Las obras del alemán Lukas Kühne tienen a menudo contenidos multidisciplinarios y están dedicadas a los impactos espaciales en su interrelación acústica. Trabajos como Cromatico, en Tallin, Estonia (2011), Tvisöngur, en Seydisfjordur, Islandia (2012), Organum, en Hailuoto, Finlandia, (2014), definen su carácter como escultor sonoro. Desde 2005 dirige el Taller Experimental Forma y Sonido y, en 2013, inició en Montevideo -ciudad donde reside- la plataforma Festival Internacional de Arte Sonoro Monteaudio, ambos operando en la Escuela Universitaria de Música (Universidad de la República, Montevideo). Kühne está de visita en Chile para participar en el IX Festival de Arte Sonoro TSONAMI, en Valparaíso.

¿Cómo defines una escultura sonora?

Una escultura sonora se puede interpretar de forma libre. Viene de la formación que yo tengo como escultor tradicional. A mí siempre me faltó algo en el resultado de trabajar en tres dimensiones. Me siento alegre y motivado por el sonido que surge mientras hago una escultura, mientras tallo la madera, tallo la piedra o modelo la arcilla, pero siempre sentí que no había una satisfacción total después de ver un proyecto terminado. Esa figura o retrato que no habló. Entonces supe que había que buscar otro sentido, no separar más lo audible y lo visual. Para mí la escultura sonora une los dos sentidos. No tiene retrato ni imagen, puede ser sólo sonido que recorre el espacio. La escultura, en miniatura o monumental, se mide con el espacio. El desafío es igual. Si tengo un espacio vacío, seguro no es un espacio vacío porque si yo hago un movimiento entonces el aire empieza a dividir el lugar cerrado, pero también afuera tienen importancia. Para mí el sonido también requiere material que en este caso es aire. Si me preguntan cuál es mi material preferido para tallar esculturas, yo siempre voy a responder: “aire”. Mi territorio es acústica pura. No necesito tantos enchufes o electricidad. En la acústica hay tantas cosas lindas e increíbles para explorar.

Y en esto ¿qué rol cumple la arquitectura?

Mis obras tienen algo de arquitectónico, pero soy escultor, trabajo con el espacio bajo el concepto de frecuencias de sonido. Me encanta hacer esculturas que suenan, con las que la gente puede interactuar, esculturas que se pueden ver desde afuera y también por dentro y aprovechar ese espacio, y claro, se puede decir que tiene que ver con arquitectura, pero más bien lo interesante es lo que pasa con los sentidos audibles y visuales, la forma que sigue un concepto sonoro.

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Cromático, 2011, instalación permanente de Lukas Kühne en Tallinn, Estonia. Cortesía del artista y TSONAMI

Cromatico, tu escultura sonora monumental permanente que hiciste en Estonia (2011), en el marco de Tuned City Tallinn, tiene mucho de lo que estás describiendo…

Cromatico es una visualización de la cromática, de la escala musical, que casi todas las composiciones clásicas y populares occidentales de los últimos 300 años han seguido. Se compone de 12 cámaras de hormigón (que ilustran una octava de las teclas del piano blanco y negro). Cada cámara de la concha acústica de hormigón reverbera en un tono diferente. Es la visualización de una octava, una muestra de que se puede construir bajo leyes sonoras. Esta dictadura no ha tenido evolución. Si prendemos la radio ahora y suena Lady Gaga escucharemos esa entonación. Por eso fue interesante hacer este manifiesto bien claro, como ente bonito y brutal al mismo tiempo. Nos preguntamos hoy si un instrumento está o no afinado y ni sabemos de qué estamos hablando, pero ponemos una ley. Me parece que no habla bien de nuestra conciencia. A mí me encantan las entonaciones libres, las de cada uno, como cada uno se siente. Cromatico fue un ejemplo para mostrar que es posible visualizar conceptos sonoros en el espacio. Los críticos entendieron mi visión (Premio Grand Prix 2012) y yo pensé, ahora puedo hacer cualquier cosa.

