La pregunta por la fisionomía de la identidad cultural a lo largo del proceso latinoamericano pareciese ser una constante en una significativa porción de producciones artísticas a lo largo de nuestra historia. Cada escuela nacida en los últimos 100 años ha emprendido la titánica tarea de reformulación de la realidad desde posturas estéticas, políticas o filosóficas. Así como las estridentes escuelas figurativas que a principios del siglo XX reivindicaron las luchas y los rasgos de la América indígena desde consideraciones antropológicas y formales, las escuelas de abstracción, desde un lugar más intelectualizado, reubican el mapa conceptual del territorio con un programa que considera buscar aquellas formas primarias de vinculación de la realidad y cuestionar la organización político-social de la historia occidental. En el ahora, el arte latinoamericano se libera progresivamente de peso de existir y formarse a partir del ostracismo de la Historia Occidental para desplazarse a zonas de investigación donde los clásicos paradigmas se transfiguran en códigos referenciales para permitir el flujo de nuevos puntos de vista y núcleos de articulación. El rol del nuevo arte latinoamericano podría ser crucial para un cambio definitivo en la percepción de la historia política y territorial de la cultura y de las maneras en que nos vinculamos a ella. En el panorama actual los artistas están interconectados, tienen la posibilidad de desplazarse a lo largo del continente y dialogar con sus vecinos.

Durante enero del presente año el artista Augusto Ballardo (Lima, 1986) presentó su trabajo en Santiago a través de la muestra individual Intenciones de Luz – Horizontes del Sur en el espacio de MICH (Museo Internacional de Chile), además de participar en la residencia organizada por Curatoría Forense bajo el título de Habeas Data. Ballardo realizó estudios en la Facultad de Arte de la Pontificia Universidad Católica del Perú, desde donde egresó especializándose en Grabado. Entre el 2005 y el 2012 su obra se presentó en numerosas muestras colectivas en diferentes espacios, tanto del Perú como del extranjero. Desde el 2012 comienza a desarrollar proyectos individuales. A su vez, forma parte y desde el año 2011 dirige el grupo de artistas Vejiga de Pez.

Su obra está relacionada con ciertos principios filosóficos y operaciones visuales vinculadas con las investigaciones desarrolladas por las escuelas de abstracción geométrica latinoamericanas durante los años 50, aunque siempre en conexión con los rasgos y problemáticas de las producciones contemporáneas que comparten un suelo común con sus visiones.

A lo largo del proyecto Intenciones de Luz – Horizontes del Sur sus inquietudes se van desplegando y descifrando en varios niveles. Reconocemos por lo menos tres: estructural (la arquitectura), formal (elaboración de objetos) y sensorial (la luz y el color).

El punto de partida para Ballardo es el espacio donde la obra tendrá lugar. La arquitectura en su dimensión estructural y contextual son datos y condiciones determinantes. Este pie forzado implica que la obra deberá constituirse en un mediador entre los rasgos de un presente, con todas sus determinantes, y aquellos rasgos, huellas y coordenadas aurales e históricas que se han ido amalgamando al paso del tiempo.

 

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Vista de la exposición «Intenciones de Luz – Horizontes del Sur», de Augusto Ballardo, en MICH (Museo Internacional de Chile), Santiago, enero de 2015. Cortesía del artista

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Vista de la exposición «Intenciones de Luz – Horizontes del Sur», de Augusto Ballardo, en MICH (Museo Internacional de Chile), Santiago, enero de 2015. Cortesía del artista

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Vista de la exposición «Intenciones de Luz – Horizontes del Sur», de Augusto Ballardo, en MICH (Museo Internacional de Chile), Santiago, enero de 2015. Cortesía del artista

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Vista de la exposición «Intenciones de Luz – Horizontes del Sur», de Augusto Ballardo, en MICH (Museo Internacional de Chile), Santiago, enero de 2015. Cortesía del artista

 

Arquitectura Amalgamada

Establecerse en un lugar implica una sucesión de operaciones y estrategias de adaptación, dominio, creación e implantación de formas simbólicas de cohesión. Para el hombre contemporáneo la conexión con su origen es circunstancial y claramente fragmentada.

La premisa de Ballardo es proyectar nexos con momentos de intensidad cultural a través de la consideración histórica de su emplazamiento. Esto implica vincular, crear correspondencias y proyectar relaciones. En una obra como Geometría Urbana, presentada en los patios de la Facultad de Arte de Universidad Católica de Perú, Ballardo emplaza una estructura modular lograda a partir de 1000 bloques de adobe que el artista moldea a partir de una matriz. Este levantamiento, de forma trapezoidal, se forma a partir de un patrón trazable en culturas pre-incaicas, como la Chancay, que no sólo desarrollaron una elevada producción de formas simbólicas (arte, religión, magia) sino también complejos proyectos arquitectónicos (vivienda, celebración, hidráulica, flujo).

