Son tan distintas las obras que ha realizado Luis Roldán durante su vida que en una primera mirada cuesta entender que sea la misma persona quien las haya hecho. ¿Pero qué es ser una misma persona? Hay distintas formas de entender la identidad. Una salida es buscar aquello común, aquello que es siempre igual; y otra, asumir la complejidad, ver las partes con cuidado, y estudiar las formas en que se conectan y se relacionan. Ante el conjunto de las piezas, al ser pensadas como una unidad, es en quien las aprehende que se hace el click que da la conexión.

El trabajo de Roldán se configura en conjuntos de obras donde las piezas se agrupan de modos muy diferentes. Puede ser en series, a la manera clásica, como sucede con su serie de pinturas Reflexiones (1989) y la de esculturas-pinturas Eidola (2015). Pero pueden ser también conjuntos muy heterogéneos que más bien se podrían pensar como “rompecabezas” entre los cuales están aquellos que ocupan las salas principales de esta muestra en el Museo La Tertulia: Circunstancias (2009) y Secreta prudencia (2014). En estos “rompecabezas”, Roldán presenta a la vez dibujos, pinturas, collages, instalaciones y objetos intervenidos que, reunidos, dan cuenta de su exploración tras una cierta pista, en la secuencia de pensamientos y acciones que tienen lugar dejándose guiar por su intuición. Al ver las piezas juntas, el espectador es quien debe armar el todo, atender a los detalles y dejarse guiar por su sensibilidad para llevarse consigo más una emoción o una inquietud que un mensaje o una idea.

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Vista de la exposición «Rompecabezas», de Luis Roldán, en el Museo La Tertulia, Cali, Colombia, 2015. Foto: Juan David Velázquez

 

Circunstancias parte de una anécdota de En busca del tiempo perdido de Marcel Proust. En este libro se cuenta el último día de la vida de Bergotte, el escritor, y la forma en la que una crítica de arte que lee lo impulsa a visitar en el museo la Vista de Delft de Vermeer para buscar un detalle que allí se menciona y que no había notado en un cuadro que creía conocer muy bien. Esa pequeña pared amarilla que mira con cuidado por primera vez lo lleva a pensar: “Así debería haber escrito yo. Mis libros son demasiado secos, tendría que haberles dado capas de color, que mi frase fuera preciosa por ella misma, como ese pequeño panel amarillo”. Esa pared amarilla, que tiene eso inasible que hace la obra de arte, hace eco de la frase musical que obsesiona a Swann, otro de los personajes de la novela, y a través de los dos motivos, Proust va dando forma a su concepción de la belleza: en particular, cómo ella se nos presenta y nos somete de modo a la vez implacable y caprichoso [1].

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Luis Roldán, Circunstancias, 2009. Vista de la instalación en el Museo La Tertulia, Cali, Colombia, 2015. Foto: Juan David Velázquez

 

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Luis Roldán, Circunstancias, 2009. Vista de la instalación en el Museo La Tertulia, Cali, Colombia, 2015. Foto: Juan David Velázquez

 

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Luis Roldán, Circunstancias, 2009. Vista de la instalación en el Museo La Tertulia, Cali, Colombia, 2015. Foto: Juan David Velázquez

 

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Luis Roldán, Circunstancias, 2009. Vista de la instalación en el Museo La Tertulia, Cali, Colombia, 2015. Foto: Juan David Velázquez

 

Secreta prudencia, en tanto, va configurándose alrededor de la lectura del libro Los tiempos de Stalin, de Anton Antonov-Ovseyenko (1920-2013), quien fue hijo de uno de los líderes revolucionarios bolcheviques, traicionados, perseguidos y ejecutados por el gobierno de Stalin. El autor, que a su vez fue víctima del encerramiento injusto en campos de trabajo por trece años, intenta reconstruir en su libro los horrores sucedidos bajo el poder de Stalin y cuyo rastro ha intentado ser borrado de la historia. A partir de allí, Roldán produce obras que crean una situación inquietante, donde hace presente la mirada policiva, la represión, y las distintas estrategias para sobrevivir. Pero es clave notar cómo, si bien en la instalación hay elementos de representación literal como la gorra soviética o las gafas que nos hablan de la casi total ceguera de Antonov, la exploración del artista en todos los casos se apoya en esos gestos para dar un salto y crear otras piezas donde cada una crea su propio enigma, realiza su propia exploración con los materiales y las formas, o da cuenta de un particular hallazgo o conexión.

