Tamara Ibarra (México, 1982) es una artista visual transdiciplinaria con desarrollo en investigación, gestión y curaduría. Su trabajo se basa en la creación de instancias que revisan estrategias artísticas colaborativas y de empoderamiento, enfocándose en las plataformas de exhibición gestionadas por artistas. En el 2012 inició en México la investigación Tomar la Ola. Movimiento de los Espacios Independientes. Por este proyecto es por el que le realizamos esta entrevista.

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Tamara Ibarra

Ixchel Ledesma: Cuéntame a grandes rasgos de qué se trata tu proyecto Tomar la ola.

Tamara Ibarra: La investigación analiza la oleada de espacios independientes en México del periodo 2009-2015, y que reinició con fuerza a finales del 2012 en todo el país. Registra el surgimiento, evolución, vinculación, establecimiento, diversificación y proceso de institucionalización de estos lugares. El mapeo visibiliza los espacios pero también los nombres de los artistas que fueron parte de este pensamiento colectivo generacional en el que la autogestión, las prácticas colaborativas, colectivas y comunitarias fueron necesarias para enunciar nuevas demandas artísticas e incluso sociales.

Es una analogía en la que veo la figura del artista como un surfista que se inserta en el mar del arte y que aprovechando las convulsiones del sistema aprovecha la energía e inercia de la ola para desplazarse dentro de ella usando como herramienta una plataforma -los espacios independientes-, la cual por su latente estado de conflicto dentro del sistema artístico lo coloca en una posición en la que no hay que dominar la ola sino a si mismo para alcanzar el grado de libertad que desea.

I.L: ¿Cuáles serían las características que definen a un espacio independiente?

T.I: Los espacios independientes son tan orgánicos, mutantes y diversos que es muy difícil que algún proyecto no escape a algunas de las características, pero me centraré en los tres que considero son los ejes rectores: es horizontal, flexible y de resistencia.

La idea de Resistencia está dirigida a la Institución Pública (regida por las políticas culturales impuestas por la agenda gubernamental), a la que los espacios responden trabajando en agendas propias que a su vez responden a las necesidades de los artistas de las pequeñas comunidades que han albergado, todo esto con un entendimiento intuitivo y posteriormente racionalizado de responsabilidad social y compromiso artístico. Sin embargo, la resistencia individual de quienes dirigen estos lugares está enfocada principalmente hacia el mercado del arte, al que responden con una disminución significativa de producción de obra al dirigir toda la energía a la coordinación del espacio de exhibición, presentando además en las exposiciones obras de carácter efímero, gestual y precario cuya entrada al mercado está casi cerrada.

El deseo de Independencia se establece en la tensión; el artista se apodera de las mismas herramientas que le otorgó la institución (educativa) y las usa para hacer proyectos autónomos donde es él quien pone las reglas del juego.

Los espacios independientes son instituciones, tanto que legitiman, pero trabajan con estrategias opuestas a las instrumentalizadas por las instituciones rígidas gubernamentales y privadas.

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Primer Torneo de Ping Pong de Espacios Independientes. Cortesía: Tamara Ibarra

I.L: ¿Cómo planeas que sea la divulgación del proyecto?

T.I: La idea de la exposición es muy compleja dado que son proyectos vigentes y en constante evolución; esa fue la razón por la que este año viajé a Colombia para discutir con curadores e investigadores del Independent Curators International (ICI) acerca de la multiplicidad de formatos.

El primero producto en desarrollarse fue YEI, que en su primer etapa era una agenda y directorio para vincular y socializar la información de los espacios entre quienes los dirigían. Cubierta ya esa necesidad estamos por iniciar la segunda etapa: volverla una plataforma pública online que contiene la agenda, archivos de otras investigaciones, y textos comisionados que analizan los conceptos que se discuten y ponen en tensión dentro de los espacios independientes.

El libro Tomar la ola, el cual estoy desarrollando, es un análisis sobre el contexto y motivos por los que surgen los espacios así como todo su proceso durante estos cinco años. Incluye fragmentos de las entrevistas realizadas a los artistas y a diversos agentes que se involucraron y facilitaron la inserción de los espacios independientes en el panorama artístico actual, pero la resolución estará más cercana a un libro de artista.

