El proyecto expositivo del Pabellón de México para la 56° Bienal de Venecia se basa en la yuxtaposición de México y Venecia como ciudades anfibias. Una abraza al mar –si sposa con il mare-, mientras que a la otra, bajo la impronta de la soberanía colonial, se le secan o desaguan sus lagos. Si bien sus historias de urbanización y ritmos de mutación han sido diversos, también existe una «memoria» que las aproxima.

Curada por Karla Jasso, la muestra parte de una idea puntual: trazar el recorrido de las sedes que han hospedado el pabellón mexicano durante el siglo XXI. Al recuperar el valor de la traza se devela con violencia el tejido entre arquitectura y espacio acuático, en tanto reflejo del poder que ambiciona obsesivamente poseer la naturaleza: ciudad de canales, ciudad de desagües.

La obra, de los artistas Tania Candiani y Luis Felipe Ortega, es un trabajo colaborativo de (contra) infraestructura, una pieza hidráulica de gran escala que cava y succiona, que sigue un trayecto para liberar, con la misma violencia, el cuerpo líquido que ambas ciudades mantienen sosegado. «Possessing Nature inició desde múltiples puntos de investigación, paralelismos, intenciones, urgencias y actos de reflexión. Concebida como un aparato de ingeniería cuya función es la evocación, Possessing Nature se presenta en tanto escultura monumental, sistema hidráulico, caja de resonancia, espejo o canal de agua», señala la curadora.

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Possessing Nature, de Tania Candiani y Luis Felipe Ortega. Pabellón de México en la 56° Bienal de Venecia, 2015. Cortesía: Pabellón de México en la Bienal de Venecia

En el mundo globalizado y sus políticas de consenso, en el que la ciencia se complace en estudiar la realidad tal como es, o piensa que podría ser, «los ingenieros crean el mundo que nunca ha sido». Possessing Nature señala una y otra vez la pretensión absoluta, la perversidad coleccionista del conquistador, el despotismo del «soberano ya invisible» que juega de nuevo al filósofo naturalista, y al noble cuyo obsequio más preciado es un trozo de ciudad metida en su gabinete. La solución tecnológica, o mejor dicho sus remedios, está condicionada a ser eternamente efímera, de ahí que el consuelo moderno haya sido siempre la espectralidad monumental o la retórica de la condena.

Tania Candiani, cuya trayectoria artística respalda su investigación estética en torno a la narrativa, el lenguaje, los artefactos sonoros y, más recientemente, el poder fónico de la voz y el sonido de las lenguas extranjeras, trabaja en conjunto con Luis Felipe Ortega, cuya trayectoria lo define como uno de los artistas más relevantes en la experimentación del video y la reflexión del tiempo en la imagen. Ortega instaura una intensa búsqueda en torno al lenguaje de la materia, el sentido del «trayecto», la condición escultórica del vacío y la tensión del espacio.

La obra, que constituye un trabajo colaborativo inédito en la historia de la participación de México en la Bienal de Venecia, integra pero también distingue las características individuales de cada artista, al tiempo que entreteje sus discursos estéticos con el concepto curatorial.

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Possessing Nature, de Tania Candiani y Luis Felipe Ortega. Pabellón de México en la 56° Bienal de Venecia, 2015. Cortesía: Pabellón de México en la Bienal de Venecia

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Possessing Nature, de Tania Candiani y Luis Felipe Ortega. Pabellón de México en la 56° Bienal de Venecia, 2015. Cortesía: Pabellón de México en la Bienal de Venecia

Possessing Nature *

Por Karla Jasso

Como no existe lectura inocente, digamos de cuál lectura somos culpables

Louis Althusser [1]

Possessing Nature inició desde múltiples puntos de investigación, paralelismos, intenciones, urgencias y actos de reflexión. Concebida como un aparato de ingeniería cuya función es la evocación, Possessing Nature se presenta en tanto escultura monumental, sistema hidráulico, caja de resonancia, espejo o canal de agua. Una pieza de (contra) infraestructura que enfatiza dos momentos de la modernidad: la materialidad y el dinamismo, así como la arrogancia y el límite del sueño. En tanto escultura monumental, tensiona el espacio de exhibición de una manera tal que llega a oprimirlo. Como sistema hidráulico, utiliza la presión del agua succionada de la laguna para crear turbulencias en el adentro del monumento y, a su vez, tranquilizar su orificio. Un espejo de agua que recibe y refracta imágenes que caen proyectadas en superficie. La ‘acuosidad’ que se produce entre espejo y proyección genera a su vez una inquietud en la textura de la imagen que termina por expulsar de manera violenta su propio carácter de espectro. Probablemente no existe un género para calificar este tipo de ‘instalación emplazamiento’. Nos alegramos de ello, pues la pieza no busca que se la entienda en tanto plástica, sino en tanto viaje. Evoca porque es naturaleza que fluctúa, fluye, cae, baña y derrama. Invoca porque es en sí, un drenaje. El “drenaje” en tanto monumento, ruina y espectro. El “drenaje” también como acción simbólica, que drena en forma cíclica y atemporal, todo flujo de la naturaleza y la vida en posesión, es decir, desposeída. Así, Possessing Nature es una llaga, un ducto, una zanja: un sistema de desagüe colocado en el corazón militar de una ciudad postrada en el agua.

