María Inés Rodríguez (Colombia, 1968) es directora del CAPC Museo de Arte Contemporáneo de Burdeos, el primer centro de arte contemporáneo creado en Europa. Desde que asumió el cargo en febrero de 2014, ha brindado a la institución su experiencia y conocimiento en programación de museos, colecciones institucionales, programas públicos y la producción de exposiciones de arte contemporáneo.

Antes de llegar al CAPC, Rodríguez fue comisaria Jefa en el Museo Universitario de Arte Contemporáneo (MUAC), en la Ciudad de México, y anteriormente, entre 2009 y el 2011, comisaria Jefa en el Museo de Arte Contemporáneo de Castilla y Léon (MUSAC), en España.

En esta entrevista, Rodríguez habla de la historia y proyecciones del CAPC, donde ya ha curado muestras emblemáticas como la primera gran retrospectiva del polifacético Alejandro Jodorowsky, y sobre su visión como directora, que incorpora un enfoque holístico hacia el arte y la cultura, entrelazando diferentes funciones y departamentos del museo, con un interés central en la investigación y la educación.

En este sentido, entre sus objetivos están volver a dinamizar la colección, haciéndola visible de forma permanente a partir del otoño de 2016, y crear un centro de investigación, lo que distinguiría al CAPC de otros museos de Francia. “No queremos solamente ser un espacio en donde se presentan exposiciones, queremos ser un espacio de producción, de pensamiento y de reflexión en el que involucramos artistas, críticos de arte, curadores, otros intelectuales y también el público que nos acompaña”, señala.

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María Inés Rodríguez, directora del CAPC. Foto: Patrick Durand

Carolina Castro J.: Empezando por la historia del CAPC, este centro ha sido pionero en Europa en mostrar arte contemporáneo desde su fundación en 1973. El CAPC se ha caracterizado por ser un proyecto muy coherente, contando con una gran infraestructura, diseño, programación… A lo largo de los años han expuesto en el museo grandes artistas como Christian Boltanski, Richard Serra, Sol Lewitt, por mencionar solo algunos, los cuales inauguraron una línea de trabajo que se extiende hasta hoy. Me gustaría que me cuentes sobre los orígenes del CAPC y cómo eso se transmite hoy.

María Inés Rodríguez: A finales de los años 60 y principios de los 70 aún existían dos grandes depósitos de productos alimenticios de las colonias francesas en el barrio de Chartrons, ambos construidos en la primera mitad del siglo XIX. La municipalidad decide demolerlos, pero después de haber derribado el primero, una campaña ciudadana liderada por una vecina del barrio permite salvar e Entrepôt Lainé. Se decide que el edificio se dedicará a un proyecto cultural. En ese momento se crea el CAPC, sigla del Centro de Artes Plásticas Contemporáneas, fundado por Jean Louis Froment, quien lo dirigirá hasta 1992. El CAPC fue el primer centro de arte contemporáneo creado en Europa, y a su inicio sólo ocupaba las dos galerías de la planta baja y parte de la Nave. Pasan los años, la programación se vuelve cada vez más importante, en 1984 el CAPC adquiere el estatuto de museo y se inicia la segunda fase de trabajos de adecuación. En 1990 se finaliza la tercera fase y la institución ocupa finalmente todo el edificio.

C.C.J: ¿Por qué se decide a dar el paso de un centro de arte a un museo?

M.I.R: Jean Louis Froment había comenzado una colección importante de obras que eran producidas para las exposiciones en este museo, que es un espacio con unas características arquitectónicas específicas, e implica que necesariamente los artistas tengan que pensar, generar piezas para el lugar mismo. Algunos de los artistas invitados como Keith Haring, Daniel Buren, Richard Serra, Matthew Barney, Anish Kapoor, Sol LeWitt, y muchos otros, hicieron piezas específicas para sus exposiciones en el CAPC, lo que permitió la constitución de una colección de gran nivel.

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Richard Long, White Rock Line, 1990 (reconstruida en 2014). Colección CAPC Musée d’art Contemporain de Bordeaux. Vista en la terraza del CAPC. Foto: Frédéric Deval

C.C.J: ¿Dónde está esa colección ahora? ¿Que ocurrió con las obras hechas de manera específica para el CAPC?

