El más grande surrealista latinoamericano, y uno de los mayores del mundo, ha sido un navegante de dos mares, un hombre de dos mundos, un receptor ávido de los beneficios de ese surrealismo europeo que entró a saco en el reino de la libertad. Este hombre fue capaz de inventar un paisaje, una entidad líquida, una emulsión de color atravesada de fuerzas y relámpagos, un espacio tensionado y eléctrico, un modo de ver y sentir por golpes de sangre, por la emoción y la infalible penetración del ojo más allá de las apariencias

Marta Traba, 1975

 

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Matta, Facing Myself, 1974, óleo sobre tela, 136 x 140 cm. Colección María José Fontecilla Waugh, Chile. Foto: Agencia Sangre

Matta. Este lado del mundo es la muestra más importante del gran surrealista latinoamericano que se haya realizado en Argentina. Curada por María José Fontecilla Waugh, Agregada Cultural de la Embajada de Chile en Argentina, e Inés Ortega-Márquez, curadora de la exposición Matta. Centenario 11.11.11, en el Centro Cultural Palacio La Moneda (Santiago de Chile, 2011), la exposición reúne 42 obras, entre pinturas, dibujos, grabados y esculturas, de los años 1939 a 1992, prestadas por colecciones tanto privadas como públicas de Chile y Argentina.

La muestra llega a Buenos Aires cargada de simbolismos: la organiza el Centro Cultural Matta de la Embajada de Chile en Argentina, un espacio de singular arquitectura que debe su nombre a la idea inicial -ahora concretada- de presentar algún día una muestra de este importante artista chileno, y abrió un 10 de diciembre, día internacional de los Derechos Humanos, con la presencia de la presidenta de Chile, Michelle Bachelet, quien se encontraba en la agitada capital argentina para el traspaso de mando presidencial.

Al acto inaugural también asistieron el ministro de Cultura, Ernesto Ottone, el ministro de Relaciones Exteriores, Heraldo Muñoz, el Embajador de Chile en Argentina, José Antonio Viera-Gallo, la líder de las Madres de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto, y personalidades del mundo del arte tanto de Chile como de Argentina, entre ellos Francisco Brugnoli, director del Museo de Arte Contemporáneo (MAC) de la Universidad de Chile; la historiadora de arte y curadora argentina Andrea Giunta; Ana María Yaconi y María Irene Alcalde, en representación del Museo de Artes Visuales (MAVI) de Chile; Agustín Pérez-Rubio, director artístico del MALBA; Claudia Zaldívar, directora del Museo de la Solidaridad Salvador Allende (MSSA); Andrés Duprat, el nuevo director del Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA) de Argentina; Roberto Amigo, curador del MNBA de Argentina y autor de uno de los textos del catálogo; la galerista Isabel Aninat; y los coleccionistas chilenos Juan Salinas y Carlos Núñez.

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Vista de la exposición “Matta. Este lado del mundo”, Centro Cultural Matta de la Embajada de Chile en Argentina, Buenos Aires, 2015. Foto: Agencia Sangre

 

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Matta, Eros Enfant, 1985, óleo sobre tela, 201 x 288 cm. Colección Juan Salinas, Chile. Foto: Agencia Sangre

 

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Matta, Composizione, 1959, óleo sobre tela, 114 x 146 cm. Colección MAVI, Santiago de Chile. Foto: Agencia Sangre

La idea de esta muestra viene dando vueltas desde hace rato. Pero no fue sino hasta el reciente reacondicionamiento del centro cultural -su optimización para albergar obras de tal importancia histórica- que ha podido concretarse, según cuenta Fontecilla. Hija de Carmen Waugh, directora del Museo de la Solidaridad Salvador Allende entre 1991 y 2005 y la galerista que representó a Matta en América Latina y España, Fontecilla impulsa además en Argentina la obra de un artista muy querido y apoyado en su familia.

