El MALBA presenta hasta el 8 de junio Experiencia Infinita, una exposición de obras en vivo que invita a reflexionar sobre los modos de vida y de aproximación al arte y al museo. Se trata de una muestra nunca antes vista en una institución museística de América Latina, en la que todas las piezas son situaciones construidas, instalaciones en vivo, representaciones y coreografías creadas en los primeros años del siglo XXI.

Se exhiben obras de los artistas Allora & Calzadilla [Jennifer Allora (Filadelfia, 1974) y Guillermo Calzadilla (La Habana, 1971)], Diego Bianchi (Buenos Aires, 1969), Elmgreen & Dragset [Michael Elmgreen (Copenhague, 1961) e Ingar Dragset (Trondheim, Noruega, 1968)], Dora García (Valladolid, 1965), Pierre Huyghe (París, 1962), Roman Ondák (Zilina, Eslovaquia, 1966), Tino Sehgal (Londres, 1976, vive en Berlín) y Judi Werthein (Buenos Aires, 1967, vive en Miami). La mayor parte de ellos exhibe por primera vez sus trabajos en Argentina.

La idea de la exposición surge de una pregunta: ¿Puede existir un museo viviente, donde las piezas actúen, hablen, se muevan y vivan eternamente? Para Agustín Pérez Rubio, Director Artístico de MALBA y curador de la exhibición, “las piezas de Experiencia Infinita tienen especialmente en cuenta la idea de lo vivo como obra y como parte de un tipo de obras que no sólo se distribuyen en el tiempo, sino también en el espacio: la experiencia es como un viaje; las diferentes situaciones se suceden unas a otras”.

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La actriz francesa Isabelle Huppert junto a Player, del artista Pierre Huyghe, en la exposición Experiencia Infinita. Cortesía: MALBA

Experiencia Infinita no tiene un carácter historiográfico, ni pretende buscar los antecedentes del arte en vivo, que se nutre del teatro, de la acción, del baile, de la performance, de las escenografías y de la literatura, producción que en los años 60 encontró su caldo de cultivo, pero que incluso hoy es muy complicada de asignar. “Quizás Tino Sehgal, con sus ‘situaciones construidas’, o Dora García y sus ‘insertos en tiempo real’, estén proponiendo otras categorías dentro de estos nuevos modos de producción y recepción de obras, que van más allá de la performance”, afirma Pérez Rubio, quien destaca en su ensayo curatorial la necesidad de investigar y poner en valor este tipo de arte.

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Dora García. Narrativa instantánea, 2006. Cortesía: MALBA

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Dora García. ESP, 2015. Cortesía: MALBA

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Roman Ondák. Clockwork, 2014. Cortesía: MALBA

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Diego Bianchi. Suspensión de la incredulidad, 2014. Cortesía: MALBA

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Judi Werthein. Obras contadas, 2006-2015

Tiempo expositivo / Tiempo de trabajo

La reflexión sobre la relación tiempo / trabajo está implícita en toda la muestra. Las obras seleccionadas reflejan sus modos históricos de visualización en un loop, en un reloj, en una narración interminable, en percepciones parapsicológicas, en una letanía de cantos y posturas con contenido político, o en la propia historia del arte que nos han contado y nunca hemos visto.

El proceso cobra igual o mayor importancia que el resultado de la obra, que en el caso de estas piezas consiste en la materialización de una acción, cuya duración coincide con la del tiempo de la exposición. “El tiempo y sus procesos realizan la obra, son la obra, junto a las reacciones del público, sus preguntas y sus acciones”, destaca Pérez Rubio.

La idea de proceso también está relacionada críticamente con el entorno institucional, social, político e incluso comercial. Frente a este tipo de exhibiciones, el museo se ve obligado a plantearse nuevos modos de actuación, nuevos modos de producción artística que están alterando las maneras de percepción, exhibición, circulación e incluso colección en las últimas décadas.

La exposición plantea el reto de pensar cómo nos relacionamos como espectadores y como productores desde la institución arte en el siglo XXI. En este sentido, Experiencia Infinita es una plataforma de exploración, un territorio fértil para nuevas preguntas, posiblemente infinitas.

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Elmgreen & Dragset. Entre otros eventos, 2000. Cortesía: MALBA

Algunas de las obras en Experiencia Infinita

Los artistas Michael Elmgreen (Suecia, 1961) e Ingar Dragset (Noruega, 1969) presentan una performance continua en la que dos pintores de casas desempleados pintan las paredes ya blancas de una sala de exposiciones con nuevas capas de pintura blanca. La rutina repetida de pintarla una y otra vez pronto se vuelve contemplativa, transformando lo que naturalmente se considera una tarea monótona en un acto ritual.

Player, parte de la obra The Host and the Cloud (2009-2010), de Pierre Huyghe, consiste  en una misteriosa persona vestida de negro que porta una máscara luminosa. Mitad hombre, mitad máquina, este “jugador” se comporta como un visitante habitual del museo, reproduciendo sus comportamientos y pequeños rituales: recorre las salas, contempla el resto de las obras, visita la tienda y el bar, descansa.