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Luis Roldán, Secreta prudencia, 2014. Vista de la instalación en el Museo La Tertulia, Cali, Colombia, 2015. Foto: Juan David Velázquez

 

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Luis Roldán, Secreta prudencia, 2014. Vista de la instalación en el Museo La Tertulia, Cali, Colombia, 2015. Foto: Juan David Velázquez

 

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Luis Roldán, Secreta prudencia, 2014. Vista de la instalación en el Museo La Tertulia, Cali, Colombia, 2015. Foto: Juan David Velázquez

 

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Luis Roldán, Secreta prudencia, 2014. Vista de la instalación en el Museo La Tertulia, Cali, Colombia, 2015. Foto: Juan David Velázquez

 

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Luis Roldán, Secreta prudencia, 2014. Vista de la instalación en el Museo La Tertulia, Cali, Colombia, 2015. Foto: Juan David Velázquez

 

En la serie Sueños (2003), Roldán cose sobre papel dibujos con hilos cargados de grafito que crean distintas estructuras dispersas, que pueden ser vistas también como códigos o como partituras. Al seguir la metáfora sugerida por el título, uno puede tomarlos como diagramas de una consciencia intermitente: esquemas para pensar el yo no como una línea continua, sino como una línea que puede atenuarse y subrayarse, que a veces duda, que da vueltas, que se bifurca. Parte de esos Sueños son los Rotos (2005). En este caso, el papel que era una superficie continua sobre la que sucedía el dibujo se rasga y las líneas de hilo se tornan en telarañas, marañas. La situación se troca, ahora el fondo no es el papel sino el espacio, el dibujo se curva y se tuerce y se hace tridimensional, y ya no nos preguntamos por la unidad de la línea sino de la superficie: esos papeles quebrados están ahora a punto de separarse y solo son unidos frágilmente por los hilos. La ruptura ya no es discontinuidad sino quiebre, y nos enfrentamos al vilo, a la tensión, al suspenso.

Esta exposición busca pensar los fragmentos, las rupturas, los quiebres y las formas; invita a imaginar cómo a partir de allí se pueden hilar memorias o relatos, ligar intuiciones o emociones, trazando líneas que intenten unir, pero que son siempre conscientes de lo vulnerables que son los lazos que establecen.

Alejandro Martín Maldonado

Curador

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Luis Roldán, Sueños, 2003, hilo, grafito, papel, 35 x 42 cm. Colección particular. Vista de la instalación en el Museo La Tertulia, Cali, Colombia, 2015. Foto: Juan David Velázquez

 

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Luis Roldán, Sueños, 2003, hilo, grafito, papel, 35 x 42 cm. Colección particular. Vista de la instalación en el Museo La Tertulia, Cali, Colombia, 2015. Foto: Juan David Velázquez

 

Sobre la memoria y otras cosas rotas

Algunas preguntas a Luis Roldán

Alejandro Martín Maldonado: Esta exposición Rompecabezas se hace en Cali, la ciudad donde creció, a la que vuelve periódicamente desde las distintas ciudades en las que ha vivido, y a la que esta vez viene a exponer distintos momentos de su creación. ¿Qué recuerda de Cali?

Luis Roldán: Ayer precisamente estaba oyendo un programa sobre la memoria y cómo se trata en esta época de entenderla como si fuera la memoria del computador. Lo interesante es que según parece uno no tiene memoria almacenada sino elementos o hechos que hacen recordar y por lo tanto es acomodada a las circunstancias. Proust era un genio, ¿no? Siempre tengo dificultad con la memoria de infancia si la trato como a un libro que toca sentarme y pensar sobre ella y lo que casi siempre pasa que me siento y me aburro de hacer estos ejercicios. Pero cuando llegan de la nada son una maravilla de estado cuando navegan entre la consciencia y subconsciencia. Con esto digo que Cali es como un estado del alma más que un recuerdo en viñetas. Siento mucho una pérdida al ver que lo espacios que uno recuerda se quedan en la mente porque todos han sido destruidos o transformados de manera irreversible. Algo que recuerdo con especial importancia: los paseos al rio.