“No puedo hablar de Roberto Matta sin que vengan a mi memoria imágenes cotidianas de mi entorno familiar: en cada una de las casas que vivimos, nuestro día a día estaba siempre acompañado por sus pinturas y dibujos, signos todos de cariño, complicidad y, por cierto, de admiración. La proximidad de su imaginario hizo probablemente que mi ojo no se asombrara con su poética; por el contrario, era natural, tanto como lo fue la amistad que compartían entre Carmen Waugh, mi madre, y Matta, su amigo”, dice Fontecilla en el texto que ha escrito para el catálogo de la muestra, y que titula Matta en familia.

Más allá de esta proximidad con el artista, es la necesidad de “traer de vuelta” a Matta a Latinoamérica la principal razón que ha movido a las curadoras a pensar en una exposición donde este surrealista del sur del continente se instale y permanezca. De ahí el título de la muestra, Matta. Este lado del mundo. “Esta exposición no es más que un acto sintomático, al mismo tiempo que simbólico, de aceptación, reconocimiento, instalación y permanencia”, dice Fontecilla.

Conversé con ambas curadoras sobre la conceptualización e importancia de esta exhibición, que hasta el 22 de enero de 2016 presenta obras de diversos períodos del artista, pertenecientes a ministerios, museos, fundaciones y espacios de arte y cultura tanto de Chile como de Argentina. 

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Matta, L’Exepteur, 1969, óleo sobre tela, 203 x 300,4 cm. Colección Ministerio de Relaciones Exteriores y Cultor de Argentina. Foto: Agencia Sangre

Alejandra Villasmil: María José, esta es una muestra, si se quiere, de “relaciones”. Por un lado, está tu relación familiar con Matta; por otro, la relación entre colecciones e instituciones de Chile y Argentina; y por último, y más importante aún, la relación de Matta con Latinoamérica. ¿Cómo se entretejen estas aristas, que finalmente convergen en esta aproximación que me gustaría llamar de relaciones?

María José Fontecilla: Si, exactamente. Lo primero que quiero decir es que cuando me nombraron Agregada Cultural en esta Embajada vine a hacerme cargo de un centro cultural que estaba bastante abandonado y por lo tanto hubo que meterse muy fuertemente en el tema de climatización y reacondicionamiento para poder sostener cualquier tipo de obra. La primera aproximación que tuve cuando llegué aquí fue nombrar el centro cultural, que no tenía nombre, entonces dije hagamos una exposición inaugural de Matta y pongámosle ese nombre, porque yo siempre he tenido una especie de lucha -incluso con Federica, que es su hija, y que es mi hermana- por la pertenencia de Matta a América Latina.

A.V: No el Matta europeo…

M.J.F: Ni el europeo, ni el americano: el Matta latinoamericano. El Matta involucrado en las luchas libertarias de América Latina, en Cuba, en los procesos democráticos y el socialismo en Chile… Yo siempre lo vi así, porque era mi cotidiano; siempre reconocí a Matta como parte nuestra. Mi mamá era la representante de Matta en América Latina y en España, entonces para mi eso era como natural, pero también entendiendo que Matta estaba secuestrado por otras potencias.

A.V: Eso tiene que ver con una cuestión de mercado. Desde hace tiempo, su obra es coleccionada de forma importante en Europa y Estados Unidos, tanto de manera privada como institucional.

M.J.F: Acá en Buenos Aires hay un coleccionista muy importante que es Eduardo Costantini, que es un amante absoluto de la obra de Matta, por lo que no es casualidad que pensáramos en traerlo acá. Pero, efectivamente, y volviendo a tu pregunta inicial, yo hice unas relaciones institucionales, y ahí se da en esta exposición un hilo conductor que tiene que ver con el Matta institucionalizado y devuelto al territorio latinoamericano.

A.V: La muestra se centra en los vínculos de Matta con América como contexto de creación y por su involucramiento en el acontecer político de la región en la época. Ese interés de Matta por la región se expresa, sobre todo, a partir de los años 50 y hasta bien entrados los 80. ¿Cómo se manifiesta esto en las obras aquí presentes?