M.I.R: Algunas quedaron en el museo y otras no, porque no se podía adquirir todo lo que se produjo, pero gran parte de las piezas que se produjeron para esas exposiciones emblemáticas y para otras que vinieron después están en nuestra colección. Es por esto que la colección del CAPC es tan importante a nivel internacional. Posee piezas de Mario Merz, dos piezas de Niele Toroni que están al exterior del ascensor, las cuales corresponden a una idea que tuvo Jean Louis Froment de comisionar piezas para el edificio, como la pieza de Keith Haring que hoy se puede ver a través de un ventanal integrado al ascensor, o la de Christian Boltanski en una de las escaleras que es como un pequeño museo en una habitación. De Richard Long hay doce piezas de las cuales dos están en el restaurante y dos en la terraza: la White Rock Line y la Ligne d´ardoise, que pertenece al FRAC Aquitaine que es un fondo regional de arte contemporáneo.

C.C.J: Según he escuchado en España, y cuentan los artistas, muchos venían del mundo entero a ver las exposiciones que se hacían aquí… seguían fielmente la programación…

M.I.R: Si, de todo el mundo. Pienso que si el museo no hubiese seguido teniendo la calidad que tiene hace rato se hubiese cerrado, habría terminado. Esos años constituyeron un período importante pero no hay que caer en la nostalgia de que ese fue el único momento. Ha habido siempre exposiciones emblemáticas como Mutaciones, de Rem Koolhaas, Hans-Ulrich Obrist y Hou Hanru, que fue una exposición fundamental; una maravillosa retrospectiva de Louise Bourgeois, G.A.S., curada por Harald Szeemann, o Traffic, de Nicolas Bourriaud, por citar solo algunas. Los años 80 y 90 fueron un período determinante en la vida del CAPC porque le permitieron ser Museo, porque le dieron la posibilidad de tener un espacio físico coherente en el que participaron los arquitectos Denis Valode y Jean Pistre, y la diseñadora de interiores Andrée Putman. Todo esto hace que sea un museo con un proyecto sólido que nos permite ir hacia delante.

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Lampadaire, 1990, Andrée Putman/ECART. Mezzanina del CAPC Musée d’art Contemporain de Bordeaux. Foto: Arthur Péquin, 2015

C.C.J: La exposición en curso (hasta enero del 2016) dedicada al trabajo que realizó Andrée Putman para el CAPC nos permite justamente poder repasar un poco la historia del museo. El mobiliario que ustedes utilizan a diario fue diseñado por ella, los muebles de la biblioteca, las luminarias, etc. Cuéntame un poco del trabajo de ella y la importancia para la vida del CAPC.

M.I.R: Creo que esto que mencionas es clave en la vida del CAPC. Por ejemplo mi mesa de trabajo ha estado un mes fuera para una exposición, también los sillones. Cuando en 1978 se decide que se va a recuperar todo el edificio para el museo aparece la figura de Andrée Putman a quien invitó el director Jean Louis Froment junto a los arquitectos Valodre y Pistre. Desde entonces se comienzan a intercambiar las ideas que dan origen a lo que vemos hoy. Nada de eso ha envejecido, son los muebles de todo el museo, es coherente con todo el proyecto. Todo está tan bien pensado que es atemporal; por eso el título de la exposición que es una frase de Baudelaire que ella solía citar “L´Éternel dans I ´instant” (“Lo eterno en el momento”), la eternidad que se puede concebir en un instante, como un instante puede ser eterno. Todo el proyecto que diseñó tiene una proyección hacia el futuro y va evolucionando con el espíritu del museo. Conserva esa capacidad de ser atemporal que es algo fundamental. Hace muy poco hemos creado el fondo Putman para poder restaurar muchas de las piezas, y proteger el mobiliario. Este proyecto también responde a los cambios que estamos teniendo ahora mismo en el CAPC: sacar la colección al público, habilitar el centro de investigación junto con el mobiliario que hace del espacio de la biblioteca un lugar con mucha historia.

Los archivos del museo hacen totalmente parte de la colección junto con la gran variedad de libros de artista que poseemos. Ahora mismo estamos trabajando en un proyecto para conseguir fondos y poder digitalizar esos archivos, renovar y ponerlos al servicio del público especializado, investigadores, etc. Esos archivos hacen parte esencial, son la materia básica del centro de investigación.