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Tvísöngur, 2012, instalación permanente de Lukas Kühne en Seydisfjordur, Islandia. Cortesía del artista y TSONAMI

 

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Lukas Kühne, Tvísöngur, 2012, escultura acústica ubicada en Seydisfjordur, Islandia. Cortesía del artista

 

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Lukas Kühne, Tvísöngur, 2012, escultura acústica ubicada en Seydisfjordur, Islandia. Cortesía del artista

Tvísöngur, otras de tus esculturas sonoras, sorprende por su belleza. ¿Cómo funciona este amplificador natural? ¿Cuál fue tu objetivo al hacerla?

Yo quería trabajar algo que me acercara a la cultura islandesa y aprovechando una  invitación que me hicieron a una muestra en Islandia quise entrar un poco más profundo. Encontré este sistema que tiene más de dos mil años, Tvísöngur, que quiere decir dos cantos, Tví de “dos” y Söngur de “cantar”: un canto de dos. Es el primer documento de un canto polifónico, antes de todos los coros de las iglesias, antes de todo, es uno de los más antiguos sistemas de canto conjunto que está documentado, con un sistema de cinco tonos. Me pareció muy interesante acercarme a esta tradición que no existió sólo en Islandia, sino también en otros países nórdicos. Entonces hice una maqueta de cómo podía funcionar ese sistema y encontré una respuesta tan impactante que ellos querían la obra allá en Islandia.  El tamaño de la escultura fue elegido basándome en las frecuencias de este sistema sonoro.

Tvísöngur funciona como amplificador, es tremendo porque adentro es un espacio con cinco cúpulas que amplifican diferentes frecuencias pero en conjunto alimentan un amplificador. Es una pequeña sala de conciertos en las montañas, es de tamaño perfecto para treinta personas pero también para dos personas. El espacio, las cinco cúpulas, sirven para entender una meta didáctica, entender frecuencias y espacios. También cantar adentro porque en cada cúpula sientes la presión del espacio mismo, la onda estacionaria, sientes directamente que tienes al lado la otra cúpula, es otra percepción de los espacios, porque los espacios son increíbles.

No solemos “escuchar” los espacios, no es algo común…

Nos adaptamos directamente.  Si entras en un lugar tu oído se adapta. El oído es perfecto, hay que entender que cada espacio tiene en sí mismo su perfil sonoro o su frecuencia fundamental. Eso les falta a los arquitectos porque no tienen esta información.

En la educación del arte sonoro tú también pones énfasis en ello, como en el taller Forma y Sonido que impartes en la Universidad de la República, en Uruguay…

Sí, y se llama así porque yo soy escultor. Tenemos este taller desde hace diez años, es un taller interdisciplinario donde somos bienvenidos artistas, estudiantes, docentes. Hay músicos, compositores, artistas visuales, sociólogos, intercambiamos e investigamos, exploramos.

Monteaudio, el festival de arte sonoro que realizan en Montevideo, ¿nace de este taller?

Sí, Monteaudio nació en el 2013 como un paso adelante del taller. Es muy lindo, vienen artistas de afuera, tiene un nivel académico con charlas y conferencias, con artistas reconocidos destacados de acá y de afuera, los estudiantes pueden exponer junto con superstars. Está tomando forma.

En el Festival Tsonami vas a hacer una instalación que se llama …de aquí para allá…, ¿De qué se trata?

Es una obra en proceso y se trata de trabajar en Valparaíso en diferentes barrios y rincones. Quiero entender la complejidad de Valparaíso y también quiero involucrar a los “valparaenses”. Quiero que me enseñen también y después trabajar en el diálogo con el pueblo. Trabajaremos resonancia de altura, el gesto dual del ritmo, justamente de Valparaíso. Y todo eso se va a juntar en una instalación en Casa Nekoe que va a tener que ver con la investigación del intercambio y los amplificadores naturales.