Mario Navarro es, sin lugar a dudas, uno de los más destacados artistas de la generación de la transición en Chile (1990-2010). Probablemente uno de los líderes de un grupo importante de artistas visuales que pasaron de la dictadura por los primeros gobiernos de la Concertación, una preliminar e inconclusa democratización cultural y política, renovando un lenguaje artístico heredero de las grandes pugnas epistemológicas de los ochenta.

Como testigo privilegiado de su trayectoria, siendo compañero de promoción en la Escuela de Arte de la Universidad Católica, puedo atestiguar su compromiso temprano con una práctica seria, constante y lúcida del arte, estimulando con su ejemplo una sostenida interpelación hacia sus contemporáneos y formadores a través de trabajos y ejercicios que ponían en una sintonía sólida el discurso y la práctica artística. Desde ese momento nos encontramos con un artista que, a través de sus obras, escritos, curadurías y práctica docente, nos propone una serie de reflexiones y problematiza el campo de las artes visuales locales estableciendo lo que Justo Pastor Mellado, curador de su última muestra en Galería Gabriela Mistral (GGM), señala como una “extensión del sentido”, para graficar su modus operandi en relación  a las prácticas tradicionales del arte y sus correspondientes desplazamientos contemporáneos.

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Mario Navarro, still de “Ectoplasma y Caballo”. Video en la exposición “La Nube y el Médium”, Galería Gabriela Mistral, Santiago, 2015. Video HD doble canal, 05:53 min. Cortesía del artista

 

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Mario Navarro, still de “Ectoplasma y Caballo”. Video en la exposición “La Nube y el Médium”, Galería Gabriela Mistral, Santiago, 2015. Video HD doble canal, 05:53 min. Cortesía del artista

 

Víctor Pavez: Desde tu anterior muestra en GGM, The New Ideal Line (Opala), 2002, hasta esta actual exposición en el mismo lugar, ¿qué ha cambiado, tanto en la escena artística local, en tu vida, tu práctica docente y cómo se ha traspasado eso a tu trabajo?

Mario Navarro: Claramente ha habido muchísimos cambios en diferentes ámbitos, desde la forma que tenemos para relacionarnos y experimentar la política hasta la forma crítica de ver y leer la realidad contemporánea. El hecho que la noción democrática que manejamos proviene ya no de lo perdido luego del Golpe, sino de los gobiernos de la centro-izquierda que propiciaron la consolidación del modelo social, económico, cultural y en definitiva político que actualmente tenemos y que desde todo punto de vista está en crisis, supone para mi un tremendo cambio de paradigma. Asimismo, el arte ha experimentado cambios de todo tipo: en la hegemonía de ciertos tipos de visualidad, en el distanciamiento de una sobre-discursividad por parte de los artistas y también de parte de la escritura histórica y teórica. También diría que esto se advierte en la academia, o por lo menos en lo que me toca como profesor en la Escuela de Arte UC, donde existe una incipiente demanda de la propia escuela y de los alumnos por la renovación y la actualización de contenidos y metodologías didácticas que permitirían a los nuevos artistas participar de un tipo común de comprensión del fenómeno artístico y de la mayor parte de sus aristas (la circulación, el mercado, la investigación, la práctica, etc).

Hoy objetivamente hay muchos más caminos que explorar que hace trece años en que fue la exposición que mencionas. Hoy hay más y nuevas galerías, hay una noción sobre el mercado del arte, que aunque precario y pobre, existe y por lo tanto se entiende. Sobre esta plataforma entonces es posible la crítica también desde diferentes flancos (los estudiantes, los artistas, los teóricos, los críticos, los periodistas, etc).

Además de este factor crítico, yo diría que hoy hay más diversidad y más tolerancia a distintas maneras de ver la actividad artística; a comprender que el trabajo de los artistas visuales es en esencia una exploración y por lo mismo es necesario aceptar su variabilidad. Pienso que esto último ha sido mejor comprendido por algunos artistas jóvenes y creo que están aprendiendo a sacarle partido. Otros, en su gran mayoría, por el contrario y a diferencia de mi generación, han visto o se han encandilado con herramientas y formas de circulación en el “mundo del arte”  que les ha facilitado el trabajo de incorporación a los llamados “circuitos artísticos”. Personalmente creo mucho más provechoso en términos de profundización y consolidación de la propia obra buscar permanentemente nuevos caminos para explorar. Creo que la lógica que define el capital no permite necesariamente sustentar la propia obra en todas sus dimensiones… esto suena un poco conservador (de izquierda) pero me parece que la analogía con el “emprendedor” no es muy productiva en términos de producción de conocimiento.

