En los próximos días, bandadas de coleccionistas, curadores, directores de museos y marchantes con dólares hasta los dientes llegarán de Florida en vuelos chárter aprobados por el Departamento de Estado para descender en la 12° Bienal de La Habana, que abre el 22 de mayo y promete ser la versión tropical del Viernes Negro para el mundo del arte. Entre ellos se encuentran grupos del Met, el Art Institute of Chicago, el Museum of Fine Arts Boston y el Bronx Museum. Pero mientras estas masas privilegiadas aprovechan de sacar ventajas a mejores oportunidades de compra -cortesía de la mejora en las relaciones entre EEUU y Cuba- un grupo de artistas está llamando a un boicot. Desafortunadamente, pocas personas parecen estar escuchando.

Un enfriamiento conveniente se ha asentado en el mundo del arte. A pesar del apoyo de más de 2.500 artistas e intelectuales prominentes, así como numerosos actos de solidaridad mundial y miles de palabras publicadas en la web y medios impresos, el apoyo a Tania Bruguera, la artista que fue detenida en diciembre de 2014 por su performance El susurro de Tatlin en la Plaza de la Revolución de La Habana, se ha enfriado precisamente cuando sus guardianes, el gobierno cubano, son más vulnerables a la crítica.

Si bien existe una oportunidad de oro para denunciar la detención en curso de Bruguera por parte del régimen, su terrible historial de derechos humanos, y su asalto arbitrario a las libertades intelectuales, muchos críticos normalmente abiertos a regímenes represivos, como Corea del Norte, Arabia Saudita y Rusia, han optado por permanecer extrañamente silenciosos ante la cuestión de Bruguera y la venidera bienal. Una de las razones puede ser lo que un artista cubano se refiere como la esperada “explosión de coleccionistas estadounidenses que vienen a comprar”. Como una vez escribió Ryszard Kapucinsky, el dinero cambia las leyes de hierro a bandas de goma. Otra forma de caracterizar similares morales invertidas: cuando las cosas se ponen duras, los duros van de compras.

Para aquellos que todavía no conocen a Bruguera y sus alborotadoras intervenciones, aquí está una descripción reciente del California Institute of the Arts (CalArts), a propósito de haber sido galardonada este año con el Premio Herb Alpert en Artes Visuales:

“Para Tania Bruguera el arte debe ser útil. Siempre interesada en crear performances en un entorno que va a transformar “el público” en “ciudadanos activos”, la artista trabaja con la interacción entre las acciones planificadas y reacciones espontáneas de los espectadores. El objetivo: transformación real, no simbólica. Sus performances se comprometen con temas de responsabilidad social, la ética del arte, el poder y el control, la representación política y la sociedad civil”.

Una célebre artista internacional con pocos pares igualables en la escena global, Bruguera ha despertado una enorme atención por su performance en La Habana del 29 de diciembre de 2014: una sesión de foro abierto consistente de un micrófono y una invitación a disfrutar de “un minuto de discurso libre de censura”. En palabras del historiador y curador peruano Gustavo Buntinx, la acción de Bruguera buscó “conceder un minuto -sesenta segundos- de libertad de expresión” a los cubanos promedio “que aspiran a ser ciudadanos”. Aunque la misma obra se había realizado en la bienal del 2009, el régimen de Castro respondió arrestando a Bruguera y deteniéndola sin cargos. ¿La diferencia entre 2009 y la víspera de 2015? En una frase, la normalización de las relaciones entre EEUU y Cuba, que había sido recientemente anunciada por los presidentes Raúl Castro y Barack Obama.

En Cuba, como la situación de Bruguera lo demuestra ampliamente, plantear preguntas provocadoras sobre el lamentable estado de las libertades civiles tiene un costo. Desde su detención y posterior puesta en libertad condicional, la artista -y su familia- ha sido vigilada, seguida, hostigada y, más recientemente, difamada en un video ahora infame del gobierno que pinta a Bruguera no como autora de delitos civiles, sino como una criminal en toda regla, una “contrarrevolucionaria” a sueldo de la CIA y de los floridanos de derecha. Nunca desde 1971, cuando el poeta Heberto Padilla fue obligado a confesar públicamente sus pecados ideológicos (junto con su esposa), el régimen de Castro se ha embarcado en tal despiadada cacería de brujas de intelectuales.

