Cero Normal, en Instituto de Visión (Bogotá), es un proyecto curatorial de Magdalena Arellano que rastrea los puntos en común que caracterizan a una generación de artistas latinoamericanos que trabajan a partir de conceptos como territorio, paisaje y representación.

El trabajo de los artistas seleccionados coincide en la forma que empiezan sus procesos de creación, donde la inspiración y/o la composición dependen de la improvisación. Se puede entender improvisación como una circunstancia de inmediatez, que obedece al impulso no premeditado, no preparado de antemano o el resultado del devenir. Sin embargo, en esta compilación se plantea complejizar la percepción sobre la improvisación como un valor agregado en el acto creativo y artístico.

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Vista de la exposición Cero Normal. Víctor Garcés, Sara Milkes, Karlo Andrei Ibarra, Adriana Ciudad. Cortesía: Instituto de Visión

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Vista de la exposición Cero Normal. De izquierda a derecha: Paola Vega, Sara Milkes y Karlo Andrei Ibarra. Cortesía: Instituto de Visión

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Sara Milkes, Jardines Zen Contemporáneos: Proteas, 2015, ladrillos, cemento, poliuretano rígido, esmalte, laca para carros y aerosol. Dimensiones variables. Cortesía: Instituto de Visión

Las acciones público-privadas llevadas a cabo por el colectivo Los Dudosos (Silvia Ibarra y Wilson Díaz) y Wilson Díaz en la década de los noventa en Bogotá que con sutileza hacen señalamientos de roles que cuestionan categorías de género, sexualidad y estatus social, reflexionan sobre Los territorios de improvisación como espacios ficticios, que mediante la intervención-apropiación replantean cuestiones del habitar tanto del individuo (artista) como de la sociedad.

En Jardines Zen Contemporáneos (2015), Sara Milkes interviene espacios cuyo uso oscila entre lo público y lo privado, donde se combinan elementos visuales propios de la urbanidad y su contingencia de actividades y actores: grafitti, basura, excremento, plantas invasoras y publicidad. A partir de creaciones amorfas, coloridas e improvisadas expresa la complejidad visual a la que estamos sometidos diariamente.

A partir de la apropiación y superposición de videoclips musicales de cumbia e imágenes captadas de hechos violentos o catastróficos de la historia nacional reciente de El Salvador, Nadie demuestra cómo los escenarios para el llanto y la risa han sido los mismos: el hotel Sheraton, el monumento al Divino Salvador del Mundo y la Universidad de El Salvador.

Karlo Andrei Ibarra establece en Escala de valores (2015) relaciones sobre las clasificaciones económicas y sociales a las que obedece la vida en sociedad mediante el sistema de identificación cromática Pantone, usado ampliamente por diseñadores, artistas y agencias de mercadeo desde los años 60.

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Karlo Andrei Ibarra, Escala de valores, 2015, seis ventanas, cristal y papel polarizado. Dimensiones variables. Cortesía: Instituto de Visión

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Adriana Martínez, Commodities, 2013, vista de la instalación en la fachada de Instituto de Visión, Bogotá. Pintura de esmalte sobre vaciado de cemento. Dimensiones variables. Cortesía: Instituto de Visión

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Adriana Martínez, Commodities, 2013, vista de la instalación en la fachada de Instituto de Visión, Bogotá. Pintura de esmalte sobre vaciado de cemento. Dimensiones variables. Cortesía: Instituto de Visión

Adriana Martínez, mediante la acción conceptual de ubicar bolsas de basura en la fachada de Instituto de Visión, cuestiona sobre conceptos como belleza, efímero, sublime o verdadero, abriendo camino a lo que la curadora denomina La improvisación y la representación en la cual indaga sobre los límites de la representación de la imagen u obra como definición de categorías y cánones estéticos.

Por ejemplo, Sara Milkes en Estériles estéticos: Estructuras triangulares y Corona fúnebre para mí misma hace uso directo y simbólico de categorías visuales de diferentes orígenes para intentar constituir piezas que discuten acerca de la relevancia de la disciplina estética en la definición del objeto artístico. Con este fin, Milkes integra elementos de vocabularios visuales como el cómic, el grafitti, la repostería, el kitsch y lenguajes tradicionales del arte con los que crea pastiches que entremezclan sin jerarquización los niveles de categorización visuales.

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Wilson Díaz, Sobre la superficie (Fotografia involucrada en un ensamblaje de esta serie), 1994, fotografía análoga montada en acrílico. Fotografía por Víctor Robledo,100 x 75 cm. Cortesía: Instituto de Visión

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Los Dudosos, Sin título (acciones publicas y privadas de Silvia Ibarra y Wilson Diaz), 1994, fotografía análoga impresa en papel. Fotografía por Víctor Robledo. 15,5 x 22,5 cm. Cortesía: Instituto de Visión

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Los Dudosos, Sin título (acciones publicas y privadas de Silvia Ibarra y Wilson Diaz), 1994, fotografía análoga impresa en papel. Fotografía por Víctor Robledo. 15,5 x 22,5 cm. Cortesía: Instituto de Visión

En Sobre la superficie (1994), Wilson Díaz hace uso de La improvisación como método de composición, ya que a partir de esta serie de ensayos de desnudos y de exploración del cuerpo encuentra material de trabajo para producir la exposición del mismo nombre un año después. Estas escenas íntimas tienen un valor estético mediado por la misma privacidad fugaz que nos dejan entrever.