Diría que todo lo anterior he tratado permanentemente de traspasarlo a mi trabajo con los estudiantes y a mi propia práctica artística. He hecho lo posible por construir un método particular para cada nueva obra o exposición que tengo por delante; así no me aburro y así también he podido darme cuenta que se percibe mi trabajo. Por ejemplo, pasé mucho tiempo, como desde los proyectos posteriores a TNIL (Opala) trabajando con el color rojo. Se transformó casi en una marca registrada. Pero siendo fiel a mi principio de “quiebre” con lo anterior, para La Nube y el Médium trabajé principalmente con amarillo.

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Vista de la exposición “La Nube y el Médium”, de Mario Navarro, en Galería Gabriela Mistral, Santiago, 2015. Foto: ©Rodrigo Maulén. Cortesía del artista y Galería Gabriela Mistral

 

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Vista de la exposición “La Nube y el Médium”, de Mario Navarro, en Galería Gabriela Mistral, Santiago, 2015. Foto: ©Rodrigo Maulén. Cortesía del artista y Galería Gabriela Mistral

 

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Vista de la exposición “La Nube y el Médium”, de Mario Navarro, en Galería Gabriela Mistral, Santiago, 2015. Foto: ©Rodrigo Maulén. Cortesía del artista y Galería Gabriela Mistral

 

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Vista de la exposición “La Nube y el Médium”, de Mario Navarro, en Galería Gabriela Mistral, Santiago, 2015. Foto: ©Rodrigo Maulén. Cortesía del artista y Galería Gabriela Mistral

V.P: Sostengo que en tu obra hay una cierta desconfianza por la noción de modernidad, sobre todo aquella más plana y popular que solemos encontrar en los medios masivos y el discurso político más básico. ¿Qué condiciones crees que dicha modernidad presenta como sus debilidades o inconsistencias más preocupantes?

M.N: Yo pienso que lo esencial en tu pregunta tiene que ver con el rol que la modernidad le asignó a la noción de autonomía. Ya lo vemos en el arte moderno y su preocupación permanente por el presente, desprendido fundamentalmente del pasado (por muerto) y planteando una dependencia no monolítica del futuro. es decir, que el arte moderno es el que instalaría lo que conocemos como arte contemporáneo. Para mi esto es fundamental porque la modernidad no se plantea como un asunto temporal finito, sino por el contrario, donde la contemporaneidad (incluyendo al futuro) apuesta por un tiempo en suspensión o uno relativo.

Lo que tú dices como una noción masiva y básica desde una perspectiva política, tal vez proviene del estándar que ha instalado la propia política a través de una también básica lectura del marxismo y sus extensiones por ejemplo a la filosofía de Walter Benjamin o Gramsci. También creo que hay un grado de responsabilidad de la historia del arte en cuanto a entender la modernidad a partir de la arquitectura moderna. Para mi es divertido esto último porque siempre los arquitectos han querido ser artistas. Entonces el anhelo de una práctica que se sustente en la autonomía, por ejemplo a partir de su pureza y la prescindencia de lo accesorio, como lo manifestara Adolf Loss en su célebre artículo de 1908 Ornamento y delito, en muchos ángulos se opone a muchísimos ejemplos de arquitectura moderna y claramente a lo que el arte del mismo período planteó, aun cuando en algunos de sus manifiestos también propusieran la muerte del arte antiguo.

Hoy con la distancia del tiempo, el fracaso del “nuevo hombre” trostkista y el inminente colapso de la sociedad capitalista más allá de Occidente, tal vez es posible pensar que lo moderno más bien debió pensarse como el efecto de la dependencia temporal, es decir, del enlace entre pasado, presente y futuro. O incluso, aun con la exclusión del pasado, pensar en el futuro sólo como una posibilidad y no como certeza porque en la incertidumbre como un estado irregular y de intranquilidad psíquica y también física se vuelve necesario tener a la vista que lo que ocurrirá depende casi exclusivamente de las acciones pasadas.