Más allá de los avances en las conversaciones bilaterales entre EEUU y Cuba, el caso de Bruguera sigue estando absurdamente sumido en la política de la Guerra Fría del siglo pasado. Discusiones trasnochadas de sofá que sopesan libertades absolutas versus libertades relativas y antagonismos culturales de la era del Che han, increíblemente, resurgido en paneles de discusión, blogs y páginas de Facebook de todo el mundo.

Con la fecha de apertura de la bienal acercándose rápidamente, veteranos del mundo del arte se han dividido en grupos pro y anti Bruguera. Si sus intercambios de juicio a veces parecen estancados en el mismo túnel del tiempo de los antiguos Cadillacs y Studebakers que recorren las calles de La Habana, sus opiniones realmente ayudan a dar forma a los límites de la tolerancia política de Cuba. Uno de los viejos argumentos que al parecer todavía tiene vigencia es la orden de Fidel a los intelectuales marxistas de 1961: “Dentro de la revolución, todo, fuera, nada”.

Naturalmente, algunos de los artistas más destacados de Cuba se encuentran entre los que más simpatizan con el régimen de Castro. Los beneficiarios de la generosidad de coleccionistas internacionales -a quienes muchos fueron introducidos por primera vez durante la maratón de compras que fue la Bienal de La Habana del 2000- también confían habitualmente en la tolerancia del régimen comunista, lo que les permite gastar pesos cubanos mientras cobran dólares y euros.

El más destacado de ellos es Alexis Leyva Machado, alias “Kcho.” Sin duda el artista más exitoso de Cuba, Kcho es el favorito de Fidel, así como el destinatario de numerosos premios nacionales. Recientemente, acompañó a Raúl Castro al Vaticano para reunirse con el Papa Francisco. Una vez allí, se presentó ante el pontífice con una de sus características pinturas de barcos. No está claro si lo hizo antes o después de que Raúl Castro declarara que “su gobierno no cumple con algunos de los derechos humanos” [el énfasis es mío], a lo que Castro añadió: “Pero, de nuevo, ¿quién lo hace?”. (Nota: Bruguera se ha acercado varias veces a Kcho en su papel como representante de la Asamblea Nacional de Cuba, pero no ha recibido respuesta hasta la fecha).

Si el nombre de Bruguera es hoy sinónimo de censura e intolerancia en Cuba, Kcho y otras figuras, como Rubén del Valle, Presidente del Consejo de Bellas Artes de Cuba, y el director de la bienal, Jorge Fernández Torres, se han revelado poco a poco como emblemas de un tipo de oportunismo no expuesto abiertamente desde los días de los juicios a Stalin. Pero esta conveniencia política y ética, por desgracia, no se limita meramente a los artistas e intelectuales que viven en la isla. Como es evidente en las contribuciones de varios destacados intelectuales a varios foros públicos y múltiples mensajes de Facebook, no todo el mundo se ha alineado con Bruguera tras su detención ilegal y arbitraria.

Un reciente debate editorial planteado en la página web de la Colección Cisneros demuestra ser un caso. En él, cinco especialistas internacionales del mundo del arte -Buntinx, la escritora Laurie Rojas, y los artistas Luis Camnitzer, Paul Ramírez Jonas y Carmelita Tropicana– fueron invitados a discutir el ahora desvanecido tópico de protestar contra el festival cubano: La Bienal de La Habana: ¿participar o boicotear?. El debate fue una cortés tratativa centrada en la idea -propuesta por Buntinx y Ramírez Jonas, entre otros- de que la bienal debía ser boicoteada “como un acto de protesta”. La premisa fue vigorosamente opuesta por Camnitzer, y secundada absurdamente por Tropicana, quien comparó la elección del lugar de la artista -la Plaza de la Revolución, que es en su quintaesencia pública- con demostrar en los jardínes de la Casa Blanca, que es parte de la residencia privada del Presidente de EEUU.

