A través de una intervención artística, Leandro Erlich –uno de los artistas argentinos con mayor proyección internacional- ha hecho desaparecer la punta del Obelisco de Buenos Aires, ícono de la ciudad construido en 1936 por el arquitecto modernista Alberto Prebisch. El gesto es parte de un proyecto de arte público monumental en el que han colaborado el MALBA Fundación Costantini, el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y la empresa Fate, la mayor productora de neumáticos de Argentina.

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El Obelisco de Buenos Aires es una postal de la ciudad. Foto: Javier Agustín Rojas. Cortesía: MALBA

 

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Leandro Erlich, La democracia del simbolo, 2015. A la izq.: el Obelisco sin punta; a la der.: la punta del Obelisco frente al MALBA. Foto: Javier Agustín Rojas. Cortesía: MALBA

 

Titulada La democracia del símbolo, esta primera obra site-specific de Erlich (Buenos Aires, 1973) en Argentina, brinda la posibilidad de visitar el interior del Obelisco y descubrir su vista aérea por primera vez desde su fundación.

«Me interesa generar proyectos en los que el arte escape a las fronteras de los centros convencionales de exhibición y se imbrique en el orden de lo cotidiano”, explica Erlich. “Me interesa el arte como una herramienta de integración, de acción, de vinculación. La relación de las ciudades con los monumentos y con lo que significa visitarlos, porque no sólo lo hacen los turistas; tiene que ver con la apropiación, con el orgullo, con la pertenencia. Y el Obelisco en Argentina es un monumento que nunca ha sido pensado para ser visitado», agrega.

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Leandro Erlich, La democracia del simbolo, 2015. Obra en proceso. Cortesía: MALBA

 

La obra consta de dos partes. Por un lado, en el emplazamiento del Obelisco el artista interviene directamente el monumento, haciendo desaparecer su ápice, que reaparece en la explanada de MALBA con una reproducción a escala real. De esta manera, el público podrá ingresar a la cúspide, con entrada libre y gratuita, y disfrutar de las cuatro vistas aéreas del monumento central en el imaginario argentino.

Desde su construcción el Obelisco es punto de reunión, celebraciones y manifestaciones populares. Ha sido también inspiración de innumerables proyectos artísticos de fotógrafos pioneros como Grete Stern y Horacio Coppola –quien registró su construcción en un film–, Marta Minujín y Leandro Katz, entre muchos otros.

Su interior allá en lo alto siempre despertó la curiosidad de todos y este proyecto brinda por primera vez la posibilidad de democratizar su acceso, transformándolo en un monumento público, abierto a todos.

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La punta del Obelisco creada por Leandro Erlich es trasladada a la explanada del MALBA. Cortesía: MALBA

 

Erlich y el Obelisco

Leandro Erlich viene trabajando con el Obelisco porteño desde los primeros años de su carrera. En 1994 presentó un proyecto para instalar un obelisco de metal en el barrio de la Boca, que sería una réplica exacta del original (conservaría las dimensiones y los 67,5 metros de altura) pero construido sobre una estructura de hierro y revestido con láminas de acero.

En palabras de Erlich, “el juego era imaginar una ciudad en la que no hubiese un monumento con la unicidad icónica de lo que representa el Obelisco para la Ciudad de Buenos Aires, sino generarle un doble. Me interesaba esa duplicidad –era bastante provocativa porque el Obelisco ha sido siempre una referencia geográfica, un mojón–; imaginar citarse con alguien en el Obelisco, por ejemplo, y que acto seguido te preguntara ‘¿en cuál de ellos?’, me parecía interesante. Tenía que ver con una idea vinculada con la descentralización».

Aquel proyecto contaba con el auspicio de la Fundación Antorchas, el visto bueno de los vecinos del lugar, y fue aceptado por las autoridades municipales, pero finalmente nunca llegó a concretarse. La democracia del símbolo cierra el círculo de una obsesión del artista por más de 20 años.

“Obeliscos y pirámides, entre otros monumentos formidables, y ya desde antiguo, son emblemas inmemoriales, hipnóticos, concéntricos. Colosales, herméticos e indestructibles. Así han sido imaginados, venerados y temidos. (…) Nuestra imaginación política ha tendido a ser, casi siempre, vertical, y así seguirá siéndolo, al menos mientras se imagine, venere y tema con la mirada absorta hacia arriba. Y sin embargo, esos símbolos se mantienen firmes y rotundos en tanto y en cuanto se crea en ellos. Si no se lo hiciera, su supremacía –ese peculiar espacio tensado entre lo sacro, lo temible, lo erótico y lo inaccesible– se desplomaría en pocos instantes. Es cuestión de averiguar –sacrilegio mediante– qué hay adentro. Quizás no haya nada, nada más que lo que sus idólatras depositan en ellos. Y por eso simbolizan, a la vez, todo y nada”, escribe el sociólogo argentino Christian Ferrer en el libro que acompaña el proyecto.

MALBA editará una publicación que recoge ensayos de Christian Ferrer y del curador y crítico estadounidense Dan Cameron, especialmente escritos para la ocasión e ilustrados con fotografías históricas.

También se incluye una entrevista al artista por Agustín Pérez Rubio, Director Artístico de MALBA, que contextualiza este proyecto en relación con la trayectoria de Erlich y la tradición de otras obras monumentales de arte público. Se reproducen además fotografías del proyecto en todas sus fases de producción.