

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Rosa Apablaza. Proyecto desarrollado durante su residencia en Flora, Bogotá, 2015. Cortesía de la artista

J.R: ¿Qué fue clave durante tu estadía en Bogotá?

A.L: Observar.

J.R: ¿Cómo dialoga este proyecto con tu trabajo?

A.L: El proyecto sigue mi interés por trabajar con objetos recolectados en el espacio público, específicamente con aquellos que han cumplido su ciclo de uso funcional, objetos desechados que contienen rastros de su paso por el tiempo y que están en la calle transitoriamente.

R.A: Dialoga en el sentido que he vivido un proceso de re-politización de mi misma y de mi trabajo, lo cual me ha permitido identificar y revalorar una serie de ideas sobre las cuales se han cimentado proyectos anteriores. Al mismo tiempo, me ha ayudado a repensar proyectos actuales y futuros.

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Alejandro Leonhardt. Proyecto desarrollado durante su residencia en Flora, Bogotá, 2015. Foto: Gonzalo Angarita

 

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Alejandro Leonhardt. Proyecto desarrollado durante su residencia en Flora, Bogotá, 2015. Foto: Gonzalo Angarita

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Julia Roldan

Nace en Bogotá, Colombia. Es comunicadora social con énfasis en periodismo. Se inclina hacia proyectos sociales y culturales en donde pueda ser gestora, mediadora o productora de actividades y contenidos.