En una intervención titulada Dilemas Eticos, Camnitzer, un conceptualista uruguayo -que es un antiguo amigo de Bruguera y un viejo partidario del régimen- contrastó despectivamente el “martirio individual” de Bruguera y la bienal, a la que llamó “una causa política colectiva”. Su premisa principal es que la amenaza de un boicot al festival actualmente es a la vez” fanático” y “ridículo”. Si Camnitzer -quien ha declarado que Bruguera es “narcisista” y “egocéntrica” en un debate de Facebook- hubiese reconocido su interés en la 12° Bienal de La Habana, el conflicto suscitado por sus palabras podría haber sido esclarecido. La cuestión en juego es que el periódico oficial de Cuba, Granma, anunció recién este pasado martes que el artista uruguayo presentará una exposición individual y un taller muy publicitado en Casa de las Américas, la institución de mayor prestigio cultural de Cuba.

También se deben tomar en consideración los múltiples testimonios sobre el arte y la carrera de Bruguera en la página web del Premio Herb Alpert. Entre los colaboradores están el crítico y teórico Boris Groys, el curador de Creative Time, Nato Thompson, la historiadora Andrea Giunta (que abiertamente se refiere a la detención de la artista y a la campaña internacional para garantizar su libertad) y la directora del Museo del Bronx, Holly Block. Acerca de Bruguera, Block escribe: “Ya sea creando una performance en el espacio público, o trabajando con inmigrantes, Bruguera ha llamado la atención en todo el mundo, provocando no sólo al espectador, la religión y la política, sino también al gobierno cubano”.

Al tiempo que revelan la larga relación de trabajo entre Bruguera y Block, los comentarios de Block omiten naturalmente la mención de su actual dilema personal y profesional. Mientras que su amiga y colaboradora ocasional languidece en un kafkiano limbo legal -acosada, sin apoyo legal, y activamente desconectada de amigos y aliados poderosos que podrían tenderle la mano- la directora del museo ha diseñado el primer intercambio de museos entre EEUU y Cuba en más de cincuenta años. Titulada Wild Noise, la primera fase de este intercambio se inaugura en el Museo Nacional de Bellas Artes simultáneamente con la bienal.

Cuando se le preguntó sobre la situación de Bruguera, Block respondió desde La Habana:

“No he visto a Tania en Cuba. Para la exposición Wild Noise nos hemos centrado en las obras de artistas asentados en EEUU de nuestra colección permanente, por lo que la obra de Tania no está incluido en la muestra. Creo firmemente en el intercambio cultural, y creo que es una herramienta vital para mejorar la comunicación y el diálogo. Aunque nunca planificamos incluir a Tania en esta exposición, apoyo su trabajo y estoy triste por su situación en Cuba”.

Como escribe Rojas en el sitio web de Cisneros: “Un buen número de curadores, artistas y coleccionistas se hacen de la vista gorda, y cualquier autoridad por encima del LAM (organizador de la Bienal) es siempre un miembro del partido oficial que no tendrá ningún problema en defender sus tácticas en nombre de ‘la Revolución’”. Pero si la bienal y otras instituciones culturales importantes dentro de Cuba no pueden ser estimuladas a cambiar desde adentro, sin duda algo más que Twitter, Facebook y protestas callejeras en pequeña escala pueden hacerse desde afuera”.

Desafortunadamente, dice Ramírez Jonas, el llamado a un boicot de la bienal cayó como “un saco de plomo”. Por correo electrónico, el artista afincado en Nueva York comparte que se encontró con poca tracción entre sus pares para tal acción, mientras reconoce enfrentarse a cierto atávico respeto hacia la bienal, y lo que él llama “una definitiva ambivalencia al momento de mostrar solidaridad con Tania, por el miedo a dañar las oportunidades que la bienal podría traerle a los artistas cubanos”. Una lógica similar, de hecho, ha frenado a Bruguera y sus más cercanos seguidores a hacer un llamado para tal acción.