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Vista de la exposición Markus Schinwald, en el CAPC, 2013. Foto: Frédéric Deval

 

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Franz Erhard Walther, Schreitblock, 1969. Colección del CAPC Musée d’art Contemporain de Bordeaux. Parte de la exposición Le corps décide, en el CAPC, 2015. Foto: Frédéric Deval

C.C.J: Como bien dices, no hay que mirar el pasado con nostalgia, ya que sabemos que el CAPC nació con este espíritu de ser algo grande, y lo es, pero los tiempos han cambiado, la región ha crecido, han aparecido nuevos museos… el Guggenheim de Bilbao, por mencionar uno en España, pero muchos en Francia. Entonces el CAPC, teniendo una gran trayectoria, ¿cómo se adapta a los nuevos tiempos? ¿Cuál es tu misión ahora aquí?

M.I.R: Creo que hay algo importante y es saber aprovechar el patrimonio que se recibe, y no me refiero sólo al patrimonio de la colección, del edificio, sino al patrimonio del trabajo que han hecho mis predecesores. Cada uno de ellos jugó un rol importante en la vida del museo y hay que valorar ese trabajo, esa fuerza intelectual que hace que el museo esté ahora donde esté. Eso nos sirve para pensar de qué manera nos queremos posicionar hoy hacia el futuro. Esto significa por ejemplo que es necesario volver a dinamizar la colección, hacerla visible, por lo cual vamos a mostrarla de forma permanente a partir del otoño de 2016. Por otra parte vamos a reforzar una de las misiones importantes que tiene el museo. Siempre he pensado que el museo es una plataforma para el conocimiento y en ese sentido la creación de un centro de investigación, que estamos empezando a poner en marcha, es uno de los elementos que nos va a distinguir de otras instituciones museales en Francia. No queremos solamente ser un espacio en donde se presentan exposiciones, queremos ser un espacio de producción, de pensamiento y de reflexión en el que involucramos artistas, críticos de arte, curadores, otros intelectuales y también el público que nos acompaña.

Cuando hablo del público también me refiero a los que trabajamos en el CAPC; nosotros también somos público, y es muy importante que nosotros como empleados del museo, como primer público, podamos tener una formación coherente. Los tiempos cambian, los públicos cambian y como decías el panorama del arte a nivel nacional e internacional ha cambiado también. La economía ha cambiado y está marcando a veces de manera negativa la forma en que las instituciones se transforman. Teniendo en cuenta todos esos elementos estamos trabajando en un proyecto que se llama Escuela de Mediación y que sirve en un primer momento para la formación de nuestros equipos y de los equipos de otros museos que se han asociado con nosotros, como el Jeu de Paume en París, con quienes colaboramos en varios campos. Será un espacio de reflexión sobre qué es la mediación hoy, cómo nos relacionamos con nuestros públicos y cómo nuestros públicos se relacionan con nosotros. Hay que pensar que dentro del público hay un espectro muy amplio: no sólo están las personas que entran con su ticket, están también los representantes del Estado que acompañan las políticas culturales. Cuando hablamos de público hablamos de una diversidad de personas que vienen de diferentes campos y que interactúan con el museo.

Las colaboraciones con otros museos y las conexiones con otros continentes también hacen parte de la apertura que deseamos. Hace poco tuvimos la exposición Muestrario del artista colombiano José Antonio Suárez Londoño, y el programa Satellite 8, co-producido con el Jeu de Paume, bajo la curaduría de Erin Gleeson, que presentó una selección de jóvenes artistas de Asia del Sudeste, representada por la muestra Mongkut del tailandés Arin Rungjang. Nos estamos abriendo a otros horizontes. Bordeaux está situado en el Atlántico, entonces queremos tener una perspectiva atlántica, algo próximo al pensamiento de Edouard Glissant cuando habla de una mentalidad de archipiélago, que nos permite no leer el mundo en términos de sur y norte sino en términos mucho más amplios, dejando que el pensamiento viaje por todas esas islas. Quiero resaltar que en el caso de Latinoamérica este es un vínculo que me interesa, no porque yo sea colombiana, sino porque es una fuerza creadora, económica, política y social importante y que se está haciendo sentir.

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Carolina Castro Jorquera

Nace en Chile, en 1982. Es curadora, y Doctora en Historia del Arte por la UAM, Madrid. Sus intereses están enmarcados por las relaciones que es capaz de establecer el arte con otras disciplinas como la ciencia y la filosofía, así como también con las diferentes dimensiones de la conciencia humana y su rol en la construcción de la historia y del presente.