Para su primera participación con pabellón propio en la 56° Bienal de Venecia, Perú ha seleccionado a los artistas Gilda Mantilla y Raimond Chaves con la instalación Misplaced Ruins, bajo la curaduría de Max Hernández-Calvo. Gilda Mantilla (Los Ángeles, 1967) y Raimond Chaves (Bogotá, 1963) viven en Perú desde hace más de una década, colaborando en una serie de obras que exploran consistentemente temas relacionados con los imaginarios colectivos y los problemas en torno a la idea de una identidad territorial (Mantilla tiene nacionalidades estadounidense y peruana, Chaves colombiana y española).

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Gilda Mantilla y Raimond Chaves, Misplaced Ruins. Vista del Pabellón Peruano en la 56° Bienal de Venecia, 2015. Foto: Mauro Romanzi

El trabajo que presentan los artistas en la Bienal de Venecia 2015 plantea cuestiones relacionadas con la representación cultural, insertándose así en la conversación del concepto curatorial de la muestra central, All the World’s Futures (Todos los futuros del mundo), propuesto por el nigeriano Okwui Enwezor. Mantilla y Chaves abordan críticamente el sentido de la representación cultural como una “inquietud de nuestro tiempo”: las dimensiones conflictivas de pensar, sentir e imaginar lo común, junto a las tensiones entre presente y pasado que dan forma a nuestra noción de mundo y nuestro lugar en éste.

Misplaced Ruins involucra el intercambio cultural y los problemas detrás de la legibilidad de los emblemas culturales. Los artistas abordan los procesos del intercambio cultural inherente a nuestra condición actual, que se refieren a la movilidad internacional o incluso la experiencia social, cultural y de “pertenencia” lingüística, basado en varias negociaciones transnacionales y de traducción invisibles.

La instalación propone una serie de referencias mixtas cuyas fuentes se pierden en las muchas y múltiples asociaciones que fomentan. Así, las alusiones a la arquitectura precolombina se mezclan con referencias a la expansión urbana, el paisaje de la costa o incluso las condiciones climáticas en Lima.

Al ”transcribir” sus referencias, Mantilla y Chaves las cargan de nuevos significados. De esa manera, los artistas ponen sus presuntos “signos de pertenencia” a la deriva, lo que se recodifica en su intento de compartirlos. La instalación nos invita a explorar sus distintos componentes, a dialogar con sus elementos y a traducir y mediar entre nuestros distintos códigos, referentes y proyecciones. En ese sentido, Misplaced Ruins se nos presenta como si estuviera a punto de revelarse ante nuestros ojos, pero lo que revela es la fragilidad de nuestro sentido de lo que tenemos en común y la dimensión conflictiva de lo que pensamos que para nosotros es reconociblemente “propio”.

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Gilda Mantilla y Raimond Chaves, Misplaced Ruins. Vista del Pabellón Peruano en la 56° Bienal de Venecia, 2015. Foto: Mauro Romanzi

La instalación se compone de una serie de “estaciones” interrelacionadas que se refieren al contexto peruano; sin embargo, esas referencias se confunden mediante capas de significados y alusiones. En ese sentido, Misplaced Ruins aborda las complejidades de la traducción cultural y los problemas del sentido de pertenencia cultural, especialmente en lo relacionado con parámetros de pertenencia que articulan de manera implícita la inclusión y la exclusión sobre la base del reconocimiento.

La primera estación, en la entrada del pabellón, es una gran escultura piramidal tipo escalera que hace alusión formalmente a la arquitectura precolombina (sitios arqueológicos como Caral y Pachacamac, en Lima, u Ollantaytambo, en Cusco). Al mismo tiempo, se invita al visitante a subir a la estructura, como un esfuerzo de traslación, para alcanzar una perspectiva (siempre parcial) de una cultura determinada (siempre mostrada parcialmente). Este punto de vista ofrece una visión general de otras estaciones: las Partituras, el Calendario y el Telón.

La disposición espacial de las partituras evoca diseños de planificación urbana, así como restos arqueológicos (como las huacas Huaycán de Pariachi y Pucllana). Sin embargo, los materiales de la instalación (básicamente madera y cartón no industrial) también se refieren, de forma oblicua, a las técnicas de construcción precarias que prevalecen en muchos barrios pobres de Lima, así como a los colores característicos del paisaje costero.

Otra estación, el Calendario, cita tanto a eventos específicos en la historia reciente del Perú (las fechas en torno al cual el calendario está estructurado) y el clima (los colores del cartón fueron elegidos para corresponder con las condiciones diarias del cielo, según lo registrado por los artistas durante el periodo de un año). La estación del Telón evoca el cielo y, como se ve desde la pirámide/escalera (que alude a una línea de tiempo prehispánico), aparece como una especie de horizonte, por lo tanto, conjurando el presente y el futuro.

La idea del registro del tiempo está presente también en una publicación, un periódico peculiar (otra “estación”) que incluye una serie de pistas sobre la instalación, tales como referencias visuales y literarias e información histórica y contextual, y aborda algunas de las preocupaciones clave del proyecto (nociones de ubicación, especificidad cultural, traducción).

Por último, está la pieza sonora, que se basa en la música tradicional y los sonidos del Perú, transformados radicalmente por los artistas hasta el punto de parecer de un origen totalmente diferente. Todas estas referencias modificadas e interpretadas que Mantilla y Chaves reúnen sugieren las luchas detrás de cualquier parámetro “exigible” de la propiedad cultural, la pertenencia y afiliación.

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Gilda Mantilla y Raimond Chaves, Misplaced Ruins. Vista del Pabellón Peruano en la 56° Bienal de Venecia, 2015. Foto: Mauro Romanzi

Misplaced Ruins

Artistas: Gilda Mantilla y Raimond Chaves

Curador: Max Hernández-Calvo

Comisario: Armando Andrade de Lucio

Pabellón de Perú en la 56° Bienal de Venecia

Sale d’Armi Nord, Arsenale di Venezia

Del 9 de mayo al 22 de noviembre de 2015