Inés Ortega-Márquez: Sobre todo a través de la incorporación a la exposición de piezas que dan cuenta abiertamente de su sensibilización por las preocupaciones y las heridas de la región. Como Nacimiento de América (1952), una de las obras patrimoniales más importantes de Chile, de la colección del MAC, perteneciente a la serie Amaneceres dedicada a América-, y dos importantes series de grabados que lo vinculan a la literatura americana: Verbo América (1985), que representa el arquetipo incaico y está inspirada en poemas de voces fuertes y representativas como Gabriela Mistral, José Martí, Rubén Darío, Nicolás Guillén y César Vallejos, y El Gran Burundún-Burundá ha muerto, de 1975, inspirada en la obra homónima de Jorge Zalamea escrita en 1952 como protesta y denuncia política frente al régimen colombiano, que Matta utilizó para denunciar las violaciones a los derechos humanos en Chile y por extensión en todo Latinoamérica, atacando los regímenes totalitarios. Antes, en 1974, pintó cinco grandes telas que se encuentran en el Museo de Arte Moderno de Ginebra. Telas y grabados reflejan con fuerza el espíritu mordaz del poeta, que se inscribe en una larga tradición latinoamericana en la que poesía, ironía y humor se alían, en tanto que expresión de la inteligencia, para denunciar y combatir las dictaduras y sus caudillos. En el caso de Matta y Zalamea, asistimos además al diálogo de dos intelectuales que hicieron de la contestación social y del compromiso político, un eje de su creación.

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Matta, El día es un atentado, 1942, óleo sobre tela, 76 x 91 cm. Colección Museo Nacional de Bellas Artes, Chile / Dibam. Foto: Agencia Sangre

A.V: Tengo entendido que esta es la primera muestra importante de Matta en Argentina…

M.J.F: Si, y yo añadiría que es una de las más importantes en América Latina desde el ámbito institucional y patrimonial. Claro, la excepción es la muestra del centenario que se hizo en el Centro Cultural Palacio La Moneda, en Chile.

A.V: Importante también a cuanto a la red de coleccionistas que se armó para el préstamos de las obras…

M.J.F: Mi curaduría se basa en traer al Matta que ya fue elegido, que está colgado en los museos, centros culturales, embajadas tanto de Chile como de Argentina. El gran sentido de esta curaduría tiene que ver con la devolución, con la aceptación y la pertenencia de este artista absolutamente latinoamericano, y que por casualidades de la vida tuvo que emigrar y vivir en otros países más poderosos, donde el mercado, como tú dices, lo absorbió.

A.V: De las obras que están en exhibición, ¿cuál destacarían por su importancia simbólica?

I.O.M: Nacimiento de América ocupa un importante lugar en el marco conceptual de la muestra, porque destaca el despertar de Matta a una sensibilidad por el continente. Esta obra resulta esencial porque sintetiza la expresión visual de las preocupaciones habituales de la región: los orígenes, las raíces y el suelo natal, en una explosión de luz de gran variación y fuerza cromática en la que flotan elementos biomórficos que simbolizan una naturaleza exuberante. En la década de los 40 Matta había utilizado lo solar como metáfora de germinación y autoengendramiento, de fuerza energética ordenadora del mundo. Indaga en  la conexión del paisaje interior con el paisaje exterior a través de la expresión de paisajes cósmicos cargados de energía.  Con esta obra se muestra también que Matta explora esta concepción aún a lo largo de su evolución posterior.

En el relato, constituye el eje a partir del cual se estructura en esta exhibición su producción artística: hacia atrás en una revisión de los años 40 y los años finales de los 30 con su exploración del surrealismo y del expresionismo abstracto, y hacia adelante con su vuelco a la figuración y a la morfología social.