Tanto el libro como la plataforma digital son productos dirigidos al mundo del arte, pero a mí me interesa que el conocimiento de esos procesos artísticos estén al alcance de más personas, y en ese punto es donde el formato de exposición gana.

La exposición Tomar la ola es el despliegue del proceso: archivo gráfico (fotos, noticias en medios, memorias, etc), prácticas editoriales y finalmente obras comisionadas a los artistas que dirigieron espacios… esto último porque considero necesario volver a la forma, al objeto como un receptáculo de experiencias y conocimientos.

El carácter mutante de los espacios ante la aceleración del sistema artístico me obligó a pensar en otras metodologías y de ahí surgió trabajar en una triada de proyectos para recabar y actualizar constantemente la información para la investigación.

I.L: Cuéntanos de esa triada

T.I: Tomar la Ola es el proyecto global. Con él realicé todo el trabajo de campo de la investigación: mapeos, visitas, entrevistas a espacios y agentes culturales, generación de archivo, etc. YEI es el directorio que se conformó durante la investigación; en él están reunidos todos los artistas que gestionan proyectos y los agentes culturales, instituciones y fundaciones que los apoyan. También participan artistas y curadores de otros países además de México, como Guatemala, Argentina, Colombia y Puerto Rico.

Boomerang es coordinada por integrantes de diversos colectivos: Yóllotl Alvarado/Cráter Invertido, Jimena Schlaepfer, Euri Lorenzo y Tania Ximena/Neter, Magda Luz Bonilla/Luz y Fuerza, Sergio Gutiérrez y Danna Levin/RAT, Mónica Castillo y yo. Es una red que organiza encuentros llamados “Boomerangs”. A estos llamados acuden artistas de proyectos independientes (espacios, colectivos, cooperativas y proyectos temporales) para plantear, reflexionar y discutir acerca de las búsquedas, conflictos, estrategias y cuestionamientos que existen al interior de la escena independiente.

Boomerang se nutre del directorio de YEI para hacer llegar las convocatorias y en cambio Tomar la Ola adquiere un panorama general de la escena independiente, pero también la investigación aporta a Boomerang información sobre los espacios en las discusiones de coordinación de los encuentros. La tres proyectos son autónomos pero se retroalimentan.

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Primer Torneo de Ping Pong de Espacios Independientes. Cortesía: Tamara Ibarra

I.L: ¿Cuál es tu posición como investigadora en estos proyectos, siendo que eres partícipe del movimiento y además una observadora?

T.I: Inicialmente estaba preocupada por ser distante, tener una “vista de pájaro” para tener una objetividad del panorama, los agentes, y el escenario en el que estaban surgiendo los proyectos, pero casi sobre el segundo año, al confirmar que era un asunto de carácter generacional, entendí que ya era importante tomar postura. Entonces usando la estrategia del investigador pero asumiéndome como artista –con las mismas búsquedas, cuestionamientos y estrategias comunes- me aseguré de proyectar de modo más claro las ideas y búsquedas de estos artistas-gestores. Así que empecé a funcionar como catalizador.

I.L: ¿En qué sentido crees que has funcionado como catalizador?

T.I: Durante una entrevista en el 2012 me enfrenté por primera vez al concepto de “catalizador” vinculado a mi trabajo; el término vino de otro artista gestor. En ese momento no entendía bien qué era lo que estaba facilitando porque en el inicio todo era demasiado caótico: ni yo ni los mismo artistas de los espacios gestionados sabíamos hacia dónde íbamos, pero intuitivamente respondíamos construyendo plataformas.

A finales del 2013, después de un año de mapear y entrevistar, tenía tanta información que también adquirí lo que pensé que era una responsabilidad: que la divulgación no podía esperar hasta que yo finalizara la investigación y publicara el libro. Así que empecé a vincular artistas y proyectos, presenté a aquellos que consideraba podían compartirle de sus experiencias a proyectos similares más nuevos. También ante la falta de comprensión de los agentes culturales ajenos al circuito independiente sobre cómo funcionaban los espacios de mi generación empecé a divulgar y visibilizar algunos aspectos de los espacios para superar más rápido ciertos cuestionamientos y facilitar el conocimiento sobre ellos, para facilitar diálogos ante los eventos que demandaba la aceleración del sistema del arte. También para que se entendiera la relación entre Espacios Independientes y la Institución.