En Puerta giratoria [Revolving Door] (2011), de Allora & Calzadilla, un grupo de bailarines forman una fila de manera espontánea. Alineados de pared a pared, impiden el paso y comienzan a rotar en un movimiento circular, que, al girar, va “barriendo” a los visitantes, obligándolos a pasar de un lado al otro de la sala. Los movimientos incluidos en la coreografía han sido tomados de protestas políticas, marchas militares y formaciones escénicas, en una reflexión sobre los diversos gestos que creamos al unísono.

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Allora & Calzadilla. Puerta giratoria, 2011. Cortesía: MALBA

Otro museo*

Por Agustín Pérez Rubio

Con un proyecto como Experiencia infinita, el museo se ve obligado a plantearse nuevos modos de actuación. El departamento curatorial tiene una nueva manera de enfocar la producción; los transportes y seguros ya no son de objetos sino de personas: actores, bailarines, cantantes o simplemente profesionales de áreas diversas, que actúan, representan o –más precisa y simplemente– realizan las piezas. Si seguimos el recorrido que la muestra propone, los pintores de la instalación viva de Elmgreen & Dragset son actores trabajando por turnos, quienes, durante el tiempo que dure la exposición, pintarán una y otra vez las paredes de la sala. La chica que escribe sentada a una mesa en la pieza de Dora García es una actriz, mientras que, en cambio, el grupo que trabaja en su otra obra exhibida, ESP, especialmente reunido para esta ocasión, está integrado por personas que se dedican habitualmente a la experimentación con actividad paranormal: aquí no se trata de actuación, sino de un procedimiento más cercano a los proyectos de arte y vida de los 60: es la vivencia misma de lo que está ocurriendo en tiempo real. Como productor, el museo ya no habla con empresas proveedoras de servicios o materiales para la concreción de la obra, sino más bien con gentes de teatro, danza, canto –como para las piezas de Bianchi, Sehgal, Allora & Calzadilla, Huyghe o Werthein–, o con asociaciones interesadas en diversos fenómenos –como en el caso de ESP–.

El trabajo de Tino Sehgal, quien a través de los años ha construido toda una nueva manera de producción, exhibición, e incluso venta y colección de obra a través de la oralidad, constituye un caso muy especial: la imposibilidad de registrar y difundir sus producciones en fotografías o videos obliga al museo a idear nuevas formas de gestión que permitan, así y todo, obtener una de sus piezas en préstamo y exhibirla. Sus obras ponen sus propias condiciones de circulación, y de este modo no solo se resitúan ellas mismas, sino también el rol del museo y, en general, todo el sistema de circulación de arte.

En este mismo sentido se complejizan las nociones de montaje –puesto que ya no consiste en la disposición de objetos en el espacio– y comunicación –que requiere estrategias inéditas a la hora de dar a conocer el contenido de la exposición–. Parte de la respuesta al reto comunicacional ha consistido en la elección de una tipografía especial, aplicada a todos los textos producidos con ocasión de la exposición: Alphabet Soup Version 0.0.9 International Anti-Copyright 2001–2002, creada por Matt Chisholm, que resulta de la unión de miles de combinaciones de fragmentos de varios tipos de alfabetos (árabe, numérico, cirílico, romano, griego, etc.) y permite la creación de más de dos millones de signos, una auténtica experiencia infinita. En este sentido, la gestualidad de la escritura de la muestra contiene en sí “todas las letras diseñadas del mundo”, algo así como una imposibilidad borgeana hecha realidad, la Biblioteca de Babel.

También el proyecto educativo que acompaña la exhibición se ve afectado, pues en una muestra de esta índole, nociones como las de sorpresa, descubrimiento, interacción y reacción tienen especial importancia, y deben ser incorporadas muy conscientemente a las visitas guiadas habituales del museo. Hace tiempo que ya no entendemos el contacto con el público como una relación pedagógica unilateral, sino más bien como un encuentro que acontece en diversos sentidos y direcciones, pero Experiencia infinita vuelve patente la complejidad de este vínculo, en la medida en que el conocimiento da paso a la propia acción, las formas de trasmisión son sustituidas por la autorreflexión, y los mecanismos de mediación entre el público y la obra tienden a ser prácticamente eliminados para dar lugar a la pura vivencia: sutil, exacerbada, cotidiana, extraordinaria, política, existencial, paranormal…

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*Fragmento del texto curatorial de Agustín Pérez Rubio, director artístico de MALBA, para la muestra Experiencia Infinita. La versión completa fue publicada en el catálogo que acompaña la exhibición.

Experiencia infinita
Curador: Agustín Pérez Rubio

Artistas: Allora & Calzadilla, Diego Bianchi, Elmgreen & Dragset, Dora García, Pierre Huyghe, Roman Ondák, Tino Sehgal, Judi Werthein

MALBA Fundación Costantini, Buenois Aires

Del 20 de marzo al 8 de junio de 2015