En conversaciones anteriores con este autor, la artista ha expresado su extrema sensibilidad a la idea de que los artistas cubanos debieran ser privados de las oportunidades que esta bienal en particular va a generar. No es ningún secreto que la última bienal a la que los turistas del arte estadounidenses tuvieron acceso legalmente – la 7° Bienal de La Habana, 2000-2001- nutrió a toda una generación de artistas que incluye a actuales estrellas del arte como Kcho, Carlos Garaicoa, Los Carpinteros y la misma Bruguera. “Eso fue cuando los artistas se convirtieron en clase media en Cuba”, explicó Bruguera en febrero. “Después de eso, empezaron a viajar, ir a residencias, comprar autos y casas”.

Un indicio de lo que tal lluvia de ganancias del turismo del arte podría significar en 2015 es proporcionado por The Independent. En un artículo sobre lo que llama la venidera “invasión” estadounidense, el periódico cita a un miembro del colectivo cubano llamado The-Merger prediciendo “una estampida” de coleccionistas, marchantes de arte, directores de museos para el arranque de la bienal. Como prueba, pone una gran mesa de billar en forma del mapa de las Américas (el Museo del Bronx tiene la obra reservada, él afirma). ¿El precio? Tras especular sobre la base de ventas previas en la feria Art Basel, cuyas cifras astronómicas son indicativas de un mercado sobrecalentado, le dice tímidamente al diario del Reino Unido: “Una gran cantidad de dinero”.

“Mi objetivo no es dañar a la bienal”, ha dicho Bruguera. “Mi objetivo es que mis derechos y los de otros sean respetados”. Así, mientras que los esfuerzos de un boicot por los adherentes más rebeldes de Bruguera han demostrado ser ineficaces, otros partidarios insisten en que la Bienal de La Habana debe ser utilizada para dar a conocer su situación y la de otros presos de conciencia cubanos (entre ellos el artista Danilo Maldonado, alias “El Sexto”, y el bloguero disidente Ángel Santiesteban). Pase lo que pase, el destino de Bruguera no se definirá en un proceso judicial independiente y transparente, pero sin duda afectará el estado de la libertad de expresión y manifestación artística en Cuba en los años venideros.

De acuerdo con el curador y ex director de la Bienal de La Habana, Gerardo Mosquera, el caso de Bruguera es un fiel reflejo de la situación de las libertades civiles y la libertad artística en la isla. “La decisión sobre Tania no la tomará un fiscal, sino alguien con más autoridad”, dijo recientemente al diario chileno La Tercera, cuando se le preguntó lo que significa su detención para el arte en Cuba. “Si se decide encarcelarla, será sólo después de la bienal, cuando el contingente internacional se haya ido, aunque puede ser que la liberen antes, como si nada hubiese pasado. Como sea, lo de ella sirvió de amenaza para otros”.

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N.d.E: Este artículo fue publicado originalmente en inglés en el sitio ArtNet bajo el título Will the Havana Biennial 2015 Be a Bonanza for Cuban Artists?. La versión en español y su republicación han sido autorizadas por ArtNet y el autor.

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Christian Viveros-Fauné

Escritor y curador chileno afincado en Nueva York. Ha sido marchante de arte y director de feria de arte. Fue galardonado con la Beca Creative Capital/Warhol Foundation en 2010, nombrado crítico en residencia en el Museo del Bronx (Nueva York) en 2011 y ha sido profesor en la Universidad de Yale, Pratt University y la Academia Gerrit Rietveld de Holanda. Es colaborador habitual en The Village Voice, ArtReview y Sotheby's, y ha organizado exposiciones en galerías y museos de todo el mundo.

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