Paola Vega ejecuta manchas de color de manera aleatoria sobre el lienzo para crear paisajes abstractos, utópicos y placenteros. A través de la continua repetición de capas de óleo se va dejando llevar por estados de expresión espontáneos e inconscientes que crean composiciones atmosféricas capaces de atrapar la mirada hasta llegar a lo contemplativo.

Víctor Garcés produce una serie de dibujos a partir de muebles desechados o ruinas arquitectónicas que encuentra en sus inmersiones por el barrio San Felipe y que, consecutivamente en un acto introspectivo y violento, chamusca para convertir en carbón. Tarde y Temprano. Mediación #6, Recuerdo con nombre o Polvo y Gas se extienden por el espacio expositivo, creando una composición con materiales, objetos y cuerpos hallados con el objeto de entablar un diálogo entre presencia, arquitectura e historia.

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Víctor Garcés, Tarde y temprano. Mediación #6, 2015, dibujo sobre pared con carbón (silla incinerada). Dimensiones variables. Cortesía: Instituto de Visión

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Víctor Garcés, El viaje no es en línea recta, 2015, dibujo con carbón sobre papel y baldosa, carbón y pájaro disecado. Dimensiones variables. Cortesía: Instituto de Visión

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Víctor Garcés, El viaje no es en línea recta, 2015, dibujo con carbón sobre papel y baldosa, carbón y pájaro disecado. Dimensiones variables. Cortesía: Instituto de Visión

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Víctor Garcés, Recuerdo con nombre, 2014, dibujo sobre papel con carboncillo y objeto incinerado, litográficos y fragmentos de muebles chamuscados, 130 x 100 cm. Cortesía: Instituto de Visión

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Víctor Garcés, Polvo y gas, 2015, dibujo sobre papel, papel y mueble incinerado, 130 x 100 cm. Cortesía: Instituto de Visión

El paisaje improvisado es el objeto de estudio en el que se enmarca la obra de Sebastián Fierro, Adriana Ciudad y Antonio Castles, quienes revisan la manera en que el paisaje contemporáneo es el resultado de múltiples acuerdos entre la invención y la práctica, y que obedece a la constante necesidad de establecer una noción de ordenamiento del mismo.

En Esquina (2014) Sebastián Fierro propone una revisión de la conjunción del mundo natural y la arquitectura al relacionar diferentes referentes: la esquina curva, cuya pretensión de imitar las formas naturales es popularizada por el amalgamado estilo Art Deco en el siglo pasado; el mosaico del piso que cita a la ilusión óptica del cubo de Necker; y sobre detrás de las paredes, en el juego del adentro y el afuera, Sebastián ubica otros elementos: árboles y grandes manchones de pintura de color sintético para crear una segunda ilusión sobre el espacio.

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Sebastián Fierro, Esquina, 2014, óleo sobre tela, 223 x 167 cm. Cortesía: Instituto de Visión

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Adriana Ciudad, Matorrales, 2015, acuarela, tinta y lápiz sobre papel / tinta y acrílico sobre pared. Dimensiones variables. Cortesía: Instituto de Visión

Adriana Ciudad recurre a la representación del paisaje edénico, primigenio y salvaje de la Amazonía con la instalación de dibujo Matorrales (2015), la cual transgrede con manchas de color que insinúan violencia o luchas de las que el territorio se presume ha sido testigo y protagonista. También se podría pensar la mancha como velación y resguardo de lo sucedido.

Antonio Castles participa en la sala de video con A lo largo y ancho (2015), un conjunto de obras pensadas in situ que interpelan la noción de paisaje rural en oposición al urbano. El artista rebate cómo la definición de campo obedece a dos posturas severas: la que lo contrapone como el lugar idílico, alejado de los vicios de la ciudad y el espacio perfecto para la reconciliación del binomio hombre-naturaleza; o el territorio del subdesarrollo y el abandono. En una exploración por los alrededores de Bogotá, Castles revierte estas ideas, de este paisaje específico, con series de fotografías y videos que a modo de archivo van revelando la historia de este recorrido, con la intención de registrar las complejas transformaciones económicas, habitacionales y estructurales a las que se ha ido sometiendo el paisaje del campo alrededor de la ciudad.

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Antonio Castles, Una visión anamórfica, 2015, díptico de proyectores de cine. Película de cine de 16mm en loop, proyector, lente anamórifico. Cortesía: Instituto de Visión