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Luis Roldán, Eidola (2015) – Reflexiones (1989). Vista de la instalación en el Museo La Tertulia, Cali, Colombia, 2015. Foto: Juan David Velázquez

 

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Luis Roldán, Reflexiones, 1989 (9 piezas), pigmentos, cera, madera, 9 x 13 cm c/u. Colección particular. Foto: Juan David Velázquez

 

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Luis Roldán. Vista de la exposición «Rompecabezas» en el Museo La Tertulia, Cali, Colombia, 2015. Foto: Juan David Velázquez

 

A.M.M: ¿Usted sigue siendo el mismo?

L.R: Siempre uno cambia de acuerdo al espacio donde está o con quien está. Me fascina la idea de múltiples personalidades cobijadas dentro de una persona. Trato de estar siempre “perdido»… me parece el estado ideal.

A.M.M: ¿Ha jugado a mirarse con los ojos que tenía de niño y preguntarse cómo se ve?

L.R: Casi siempre busco el estado de infancia. El problema es que a medida que van pasando los años, entre caídas y levantadas, el responsable se toma al irresponsable y va perdiendo libertad de creación sin prejuicios; creo que esa lucha es difícil, sin embargo es clave para la contradicción

A.M.M: ¿Reconoce ese que fue en otro momento hoy?

L.R: Creo que me acerco mucho a ese imaginado que tengo de mí mismo cuando pequeño. La introversión fue una de mis características y todavía sigue siendo

A.M.M: Cuando hace las pinturas hoy, ¿qué viene a su mente de las pinturas que hizo ayer?

L.R: Es interesante, nunca me he propuesto seguir una línea conductora o revisar el pasado pictórico, pero las últimas pinturas reconocen a las pasadas como si fueran animistas.

A.M.M: Cuando empieza una obra, ¿vienen otras obras viejas a atormentarlo?

L.R: No, nunca. Siempre las “entierro”. Pero sí me atormenta el poder creativo anterior y creo que en la actualidad es mucho más reposado. Hay más insistencia en la excelencia.

A.M.M: Sus obras que parten de algo que se rompe y se estira, o se rompe y se desgarra, o que se compone de pedazos, ¿lo hacen pensar en su identidad?

L.R: Creo que la imposibilidad es algo que siempre me ha atraído, el tratar de armar y nunca poderlo hacer, el dar inicio y siempre no hay final, ese mundo de las preguntas sin respuestas.

A.M.M: ¿Para usted qué es romper? ¿Se puede volver a pegar algo roto?

L.R: En romper casi siempre hay desgarramiento y cuando trabajé Los rotos pensé mucho en esa palabra y construí todo con el sentido de la imposibilidad, lo roto puede pegarse pero queda el rastro.

A.M.M: ¿Qué hacer con los fragmentos de algo quebrado?

L.R: Algo quebrado se junta, se hace otro, pero se pierde el inicial. Es un constante cambio. Tal vez sería el inicio de la creatividad.

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Luis Roldán, Secreta prudencia – Reflujos, 2015, hierro, yeso, 100 x 70 x 120 cm. aprox. Colección particular. Foto: Juan David Velázquez

 


[1] «A la idea filosófica de «método» opone Proust la doble idea de “coacción” y de “azar”. La verdad depende de que demos con algo que nos obligue a pensar y a buscar lo verdadero. El azar de los hallazgos, la presión de las coacciones son los dos temas fundamentales de Proust. Es precisamente el signo el que establece el objeto de un hallazgo, el que ejerce sobre nosotros esta violencia. El azar del encuentro es lo que garantiza la necesidad de lo pensado.» Deleuze, “Proust y los signos”. Ideas y Valores, 1971.


Bibliografía

Deleuze, Gilles. “Proust y los signos”. 1971. Ideas y valores, Bogotá.

Proust, Marcel. 1968. “La prisionera”, En busca del tiempo perdido. Trad. de C. Bergues. Madrid: Alianza, pp. 199-200.

Roca, José y Martín, Alejandro (eds.). 2013. Luis Roldán: Sueños y vigilias. Colección de arte contemporáneo Seguros Bolívar.

Roldán, Ciro. 2000. Qué estoy haciendo aquí – Luis Roldán. Bogotá: Premio Luis Caballero. Instituto Distrital de Cultura y Turismo.

Villegas, Benjamín (ed.). Luis Roldán. 2014. Con textos de Carolina Ponce de León y Luis Pérez-Oramas


Luis Roldán: RompecabezasCuraduría: Alejandro Martín Maldonado

Museo La Tertulia, Cali, Colombia

Hasta el 25 de octubre de 2015