I.L: ¿Cómo han respondido las instituciones mexicanas a esta investigación?

T.I: Ha sido complejo. Sí he tenido apoyos, pero no los suficientes para una investigación tan extensa. He tenido principalmente el respaldo de dos fundaciones: el Patronato de Arte Contemporáneo, que me dio un apoyo para proyectos curatoriales, el cual me sirvió para iniciar la investigación en el resto del país, y la Fundación Alumnos 47, quienes han seguido el proyecto dándome plataformas de visibilidad y diálogo.

En una investigación todo significa, así que incluso cuestionar la insuficiencia de apoyos es ahora parte de la investigación para entender el panorama del sistema cultural mexicano en el que surgieron los espacios.

Ahora en México han surgido algunas convocatorias dirigidas a espacios independientes que es importante revisar para que apoyen realmente la naturaleza de los proyectos y no los transformen en pequeños modelos burocratizados de galerías outsiders precarias.

Esto me ha llevado a pensar en las agendas de las instituciones públicas y privadas, pero sobre todo a pensar en cómo funcionan las instituciones culturales* en México. Un problema importante es su aparato complejamente burocrático que, aunque permite el diálogo, imposibilita una capacidad de respuesta rápida ante las demandas de la comunidad artística. Entiendo la función de las instituciones y los objetivos de cada uno de ellos, pero si su funcionamiento no corresponde al contexto al que deben responder, entonces hay algo que deben cambiar o flexibilizar.

Con este proyecto he aprendido que todo puede flexibilizarse, que un proceso artístico puede volverse investigación, y que ésta puede mutar y soltar pequeños brazos para crear plataformas que resuelvan necesidades inmediatas; la flexibilización por lo tanto sólo puede venir a través de la intención solidaria con el tiempo que vivimos.

Sin embargo, lo que estamos viendo ahora es cómo algunos espacios comienzan a reproducir procesos burocráticos en lugar de que ellos transfieran sus procesos flexibles a la institución. Los artistas tenemos aún mucho que aprender sobre el empoderamiento, porque es ahí donde podemos ejercer creativamente nuestras ideas. Debemos ampliar lo más posible nuestros espacios de libertad, porque dentro de lo institucional sólo hay agendas.

Para mí un buen ejemplo de diseño de políticas culturales a seguir son las de Colombia, que se diseñaron involucrando las voces de todos los agentes, reconociendo al artista como un trabajador que puede incidir en la sociedad. En este momento estoy en constante revisión de ello.

I.L: ¿Cuál piensas que es el aporte más importante de tu investigación?

T.I: Quiero pensar que fue atrapar una fracción del tiempo registrando las voces y acciones de los artistas jóvenes –sin jerarquías- que conformaron comunidades trabajando colaborativamente, antes y durante el inicio de la crisis social de México. Reconocer que caminábamos acompañados hacia el mar cuando surgieron las olas.

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Primer Torneo de Ping Pong de Espacios Independientes. Cortesía: Tamara Ibarra


*Unos días después de la entrevista, el gobierno mexicano anunció la desaparición del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (CONACULTA), para crear la Secretaría de Cultura como un “reconocimiento de la cultura como política de Estado”.

Descarga Enlaces iónicos: la relación entre los espacios/proyectos independientes y la institución. Por Boomerang

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Ixchel Ledesma Guadarrama

Estudió Arte y Cultura en la Universidad de Guanajuato, México. Realizó parte de sus estudios en la Universidad Pública de Navarra, en la Universidad Iberoamericana y en la Universidad Nacional Autónoma de México. Ha colaborado en las revistas Ramona, Trama, Blog de Crítica SOMA y Alumnos 47. Actualmente trabaja en la Galería Walden de Buenos Aires y en la investigación y el asesoramiento de colecciones particulares. Estudia la maestría en Curaduría en UNTREF, Buenos Aires, con una beca del Ministerio de Educación. Sus temas de interés son la filosofía latinoamericana y feminismo.
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