Sobre la estructura Ballardo amalgama hojas de aluminio que además de reflectar y crear nudos de luz solar, funciona como ornamentación. Tanto este elemento adosado como la estructura proponen una experiencia visual ambigua. El espectador puede ubicar la obra en un espacio-tiempo transversal. ¿Estamos ante una ruina que ha sido sepultada por el tiempo y que repentinamente comienza a fluir como un templo sepultado en algún momento de la conquista? ¿O se trata de los cimientos de la construcción de un nuevo y moderno edificio?

En la vida de la ciudad moderna, considerar el progreso implica darle a la ciudad una apariencia acorde a la mentalidad del tiempo. En Geometría Urbana, Ballardo no solamente plantea la inmanencia de las configuraciones espaciales y gráficas de las culturas originarias, sino que elabora ciertos cuestionamientos de índole metafísico en torno a cómo vivimos o cómo nos vinculamos a las sucesivas formas de colonización que nuestros espacios comunes experimentan. Tanto la planificación territorial, la construcción y los respectivos elementos visuales y simbólicos se van transfigurando a través del paso de la historia: una función religiosa, que luego puede ser puramente artística y desde ahí institucional o habitacional y que luego retorna como forma patrimonial. El territorio en su expresión geográfica y luego como epicentro de drásticos y sostenidos cambios estructurales es luego releído en su hibridez a través de relaciones de repetición modular, grabado e intervención.

 

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Augusto Ballardo, Geometría urbana, instalación en el espacio especifico, 1000 módulos de adobe trapezoidal, molde matriz, investigación procesual sobre la geometría en el espacio transtemporal de nuestra historia geométrica urbana. Cortesía del artista

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Augusto Ballardo, Geometría urbana, instalación en el espacio especifico, 1000 módulos de adobe trapezoidal, molde matriz, investigación procesual sobre la geometría en el espacio transtemporal de nuestra historia geométrica urbana. Cortesía del artista

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Augusto Ballardo, Geometría urbana, instalación en el espacio especifico, 1000 módulos de adobe trapezoidal, molde matriz, investigación procesual sobre la geometría en el espacio transtemporal de nuestra historia geométrica urbana. Cortesía del artista

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Augusto Ballardo, Geometría urbana, instalación en el espacio especifico, 1000 módulos de adobe trapezoidal, molde matriz, investigación procesual sobre la geometría en el espacio transtemporal de nuestra historia geométrica urbana. Cortesía del artista

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Augusto Ballardo, Geometría urbana, instalación en el espacio especifico, 1000 módulos de adobe trapezoidal, molde matriz, investigación procesual sobre la geometría en el espacio transtemporal de nuestra historia geométrica urbana. Cortesía del artista

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Augusto Ballardo, Geometría urbana, instalación en el espacio especifico, 1000 módulos de adobe trapezoidal, molde matriz, investigación procesual sobre la geometría en el espacio transtemporal de nuestra historia geométrica urbana. Cortesía del artista

 

Diseño, color y metafísica

Si la arquitectura sirve a Ballardo como punto de intersección espacio-temporal, los trabajos objetuales que ahí son dispuestos se configuran a partir de conceptos geométricos más o menos estables (el punto, la línea, plano y volumen) y por la articulación de estos a través de materiales prefabricados (hule, plexi, esmaltes sintéticos y tubos fluorescentes). La visualidad desplegada en los trabajos de Ballardo funciona como una marca tangible o incluso sensorial de su paso por estos espacios. El diseño de la obra funciona como mediador entre la condición del lugar y la posibilidad discursiva que esta obra puede generar. El objeto artístico reflexiona acerca de su propia condición como forma simbólica generadora de experiencias, pero también es un vehículo de diálogo entre el espectador, el contexto expositivo y la naturaleza de la obra.

Los Metaesquemas que Helio Oiticica desarrolló entre 1957 y 1958 se plantean como un modelo paradigmático. Los Metaesquemas pueden ser vistos como una reflexión radical en torno al destino y fisonomía de los componentes de la pintura (color y espacio) y la disolución de sus tensiones. Para Oiticica la inestabilidad interminable de la experiencia convertía el contorno del color en una unidad en perpetua permutación espacial, pero también tal permutabilidad formal era planteada como una voluntad de negación histórica de la hegemonía de los grandes relatos del arte occidental, donde las culturas originarias, “problemáticas en su primitivismo”, son condenadas a existir en una territorialidad periférica.