Como proyecto, inició de la forma más modesta, es decir, a partir de un mapa y una línea. Una línea que inesperadamente fue cobrando y efectuando incertidumbre y crisis; un mapa que azarosamente reveló una cartografía específica, una cartografía de presencias y ausencias vinculada a la memoria hídrica de dos ciudades anfibias. En tanto masas acuosas, México y Venecia comparten ‘origen’ mas no ‘destino’. Sin duda, es ahí donde dejaron de compartir su propia naturaleza, donde el imaginario se activa y se presenta en tanto dos registros: en tanto ciudad de canales y ciudad de desagües. Articula en sí un mapa hidrográfico, una cartografía ‘topo-metonímica’ que a su vez despierta las texturas de la soberanía colonial y del imperio naval.

Carta-línea-traza-inscripción-memoria-flujo.

¿Cómo poder narrar su proceso? Para definir el rumbo y sentido de la traza, localizamos los lugares-edificios-arquitecturas que han albergado el Pabellón de México a partir del año 2007, partiendo de la intuición y el gesto puro de la mirada de un cartógrafo. Ese año, las instituciones culturales mexicanas deciden reintegrarse a un ciclo de participación activo en la Bienal de Venecia. El resultado de aquella intención de cartógrafo nos arrojó un extraño tejido sobre la relación entre poder y arquitectura. Si México volvió a la Bienal de Venecia en 2007, el ‘volver’ implicaba, en cierta medida, volver a ‘habitar’, buscar un lugar. En 2007, el lugar fue el Palazzo Soranzo Van Axel, de ahí mudó hacia el Palazzo Rota Ivancich en donde permaneció hasta 2011. En el año 2013 se albergó en la ex Iglesia de San Lorenzo para, finalmente, adquirir su ‘lugar propio’. Una renta de espacio ‘permanente’ en alguna de las Salas de Armas del Arsenal. Un recorrido ciertamente azaroso y delirante. Esa presencia de México a partir de 2007 se hospedó y se desplazó a paso inquietante, como iluminando las arquitecturas del poder de Occidente: el poder político (materializado en la arquitectura de la habitación de la nobleza), el poder económico (la vivienda de la figura del mercader y sus intercambios), el poder religioso (esa iglesia con historia mística, al servicio de las órdenes mendicantes), para terminar en un espacio militar. Es una coincidencia apabullante terminar por rentar un espacio cargado de historia militar, en tanto ‘sede fija’ para ‘representar’ a México. Apabullante porque es justamente hoy cuando en el país se vive la circunstancia más violenta, un claro terrorismo de Estado que amenaza no sólo la naturaleza y la seguridad, sino a la vida misma. Tenía todo el sentido que este recorrido de presencia adquiriera el valor de una traza cartográfica justamente porque mediante esta acción, superponer un reverso de tiempos históricos, iluminando una acción presente a la manera en que Walter Benjamin lo pensara, polariza el acontecer en historia previa y posterior [2]. Dos presentes en una temporalidad perdida, cuya gobernanza decidió poseer el mar adriático y otra que decidió desecar los lagos sobre los cuales estaba construida la antigua ciudad de Temixtitan.

Es ahí, cuando Tania Candiani y Luis Felipe Ortega deciden apropiarse del valor de la traza para materializar una necesidad y una urgencia: la urgencia de drenar. Y al mismo tiempo, entresacar de todo archivo histórico la función del ‘drenaje’ en la historia de la modernidad mexicana. Una política de control heredada de la soberanía colonial más violenta, con su escala de posesión y la arrogancia por generar una obra cada vez más grande, siempre destinada a la pretensión de formar algo —lo que sea—, pero que sea “la obra más grande del mundo”. Esa es la política de infraestructura (emplazamiento de modernidad fallida) en nuestro país. Qué mejor manera de abordar “el estado actual de las cosas” —uno de los conceptos fundamentales de la presente edición de la Bienal de Venecia— que trayendo a Venecia justamente eso, la figura monumental del drenaje. Un drenaje específico además que se levanta —en tanto forma— a partir de la traza cartográfica, el mapa de presencia de una ciudad de recuerdo anfibio sobre otra de recuerdo presente que sigue abrazando el mar, ya sin poseerlo.

De esta manera nos introducimos al ‘fluido’ conceptual de la Bienal, así como a su temporalidad épica que ha planteado su curador, al enunciar y evocar All the World’s Futures. La nuestra es una urgencia épica y su rostro es Possessing Nature. Una obra firmada por dos, conceptualizada expresamente para esa Sala de Armas, un drenaje que marca la entrada a la ‘habitación’ que durante los próximos veinte años será la sede oficial de México en la Bienal.

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* Un reconocimiento profundo a la Dra. Paula Findlen, cuya investigación inspiró este proyecto, el título, es suyo.

[1] Louis Althusser y Etienne Balibar, Para leer el capital, México: Siglo XXI Editores, 2004, p. 19.

[2] Walter Benjamin, Libro de los pasajes, ed., Rolf Tiedemann, Madrid: Akal, 2013, p. 473.

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Possessing Nature, de Tania Candiani y Luis Felipe Ortega. Imagen para publicación. Pabellón de México en la 56° Bienal de Venecia, 2015. Cortesía: Pabellón de México en la Bienal de Venecia

Possessing Nature

Artistas: Tania Candiani y Luis Felipe Ortega

Curadora: Karla Jasso

Pabellón de México en la 56° Bienal de Venecia

Arsenale, Sale d’Armi, Tesa B

Del 9 de mayo al 22 de noviembre de 2015