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Vista de la exposición “La Nube y el Médium”, de Mario Navarro, en Galería Gabriela Mistral, Santiago, 2015. Foto: ©Rodrigo Maulén. Cortesía del artista y Galería Gabriela Mistral

 

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Vista de la exposición “La Nube y el Médium”, de Mario Navarro, en Galería Gabriela Mistral, Santiago, 2015. Foto: ©Rodrigo Maulén. Cortesía del artista y Galería Gabriela Mistral

 

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Vista de la exposición “La Nube y el Médium”, de Mario Navarro, en Galería Gabriela Mistral, Santiago, 2015. Foto: ©Rodrigo Maulén. Cortesía del artista y Galería Gabriela Mistral

V.P: En esta muestra, La nube y el Médium, hay un elemento esotérico y sobrenatural que sospecho pone en circulación una idea de la inmaterialidad respecto de elementos muy concretos y definidos que la enfrentan, en un diálogo entre la misma materialidad de las obras y su origen. ¿Existe esta relación? ¿Cómo se establece y de qué manera crees que se lee?

M.N: Lo que pretendo con esta exposición es que se confronten situaciones que pertenecen a dos dimensiones de la vida: lo material y lo inmaterial; o lo material y lo espiritual; o, más próximo al arte, lo visible y lo invisible.

El espiritismo, siendo una práctica que se sustenta en la exploración de la comunicación entre dimensiones o polos similares a los binomios mencionados anteriormente, es aquí una cara de la moneda ilustrada por la “comunicación” entre hombre y caballo, materializado a medias por la sustancia denominada como ectoplasma; la otra es el edificio Copelec (Borchers, Bermejo y Suárez, Chillán, 1962), o mejor dicho la maqueta de cholguán del edificio. También en este lado están los dibujos murales al estilo de cómic de terror de los años 50-60 que encargué a un dibujante experto. Entonces este choque o enfrentamiento es lo que permitiría hacer una lectura sobre lo que llamé “flujos” en esta muestra. Sería la forma en que circula una dimensión en la otra o cómo una fluye a la otra. Es como una reverberancia permanente o una traducción continua.

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Mario Navarro, still de “Libros y Ectoplasma”. Video en la exposición “La Nube y el Médium”, Galería Gabriela Mistral, Santiago, 2015. Video HD doble canal, 05:53 min. Cortesía del artista

 

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Mario Navarro, still de “Libros y Ectoplasma”. Video en la exposición “La Nube y el Médium”, Galería Gabriela Mistral, Santiago, 2015. Video HD doble canal, 05:53 min. Cortesía del artista

V.P: En relación a lo anterior, leyendo una entrevista a J. Kristeva, me vino a la mente una cosa que ella dice respecto a Santa Teresa de Ávila: “Ella vive en una España en crisis, en un Siglo de Oro que pasa por una guerra de religiones entre protestantes y católicos. Construye una manera de estar en el mundo que es a la vez una experiencia interior y un acto político”. Esto me hizo pensar en cómo veo yo que tu obra se relaciona con sus contenidos y los pone en contacto con experiencias de distinta naturaleza u origen. ¿Crees que hay algo de esto en tu trabajo?

M.N: Claro, la experiencia mística de Teresa de Ávila es por definición la vivencia y la explicitación de un éxtasis divino. En mi caso, creo no estar ni cerca de ese fenómeno con mi obra porque por ejemplo, mi interés en el espiritismo se debe precisamente a mi escepticismo por esta práctica. Yo diría que este interés y la exploración en su historia, en el tipo de conocimiento que promueven y en las personas que lo practican es más bien instrumental; es lo que en otras ocasiones he hecho para marcar una distancia o una fórmula menos afectiva o emocional de involucramiento con la obra o partes de ella. Es buscar maneras para que el yo no se manifieste directamente en la obra; sin embargo, muchas de mi obras han tomado como punto de partida mi biografía y la de mi familia, pero esto está en un plano más cercano a lo documental. Ahora bien, el dolor o los padecimientos que subyacen en mi biografía eventualmente podrían constituirse como el efecto político de esos estados, pero políticos desde una perspectiva anclada en lo vivencial-personal y no en el eco de un sentimiento colectivo.

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Victor Pavez

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