Los objetos creados por Ballardo, desde aquellos ladrillos construidos modularmente hasta objetos trazados con pintura flúor, representan un aspecto donde una resistencia a ciertas nociones antropológicas triviales tiene lugar: por medio de una operación estética, Ballardo establece conexiones simbólicas entre la naturaleza, la geografía y una cosmovisión donde estas condiciones territoriales permiten la circulación de construcciones simbólicas. En los muros de MICH, Ballardo instala dos piezas de hule transparente, cruzadas por líneas de color flúor. El objeto forma un ángulo recto que cae –como una cascada– hacia el piso. Diseño y cromatismo guardan el secreto de tales conexiones.

El horizonte (la cordillera) y el corte perpendicular (los ríos) que lo conecta con otro (el océano) se convierten en principios sintetizados en los colores de la vida actual: verde flúor para representar la naturaleza, azul para simbolizar el cielo y el mar y finalmente el rosa que cumple el rol de los horizontes.

Ballardo expande el trazado de nuestra geografía simbólicamente para generar una posibilidad de ampliar las consideraciones de nuestro espacio-tiempo. El objeto estético funciona, finalmente, como forma pura de representación de la inmensidad de un contexto, a través de la geografía que lo sostiene.

 

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Augusto Ballardo, Pliegue, instalación lumínica, medidas variables. Cortesía del artista

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Augusto Ballardo, Arquitectura Chavín (del proyecto Estereotomía: acueductos y laberintos), 2014. Cortesía del artista

 

Metafísica de la luz

La noción de “arte situacional” servía a Dan Flavin para referirse y explicar la naturaleza no-objetual de su obra. La luz como potencia expansiva capaz de modelar un espacio y su cromatismo como elemento generador de una experiencia de conocimiento y reflexión. Más allá de su materialidad, la obra se estructura desde una experiencia sensorial; sus esculturas lumínicas buscaban expandirse desde la finitud del objeto artístico a una zona expandida donde (coincidentemente con el modelo de Oiticica) tenía lugar un proceso de problematización de aquellos paradigmas plásticos que funcionaban como verdades históricas irrefutables. “La luz es color, el color es luz y la interacción de ambos crea la ilusión de dinamismo, jugando el uno contra el otro, o en armonía con su ambiente.”

Ballardo nos habla de la creación de zonas geométricas abstractas que son transformadas, segmentadas por el efecto de la proyección lumínica. El espacio de exhibición es literalmente cortado con fuentes de luz artificial. En Intenciones de Luz – Horizontes del Sur, el artista proyecta al menos dos figuras dentro del espacio de exhibición y una hacia el exterior del edificio.

En la esquina del corredor principal del departamento donde MICH se emplaza un montaje de tubos fluorescentes proyecta una figura sobre el muro más próximo (los objetos ahí puestos llegan a cumplir una función de ubicación de los vértices de esta figura). En los barrotes del amplio ventanal de la segunda sala, Ballardo ha emplazado 9 tubos fluorescentes de tonos azulosos y rosáceos. Vaciados de todo afán funcional, este grupo genera, al menos, dos formas geométricas. Una que se forma dentro de la habitación y otra que se expande por las inmediaciones del edificio.

Las figuras que se van formando por este efecto, se proponen como una experiencia que apela al sentido y a la lógica. Las formas concretas nos conducen a preguntarnos por la función que una experiencia puramente estética tiene sobre nuestra capacidad de generar lazos simbólicos con nuestro origen desde un lugar concreto.

Pensemos en los proyectos de un Liam Gillick o de un Atelier Van Lieshout donde se abordan y analizan las consecuencias sociales del capitalismo tardío por medio de la creación de atmósferas o espacios dentro de otros espacios, donde la habitación y la vida en comunidad se enfrentan a la economía, la propiedad privada y la historia o la forma que sus modelos son formas residuales de un proceso de sedimentación de las capas culturales. Cuando el artista nos plantea la consideración del espacio arquitectónico como criterio primario en la producción de sus obras, nos recuerda que la arquitectura es un vehículo de ideologías, y sus espacios son espacios para el pensamiento. El espacio implica un vínculo temporal y el tiempo un replanteamiento de este espacio. Es justamente dentro de estos espacios donde la obra de Augusto Ballardo se establece como punto de conexión entre aquello que aparentemente no existe con eso que a veces pensamos que no debería existir.

 


Imagen destacada: Vista de la exposición «Intenciones de Luz – Horizontes del Sur», de Augusto Ballardo, en MICH (Museo Internacional de Chile), Santiago, enero de 2015. Cortesía del artista

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Leonardo Casas

Es artista visual. Vive en Santiago de Chile. Exhibe su obra desde el año 1994. Profesor del curso de "Discursos Artísticos y Formas Políticas en Latinoamérica" en la Escuela de Gobierno de la Universidad de Chile desde el año 2006. Escribe para la revista Artishock y ha curado muestras colectivas en Santiago (Chile) y Nueva York (USA).