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Matta, El nacimiento de América, 1952, óleo sobre tela, 208 x 296 cm. Colección MAC, Universidad de Chile, Santiago. Cortesía: MAC

A.V: Hay tres etapas de la creación de Matta bien definidas en esta curaduría: la de los años 40, una de las más importantes del artista, la de ese período que mencionamos anteriormente que va de los años 50 a los 80, que es las de acercamiento a la región latinoamericana, y la de los años 50 a 70, que es de su máxima actividad sociopolítica. ¿Cómo vierte o traduce Matta esas vivencias en su obra, sobre todo en la más abstracta y onírica?

I.O.M: En un ejercicio de mirada global a su obra, puedo decir que los dibujos tempranos proponen formas orgánicas y biomórficas de clara influencia picassiana, líneas en curvatura que rompen la perspectiva tradicional euclidiana y fondos “tapizados” de una suerte de malla que se relaciona con una representación de los repliegues de la psique.

Aplicando manchas de pintura en la tela, las transforma en formas nuevas, desconocidas, que llamó Morfologías Psicológicas o paisajes interiores, que surgen de la búsqueda de nuevas estructuras icónicas, desconocidas e inexistentes, a diferencia de otros surrealistas que usan imágenes que provienen de la percepción visual. El espacio de Matta es un espacio en movimiento, dinámico, en bifurcación y en recomposición continua. Figuras abstractas de alusión erótica pueblan sus obras.

En la postguerra temprana decide utilizar su pintura para denunciar y crear conciencia. Introduce la figura humana en una exploración de la psique como ente social a través de un lenguaje plástico más figurativo para narrar la violencia a través de figuras geométricas y cortantes, dramáticas, en actitud inquietante y violenta y alusiones eróticas quizás usadas como una metáfora del poder, que le costaron su exclusión de la Escuela de Nueva York y del grupo surrealista.

En los años 50 y 60, Matta es un idealista, cree firmemente en la justicia social, que aborda como paisajes exteriores en conexión con el ser. Incorpora la imaginería y la mitología de los pueblos indígenas.

Decepcionado por el fracaso de la ciencia y la tecnología que llevaron a la guerra, denuncia su fracaso y pone de relieve los conflictos, ansiedades y tensiones propias del hombre contemporáneo, en escenarios de cuasi ensoñación pero plagados de elementos hostiles y estructuras cerradas de las que el ser pugna por liberarse.

Moviéndose siempre entre la figuración y la abstracción, representaciones que nunca disocia del todo, las obras de Matta mantienen siempre su halo de misterio sombrío y dinámico al mismo tiempo, como movido por una fuerza centrífuga.

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Matta, Exil du Ciel,1961, óleo sobre tela, 83 x 102 cm. Colección Isabel Aninat, Chile. Foto: Agencia Sangre

 

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Matta, Etre cible nous monde, 1958, óleo sobre tela, 200 x 300 cm. Colección MAVI, Chile. Foto: Sangre Producciones

A.V: La muestra reúne una importante colección de catálogos. ¿De dónde provienen?

M.J.F: Son de un coleccionista chileno. Hay algunas obras aquí que están señaladas como “colección particular” porque sus dueños no quieren aparecer.

A.V: ¿Hay planes de que esta muestra se lleve a Chile o a otras ciudades de Latinoamérica? 

M.J.F: Difícil, porque como las obras pertenecen a distintos museos, han sido prestadas específicamente para esta exposición. No la hemos pensado como una exposición que tiene un recorrido.

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Alejandra Villasmil

Nace en Maracaibo (Venezuela) en 1972. Es Directora y Fundadora de Artishock. Licenciada en Comunicación Social, mención audiovisual, por la Universidad Católica Andrés Bello (Caracas, Venezuela, 1994), con formación libre en arte contemporáneo (teoría y práctica) en escuelas de Nueva York (1997-2007). En Nueva York trabajó como corresponsal sénior para la revista Arte al Día International (2004-2007) y como corresponsal de Cultura de la agencia española de noticias EFE (2002-2007). En Chile fue encargada de prensa y difusión para el Museo de Artes Visuales (MAVI), Galería Gabriela Mistral, Galería Moro y la Bienal de Video y Artes Mediales.